24 julio 2015

Préstamos inmediatos

Existía una época en la que era muy normal encontrarse anuncios en televisión de OkMoney, yendo de un canal a otro entre los anuncios de los programas mañaneros o incluso a altas horas de la madrugada. Esa época era anterior a la crisis actual. 

Y el público de estos anuncios, estaba entre la audiencia de dichos programas. 

Pero desde hace unos años, se ha notado que vuelven a estar más más visibles en los medios de comunicación, pero de otra manera. Se ven más en el ámbito del deporte como patrocinadores. No en vano, OkMoney es una de las entidades financieras de préstamo rápido que ha sobrevivido a la crisis. 





Fue una de las primeras compañías especializadas en los créditos rápidos de consumo que llegó a España en 1.990.  Aunque la financiera comenzó en un principio su actividad en Francia. 

A día de hoy, han surgido multitud de empresas de créditos rápidos y de concesión inmediata en línea, que están compitiendo con compañías más clásicas del crédito al consumo como sería el caso de OkMoney. ¿A quién pedir un crédito personal rápido?

Como ocurriría en cualquier otro sector, el saber hacer y la marca, tiene su valía. ¿A quién pedirías un crédito personal? ¿A una compañía que acaba de salir cuya sede está en Chipre o en  Malta y que no tiene una evolución histórica de su actividad? ¿Tal vez al banco de la esquina? O ¿a una financiera especialista en dar sólo créditos rápidos al consumo?

Si te es posible, lo mejor es que no tengas que pedir dinero prestado, pero si no te queda más remedio que hacerlo ¿Por qué no solicitarlo a una entidad crediticia española? 

¿Tienen intereses altos? ¿Son caros? Ni más ni menos que otra compañía que ofrezca créditos al consumo, se asume un riesgo de crédito al conceder las solicitudes que se le plantean. Y debe de ganar lo suficiente como para cubrir el riesgo de tener que soportar una cuota elevada de créditos fallidos. 

La financiación al consumo ha llegado a ser un negocio rentable y que está empezando a remontar debido a la mejoría de la economía en líneas generales. No son una ONG, obviamente, se trata de un negocio. Pero lo más importante es que sean profesionales, rápidos y te solucionen problemas de dinero cuanto antes mejor. Que por otro lado es a lo que se están dedicando.

OkMoney es una de las pocas financieras enfocadas en créditos pequeños y grandes y a plazos entre 1 y 4 años. Además de dar un soporte a la financiación al consumo en numerosos establecimientos y sectores. Sin ellos muchas compras no se llegarían a realizar nunca. Y al fin y al cabo consumo es riqueza para la economía de un país. 

Cubren determinadas necesidades a las que la banca de toda la vida no llega o sencillamente es reacia a dar un préstamo en momentos de dificultades del ciclo económico. Crédito móvil, Vivus o Que bueno, son algunos de sus productos. 

Las tarifas varían según el importe y el plazo, pero eso sí, siempre dentro de los rangos del nicho de mercado de préstamo a distancia que cubren.

23 julio 2015

El ocaso de Nueva York

El escritor norteamericano Jay Mac Inerney se encuentra en Barcelona para asistir mañana miércoles, a una conferencia en el Instituto de Estudios Norteamericanos dentro del ciclo «Narrativa Actual Norteamericana» que se celebra desde el pasado abril. Mac Inerney pasará a la historia como uno de los escritores más representativos de la narrativa de la década de los años 80 norteamericanos. Aunque, tal vez, utilizar la palabra norteamericana sea demasiado aventurado a la hora de valorar la realidad sociológica que aparece en sus libros, ambientados en Nueva York, o en el caso de Ransom, desde el punto de vista neoyorkino. La magia y la energía de esta ciudad norteamericana, para muchos capital del mundo, son las que el autor utiliza para escribir sus novelas. 

«Nueva York es el escenario. En esta ciudad conviven una emocionante prosperidad y una curiosa avaricia. Todo ello lo hace apasionante. Dudo, que en la actualidad, exista una ciudad con tanta enegía», afirma. Pero esa energía se agota. Premoniza que Nueva York irá perdiendo en los próximos 50 años su impulso y vigorosidad, y todas las «tribus urbanas» que conviven, se mezclan y se divierten buscarán nuevos sitios con energía parecida.

«Estoy escribiendo una novela que está situada cronológicamente en el Nueva York de 1987, que es para luí el final de la era de los 80 neoyorkinos. Cuando termine esta novela, posiblemente me marche a vivir a Washington, cerca de la política», agrega el artista. Mac Inerney habla de los habitantes de Nueva York como personas que necesitan la excitación cotidiana para vivir. Esta situación la convierte en metáfora contando, por ejemplo, la historia de un amigo suyo drogadicto. «Después de proponérselo -dice Mac Inerney- dejó la droga. Superados casi todos los problemas, se dio cuenta que necesitaba que la emoción y el riesgo llenaran su vida. La solución la encontró en todos los deportes arriesgados. Se puso a hacer escalada, piragüismo, «parapenten», «rafting», porque necesitaba el riesgo. Esto mismo es lo que le pasará a mucha gente, que ahora vive en Nueva York por simple emoción». 

Pero no sólo de modas vive este escritor neoyorkino, nacido hace 35 años en Connecticut. En principio los países del Este no le interesan, «porque me siento extranjero y no puedo escribir sobre ellos». Y en ese momento, vuelve a aparecer en la conversación la ciudad de Washington. 

Afirma que su literatura cambia según en qué ciudad se encuentre. «Mi escritura surge del sitio, del lugar en donde estoy. Cuando llegué a Kioto pensé : "Voy a escribir sobre este lugar". Y con Nueva York me pasó lo mismo». Jay Mac Inerney está acostumbrado a cambiar de ciudad. Acompañó a su padre por todos los países donde fue destinado, pero nunca supo adaptarse a las culturas que conoció. «Mi novela Ransom está escrita con una perspectiva de norteamericano en una cultura oriental».

En la actualidad, Mac Inerney está considerado un escritor popular, traducido a doce idiomas y con una cuenta corriente holgada. «Ya sé lo que significa que no te conozca nadie. No sé si es mejor ser pobre para escribir mejor. A raíz de mi primer libro Luces de Neón me hice popular, y gracias a ellos pude escribir el otro, La historia de mi vida. Sin los conocimientos que adquirí cuando escribí el primero, me hubiera sido imposible escribir desde el punto de vista de un rico. En algo he ganado». A pesar de que gracias a la personalidad de Nueva York sus libros son conocidos, el escritor considera que la posible prosperidad de la ciudad fue sólo un «bluf» de la era Reagan. «No me siento en absoluto partidario de la política Reagan. Lo único que consiguió fue hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Los intelectuales nunca pudimos hacer nada contra ella porque Estados Unidos es un país de antiintelectuales».

22 julio 2015

Quien no recuerda a la rana Gustavo

Unos 235 millones de niños y adultos de todo el mundo conocen a la rana Gustavo, el «reportero dicharachero» de Barrio sésamo. Su voz y el brazo que lo manipulaba han desaparecido con Jim Henson, «el rey del trapo», fallecido el miércoles en Nueva York a consecuencia de una infección bacteriana crónica. 

El nombre de Henson está asociado al de las marionetas desde hace 29 años, cuando con un abrigo de su madre fabricó un muñeco manejable con la mano. Sin embargo, según él mismo reconocía, al principio no le interesaban las marionetas. Sólo pretendía trabajar en televisión. En 1978 realizó su primer largometraje, The Muppet Movie. Fue entonces cuando se dio cuenta de que las marionetas iban a ser prácticamente su vida. Su dedicación a ellas no fue en vano: la rana Gustavo, la cerdita Peggy, el oso Fuzzie, Gonzo... todos ellos han hecho las delicias de niños y mayores a través de Barrio sésamo, El Show de los Teleñecos, Los Fraguel o Los Pequeñecos. El Show de los Teleñecos es quizá el más popular.

Antes de que Henson y su equipo proyectaran Los Teleñecos, ya habían realizado Barrio Sésamo. Esta no tenía final, «siempre hay nueva audiencia y nuevos niños», decía Henson. El show de los Teleñecos nació con una previsión de vida corta. Contaba con una duración de cinco años porque Henson consideraba que no debían repetirse, que debía buscar frescura y diversión con otro tipo de programas, quería hacer otras cosas. Para no romper la magia de las historias de ficción, los muñecos tuvieron final feliz. Aunque en España no ha podido verse -hace tiempo que TVE dejó de emitirlo- Gustavo y Peggy se casaron en la última película. El show dejó de hacerse en 1981, pero los niños siguen enriqueciéndose con la imaginación de Jim Henson. Hoy, Barrio sésamo sigue enseñando a leer, a contar, a sumar, a restar... igual que cuando nació, hace 18 años. Son además personajes moralizadores, diseñados así para «poder ayudar». 

Todas las marionetas de Henson tienen este carácter. Los Fraguel Rock, emitidos recientemente por TVE, son los más filosóficos. Fueron concebidos para ser vistos en el mundo entero y para mostrar las diferentes maneras de ser y de pensar de las distintas culturas. El objetivo, con todos ellos, era enseñar a los niños «que hay personas con opiniones distintas a las que están acostumbrados». La audiencia, infantil y adulta, ya estaba captada cuando en 1982 Henson dirigió Cristal oscuro, su primer largometraje, rodado sólo con muñecos, que supuso una revolución en el mundo de los efectos especiales.

Después vino Dentro del laberinto, fantasía, suspense y humor con David Bowie como protagonista. Su último trabajo ha sido el diseño del vestuario de la película Teenage Mutant Ninja Turtles, basada en una serie de comics de aventuras, que ha recibido el Pergamino de Oro que concede la Academia de Cine de Cienciaficción. A los 24 días de su estreno en EEUU, la película ha batido records de taquilla. Incluso ha conseguido recaudar más de 90 millones de dólares. Pero Jim Henson no estará para verlo. En el mundo de la fantasía, Gustavo, Peggy, Gonzo y Fuzzie no deben estar muy contentos: se han quedado sin padre.

21 julio 2015

The Young Gods han pasado por España sin pena ni gloria

The Young Gods han pasado por España tan precipitadamente como es su música. El concierto del pasado viernes en Madrid tuvo, incluso, los aires intrigantes que destilan sus canciones. 

Atascados en el asfalto de la ciudad llegaron tarde. No pudieron probar y terminaron por confabularse todos los problemas imaginables en estos casos. Son un grupo suizo residente en París. Su propuesta dista mucho de los tópicos del rock convencional. Tampoco han caído en las garras de los sonidos electrónicos para bailar que tanto han triunfado entre los grupos centroeuropeos últimamente. Usan la electrónica para crear ambientes ásperos y barrocos. El teclista utiliza líneas de sampleado con lo que se puede oír en la calle. Cantan en francés e inglés. Hacen lo que será el folklore del próximo siglo. 

En Madrid tocaron escasamente media hora. El volumen sonoro no correspondía con la disponibilidad de decibelios de la hora. Su actuación sirvió para presentar algunas de las canciones de su último álbum L'eau Rouge. Su música alcanza esa percepción donde la magia se convierte en esfuerzo y, para algunos, irritación. Industria y urbanismo toman posiciones en las canciones de un grupo que no olvida que estamos al borde del siglo.

20 julio 2015

La magia de Francia

Hay quienes en España empieza a barajar la posibilidad de una amnistía «a la francesa» para los casos Guerra y Naseiro. «A la francesa» porque en Francia acaban de enterrar los casos chocantes de abusos en la financiación de los partidos políticos con una amnistía de los implicados, encabezados por el ex ministro socialista Christian Nucci. Que vayan pensándose otra solución, si la reacción de la opinión pública española puede parecerse en algo a la de la francesa. 

«¿Por qué alquimia de la opinión una Francia, tan complaciente desde hace lustros con los abusos del poder y con los "entierros" sucesivos de los asuntos en los que el Gobierno estaba metido (Greenpeace, Luchaire, Pechiney, etc.), por qué magia esta Francia de vuelta de todo se siente hasta tal punto escandalizada por la autoamnistía de los políticos?» La pregunta es de Claude Imbert en Le Point, que esta semana examina a fondo el maloliente asunto de la amnistía y sus efectos fulminantes en la opinión. François Mitterrand ha caído muy abajo en las encuestas de opinión, y todo por esta amnistía. Primera explicación que ofrece Imbert: lo de la amnistía no es sino una manera de precisar la difusa hartazón de la opinión francesa con todo lo político. 

Segunda explicación, la de «un movimiento de opinión de más amplia envergadura: viene de más hondo, del reciente nacimiento de un consenso en la sociedad francesa, de la extinción del mito revolucionario». Y agrega: «Desde el momento en que Francia ya no se entusiasma por la utopía (condenada) de una sociedad igualitarista, redescubre, por una especie de transferencia, el apetito de un Derecho fuerte y exigente». De ahí nace en Francia una nueva exigencia: el renacimiento de una justicia fuerte e independiente. Bastante familiar, todo esto...

19 julio 2015

La tortura por un maillot amarillo

Para cualquiera familiarizado con las supersticiones surgidas en el mundo del teatro no sólo resulta sorprendente, sino incluso espeluznante que cientos de personas se atrevan a correr tres mil kilómetros suspirando, jadeando, maldiciendo y hasta desmayándose por un maillot de color amarillo. Tiene el color un macabro simbolismo, más allá de su muy discutible atractivo cromático, que siglos, o tal vez la intervención de dioses tan irónicos como traviesos, se han encargado de conformar. 

Desde la clásica muerte en escena de Molière, enfundado de la cabeza a los pies en amarillos ropajes, hasta las estrellas con que los nazis distinguían en sus años de esplendor, en campos de concentración y exterminio, a sus invitados hebreos (amarillas, frente a las rojas de los presos políticos y las rosadas que discriminaban a los hornosexuales). Otras experiencias de infausta memoria confirmarían la magia que rodea tan luminoso color. 

Si se considera que los casi doscientos ciclistas arrancan de salida, conformes con ser perseguidos por automóviles, helicópteros, motos y otros locos cacharros «ajenos a la obra»; si se tiene en cuenta que parten para ser filmados hasta en su veloz intimidad sobre dos ruedas (complicado empeño, vaciarse sobre el sillín, pues no siempre se sale en la disposición con que se visita a los parientes) y no faltan miradas curiosas por doquier, pues la carne es débil, y en ocasiones, muy débil; si se valora, en fin, que siempre son más los llamados que los elegidos, el precioso fin de tantos sufrimientos -un sudado maillot, iy amarillo!- aparece como asunto diabólico, materia digna de la sagacidad de don Julio Caro Baroja. 

Pero no es así. A las penas del esforzado jinete de dos ruedas a quien el progreso parece abandonar a su destino escuálido, se suman otras desdichadas. Lejos, hasta la desmemoria, quedan aquellas hazañas dignas de la resobada «furia española», cuando el ciclista tironeaba en solitario del pelotón, quemando kilómetros para alcanzar la meta más solo, ante el despiste de las masas ávidas de sprint confuso y deslabazado, de chorro de músculos duros, camisetas empapadas, alegres gorras y ruedas ligeras y vibrantes. El triunfo correspondía entonces a quien los trabajaba. 

Ahora -Gorospe los sabe- la soledad del ciclista se ha vuelto imposible ante la «vista de pájaro» de SuperGarcía y los demás, siempre a la verita suya; ante el trapicheo de los equipos, en un fragor de combate hortera y conflicto de verdulería donde Banesto (¿o se trata quizá de Klimov, Ivanov y su prole «perestroika»?) lanza una Opa hostil contra Once, se asalta el poder, o se repiten los ditirambos incomprensibles del lenguaje de los economistas. Los grandes grupos se han encaprichado del maillot, lo que no entraña riesgo cuando no debe sudarse. Si esto explica (el sudor de los ciclistas, iqué heavy!) que ni Alicia ni Esther Koplowitz y tampoco Marta Chávarri acudan al pódium para besar al triunfador de cada etapa, sólo cabe confiar en la magia siniestra del amarillo. Para que, entre tanta vulgaridad jet society, quede recuerdo hasta de los ciclistas.

18 julio 2015

Las doce de la mañana taurinas

Las doce de la mañana no son, evidentemente, las cinco de la tarde, esa hora mítica en la que, según dictamen inapelable de don Federico García Lorca la muerte pone huevos en la herida, la plaza se cubre de yodo, y suenan los clarines de todas las plazas del mundo. Al escuchar el toque, a esa hora mágica y redonda, las moscas en perfecta formación se aprestan al banquete sanguinolento del desolladero. Las doce de la mañana son, por el contrario, una hora sin brillo y sin literatura.

En Sevilla, y en ferias, es además, o lo parece, hora de madrugada inconclusa con reflejos pálidos de farolillos. Por las aguas del Guadalquivir se escapan, río abajo, las últimas nostalgias de la noche, más o menos líricas, más o menos envinadas y dulces. 

No puede violarse así, ni siquiera en ferias, y ni siquiera con el antiguo y noble arte del toreo ecuestre, esa sacramentación bíblica de los amaneceres sevillanos con el sello apócrifo de las doce de la mañana taurinas. Yo insistiendo que no, que aquello no eran horas, que se trataba de un amanecer ligeramente trasnochado y el público de la soleada mañana insistiendo en que sí, que aquello son también horas de toros y mucho más en la Feria de Abril. Y sino, para demostrarlo, allí estaban caballeros sobre hermosas jacas media docena escogida de centauros. 

Ah centauros fieros y cabalgaduras. Aún así, los más cabales y los que pudieron se habían quedado en casa o entonando cantos al pie de la Torre del Oro o tomando chocolate en cualquier esquina. Quienes anteayer pedían la otra oreja para Finito de Córdoba, a pesar de la infame estocada y de otras menudencias, ayer se vieron recompensados y desagraviados por partida doble. Agradecidos, aplaudieron con frenesí las cabalgadas y cabriolas, los prodigios circenses, que magia parecían más que doma enseñada, de tan bellos e inteligentes brutos; los caballos. Sin preocuparse demasiado por dónde y cómo clavaban los caballeros.

A Javier Buendía, mientras trazaba surcos en la arena con la vara marcándole terrenos y directrices al toro, le cantaron desde los tendidos de sol aquellos versos del ganadero poeta Fernando Villalón. Sonaron muy sentidos y claros: «si no se me parte el palo/ese torillo berrendo/no me hiere a mí el caballo». Aplaudieron, tanto la sobriedad de Buendía como la emotividad de Antonio Ignacio Vargas o el alegre barroquismo de Antonio Correa que sustituía al madrileño Manuel Vidrie. También Valdenebro y Rafael Peralta tuvieron su dosis de aplausos y su clan de adictos incondicionales. Para el decano de los maestros caballeros Angel Peralta, que no encontraba toro donde poner sus hierros, sólo hubo silencio. Todos los toros de Albarrán eran una bendición y se comían el caballo. Toros así le salen al abroncado Curro Romero, incluso en su estado actual, y arma el taco absoluto.