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lunes, 20 de mayo de 2013

Una rubia inocente Michelle


La de hoy en día es una mujer que ha dejado atrás el recuerdo doloroso de aquella joven con el cuerpo lleno de cicatrices causadas por las incertidumbres jamás resueltas de su adolescencia y la angustia de la imprecisión del futuro. El de Michelle Pfeiffer ha sido el proceso prodigioso de evolución de una actriz esencialmente honesta consigo misma y de una mujer en el umbral de la madurez que acaba de estrenar una largamente deseada condición de madre y recién casada. «Hollywood es un sitio lleno de mujeres infelices», dijo hace tiempo. No es su caso. 

«Tengo 36 años y estoy preparada para el cambio», manifestó hace un par de meses. Dicho y hecho. La vida de la que muchos consideran la actriz del futuro en Hollywood, se ha transformado en la de una mujer familiar volcada enteramente en su hija adoptiva Claudia Rose, en su reciente marido David Kelley, y en su ilusionante primer embarazo. Ellos, y el reducido círculo de sus íntimos, pueden disfrutarla tal como es: inteligente, irreverente, nada pretenciosa, llena de humor y con los pies en el suelo. El resto de los mortales sólo podemos contentarnos con acceder a ella de nuevo a través de una película, La edad de la inocencia, la adaptación que de la novela de Edith Wharton ha realizado Martin Scorsese, en la que la actriz se revela a través de la condesa Ellen Olenska, una mujer anticipada a su época, aprisionada por el amor y sofocada por las rígidas conveniencias sociales del Nueva York de comienzo de siglo. 

Una vez más, Pfeiffer vuelve a realizar la proeza lograda en diez años y a través de catorce películas: encarnar como nadie la feminidad sufriente y el lúcido desencanto. En el filme, que bien podría valerle su cuarta nominación al Oscar, se muestra en la cima de su carrera y en todo su esplendor.

A través de la condesa Olenska, podemos percibir a Pfeiffer como la mezcla de ferocidad y fragilidad recubierta de hielo que es. A sus 36 años, con el perfecto rostro más anguloso que nunca y la legendaria mirada triste, dura y glacial, ya no es la típica rubia californiana por la que nadie apostaba tras verla en su primer papel protagonista, Grease 2 (1982). En una década no ha dejado nunca de sorprender con su «star quality», presencia y luminosidad ante la cámara y su profundo talento de actriz. Una hondura e inteligencia con la que ha construido una de las más serias y sorprendentes carreras de Hollywood, alejada de las servidumbres del estrellato y de personajes de rubia boba en la que intentaron encasillarla en sus comienzos.

Michelle Pfeiffer es una bella con alma, que ella desea preservar en la intimidad. Implacable defensora de su privacidad, tiene la imagen de estrella más misteriosa y secreta desde Greta Garbo. Muy conocida es su legendaria antipatía hacia la prensa, la fama y el sentirse expuesta. Odia hablar de sí misma, de su vida privada. Su leyenda dice que es introvertida e insegura, poco amante de los métodos de interpretación y enemiga de las entrevistas.

«Soy muy independiente e impaciente conmigo misma. Tengo un carácter sombrío. Paso de la extraversión a la paranoia, del candor a la desconfianza», asegura. Parte del encanto seductor de Pfeiffer reside en la contradicción entre su interior oscuro y su deslumbrante percha, cristalización irrefutable de los cánones de la belleza norteamericana. En las escasas entrevistas concedidas, siempre ha afirmado ser una persona muy oscura y compleja, esperar siempre lo peor y ser, en definitiva, muy pesimista y negativa.

La tensa contradicción entre su fachada luminosa e interior oscuro, entre estrellato e interpretación, le ha permitido construir una carrera impecable en la que ha rehuido conscientemente los títulos excesivamente comerciales y que le han permitido interpretar mujeres en lucha por asumir su propio amor y locura. Un factor determinante para ello ha sido su impresionante habilidad para transformarse y su versatilidad. Estas virtudes camaleónicas e interpretativas decidieron a Scorsese para darle el papel de Ellen Olenska:

«Cada vez que la veía en una película era una mujer diferente, nunca vi a Michelle Pfeiffer. La condesa Olenska había vivido en Europa como una bohemia, comparada con los otros personajes de la historia, y necesitaba una actriz que expresara su conflicto interior con la mirada y el rostro, pero de una manera sutilísima».

Sobria y sutilmente esta actriz autodidacta ha desaparecido literalmente detrás de cada personaje que ha interpretado, dando en cada película muestras de su ilimitada capacidad camaleónica:

la pandillera Sthepanie Zinone de Grease; la apática y cocainómana Elvira de Scarface; la hechizada princesa devenida en ave rapaz enamorada de Lady Halcón; la noctámbula y agitada Diana de Cuando llega la noche; la dura y ambiciosa actriz Faith Healy de Dulce libertad; la fértil y maternal Sukie Ridgemont de Las brujas de Eastwick; la aguerrida viuda de la Mafia Angela de Marco en de Casada con todos; la sensual y misteriosa Jo Ann Vallenari de Conexión tequila; la virtuosa madame de Tourvel de Las amistades peligrosas; la valiente editora soviética Katya de La casa Rusia; la aburrida y descerebrada maruja Lurene Hallett de Por encima de todo (que le valió el Oso de Oro a la mejor actriz en el Festival de Berlín del pasado año); la desgarrada camarera Frankie de Frankie y Johnny; la sufrida secretaria Selina Kyle y la vengativa gata Catwoman de Batman vuelve y la condesa Ellen Olenska de La edad de la inocencia.

Pese al éxito, Pfeiffer sigue alimentando su legendaria inseguridad: «Creo que cada película va a ser la ocasión en que todos descubrirán, por fin, que soy una impostora». En realidad, su sueño y más secreta aspiración es llegar a ser una buena actriz secundaria e interpretar convincentemente a una pordiosera. Que no es, ni mucho menos lo que le espera a Michelle Pfeiffer en el futuro.

Hace poco terminó el rodaje de Wolf, de Mike Nichols, una mezcla de «thriller» y comedia en la que interpreta a una veterinaria «hippy» enamorada de un editor (Jack Nicholson), quien tras ser mordido por un lobo comienza a demostrar comportamientos lupinos.

Y, en febrero si el embarazo no hace cambiar sus planes rodará junto a Richard Gere Higgins & Beach, una historia de amor basada en la vida real de Marguerite Higgins, la primera periodista destacada en un frente de combate, el de la guerra de Corea. También le aguarda Tim Burton para comenzar Batman 3, así como el personaje de la mujer pirata Annie Bonnie, la protagonista de la bucanera Mistress of the seas, junto a Harrison Ford.

Y, por si eso fuera poco, desde su propia productora, la Pfeiffer-Guinzburg Productions, proyecta adaptar para el cine la novela ganadora del Pulitzer 100 Acres, de Jane Smiley, así como la adaptación de otra novela de Edith Wharton, The Custom of the County, llevada a cabo por Christopher Hampton; Otra vuelta de tuerca, de Henry James y Waltz into darkness, basada en una novela de Cornell Woolrich.

Y, finalmente, una historia sobre la relación real entre la pintora Georgia O Keefe y Alfred Stieglitz.

A su vez, el realizador Gary Marshall, para el que trabajó en Frankie y Johnny, le sugirió que la encontraba más que preparada para dirigir. Ella parece complacida con la idea, aunque ha declarado que antes de que eso ocurra, Claudia Rose, que cumple un año el 3 de marzo, tiene que crecer.

La mestiza Claudia Rose, hija de una enfermera latina de Miami que la dio en adopción por carecer de medios económicos para criarla, constituye el epicentro de toda su vida. Atrás ha quedado su matrimonio fracasado con el actor Peter Horton y los romances con Eric Clapton y los actores John Malkovich, Michael Keaton, Al Pacino y Fisher Stevens. Su matrimonio, el pasado 13 de noviembre y por el rito presbiteriano, con David Kelley, ex jugador de hockey, abogado y productor de las series televisivas La ley de Los Angeles y Picket Fences, le ha proporcionado la estabilidad emocional necesaria para ofrecerle a la pequeña todo lo que sus padres Richard y Donna, un instalador de calefacciones y una ama de casa, no le pudieron dar.

La familia Kelley Pfeiffer vive en una mansión californiana de estilo español construida en 1917 en Santa Mónica, con dos perros y un gato. Allí, la actriz se dedica a la pintura y al bricolaje, sigue su dieta vegetariana, lucha día a día con la tentación de volver a fumar, cocina pasta para sus amigos y comparte sus momentos más íntimos con las dos nuevas personas con los que ha formado una familia.

Michelle Pfeiffer se ha convertido ante nuestros ojos en una actriz y mujer formidable, lejos de la gatita para películas de surfistas a la que los estudios la habrían condenado. Con el tiempo, el florecimiento de su propia conciencia, así como el valor y confianza en sí misma, la han convertido en una estrella. Ahora, la actriz conoce su valor: es una de las cien personas más poderosas de Hollywood y los ejecutivos saben que, junto a Julia Roberts y Kim Basinger, Pfeiffer garantiza las ventas de sus películas por anticipado.

En la revista Harper s Bazaar la eligieron una de las diez mujeres más hermosas del mundo. En la prestigiosa Time dictaron: «Es guapa hasta morirse». Tampoco ha podido evitar a las etiquetas: «la heredera de Grace Kelly» y «la nueva Garbo».

Ahora, Michelle Pfeiffer es una actriz que sabe lo que quiere hacer y la manera de conseguirlo. Jonathan Demme, el director de El silencio de los corderos, film que ella rechazó, y que la dirigió en Casada con todos, ha pronosticado: «Michelle Pfeiffer es la actriz del futuro».

domingo, 19 de mayo de 2013

La estela que va dejando las estrellas


- «Te aseguro que me han dicho que es marica».

- «¡Qué no puede ser! ¡Es que ahora ya se dice de todo el mundo!».

- «Que yo te digo que me lo ha dicho un enterado y que cuando se lo preguntaron en América, Richard Gere no lo desmintió y la mujer tampoco».

- «¡Anda ya! Lo dicen porque como va siempre con dos monjes del Tíbet, pues queda raro. Pero, ¿tú te has fijado en las canas y las arruguitas de los ojos?»

Sí, se las ha debido ver porque al mismo tiempo que escucha, la chica pone los ojillos achinados del actor.

Richard ha conseguido mirada de ingenuidad en una cara que no parece tener 45 años y un cuerpo tan flexible como a sus 24 años, cuando creó el personaje de Grease (el que luego dejara «pringoso» John Travolta en el cine) en los escenarios de Broadway.

Muchas veces se ha tenido que untar de brillantina y la verdad es que le queda estupendamente. En Oficial y caballero parecía un maniquí y en Cotton Club estaba rotundo con el smoking entre la decoración de la época de los años 20. Para Pretty woman no acertó con el look del ejecutivo agresivo y se quedó en Mario Conde sin gomina con demasiados trajes «diplomático» (gris oscuro con finas rayas gris muy pálido) que como todos saben dan muy mala suerte.

Su papel ideal lo tuvo en American Gigolo: ¡Qué cuerpo! La trama se estropeaba tontamente intentando explicar un suceso con asesinato, pero nada importaba tanto como la espalda impoluta de Gere. Se levantaba de la cama -muchas veces, que los gigolos tienen un duro oficio- medio acurrucado en las sábanas de raso que sólo los decoradores de Hollywood saben encontrar y le decía a las señoras cincuentonas eso de: «Relájate, yo estoy aquí para hacerte sentir lo que tu marido no ha conseguido nunca y para eso necesitamos tiempo...».

- «No dejes de conseguir una copia en versión original, los susurros son maravillosos».

- «Y, ¿cuánto tiempo dices que va a estar en Madrid?».

- «Mujer, que eso son cosas del cine».

- «Ya, luego los ves y son más bajitos que en el cine».

- «Y no son gigolos».

- «Y si además dices que es mariquita...».

sábado, 18 de mayo de 2013

El Rolls Royce de los Festivales


Si para dejar contentos a los amantes de las clasificaciones hubiera que establecer cuál es el festival musical número uno del verano europeo, sólo una palabra nos vendría a la boca: Montreux. El certamen que cada año por estas fechas se celebra en el paradisiaco marco del lago Leman cuenta, desde hace tiempo, con el apelativo de «RollsRoyce» de los festivales; esto unido a que Montreux es conocida como «la perla de la Riviera suiza», parece convertir el evento en sinónimo de azucarada perfección. Pero dejando aparte tan generosos apelativos, hay que rendirse a la evidencia de que Montreux es, sin lugar a dudas, santuario de estrellas y meca de dinosaurios aún en vida del panorama mundial de la música. 

Y si no, obsérvese: Ray Charles, Sting, Quincy Jones, Miles Davis, James Brown, Elvis Costello, el Camarón de la Isla... verdaderamente ¿alguien da más? Cada verano, el casino de esta elegante, decadente, cara y paradisiaca ciudad retumba con el zumbido de mil y un sonidos llegados de todos los rincones del globo. En teoría, sólo en teoría, Montreux es un festival de jazz. Al menos así lo fue durante años, desde su fundación en 1967; en estos 24 años de existencia, su filosofía ha ido cambiando y hoy constituye quizá el mejor paradigma posible de cómo un festival se convierte en cruce de caminos de la música. Por supuesto, el jazz continúa siendo eje fundamental alrededor del cual se articula el resto de una programación que, año tras año, tira de espaldas al más pintado ante su variedad y calidad. Del be-bop a la bossa-nova pasando por el pop y el rock, los sonidos africanos y hasta el flamenco, esta cosecha 1991 de Montreux va a pasar sin duda a la historia del certamen. 

Los festejos se abren esta noche con la presencia de Sting, en una actuación que promete ser más jazzística que las hasta ahora realizadas en la gira que le lleva por Europa. El defensor de causas perdidas y magnífico músico abrirá así un fuego en el que arderán más de 50 solistas y bandas. Durante 2 agotadores días (véase noches) desfilará por Montreux una abigarrada legión formada, entre otros, por: Moody Blues (mañana), Robert Cray Band (día 10), Gilberto Gil (día 14), Herbie Hancock (días 15 y 17), George Benson (17), Al Jareau (17) o el mítico y semiolvidado «swinger» Champion Jack Dopree (20). 

Los contactos del organizador Quincy Jones, o «Q» que es como se le conoce en el mundillo de la música, con las más grandes figuras del panorama mundial van a permitir al público que se acerque a Suiza a soñar durante tres semanas. El día 6, en el lago Leman sonarán ecos de guitarra flamenca y cante jondo: el Camarón de la Isla, El Pele, Lole y Manuel y Manolo Sanlúcar pondrán el aderezo andaluz a la cosmopolita Montreux y quién sabe si algún inmortal como B.B. King, James Brown o Ray Charles, también presentes en el festival, sentirán ganas de subirse al tablao. La música brasileña tendrá también su noche a cargo de María Betanhia, Gal Costa, Ney Matogrosso y Milton Nascimento. Y como Montreux va de contrastes, Elvis Costello se encargará en la noche del 10 de hacer olvidar al público los sones flamencos y cariocas. Un Elvis Costelo que ha dejado atrás su aspecto de intelectual tímido para meterse en un «look» hippie que, más que en Suiza, le podría situar en Woodstok; Costello regalará a los oídos del respetable con los temas de su últirno LP Mighty like a Rose, una joya, como todo lo suyo. 

Siempre es curioso pararse a pensar en cómo es posible que semejante plantel se dé cita en esta coqueta y diminuta localidad, en cómo sus hoteles de lujo, el «Victoria», el «Edén au Lac», que habitualmente acogen a octogenarios millonarios, van a vivir durante tres semanas semejante ola de divos y séquitos. Pero el caso es que todo, todo está atado y bien atado. Y esta noche, mister Sting se encargará a empezar a demostrar por qué hoy Montreux es más y Rolls-Royce que nunca.

viernes, 17 de mayo de 2013

Nacho Duato ya no está para muchos bailes


Con la actuación del Ballet Lírico Nacional de Nacho Duato, se abre esta noche el Festival de Verano de Barcelona Grec-91. El programa está compuesto por cuatro coreografías: Concierto Madrigal, con música del maestro Rodrigo y coreografía de Nacho Duato; Return to the strange, Cor Perdut, basado en la música de María del Mar Bonet y coreografía de Nacho Duato y Empty. El director del Ballet Lírico Nacional considera que para una compañía es bueno estrenar de tres a cuatro obras al año y realizar unas 150 representaciones. 

«También es muy importante que un bailarín viva el trabajo de creación de cada espectáculo». Duato confesó que en sus obras sólo trabajan los mejores, «los bailarines que no llegan al nivel que yo exijo, cobran a final de mes y ensayan como todos, pero nada más». La programación del Grec-91 se alargará hasta el 4 de agosto y reunirá todas las expresiones culturales en distintos espacios de la ciudad. En el campo de la danza están previstas las actuaciones de Merche Esmeralda, con el ballet de Murcia, y un espectáculo de Danza japonesa (Warabi-za), entre otros.

 En teatro, las obras La noche de Eldorado de Marcos Ordóñez; El sueño de una noche de verano, con la Compañía La Infiel, y L'Hort dels cireres, del Talleret de Salt. La música estará representada por Ruben Blades, la vuelta del rumbero Peret y Elvis Costello, sin olvidar las actuaciones de María del Mar Bonet, la mezzo-soprano Raquel Pierotti, la orquesta de Cámara del Teatre Lliure, el Cuarteto Vocal de Giovanna Marini y una de las bandas míticas de la historia del jazz, la Count Bassie Orchestra.

jueves, 16 de mayo de 2013

Muchos no sabían quien era Nelson Mandela

Bronceados, bromistas, con el aspecto de tener una edad indefinida de siempre y con una sonrisa en los labios genuinamente americana, los mellizos Gibb y su hermano mayor Barry descubren por enésima vez, sin sombra de hastío en la voz, el secreto de su éxito y de sus casi treinta años dentro del «showbusiness». «Nos limitamos -declara Maurice- a no seguir las modas. Si te' apuntas a un estilo terminas por morir con él. 

Nosotros siempre hemos ido a nuestro aire y ese creo que es el secreto de mantenerse durante tantos años». Con el recién editado High civilization, el disco en el que se recogen los éxitos de toda la carrera de los Bee Gees, es fácil darse cuenta de esa pasión por no caer en las tendencias de cada momento. Da la impresión de que lo que pretende este trío, que actuará en nuestro país los 25, 26 y 28 de Junio en Barcelona, Madrid y La Coruña respectivamente, es llevar la contraria, desconcertar en todo momento. 

Mientras los grupos de finales de los sesenta se empeñaban en cantar a la paz, la libertad o, como mínimo, dar una imagen masculina, intelectual y circunspecta, estos tres australianos derretían con su dulzura los transistores y, para colmo, cantaban con un falsete muy poco viril. «Lo de cantar con falsete -confiesa Barry- fue, como la mayoría de las cosas que nos han pasado a lo largo de nuestra carrera, fruto de la casualidad. Se nos ocurrió cuando, en 1966, estábamos grabando Nights in Broadway. El productor del disco nos pidió que gritáramos frente al micrófono y a mí el chillido me salió muy bien. -Ahí descubrb0í que podía cantar de esa forma. 

Aunque el hecho de usar falsete no es el rasgo más distintivo de los Bee Gees; nuestra originalidad reside en la combinación de las tres voces». Continuando con su característico empeño por fastidiar a la audiencia adicta a las modas, el colmo llegó con su más sonado éxito: la banda sonora de Fiebre del Sábado noche, que fue a publicarse en el 77, el año de la revolucion «punk». John Travolta y ellos encarnaron el lado discotequero, intrascendente, hortera y moderadamente positivo de la juventud, opuesto al agresivo nihilismo de Sex Pistols y compañía. «Creemos -declaran- que con esa banda sonora transformamos el concepto de músicas para películas. Los productores, el público y la Academia de Hollywood comenzaron a partir de entonces a darse cuenta de lo importante que puede ser una B.S.O.». 

Con el paso de los años parece que los hermanos Gibb, de los que artistas como Janis Joplin, Elvis Presley o Nina Simone han hecho versiónes, se han vuelto más moderados y se dejan llevar por corrientes. Modas como las de participar en conciertos benéficos, en favor de la paz. En el de Mandela ellos estuvieron. «Fue un concierto muy divertido -declara Maurice- y además me gustaría pensar que ha servido de algo. Lo lamentable es el ansia de oportunismo de la gente. Había grupos que en el «backstage» preguntaban quién era ese tal Mandela».

miércoles, 15 de mayo de 2013

El especial talento de Elvis Presley



La vida de Elvis Aaron Presley, el hombre que revolucionó el mundo de la música con sus ritmos de rock, constituye el argumento de la nueva serie que hoy estrena Antena 3 TV, Elvis Presley, el rey del rock. Se trata de una producción de «Priscilla Presley and Rick Husky», distribuida por New Worl International, que combina la historia de la música con la de los acontecimientos y sentimientos que rodearon al hombre. 


Precisamente la presencia de la viuda de Elvis Presley en la producción de la serie ha permitido dotar al argumento de detalles basados en la vida real del llamado rey del rock'n roll. Dividida en 13 capítulos, Elvis Presley, el rey del rock ha sido interpretada por Michael St. Gerard, en el papel protagonista, y se centra en la etapa más desconocida de la trayectoria musical de Presley, los inicios de su carrera como cantante, sus primeras ilusiones y las desilusiones de entonces, su esfuerzo, su lucha constante por triunfar. 

El arranque de la serie se sitúa en 1954, en Menphis, con las imágenes de un joven especialmente atractivo, de voz ronca y sensual y dotado de especial talento para la música melódica y el gospel. Acompañado por una pareja de músicos amigos, el joven coge su guitarra y se se lanza a la búsqueda de su sueño.

martes, 14 de mayo de 2013

Quien es el Conde Lequio

Después de comprobar en un segundo viaje a la URSS que la estulticia y el desprecio al espectador de esa caja, que alguien llamó tonta, es contagiosamente universal, me encuentro con la modélica retransmisión en TVE del recital que dio Paul Simon en La Coruña. 

Independientemente del inmenso placer que regala la sobriedad y el clasicismo de este tipo que afortunadamente «sigue loco, despues de todos estos años», de volver a emocionarme con ese torrente de acidez y lirismo, de constatar que su música (como la de Cohen, Dylan, Reed, los dos Cale, los Stones, Young, Waits, Van Morrison, Joe Jackson y Elvis Costello) va a seguir aliviándonos del inmenso hastío que provocan los monarcas actuales del «marketing» y de la lujosa nadería musical, me encuentro con la grata sorpresa de que los hermosos textos de sus canciones están subtitulados al castellano. 

Algo se mueve en TVE. Si disfrazara con elegancia su grosero, excesivo y humillante tributo al Poder («y los sueños, sueños son») obtendría el derecho moral a que nadie con dos dedos de frente la compare ofensivamente con sus competidoras, con las, hasta el momento, cochambrosas televisiones privadas. 

No voy a dar publicidad gratuita al nuevo engendro de Tele 5 Desde Palma con amor, que presenta esa montaña de carne, hueca de cerebro, de clase y de gracia, llamada Norma no sé qué, pero me resulta imposible estaquearme de los estúpidos alardes de morro de Ana Obregón. 

Su entrevista (la definición es deformante, responde exclusivamente a mi piedad) a un fulano, cuyo más distinguido «curriculum» vital descansa en- el trascendente hecho de que va a casarse con la musa de Caliente, superó los límites de la obscenidad. Le presenta como «alguien que no es un personaje público, no es un político, no necesita promoción. Es economista, karateca y futuro marido de Ana Obregón». Le pregunta «¿qué supone para ti la fama que tienes en España? ¿Te han despedido de la empresa en la que trabajabas? ¿Qué te gusta de Ana Obregón?». 

La lúdica nena, que se refiere a sí misma en tercera persona, emulando los atributos y el «ego-trip» del Papa y de algunos tronados anónimos, pone cara de orgasmo cuando el tal Lequio, el hombre con atributos marcianos, cita gratuitamente a Hemingway y asegura que «en España, si mides más de uno ochenta, ya estás jodido». ¿Qué diablos hago yo perdiendo mi tiempo con esta apología de la nada y de la gilipollez colectiva? El despiste del gran Rubén Blades, quitándole unas bobas esposas a Ana Obregón, y actuando en este bochornoso circo, merece que Pedro Navaja le enseñe el puñal.