06 junio 2016

Felicidad a cambio de un caramelo

Hubo un tiempo en el que yo también creía en los Reyes Magos, aunque a la vez pensara que eran un poco lelos porque jamás dieron una con mis peticiones. Con el paso del tiempo se van perdiendo en las sombras y en los espectáculos callejeros repartiendo desigualdades por todo el mundo cristiano. Alá los perdone.

Ya han pasado varios días desde que llegaran a Valladolid. La ciudad se colapsó durante unas horas pero, en fin, esta vez el caos era para sonrisas de tantos...

Felicidad a cambio de un caramelo. Los niños de la calle regresaban radiantes a sus casas. Habían visto a los Reyes, incluso a Pepito Grillo. Qué más quieren para creérselo. Además, llevaban un masticable de fresa como prueba del encuentro.

Por tu risa soy capaz de convertir la luna en piruleta. Soy capaz de aguantar pisotones, de pagar 10 euros por el parking y sustituir el móvil por el paquete de vda. de Solano que compré por si no pillabas ni una gominola para llevarte entre tus dos dientes.

Otros niños tuvieron mejor suerte: real recepción privada en el Ayuntamiento por ser hijos, nietos, sobrinos o amigos de. En fin. En el mundo enano también pasan estas cosas. Globos para atenuar la espera de los Magos. Caramelos a puñados. Y regalos. Claro. Ningún niño sin juguete. O sin diez mil. No importan los otros privilegios heredados, aún hay más. Por siempre. Para siempre.

Acostumbradlos a discriminaciones para que sean buenos discriminadores. Educadlos en la desigualdad para que sean buenos referentes de las diferencias que habéis repartido estos años desde las caravanas de los Magos.

En esa ocasión no importaron ideas ni colores de trajes políticos. Unos y otros optaron por el clasismo para arrancar sonrisas.

El fin, nene, no justifica los medios. Reparte tu masticable de fresa con los niños de la calle. Y a los otros, a los mayores, el dios que quiera, que los perdone.

30 mayo 2016

Me llamo Ana y he abierto un quiosco

El quiosco de Ana, que está en el Ensanche, es parada y fonda de hemerómanos, transeúntes varios, madres de familia que acaban de depositar a sus hijos en el autobús colegial, y asiduos por tradición, todos en trance de adquirir su diaria ración de papel impreso.

Ana y sus hijos son, antes que nada, cuatro amigos fieles de sus parroquianos. El pequeño quiosco, que lo es por mandamiento urbano y oficial, ejerce también de consigna. No habrá cliente que alguna vez no haya dejado un paquete por tal o cual causa, alguna de ellas puramente instrumental. Guárdame esto, Ana, que luego vuelvo. Lo recogerá mi mujer, sobre las dos, más o menos.

(Bernard Green, que acaba de aparecer en el obituario, fue conocido como «el rey de los quioscos», era de aquellos que gritaban la mercancía en su quiosco de Park Avenue, como ya no se hace. Lo último, lo último, paren y lean el cierre de la bolsa y sepan si mañana va a llover. En el caso que nos ocupa a los bilbainos, con Alejandro Cabrera, lotero también, se terminó el último gritador de prensa).

Por si acaso el voraz lector no lo supiera, la gente del quiosco le avisa de las novedades: Hoy Hola viene buena, con esto de la Norma Duval, que dice que está embarazada. La película se la pido para mañana, que hoy se me ha acabado. Y se lamenta de no saber dónde pone tanto cachivache coleccionable, tanta taza de porcelana, tanto mandil con recetas, y tanto libro de egiptología.

Al quiosco de Ana van con regularidad Emilio Olabarría y el ex-alcalde Robles, Antxon Urrósolo siempre zumbón y parliculto, poniendo una nota de exotismo en el común de los aconteceres y Achúcarro, el pianista. La gente los mira con admiración y hasta con ganas de enhebrar la cháchara. En ocasiones, sucede que el milagro llega a producirse. ¿Usted es el de la televisión?, le preguntan al político. Muy bueno lo suyo en el Parlamento, jalean los más proclives.

Hay un aire cálido de amistad en torno al quiosco de Ana, lugar de encuentro y punto de referencia. Los padres acuden con sus niños y ella tiene siempre para ellos amén del llamarlos por su nombre propio, que nunca equivoca una gominola o un chicle. Y un tebeo, que acaban capturando como botín obligado y dominguero.

23 mayo 2016

Como golosinas a diario

No es ningún secreto: el caramelo con azúcar provoca caries y facilita el sobrepeso. 

Sin embargo, no hay boca que permanezca cerrada ante este edulcorado enemigo. Según datos de la Federación Española de Asociaciones del Dulce (FEAD), en nuestro país se consumen cerca de tres kilos de golosinas por persona y año. 

La industria patria de la chuchería localizada principalmente en Murcia, Valencia y Cataluña goza de buena salud y mueve cifras con varios dígitos. El sector genera 5.700 empleos directos (sin incluir a odontólogos y endocrinos) y produce más de 200.000 toneladas anuales de género, lo que coloca a España en el cuarto lugar del ranking europeo.

Respecto al consumo nacional, un estudio de la OCU revela que las mujeres son más golosas que los varones. En cualquier caso, la parroquia incondicional del caramelo, independientemente de su sexo, se sitúa entre los 10 y 14 años. Los niños son los grandes clientes de este negocio donde no sólo cuenta el sabor. 

Lo reconoce Diana Roig, secretaria de la FEAD: "El envoltorio juega un papel fundamental en las golosinas, porque es lo que el consumidor ve a primera vista, y por lo tanto lo que le incita a elegir el producto". Otros ganchos que funcionan para los más pequeños son los formatos divertidos, las texturas masticables y, sobre todo, la publicidad en televisión que asocie la chuchería con personajes de la pequeña pantalla. 

"El público infantil busca la novedad y quiere dulces que contengan ciertas dosis de creatividad y de imaginación en sus formas y colores. Si además incorpora juguetes, cromos o pegatinas con algún superhéroe se venderá mejor", dice Roig, quien enumera entre las preferencias infantiles a las gominolas, nubes, piruletas de palo, chicle hinchable y regaliz. 

Productos que aunque presenten una apariencia diferente comparten a grandes rasgos una composición parecida: sacarosa, colorantes y aromas. En el caramelo tipo, estos ingredientes se desglosan del siguiente modo: 52% de azúcar, 44% de jarabe de glucosa, 3% de acidulante (ácido cítrico), 0,2% de aromas y un tanto por ciento mínimo de colorante.

La OCU precisa que cada 100 gramos de golosinas aportan unas 350 kilocalorías y añade que conviene controlar su consumo para no desequilibrar la dieta de los niños. ¿Cantidades recomendables? Desde el punto de vista odontológico cuanto menos mejor, sobre todo en lo que concierne a los caramelos masticables que tanto cuesta despegar de las muelas. El especialista en endocrinología Charro Salgado se muestra menos radical: 

"Una golosina de vez en cuando, excepto en los casos de diabetes, no tiene por qué ser perjudicial, en definitiva es básicamente azúcar; el peligro es que se convierta en un hábito alimenticio cotidiano". Para la hora en que apetezca algo dulce, el doctor Salgado recomienda una sana y nutritiva pieza de fruta. Y no sólo para los niños, porque las estadísticas de la OCU señalan que los adultos entre los 35 y 55 años son también grandes consumidores de chucherías. Este tipo de público se decanta por chicles (mayoritariamente sin azúcar), toffes y caramelos mentolados.

Cantimplora ¿Para apagar o crear la sed? 15 céntimos.

Melón Con chicle. 75 céntimos los 100 gramos.

Chupa Chups Kojac Con chicle. 15 céntimos.

Chupa Chups Un clásico. 15 céntimos.

Loli Pop Toffe blando con palo. 15 céntimos.

Pez Caramelos comprimidos. 20 céntimos.

Fresquito Con forma de dedo y burbujas. 25 céntimos.

Palote Caramelo masticable. 10 céntimos.

Piruleta En forma de corazón. 15 céntimos.

Mora Roja o negra. 75 céntimos los 100 gramos.

Volcán Sin lava. 75 céntimos los 100 gramos.

Fresón Espumoso. 75 céntimos los 100 gramos.

Fresita De fresa y nata. 75 céntimos los 100 gramos.

Fresa El sabor tradicional. 75 céntimos los 100 gramos.

Helado Y no se derrite. 75 céntimos los 100 gramos.

Sandía Rodaja de fruta. 75 céntimos los 100 gramos.

Nube O esponja. 75 céntimos los 100 gramos.

Ladrillo Construcción de azúcar. 75 céntimos los 100 gramos.

Osito De todos los colores. 75 céntimos los 100 g.

Corazón Bicolor. 75 céntimos los 100 gramos.

Huevo frito Para mojar. 75 céntimos los 100 gramos.

Manzana Verde. 75 céntimos los 100 gramos.

Rana Como si croara. 75 céntimos los 100 gramos.

Hamburguesa Para los más hambrientos. 1,37 euros.

Yogur Un "postre" de pica pica. 6 céntimos.

Regaliz con pica pica 75 céntimos los 100 gramos.

Regaliz negro Enrollado. 75 céntimos los 100 gramos.

Chicle Para hacer globos. 6 céntimos.

Sugus De toda la vida. 75 céntimos los 100 gramos.

Gummy Caramelo y gominola. 75 céntimos los 100 g.

Caramelo Con caras de colores. 65 céntimos los 100 g.

Plátano De Canarias. 75 céntimos los 100 gramos.

Gusano Sin escrúpulos. 75 céntimos los 100 gramos.

Coca Cola Refrescante. 75 céntimos los 100 gramos.

Piolín 30 céntimos el dibujo animado pequeño.

El caramelo adulto. El caramelo dietético gana adeptos día a día entre la parroquia de los adultos. En Caramelos Paco, una de las tiendas de dulces decanas en Madrid, confirman que en los últimos años "este tipo de producto ocupa casi el 60% de consumo entre el público mayor de edad". Y sigue creciendo; caries, diabetes y obesidad son tres factores de peso que han inclinado la balanza hacia la chuchería sin azúcar. Pero la moda de lo saludable va más allá de los edulcorantes sustitutivos. Cada vez son más las golosinas que ofrecen un valor añadido para la salud: vitaminas, ginseng o chicles con agentes blanqueadores.

Sin azúcar: los caramelos Dietorelle, a 1,8 euros los 100 gramos; los Solano, 1,56 euros. Vitaminados: Golia, con vitamina C, y los Nimm 2 con varias vitaminas, 1,32 euros los 100 gramos.

16 mayo 2016

Las gominolas asesinas

¡Oh, mundo inmundo y cruel! No sé dónde vamos a ir a parar, que diría Doña Rogelia. Ya no te puedes fiar ni de las gominolas.Según un reciente estudio estas polimórficas y polícromas golosinas infantiles, además de obesidad y caries, pueden provocar alergias, erupciones cutáneas, reacciones respiratorias y hasta la muerte por atragantamiento. 

El informe revela que cinco de cada siete colorantes identificados en las muestras contienen dinamita pura bajo apariencia inofensiva. La inocencia es lo más fácil de perder, lo primero que se pierde. No es por hacerme la lista ni la interesante, pero yo sospechaba algo parecido hace tiempo. Desde que me percaté de su existencia en los quioscos las gominolas me inspiraron una instintiva desazón y repugnancia. 

Dentaduras postizas comestibles, tiburones pegajosos, nubes rosadas, platanitos, moras, corazones, botellas de cola cubiertas de escarcha azucarada y un sinfín de figuritas que parecen diseñadas por una mente demente, perversa y maligna, dispuesta a corromper a la infancia. Un aluvión de guarradas blandengues que se suman a la regaliz o al puro moro de toda la vida cuyo nombre políticamente correcto es porro magrebí.

Manola, la gominola asesina podría ser el título de una película de animación con plastilina del artista de Alcoy Pablo Llorens.Invasores alienígenas camuflados de porquerías comestibles se apoderan de los cuerpos y mentes de los niños y los enfrentan a sus desconcertados progenitores. La guerra del fin del mundo como guerra de generaciones. O Gomiznola, un enorme monstruo plastimorfo que devora todo a su paso. El rodaje se puede iniciar cualquier día a la salida del cole, bandadas de críos asaltan los quioscos para darse un chute de chuche, como llaman a esas chucherías. 

Bajo la atenta mirada de sus complacientes madres, selecciona cada uno su menú con una decisión apabullante: «Un tiburón, tres fresas, dos melones...». Las madres, algunas también chucheadictas, se quejan del encarecimiento del producto con el euro. Hay gominolas de lujo en cajas como bombones, y en Internet se ofrecen gominolas de marihuana.

Las golosinas siempre han tenido un lado oscuro. En mi remota infancia nos prohibían aceptar dulces de los desconocidos porque se suponía que estaban drogados o envenenados con inconfesables propósitos pedófilos. En aquella época el máximo lujo eran las chocolatinas Nestlé y los caramelos La Pajarita, que traían de la puerta del Sol los familiares que visitaban la capital. Seguro que menos contaminados que estas gominolas de hoy día. ¿Meterlas entre rejas? 

Tampoco es para tanto. Más vale que los niños se acostumbren a digerir sustancias sospechosas porque les quedan muchas por delante. Entre la codicia y picaresca de unos y el afán autodestructivo de otros no hay salvación. Al fin y al cabo de algo hay que morirse y más vale hacerlo dulcemente y con buen sabor de boca.

09 mayo 2016

Si Bruce Springsteen no hubiera salido enano

Fue en el Estadio Municipal de Cleveland, Ohio, durante la inauguración del Rock and Roll Hall of Fame en septiembre de 1995. Ahí estaban los Chuck Berry, John Fogerty, Jerry Lee Lewis, Bob Dylan...y Bruce Springsteen, que volvía a hacer soñar a sus fieles cuando para la ocasión rescataba, después de siete años de «separación amistosa», a la inigualable, mítica y legendaria E Street Band.

La reunión no fue determinante, ya que Springsteen se iba a enfrascar en solitario meses después en el laureado The Ghost of Tom Joad, pero la noche nos dejó algunos momentos memorables. Tal vez el que más, cuando Dylan hizo subir al escenario a Springsteen y juntos interpretaron una emotiva y desigual versión de Forever Young. Como diría un buen amigo «¡Qué momentazo!».

Por fin podíamos ver el dueto soñado entre el de Minneapolis y ese chico de New Jersey al que algún crítico había bautizado en sus orígenes como «el nuevo Dylan». Pues bien, ya han pasado ocho años de aquello y ese Forever Young bien se podría tomar como una declaración de principios.

Y no me estoy refiriendo únicamente a ese envidiable aspecto y forma física con la que le hemos disfrutado estos días en Gijón, Barcelona y Madrid, tocando durante más de tres horas, deslizándose por el escenario y hasta colgándose del revés en un micrófono.

La juventud de Bruce Springsteen nos llega a través de su música, de la manera de estar en el negocio del disco, de las cosas que no ha hecho («tener un chimpancé como mascota, cambiarse la sangre en Suiza »*) y de poner su voz en los ideales que aún defiende y trata de renovar haciéndolos reales noche tras noche encima de un escenario: honestidad, esfuerzo, compromiso y, cómo no, algo tan serio y fundamental como es la capacidad de divertir.

Bruce nos divierte y se divierte, muestra y demuestra complicidad con su banda y convierte el concierto en una fiesta con el público.Y ahí está la mejor muestra de juventud de Springsteen: su público.Sin perder a los seguidores de siempre, en las primeras filas se comprimen una legión de adolescentes que se desgañitan cantando Waiting on a sunny day, y que darían cualquier cosa por que Bruce reincorporara la costumbre de sacar una chica al escenario a bailar con él en la oscuridad.

Entre sus fans, ellas le adoran y ellos le ven como un colega (y no como rival o una rutilante estrella del rock). Conseguir esta conexión con el público, generar este sentimiento de comunidad y que, pese a las diferencias sociales, económicas y de edad entre ellos y el músico de New Jersey, todos hagan suyo el grito de «vagabundos como nosotros, nena, hemos nacido para correr», debe querer decir algo.

Pero hay más. Este verano tuve la suerte de compartir con Springsteen su camerino en las horas previas a su concierto en San José, California, en la gira de presentación de The Rising, y me habló del que para él era el papel del cantautor: «Es el canario en la mina de carbón, debe cantar aunque el aire no sea tan puro».Los mineros en tiempos de la revolución industrial los tenían como indicadores de lo respirable que era el aire, y la verdad es que en estos tiempos que corren, ponerle voz al miedo o a la confusión no es sencillo, pero es estar en el centro del diálogo.

Bruce Springsteen no es un cantautor político y, pese a eso, los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 han marcado su último trabajo, (como a Bush). Pero que nadie busque declaraciones de buenos y malos, legitimaciones o ataques al poder; Bruce Springsteen habla de personas que sufren, que han perdido a seres queridos, que buscan un sentido a la vida, que buscan consuelo.

Hay quien cree que no es suficiente. Hay quien espera que Springsteen además de músico sea un político, y no es su cometido. Tiene la habilidad de hacer canciones que tanto un republicano como un demócrata han tratado de hacer suyas (¿se acuerdan de Born in the USA?), pero también de empezar sus conciertos en Australia en plena crisis de Irak, con War, un alegato en contra de la guerra dedicándolo a los inocentes civiles iraquíes, o de lamentar a través de su página web, la censura y falta de libertad de expresión para con el trío tejano Dixie Chicks, muy críticos con el Gobierno de Bush.

De hecho, uno de los deseos menos ocultos de sus fans era poder escuchar en directo un nuevo tema llamado Devils and dust (Diablos y polvo), sobre la reciente Guerra de Irak. Tal vez resulte clarificador para más de uno.

Aunque estoy seguro de que hablará de gente corriente, de los que acaban pagando las decisiones de sus gobernantes. A Bruce le gusta poner ahí su voz, y ésta se vuelve arrolladora cuando la envuelve la E Street Band, felizmente reunificada precisamente en Barcelona el 9 de abril de 1999 y ¡Hasta hoy!

Juntos son una apisonadora del mejor rock, con Steve van Zandt y Clarence Clemons flanqueando a Bruce en el escenario con una gran fuerza escénica, el virtuosismo de Nils Lofgren, Roy Bittan o Danny Federici, dando cuerpo a cualquier melodía, Max Weimberg y Gary Tallent marcando compás, y las voces de Patti Scialfa y Soozie Tyrell que ayudan al Boss en los tonos más agudos. Son la E Street Band, la banda de rock más poderosa de la Tierra.

Bruce Springsteen tiene 53 años y el sábado en Barcelona le pedí que no piense en dejarlo, por lo menos hasta dentro de 30 más. Mi hijo Max está a punto de cumplir un año y me encantaría que pudiera disfrutar, tanto como yo, de este joven llamado Bruce y de sus amigos de la calle E. Y es que estos días he vuelto a ver el futuro del rock and roll y su nombre es Bruce Springsteen.¿Quién si no? 

02 mayo 2016

A Luis Cernuda le gustaban los hombres

El Cernuda esquivo, difícil, apasionado, el poeta raro y comprometido, el amigo difícil, el artista huraño y rebelde. 

Era la joya bibliográfica que faltaba para culminar el prolífico centenario de Cernuda, la publicación del epistolario completo del poeta sevillano con un total de 1.103 cartas -384 inéditas- de las cuales 978 fueron escritas por el escritor y 125 dirigidas a él.

La Residencia de Estudiantes presentó ayer en la ciudad natal del poeta el voluminoso estudio preparado por James Valender en el que se incluyen sobrias y certeras cartas enviadas por todos los personajes que formaron parte de su vida, desde los años sevillanos a su estancia en Madrid y más tarde en las ciudades del exilio.

El poeta sevillano y especialista en la figura de Cernuda, Jacobo Cortines, desentrañó algunas de las claves de este ambicioso estudio que, además, se incluye en el proyecto de investigación Epístola, que pretende publicar un corpus documental de la literatura epistolar de la Edad de Plata.

Desavenencias con Juan Ramón Jiménez, confidencias con su amigo Higinio Capote, desahogos con José Luis Cano e intercambios de alegrías y desesperanzas con su antiguo profesor Pedro Salinas -con el que luego mantuvo una enconada enemistad-, José Bergamín, Concha Méndez, Manuel Altolaguirre, Rafael Martínez Nadal, León Sánchez Cuesta, Ramón Gaya o Concha de Albornoz atraviesan este jugoso epistolario que, sin duda, sirve para adentrarse en la personalidad del poeta y de toda su generación.

En el acto de presentación también estuvieron el director de la Residencia de Estudiantes, José García Velasco; el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, y miembros de la Comisión Sevillana para los Actos Conmemorativos del Centenario de Luis Cernuda -formada por el Ayuntamiento, la Diputación y la Fundación El Monte.
José García Velasco explicó que el proyecto Epístola no es un trabajo de mitomanía nostálgica. «Ha sido un estudio muy complejo con el que estamos intentando recuperar el periodo literario más decente y glorioso después del Siglo de Oro, aniquilado y silenciado a causa de la Dictadura».

Entre las inquietudes y reflexiones íntimas que se incluyen en Luis Cernuda. Epistolario (1924-1963) destaca, sobre todo, la voz del poeta para desvelar la geografía íntima de un escritor considerado siempre, entre los de su entorno, lúcido y raro.

La entraña de versos que se desprende de estas sorprendentes cartas muestra a un hombre que es también un compulsivo lector, un amigo escéptico, un autor que busca desesperadamente editor, un ser frágil y comprometido, un exiliado amargo y de alma profundamente lírica.

Jacobo Cortines advirtió de que, a pesar de algunas anécdotas llenas de exabruptos, «no hay mucha carnaza para los que sólo buscan chismes». Según el poeta e investigador, «el epistolario es sobrio y no hay concesiones. Está su mundo personal y eso es fundamental para quien pretenda indagar en la personalidad y el universo interior de Cernuda».

Con este Epistolario culmina uno de los anexos más estudiados en los últimos años sobre la biografía exquisita y rara de Cernuda, aunque aún faltan por publicar algunas cartas personales en propiedad de los herederos y más documentos del intercambio epistolar con personajes como Bernabé Fernández Canivell.

El Epistolario supera así lo investigado hasta el momento en este género jugoso y revelador y que se podía contemplar en las cartas publicadas en el número de homenaje que Insula dedicó al poeta en febrero de 1964; en las editadas por el investigador José María Capote sobre la correspondencia de Higinio Capote con el poeta; en el revelador estudio del poeta sevillano Fernando Ortiz, Epistolario inédito, que se publicó en 1981, o en el libro de Rafael Martínez Nadal Españoles en la Gran Bretaña.

Esta obra se divide también en las etapas de dolor que marcan la biografía de un poeta convertido en esencia del éxodo: De Sevilla a Madrid; de la Guerra Civil al exilio de las Américas: México, California, Coyoacán.

Consciente de que la búsqueda en epistolarios también tiene mucho de introspección despiadada en lo íntimo, en el consuelo último de lo personal, Jacobo Cortines explicó que la obra no cae en la hagiografía siempre sospechosa, ya que se disecciona en carne viva el mundo interior del personaje.

«Se desvela al poeta de carne y hueso, con sus máscaras o sin ellas; un poeta que ha tenido suerte con la posteridad, toda la que se le negó en vida», concluyó Cortines.

Carta a Concha Albornoz (2 de febrero de 1963). Los Angeles: «Hace más de una semana que el sol desapareció y llueve hace tres días.Eso me pone siempre del peor humor y las cosas mías son igualmente deprimentes. Además, envuelto como estoy en chismes sobre que soy 'imposible y grosero', famita que, desde nuestra bendita tierra, llega hasta mí aquí. Me veo rodeado por todas partes de mala voluntad, antipatía y odio. A veces siento terror al recordar que estoy solo, sin nadie quien me quiera y me tenga amistad».

Carta a Jaime Gil de Biedma. Coyoacán, México. 27 de diciembre de 1959: «Qué necia e incivil esa pretensión de camaradería que se traduce en llamar, por escrito y en público, Pedro [por Salinas] a uno, Jorge [Guillén] al otro, cuando no Manolo [Altolaguirre],

Manolito al de más allá. Nadie quiso ver ahí, al llamar yo a J.R. Jiménez así, y no Juan Ramón, como si fuera pariente mío y hablara de él en tertulia familiar, nadie quiso ver, digo, en eso, no costumbre de medio civilizado, sino 'mala intención' o insulto».

08 marzo 2016

Helados y sorbetes sofisticados

Ninguna cautela es suficiente con tal de librarse de ese malestar general que invade el ánimo, cada vez que se abandona el vagón de metro o el aire acondicionado de la oficina. 

¿Permanecer indefinidamente en esos refugios? Imposible. Mejor tomar algo por el camino y no refunfuñar. ¿Cómo? Con un helado de cucurucho, cremoso y nutritivo. Nada de conformarse con chupetear el hielo de un flash, lamer un polo de naranja o mordisquear el barquillo de un aburrido corte de nata y fresa. No hay nostalgia que valga. Es hora de abrirse a la sofisticación que nos rodea en materia de sorbetes y helados. Tomen nota.

Recién incorporada. Master Gelato lleva mes y medio abierta al público en el número 85 de la calle Fuencarral y ya acapara el protagonismo de ese bulevar, tan saturado de primorosos escaparates.En su fresquera circular reponen con esmero litros de crema helada sugerente: higos caramelizados, aguardiente con canela, piña colada, galleta (biscotto), frutas de la pasión, yogur amarena y croché. Estos dos últimos sabores son la combinación favorita de Joaquín, su maestro heladero. El croché es un mousse de chocolate y ambrosía crujiente. El yogur amarano es la mezcla ácida del yogur con el sabor acre de las cerezas. Ante una tarrina de cerezas y croché ¿No caería rendido Jorge Perrugoría? ¿No le sería infiel a la Fresa y Chocolate?

Americanas. Lili Taylor se desesperaba en búsqueda de una tarrina de helado Chocolate Midnight Cookies de Häagen-Dazs en plena madrugada, con zapatillas y coleta de andar por casa. Interpretaba a la melancólica Ann, una chica que lloraba a lágrima viva porque no encontraba ese envase sólo apto para amantes del chocolate.Bueno, por eso y porque su novio le acababa de dejar y ella se quedó con las ganas de decirle las Cosas que nunca le dijo. 

Nunca sabremos si Isabel Coixet quiso patrocinar a la franquicia americana o mostrar lo importante que es engancharse al helado cuando alguien te abandona, lo cierto es que Häagen-Dazs está presente en 53 países, con más de 700 tiendas, 11 de ellas en Madrid. Las más carismáticas, sin duda, están en el Paseo Rosales, 36, en la Plaza Santa Bárbara,4 (Alonso Martinez) y frente a los Jardines de Sabatini. Otra marca estadounidense que está presente en la capital desde el año 2002 es Ben & Jerry's. 

Detrás de esta multinacional se esconden las mentes creativas y juguetonas de Ben Cohen y Jerry Greenfield. Dos estudiantes perezosos de Long Island, adictos a la comida abundante. En realidad unos hippies que les dió por montar una heladería en una gasolinera abandonada y con goteras, en cuyas paredes proyectaban sesiones de cine gratuito. Los sabores hablan por sí solos. Ejemplo: el Fossil Fuel es un helado de nata con trozos de cookies de chocolate, tropezones de chocolate en forma de dinosaurio y remolinos de chocolate. 

Esa clase de combinación que sólo un niño sería capaz de inventar. Dato curioso: tienen una fundación de proyectos humanitarios. En Madrid colaboraron con Cruz Roja, repartiendo medio litro de helado gratis a los estudiantes de 10 universidades de la Comunidad que donaron sangre.Están en el Arco de Cuchilleros, con un puesto extra de terraza en la Plaza Mayor, en la Calle del Carmen, 1 (Puerta del Sol), en el Parque Corredor, en Xanadú y en el Centro Comercial Dreams-Palacio del Hielo.

Italianas. Quien no haya experimentado en su lengua el placer de los auténticos helados italianos está a tiempo de ahorrarse el vuelo a Roma, porque en el número 9 de la calle de Huertas, se encuentra Giuseppe Ricci. Sus helados podrían aplacar la glotonería de un Nerón. Un cucurucho sencillo basta para saciar el apetito de los que no son tragaldabas. Ofrecen a los alérgicos a la lactosa un sucedáneo de soja. Imprescindible probar el Pistacho, Fiordilatte, a medio camino entre la nata y el yogur, la versión que hacen de los bombones de Perugina Bacio y Ferrero Rocher.

Argentina. Al pasar frente a las cristaleras de Giangrossi en la calle Alberto Aguilera uno siente el impulso irrefrenable de entrar a esa pecera de lujuria helada, pedir un helado de grosellas, y pringar uno de sus sillones de cuero blanco, situados frente a los grandes ventanales. Tronos desde los que otear la calle y psicoanalizarse. Mirones con un helado potencialmente peligroso entre las manos. ¿Qué más se puede pedir? Más sucursales en el cruce de Hermosilla con Velázquez y en La Esquina del Bernabéu.¿Especilidad? El dulce de leche.

Clásica renovada. Un paseo en Pintor Rosales acaba para muchos madrileños ante las neveras acristaladas de Bruin. Establecimiento nacido en 1963 con más de 35 variedades de helados artesanos.Desde hace un año surten a La Tomasa, local vástago de El Tomás en la Cava Baja, 42. La niña ocupa desde hace un año el esquinazo de las dos Cavas, a la sombra de un falso platanero y junto a una escalinata donde se pueden lamer cucuruchos y beber granizados hasta la 1:30 horas.