19 marzo 2015

Codigo promocional GROUPALIA

La gente no consume. Para romper con esta inercia negativa, cada vez hay más empresas que se anuncian con descuentos muy agresivos, de hasta el 80%, en webs como lestbonus, groupon y los códigos promocionales que ofrece Groupalia. Los productos que se pueden contratar son viajes, comidas y cenas, estética personal y ocio en general, entre otros. Para animar al cliente se acota el periodo de la oferta o se limita el número máximo de beneficiarios.




Se trata de compartir gastos y riesgos, o que se subarriende una parte del establecimiento original. Cada vez es más frecuente entrar en un local y que haya dos empresas: una asesoría legal y una firma de compraventa de oro; una agencia de viajes y una inmobiliaria, y así habría más ejemplos.

Si los jóvenes de mayo del 68 tenían La imaginación al poder entre sus lemas, muchas empresas valencianas, acuciadas por la crisis, han adaptado esa proclama a sus circunstancias para sobrevivir. Así se comprende que hayan proliferado negocios como los hoteles que ofrecen habitaciones para echarse la siesta; empresas para empeñar el coche; constructores que dividen las viviendas para vender y clínicas estéticas con descuentos de hasta el 80% para captar a los clientes.

La crisis se ha llevado por delante miles de empresas, algunas de ellas con muchos años de historia, pero al tiempo aparecen nuevos negocios o se reconvierten otros para adaptarse a los nuevos tiempos. Este diario ha escogido algunos ejemplos de las nuevas tendencias que se apuntan en el mercado.

Hasta ahora se empeñaban las joyas y las alhajas para lograr un dinero urgente. Con la crisis también han proliferado, hasta extremos difíciles de imaginar hace unos años, las empresas que compran oro y plata. Pero lo último es empeñar el coche para acceder a un préstamo rápido con garantía inmobiliaria o pignoraticia con opción de recompra. El riesgo está en malvender el vehículo. Las empresas suelen ofrecer entre el 40% y el 60% del valor de tasación. El plazo de recompra oscila entre un mes y dos meses, aunque puede haber plazos más flexibles. El interés que hay que pagar puede alcanzar el 20%.

La legislación urbanística ha previsto la división horizontal, consistente en dividir un inmueble en varios, con asignación a cada una de ellos de un coeficiente de copropiedad o participación en el total del inmueble. Esta fórmula está siendo empleada tanto por promotores como por particulares para tratar de vender sus viviendas.

Los hoteles de lujo de Madrid y Barcelona ofrecen ya la posibilidad de pasar una hora en una suite, a un precio razonable, para aquellos clientes que nunca hubieran soñado con disfrutar de una de ellas. En Valencia algunos hoteles y hostales tienen aspiraciones más modestas: alquilan sus habitaciones para echarse la siesta. Los hay, como el que ilustra esta información, que están junto a la carretera, y tienen a los transportistas como potenciales clientes.

17 marzo 2015

La gente de la jet se casa en los Jerónimos

No le parece a usted, señor Umbral, que el señor Cuevas se está poniendo muy navideño con los decembrinos, o sea Nico y Antoñito? -me dice el cerillas del café. Bueno, es el tiempo de ello. Todo el mes es Navidad, al menos por la tele. A ese lo que pasa es que le duele en las carnes, y no como a Felipe González. Le paran el taller los curratas y se queda sin el pan de sus hijos. - 

¿Usted cree que los hijos del señor Cuevas comen pan? - Ahora por fiestas comerán jijona, que es lo suyo. Lo cual que el jijona de mi barrio, o sea Alcalá/Meco, lo hacen con cacahuetes en la Siena Pobre. - ¿Es que no le gusta a usted el edificio del señor Oiza en la M/30? - Antes de meterme en esa plaza de toros para presos, prefiero yo dormir aquí en el tenderete, debajo del bisontefield. Pero a ver si escribe usted una columna explicando lo de Cuevas y Nicolás Redondo, y le dan el Nobel, como al señor Cela, que caía por aquí cuando todavía no hablaba sueco, que ha pasado del taco al sueco en cuatro días. - 

Tampoco es eso. Lo que pasa es que Jorge Semprún le ha suspendido en castellano, y ahora va a empezar en sueco, a ver cómo le sale. - El castellano le sale muy bien al señor Semprún cuando habla en francés. - Si es que no hay como la lengua materna. - Por lo menos tenemos un ministro con idiomas, que los de Francisco Franco, o sea el Opus, sólo hablaban latín. - El Papa, o sea Wojtyla, también habla en latín, y mire usted la que ha liado en Polonia. - Si es que Walesa es un Nicorredondo que va a misa. ¿Usted ha visto alguna vez a Nicorredondo en misa? - 

Bueno, yo sólo voy a los Jerónimos cuando se casa alguien de la jet. - ¿Y quién se tira ahora a quién en eso de la jet, usted que se codea? - Entre la gente guapa nadie se tira a nadie. Sólo tienen romances para salir en las revistas. Si no, ¿de qué íbamos a vivir usted y yo, que nuestro oficio es vender periódicos? - Aquí en lo mío la política ya no vende, don Francisco. Ni lo del Muro ni aunque tiren el Kremlin y hagan apartamentos. Sólo venden los banqueros y las bragas, y por junto mejor que separados. - ¿Y Julio Iglesias? - Eso era antiguamente. Ahora el que vende es Mario Conde, que es un Gary Cooper a la brillantina. - Eso me parece que ya se lo he oído. - Es que yo me repito gratis y ustedes los periodistas cobran por repetirse. - Quien se repite es Felipe González. Nosotros no hacemos más que transmitir lo que dice. Va a resultar que se me ha hecho usted de la escuela literaria de la bodeguiya. - Soy de la escuela literaria del Gijón, los rojos de toda la vida. El Gijón tiene un siglo. - Y la bodeguiya cien años de honradez. - 

Más bien fueron cien años de soledad. - Eso me suena a un latinoché, Mario Vargas Llosa , que empezó de castrista y ahora va de presidente por la derecha/banana y los yanquis. - Ese fué Gabriel García Márquez. - ¿El de la CIA? - El de «Cien años de soledad». Tampoco creo que el señor Vargas sea de la CIA. - Pues será del FBI. O de James Bond. O de Rambo. O de Batman. - Lástima que sólo venda usted periódicos. Tendría que escribirlos. - Me persigue Semprún, don Francisco Umbral. Como le ocurre a Cela.

15 marzo 2015

El Liang Shan Po refugio de camellos y chorizos

Métanse, métanse en esos soportales y verán cómo salen sin bragas», dice una vecina señalando los siniestros callejones del «Liang-Shan-Po». Los oscuros soportales son el mejor refugio para los «camellos» y «chorizos» que tienen atemorizados a los vecinos y comerciantes de la zona. Hace más de diez años que el barrio Puerta de Madrid, en Alcalá de Henares, tomó prestado el nombre de la legendaria serie La Frontera Azul. Pero la singular historia del «Liang-Shan-Po» tiene poco de cuento chino: sus siniestran plazas se parecen cada vez más a las del vecino barrio de Las Fronteras, que ha resucitado el fantasma de las patrullas callejeras. 

El ruido de «sables» se deja oír con más intensidad desde hace un mes. Los atracos a punta de navaja se suceden un día tras otro, y los comerciantes están dispuestos a salir con porras a la calle, como hicieron hace año y medio. «Si la ley no pone freno a esta situación, tendremos que hacerlo los vecinos», afirma el propietario de la tienda Expo-Cocina, en la que resultó herido a navajazos un dependiente hace dos semanas. El propietario habla con él por teléfono: «¿Qué tal te va Rosendo? 

¿Y las puñaladas de la espalda?». Era el 21 de noviembre cuando un joven abordó a Rosendo pidiéndole un presupuesto. De pronto sacó una navaja y llevó al dependiente a un lugar discreto dentro de la tienda, donde le asestó varios navajazos. Unos días antes, el farmacéutico Rafael Aguilar -hasta 300 jerginguillas ha llegado a vender algún día- también se las tuvo que ver con un navajero. Aguilar consiguió arrebatarle el arma y forcejeó con él. «Al final me di un golpe muy fuerte contra el mostrador y el tipo salió huyendo. No ha vuelto desde entonces». Hace poco le tocó el turno al centro de la Tercera Edad, en la calle de Pedro de Lerma. «Estuvimos vendiendo lotería y se conoce que dijeron: "Vamos a pillar a los viejos, que son tontos», dice uno de los responsables del centro. «Pero el dinero ya nos lo habíamos llevado. Eso sí, causaron muchos destrozos». Una peluquería, otra tienda de muebles, una de moda, una floristería, varios bares... Los objetivos de los «chorizos» en los últimos días son muy variados. 

«Son 30 o 40 familias indeseables, de las 1.500 del barrio, las que casusan todo esto», dice Inocencio Cea, 11 años viviendo en el barrio. Los vecinos se han unido a las protestas de los comerciantes y han celebrado una asamblea este fin de semana para exigir una mayor vigilancia. En la calle hay un nuevo temor: la emigración de «camellos» desde el vecino Torrejón. «Son los mismos que los de Las Fronteras», dice una señora. «Les veo en el autobús de las 12.30».

13 marzo 2015

Trozos del muro de Berlín se reparten como turrón

Los yanquis están comprando cachos del muro de Berlín como si fuera el turrón de la libertad en estas «navidades blancas» que se aproximan (las primeras que va a pasar el mundo sin Irving Berlin , el creador de la bellísima música con ese título). Alemania, pues, vende como souvenir sus ruinas ignominiosas. Peor es lo de España. Y digo que peor es lo de España porque la «España en progreso» es un slogan que debiera sustituírse por España en venta. Todo y todos estamos en venta, desde los viñadores que se van a hacer la temporada a Francia hasta los castillos medievales. La revista «Papeles de Son Armadans» denunció hace muchos años la venta de castillos españoles por piezas, con las piedras numeradas para luego montar otra vez el castillo en un rancho tejano. 

Y la cosa no ha cambiado con el cambio político, sino que se ha extendido. Aquí están en venta las grandes editoriales, la Universidad de Gustavo Villapalos, las televisiones, la Banca, todo el arte que se le escapa al Patrimonio Artístico Nacional, los valores espirituales (vendidos a la Banca Ambrosiana), el ajo de Pedroñeras (muy cotizado en Estrasburgo), las famosas que cobran por asistir a un cóctel, la costura española de tanta prosapia (que no funciona si no es aceptada en Milán), los pilotos militares que quieren pasarse a lo civil para ganar bien, el voto de Nicolás Piñeiro, el español que se ha vendido al inglés comercial (ni siquiera al literario), los raíles del tren (vendidos a François Miterrand, y hasta el pub Bocaccio, viejo apeadero de revoltés cansados. 

Lo que pasa es que todo esto a uno no le parece mal, ya que, demostrada nuestra incapacidad colectiva, que es que nos liamos solos y matamos a Josu Muguruza entre plato y plato, como en John Ford, lo mejor es que quien nos entienda que nos compre, y así lograremos ser europeos o americanos o japoneses o lo que sea, sin mayor esfuerzo, con sólo dejar de ser españoles, ya que, con el lío autonómico que montó Adolfo Suárez , nadie parece que quiera ser español, quitando Joaquín Leguina, que quiere ser madrileño y presidente aun pasando por sobre el cadáver de Ruiz Gallardón y de alguna que otra cucaracha sanitaria. Cuando los japoneses nos hayan comprado la chapela de Ricardo García Damborenea, la chatarra de Vandellós, la rosa de Felipe González, la queimada de Manuel Fraga, las pistolas de papá, el testamento de Francisco Franco, el fino laína, la toga de Pedrol Rius , las novias de Amedo , los controladores de Iberia, el defensor del pueblo, el bordillo de Medel, los calzoncillos de Camilo José Cela (que son de rayita roja) y la carretera de La Coruña, que no sirve para nada; cuando los yanquis nos hayan comprado tres o cuatro autonomías meramente folklóricas, una tropa de bingueras para Las Vegas, las bragas de la Isabel Pantoja, los apellidos de Nicolás Sartorius, los editoriales coñazo, las máquinas de afeitar nacionales, que trepidan como afeitarse con un tanque, el monóculo de don Jaime de Mora, la chabola de la Castellana, la lejía drink del agua, para rebajar el whisky, el socavón de Cristo Rey, los trescientos conferenciantes de cada tarde, el pomo del Boletín Oficial del Estado y el cuponazo de Durán; cuando los europeos nos hayan comprado a José María Mohedano , la obra completa de Revello de Toro , los ujieres de la Real Academia (como antigüedades), el socialismo de Jávea, los nuevos filósofos de Archy, las tenazas de la Castellana, el vespino y las ruinas prematuras de la Almudena, entonces, ay, qué respiro nacional. 

Entonces, a partir de cero, con España en blanco y en limpio, a lo mejor podemos dedicamos, matinal e ilusionadamente, a la hermosa, violenta y antigua tarea de ser españoles.

11 marzo 2015

Años ochenta consumismo y transición

La movida generacional fué así: Café Gijón, años sesenta, todos éramos yeyés de izquierdas y estábamos sentaditos en el café esperando la revolución del 68. Oliver, años setenta, noches diurnas de conspiración y alcohol para matar al tiranosaurio de muerte natural (al fin lo conseguimos). Bocaccio, que ahora cierra, años ochenta, consumismo, transición, socialización (hasta la empresa Bocaccio, de Oriol Regás, se socializó entre los camareros),María Asquerino, Gerardín, del final de la utopía (Marcuse) al socialcapitalismo, el socialfelipismo, Damián Rabal y la escuela literaria del angloaburrimiento, que allí nació (la política, qué horterada, por favor, aggg). El Gijón era el teatro social de Buero Vallejo, el cachondeo erosionante de Fernán-Gómez y la poesía maldita de Carlos Oroza: «un niño me pregunta por el Norte del Vietnam...». 

El Gijón era el gulag de escritores, actores, cómicos y marquesas antifranquistas. Quedaba cuarentañismo para muchos años y allí estábamos todos esperando la perestroika nacional, que entonces no se decía así. Mónica Randall, que apenas se llamaba Aurora , andaba con Almorós y su perro. Almorós ya ha muerto y con el perro, que me lo encuentro en algunas esquinas, hablamos de aquellos tiempos. Oliver fué el implícito britanismo de Marsillach (el único catalán que mira más a Londres que a París), la poesía social de Angel González, la gauche divine madrileña y la estampida bulliciosa y triunfal de Charo López, como una Venus de Milo muerta de risa. Bocaccio, ya digo, la terminal de oro de nuestro largo viaje hacia la libertad, una catacumba de terciopelo intelectual y catalán, los chaperos y los retablos, Juan Cueto y Paco Valladares, Balbín y Pilar Miró, el andén de primera para esperar el tren de la democracia, la liberté, la transición/ruptura/reforma, un gran expreso europeo con tres vagones blindados, como el de Lenin, sólo que en vez de Lenin venía Largo Caballero con la chistera de los grandes muertos, que lo metieron por Cartagena. 

Bocaccio, ahora, muere como murió Triunfo, maestro HaroTecglen, como murió Cuadernos, la canción protesta y Blas de Otero. Todo lo que había nacido como búnker de la izquierda, como rearme intelectual de España, como barricada de ideas y licores contra el invasor de dentro, en aquella larga guerra de la independencia, que el peor gabacho es siempre otro español, cuando se pone africanista y épico. Siempre se dan otras razones, claro, se explican otras cosas para lo inexplicable, que es tan sencillo: muerto el perro con medallas, se acabó la rabia con ideas. O sea que hemos quemado nuestra juventud en tres salas de espera, hemos sido tres generaciones en una, hemos tejido y destejido largamente la utopía, penelopes con barba progre, para encontrarnos, ahora, que lo que venía era un socialismo de derechas, una guerra carlista, el yoclaudio de las opas y un Madrid más regido desde la torre Picasso que desde Ferranz. Creíamos que estábamos esperando el futuro, aguantando la noche, la crónica del alba, la buerovallejiana aventura en lo gris, el cuándo amanecerá, tovarich, a base de chivas y parla del gran Perico Beltrán, que no calla. Pero el futuro, cuando llegó, se ha instalado en otras voces, otros ámbitos, Archy, el Hispano, Coq, la Prensa del corazón financiero y el Financial/Times nacional de las bragas. 

Nuestro pasado fué de Franco. Lo que venía, sí, era el nacionalfelipismo, la España en venta, los ochenta mil analfabetos madrileños, el agua/lejía drink para rebajar el wisky, el Rastrillo, el socialcapitalismo, las chabolas en la Castellana y el padre Peyton. Y encima nos cierran Bocaccio.

09 marzo 2015

Dios ha muerto

Gerardo Iglesias, quien Madrid minimizó en seguida como Gerardín, ha vuelto a la mina como si la revolución volviese a su origen, el trabajo, ahora que Europa se ha hecho la fimosis del muro de Berlín y ya fornica a calzón quitado con las meretrices de Hamburgo. Gerardín vuelve a la mina como Suquía, en lugar de pedir más sobre el Gobierno, debiera volver a las catacumbas. Recién llegado a Madrid como delfín de Carrillo, Gerardín me invitó a almorzar en Platerías, con Raúl del Pozo . Al poco tiempo había una fiesta en el palacio de El Pardo, que daban los reyes o que les daban a los reyes, y Gerardín me dijo: Bueno, tú me presentarás un poco a la gente, porque yo es que no tengo ni idea. Y le presenté a todo el mundo, desde Ana Belén a don Juan Carlos. Le hicieron por entonces muchas entrevistas, la mejor de todas la de Carmen Rigalt. 

Lo que siguió ya es historia de España. Gerardín, después de haber picado duramente en la mina negra de la política madrileña, se vuelve a la mina, que allí abajo se respira mucho más saludablemente que en los restaurantes madrileños de cinco tenedores, donde luego todo el mundo come con la mano. El deber cumplido, Gerardín se retira. El dice que no lo hace por eso, pero qué ejemplo para muchos: Leguina remendado por Piñeiro en su púrpura de virrey autonómico. Suárez, la esfinge sin espalda, apuntalado sólo por Caso , que algo tiene de alto tablón apuntalador. Semprún, tras el ridículo del «Cervantes»/Cela, apostando por los novelistas del angloaburrimiento y la escuela literaria de la bodeguiya. Todos soñando con eternos virreinatos, con líricos retornos a lo vivo lejano, o sea la Moncloa, con consagrarse como los Malraux de González. Gerardín, en cambio, ha tenido el gesto político más hermoso e impar de todo el proceso democrático. Cuando uno hace una cosa profunda, y nada tan profundo como bajar a una mina, las lecciones son múltiples, se desdoblan y nos conciernen a todos. 

Mayormente a quienes hemos montado la navidad y el árbol de Noel del anticomunismo apresurado, colgando de dicho árbol miniordenadores japoneses con lucecita, hamburguesas de la Quinta Avenida, esquina con el Pentágono, macdonalds diversos con lucecita, bragas mini con lucecita y todo con lucecitas cintilantes. Hemos entronizado a Papá Noel y derribado a Marx, en un «Marx ha muerto» tan prematuro como el «Dios ha muerto» de Nietzsche, en un malsano equívoco que confunde deliberadamente el marxismo (una filosofía de la Historia como otras) con el estalinismo, una tiranía como otras. En esas profundidades de la Historia vuelve a picar Gerardín, para obtener la verdad de nuestro tiempo, que es negra como el carbón y no multicolor como el árbol de Noel. Qué carbón de veracidad y esfuerzo, de tenacidad y geología, va a elucidar Gerardín con su piqueta y su linterna, lejos de las noches diurnas de Bocaccio, que ahora se cierra como una época que muere, mina de tinieblas dulces y conspiratrices, galería subterránea de imaginaciones y alcoholes, de donde todos salíamos, a la madrugada, tiznados del carbón/carmín de las bellas. 

Gerardo Iglesias ha elegido entre Bocaccio y la mina. Nosotros, revolucionarios de cubata, nos quedaremos dentro de un Bocaccio ya cenado, como momias intelectuales y cobardes, embalsamadas de citas, en una catacumba de la Pompeya madrileña bajo la lava de la contaminación. Todo el Occidente, y el Oriente occidentalizado en cursos acelerados, debieran conocer este gesto, y no sólo los políticos marengomadriles. Y uno mismo, que de alguna manera tiene que justificarse y se justifica bajando todos los días a la galería de esta columna a picar y picar por si sale aquello que el poeta llamó «el carbón del sol». Y yo que te presenté vanidoso a toda la turba de oro.

07 marzo 2015

La iglesia condena el perservativo

Todo va demasiado deprisa como si el tiempo histórico se acelerase y nos cogiera en bragas. O puede que el tiempo histórico, esa entelequia, sea siempre así: desmedido, a saltitos, incongruente y apabullante con el hombre de a pie que se resiste y se encoge y, sin embargo, obstinado, se empeña en predecir, adivinar, extraer leyes generales. Hace tiempo que la Historia con mayúscula, ese sueño del Espíritu encamado, dejó de serlo para convertirse en la madrastra, la Gran Puta imprevisible y tenebrosa. 

La Historia es lo que hay, esta amalgama de pesadumbres y opresiones, de individuos aislados que a veces se rebelan y son zarandeados, pisoteados por la inercia de un Capital que tiene las fauces del diablo e insaciable se alimenta, como Baal, con sangre humana... 

Ese cadáver del periodista inglés, allá en El Salvador, o los seis jesuitas acribillados y la criada y su hija y los miles sin nombre que pasean desorientados sus banderas blancas, mientras los generales engordan y preparan nuevos tanques y nuevos aviones, más metralla. Vemos el horror en la pantalla y al instante las imágenes de los panties, los yogures, o la moda moda nós tranquilizan y nos abotargan. Es pequeño el umbral de atención del ser humano, distraído y cambiante, siempre a la defensiva, atrincherado en un confort de chocolatina y productos del desarrollo. Aquí no pasa nada. 

En la voluntad de resistir de Ellacuría, Montes, Martín y los demás vemos algo osceno, inquietante.. ¿con qué derecho?... ¡Esa Iglesia de los pobres a trasmano, tercermundista, impenitente que nos remueve las tripas y la mala conciencia! Mártires, idealistas... de otro tiempo. La Iglesia de Europa es la que condena el preservativo, bendice a Polonia, la hija pródiga que regresa y hace grandes representaciones en suntuosas carrozas anti-balas. 

El Este estrena libertad y Europa satisfecha, eruptando tras una buena comida, lo primero que hace es crear un Banco. El negocio es el negocio. Y allí seguirá muriendo cada día, mientras nosotros comemos hamburguesas y cambiamos de coche. ¡Cuánta dignidad en esos hombres que ahora han muerto y qué inerme nuestra abulia cotidiana de ricos recién llegados a la sociedad opulenta!