21 septiembre 2017

Desmayos y gritos por Alejandro Sanz

Se me olvida todo al veros... Tengo la mente en blanco. Pero quiero agradeceros de forma muy especial el haberme hecho tan feliz en un año como éste». Alejandro Sanz dará hoy las gracias a los valencianos desde el escenario del campo de fútbol de Levante.
Como lo hizo ayer y antesdeayer en Barcelona y como lo seguirá haciendo el miércoles en Valladolid, el jueves en Zaragoza y así hasta llegar a las 56 ciudades que conforman su gira. Un circuito que comenzó el 21 de mayo en Las Palmas y terminará el 9 de septiembre en Madrid. En total, entre 2.500 y 3.000 millones de pesetas en taquilla.

A estas alturas, recordar que Alejandro Sanz, con 29 años, es el cantante que más copias ha vendido de un disco en la historia de la música española resulta innecesario. 1998 ha sido su año, el de los 14 discos de platino -el último, esta semana- por haber vendido más de 1.400.000 copias de Más (Warner).


Y 1998 es también el año de su confirmación definitiva. Aquí y en el mundo. Porque Alejandro Sanz habrá ganado dinero, premios, amigos, enemigos -de éstos parece que pocos- pero sobre todo se ha adueñado de una credibilidad y un respeto, por parte de público, medios y compañeros de profesión, difíciles de igualar en el enrevesado panorama del espectáculo. Su antídoto contra las críticas que lo definían como un fenómeno de fans pasajero o un clónico de los cantantes románticos italianos ha sido el trabajo, el rigor y la discreción. El resultado no ha tardado en llegar.

Alrededor de un millón de personas asistirán este verano a sus conciertos. Los mayores aforos, la plaza de Las Ventas de Madrid (tres citas con 20.000 personas), Barcelona (dos ante 19.000) y Valencia (16.000). Los demás auditorios admiten entre 7.000 y 15.000. Con él, viajan 70 personas y 130 toneladas de equipo en cinco autocares, cinco trailers y dos vehículos de apoyo. Una caravana que trabaja todo el día para que a las 10 de la noche, siempre a la misma hora, se apaguen las luces y suene Hoy que no estás. Ochenta focos de última generación arropan a Alejandro -camisa blanca y traje negro, de Hugo Boss- en un escenario que, en consonancia con su carácter, ha querido que sea más bien sencillo. Una mezcla de grandiosidad y sobriedad.
Una megapantalla de 12 por siete metros, con 36 proyectores de vídeo, engrandece al artista y permite la visión de cada gesto. Cada sonrisa, para delirio de sus fans, las que se aprietan contra la valla. Porque eso sí, Alejandro Sanz parece estar disfrutando cada segundo de su actuación. Su ya conocida capacidad de comunicación se acrecienta en esta gira, donde da las gracias cada día a los que han hecho posible su hazaña. Primero vinieron las ventas, luego, los premios y ahora, el calor del directo. «Buenas noches. Un poco de luz, que yo vea a todos. Quiero daros las gracias no sólo por el día de hoy, que va a ser muy especial, también por los conciertos de las giras anteriores... Esta noche nos vamos a dejar hasta la última gota».

Uno de los aspectos distintivos de esta gira, el que más gusta a sus promotores, representantes y discográfica sobre todo, es la diversificación del público y el aumento de la edad media de los asistentes. Lo controlan muy bien los vendedores de camisetas, que han apreciado un aumento considerable de clientas de 30 ó 35 años y de chicos (un 15% entre los compradores).
Aún así, sigue resultando espectacular la reacción de las adolescentes. Para ellas, asistir a un concierto de Alejandro Sanz es una aventura que comienza al amanecer. Las más pasionales suelen agolparse en las puertas del recinto a primeras horas del día. El récord lo tienen las aficionadas de Murcia, que comenzaron a llegar a la plaza de toros a las cinco de la madrugada. Lo habitual son las ocho, las nueve o las 10 de la mañana. Así comienza una jornada calurosa en la que miles de chicas enfervorizadas alternan «Alejandro, Alejandro» con estrofas del Corazón partío. Los nervios se disparan cuando se acercan las ocho de la tarde, la hora de apertura de las puertas: «Capullos abrir, nos vamos a morir».
Llegado el preciado momento, las escenas se repiten: los guardias de seguridad pican las entradas. Las chicas gritan, corren y bajan a zancadas las gradas hasta llegar a la primera valla, la que les separará metro y medio de su ídolo. Allí, dos horas más de espera y consignas a coro. Mientras, los dispositivos de la Cruz Roja se organizan. En el Pabellón de Deportes de Granada, por ejemplo, 40 voluntarios y cuatro ambulancias atendieron el concierto del pasado martes. «En cuanto salga Alejandro, empiezan a caer como moscas», decían. Y así fue. Más de 100 personas fueron asistidas (desmayos y ataques de nervios) en un recinto en el que cabía una tercera parte del número de seguidores que se concentran en Las Ventas.

Resulta como mínimo curioso observar el continuo ir y venir de voluntarios con chicas desvanecidas. El proceso sería el siguiente: Fulanita, desde primera hora del día en la puerta, se desploma durante el concierto. La multitud la traslada en volandas hasta la primera fila donde un socorrista la recoge y corre hacia la enfermería. Una, otra, otra...
Y todo ello a tan sólo metro y medio del escenario en el que Alejandro, acompañado por una banda impecable de 10 músicos, se gana al auditorio. Cada 10 minutos se viven momentos delirantes. Histeria colectiva: ¡se ha arrancado por bulerías! Los gritos impiden distinguir si remata o no la faena, aunque se le intuye mucho compás.... Claro que, ¿sabrán la mayoría de estas niñas que está cantando por bulerías? Y cuando corean todas al tiempo la canción Si hay Dios, «podría ser más educado pero el alma sólo entiende de emoción y, si hay Dios, seguro entiende de emoción», ¿sabrán que están reprendiendo a la Iglesia por su postura ante la homosexualidad, defendiendo el amor sin distinción de sexo?

Una entrada para un concierto, que dura unas dos horas y 15 minutos, cuesta entre 2.500 y 3.000 pesetas. En todos los casos, las localidades se están agotando con muchísima antelación y en muy poco tiempo. Por poner sólo un ejemplo: ya no quedan entradas para el recital del 18 de agosto en el recinto Alcoholera de Motril (Granada). Esta circunstancia, que se repite en cada lugar donde se abre la taquilla, provoca la reventa, que suele ofertar la entrada a 4.000 ó 4.500 pesetas. Volviendo al caso de Granada, se vendieron 7.300 en una semana (la liquidación más rápida de los últimos 20 años, dicen allí). Así se entiende que se pegaran en la ciudad sólo 300 carteles en lugar de los 3.000 habituales en otros conciertos.
¿Y cuánto cobra Alejandro Sanz? Asunto complicado. Entre los empresarios del sector se comenta que, ahora, unos nueve millones, aunque hace unos meses se le pudo contratar por seis o por siete. La cifra puede variar bastante de una ciudad a otra, ya que cuando se alcanza cierta cantidad de asistentes el músico cobra un porcentaje de la taquilla. En algunos casos, su oficina de contratación, RLM, actúa además como empresaria.
Probablemente, Alejandro Sanz es el artista español con el cachet más alto del momento, pero también el que reúne a un mayor número de personas, ya que su gira pasa por los recintos más multitudinarios. Esta práctica no era usual hasta ahora en Sanz, que siempre presumió de no querer lanzarse directamente a los grandes auditorios. Su evolución, lenta y segura, se traduce ahora en este gran tour, Más, perfectamente organizado, en el que cada aspecto se ha cuidado al detalle y se controla hasta la última peseta que pueda generar el fenómeno Sanz. Véase el asunto del merchandising.

Según Lourdes Torres, directora de One Stage, la empresa que organiza y gestiona la venta, «el público de Alejandro Sanz es diferente a otros. Funciona muy bien y lleva ya mucho tiempo comprando camisetas y gorras, por lo que hemos desarrollado otros productos como carpetas, banderas o agendas». En uno de los cuatro, cinco o seis stands que se instalan en cada concierto se puede comprar un collar con colgante del corazón partío por 2.000 pesetas, una camiseta por 2.000, 2.500 ó 3.000, un abanico por 500, un pack de siete fotografías por 3.000 o una bandera por 1.500. Todo ilustrado con diferentes caras del cantante o con corazones partíos de colores.
Además, una estrategia comercial: obsequios para los que compren durante el concierto ya que la auténtica avalancha consumista se suele producir al final. Y como cada detalle está rigurosamente estudiado, el cantante luce, en la última media hora de cada uno de los conciertos, una de las camisetas promocionales que se convierte en la superventas del día.
Las prendas, por cierto, han sido confeccionadas por Don Algodón, uno de los dos patrocinadores de la gira de Alejandro Sanz. El otro es la casa Peugeot, que además de su correspondiente aportación económica, ha cedido el Peugeot 806 rojo en el que viaja el músico.

El alcance de la gira del año se podría medir también por la atención que le están prestando los medios nacionales y extranjeros. La prestigiosa revista americana de música Billboard está a punto de publicar un reportaje retrospectivo sobre el artista.
Para los dos primeros conciertos de Madrid, los próximos 26 y 27 de junio (el tercero será el 9 de septiembre), se han acreditado ya casi 200 representantes de medios de comunicación, 20 de ellos son de países latinoamericanos (El Mercurio, de Chile, Atlántida, de Argentina, El Universal, de México o El Comercio, de Perú) y varios europeos, como la televisión pública alemana ARD, entre otros.
A ellos también se les escapará algún gesto algo flamenco cuando, para cerrar el concierto, Alejandro interprete seis minutos de Corazón partío, la canción que ha desencadenado todo esta sucesión de acontecimientos, los premios, los récords, las ventas y, seguramente, hasta esta información.
«¿Quién me va a entregar sus emociones?».... Miles de brazos al cielo que no saben si tocar palmas o intentar un bailecito. Y Alejandro, provocando y gritando a las gradas: «A ver esos cuerpos flamencos». «Dime si tú te vas, dime cariño mío, ¿quién me va a curar el corazón partío?». Eso se preguntan el millón de seguidoras, y seguidores, que verán al cantante en concierto.

Además de la macro-gira de Alejandro Sanz, uno de los artistas más vendedores de la historia de la música española, no hay que perder de vista el fenómeno Mónica Naranjo. La mujer-mujer, con el tronío de rompe y rasga puesto al cabo de los tiempos, vuelve por sus fueros. Sus ventas en España están a punto de saltar la mágica barrera del millón de discos, guarismo ampliamente superado ya en Hispanoamérica. Este verano tiene confirmadas 60 galas en plazas de toros, polideportivos y auditorios, y aún están en el aire una decena más. En parecidas cifras se mueve un artista que se reveló el pasado verano, Pau Donés, más conocido por el nombre de su grupo: Jarabe de Palo. El chico de «La Flaca» tiene 55 galas aseguradas, aunque otra media docena están al caer en estos momentos.
De verano en verano y tiro por lo que gano. El último tirano de esta tetrarquía de poderosos de la música española es Manolo García. La enorme acogida que ha tenido su debut discográfico en solitario, «Arena en los bolsillos», le ha catapultado hasta las 54 galas veraniegas. No es mal comienzo para el que fuera el 50% de uno de los grupos más exitosos del panorama nacional, El Ultimo de la Fila.
Bajando un poco el listón nos encontramos con un grupo conformado por artistas de muy distinta índole. Ahí podríamos destacar al dúo Amistades Peligrosas, con sus 42 bolos confirmados, y su oferta de pop para tirarse los trastos a la cabeza. La sólida continuidad de Siniestro Total, que en un alarde de incombustibilidad han firmado 40 galas para este verano, da fe de que el rock español todavía atrae a un gran número de gente, siempre que no se les dé gato por liebre. Se confirma la eclosión del buen hacer caribeño de la cubana Lucrecia, con sus 32 actuaciones.
Ketama, otro de los valores seguros de la música española, hará 39 galas, incluyendo tres en el MIDEM Latino, pese a no tener disco nuevo en el mercado. Niña Pastori, que sí lo tiene, pero salió hace muy poco, está reclutando bolos y, de momento, confirma 12 actuaciones. Y no hay que olvidarse de algunos grupos del ámbito independiente, como es el caso de Hamlet, con 24 conciertos previstos.

19 septiembre 2017

Margarita, la perfecta dama británica

Cuentan que le llevaron la audiencia desde los cuatro rincones del antiguo imperio británico, en barco, en avión, en ambulancia y en silla de ruedas. Solemnidad, más de medio millar de viejos lores, siglos de historia disecados, y Margarita. El miércoles era su día. Y ahí la ves, a Margarita, con el aire didáctico de sus papeles y sus gafas en la mano. Con la media sonrisa cortés, algo sexy, de perfecta dama británica y ese gesto civilizado, que igual sirve para preguntar si le gustó el té, muchas gracias, o si el gurka le degolló eficientemente al pibe en el desembarco de San Carlos. Margaret Thatcher sigue siendo la dama de las bragas de hierro, la mujer que no dudó hace 11 años en enviar un ejército a pelear salvajemente a los argentinos una cuestión de honor por unas remotas islas. No hace un mes que las encuestas señalaban ciertas preferencias por ella, en vez de ese muchachito, Major, al que en The Guardian pintan con los calzoncillos por encima del pantalón, para llamarle medio bobo.


Las encuestas, claro, son lo que son. Y allí estaba ella, traje azul, collar de perlas, el fundamentalismo, la Alfonsa Guerra del Partido Conservador, entre los viejos loros de pico colorado y ojos lacrimosos, apelando al pasado, aventando el fantasma del antagonismo con Europa sobre los últimos restos del imperio. La baronesa Thatcher, asuntos personales, intentando castigar al gobierno de los suyos que la defenestró, con la coartada de reclamar por principios un reférendum contra Maastricht. Buen intento, pero mala jugada contra la historia. Aún es posible que el último lunes de julio los comunes le den un «eurorevolcón» al muchacho de los calzones por fuera, en rechazo del capítulo social comunitario. Pero, para entonces, Margarita, la férrea dama del gesto apáticamente cortés, no podrá presumir de haber removido en su contra siquiera a una institución hereditaria y anacrónica. «No somos una cámara elegida», se excusó Lord Gray, antes del 445 a 176 de la votación. Y los fantasmas, la política de carisma y visceralidad, fueron barridos por un suave soplo de viento añejo: la historia siempre acaba por dejarse atrás a sí misma. Pobre Margarita.

17 septiembre 2017

Fabiola de Mora y Aragón la última reina católica

El 10 de octubre de 1960, numerosos periódicos y revistas europeas y norteamericanas informaban de que el rey Balduino había decidido ingresar en la Orden de los Trapenses. Aquel mismo día y con la noticia todavía en los quioscos, el mundo entero, incluida la aislada España franquista, se sorprendía con otra noticia que venía a ser el reverso de la moneda lanzada al aire por la prensa internacional: «El rey Balduino de Bélgica hace público de una forma oficial su compromiso matrimonial con la joven española Fabiola de Mora y Aragón». El flash informativo procedente de Bruselas llenó de confusión a la prensa española de entonces a causa del desconocimiento total y absoluto de la identidad de la futura reina española de Bélgica. «¿Quién es esta joven de nombre tan romántico?», se preguntaron también los belgas cuando la radio y la televisión dieron la noticia. Era una mujer sin relieve, dedicada a sus obras de caridad, en una España entristecida y desgarrada entre la nostalgia de dos corrientes contradictorias: la república perdida y un reino asegurado por el poder de un general y dictador, pero un reino a su medida. Fabiola era, posiblemente el último ejemplar de una sociedad burguesa llena de tabúes que se desintegraba a pasos agigantados. Su escala de valores se encontraba más cerca de la de nuestras abuelas que la de nuestras hermanas. Iniciaba sus cartas con una cruz en la parte superior y las finalizaba con las siglas H. de M. (Hija de María), bajo su nombre.


Era de Acción Católica, de las Congregaciones Marianas y de la de San Vicente de Paul amén de otras muchas. Era enfermera militar, escribía cuentos infantiles y tenía director espiritual o confesor, el padre Cavestany, quien le aconsejaba abrazar la vida religiosa. El rey Balduino era, antes de conocer a Fabiola, un hombre muy tímido que sube al trono diez años antes sin quererlo. Esta timidez es algo que todo el mundo conoce hasta el punto de que en muchos sitios se le denominaba como el «rey triste» al igual que antes había sido un niño triste y sin madre, muerta en un lamentable accidente de coche que conducía su marido, el entonces rey Leopoldo. Triste y sin sentido era la vida del rey Balduino hasta tal punto que toda Bélgica y en especial Bruselas se lamentaba sobre la suerte de su joven rey que parecía haber hecho votos de celibato. Por todo el país corrían rumores de que Balduino se proponía entrar, en un futuro más o menos lejano, en la Cartuja. Estos rumores no eran fruto de mentalidades calenturientas sino el resultado de actitudes y maneras de ser y comportarse de Balduino que, cuando algún miembro de la familia le proponía la cuestión de un matrimonio, él siempre respondía: «Tengo cosas más serias que hacer que pensar en casarme». 

A su madrastra, la princesa Liliana, que sentía un especial cariño por Balduino, le entristecían estas respuestas y decía: «El palacio está triste. Balduino tendría que reunirse con gente de su edad que le ayudara a cambiar». Pero Balduino siempre permanecía encerrado en su despacho o en sus habitaciones escuchando durante horas música religiosa. Cuando su abuela, la reina madre Isabel, una mujer original que vivía con el progreso, que viajaba al Moscú de Stalin, que le hablaba de El Greco y García Lorca y de los héroes de la Guerra Civil española, de los llamados rojos a los que ella prestó toda su ayuda, le animaba a interesarse por los posibles partidos para un buen matrimonio, Balduino la miraba con sus ojos miopes y le contestaba: «Las jóvenes de hoy son demasiado superficiales. No puedo ni pensar en formar un hogar con alguna de ellas». Porque el formar una familia era una de sus mayores preocupaciones pero para ello esperaba una gran revelación sentimental que él ignoraba: el amor.

Su madrastra, la condesa Liliana de Rethy, fue la artífice de la felicidad de Balduino y Fabiola. Con su valiosísima ayuda se hizo posible el milagro. Por ello no se comprende hoy ni su adiós trágico ni su total y cruel alejamiento no sólo de la Corte, sino, lo que es más doloroso, de la vida de quienes le debían en gran parte su mutua felicidad. Será siempre un enigma, un pasaje oscuro en la vida de Fabiola y Balduino. Porque el día 15 de diciembre de 1960 una sola persona no participó en la alegría general del país: Liliana. Para ella sería un día de duelo y de renuncia. Esta mujer que consagró los mejores años de su vida a la familia real, no tendría siquiera la alegría, tan femenina, de conducir a quien le llamaba «mamá» al altar en el día de su boda. Pero cinco meses antes de la fecha señalada para la boda de Balduino y cuando aún no se conocía ni siquiera su noviazgo con Fabiola, un grito subió desde el Parlamento hasta la habitación de Liliana: «El rey tiene que reinar solo», gritó un diputado en la tribuna de la Cámara. «Exigimos la salida inmediata de Leopoldo y su esposa del castillo de Laeken». Y no tuvieron más remedio que marcharse. Cuando en octubre, tras el anuncio de esponsales, Fabiola entra en Bruselas del brazo de Balduino, le dice: «Me siento ya belga». Era una palabra digna de la reina Astrid. ¿Pero se daba cuenta la española Fabiola de la cantidad de cosas extrañas que le aguardaban? Bélgica es un país muy complicado. A la vez Corte y. Parlamento, reino y democracia, católica y anticlerical, flamencos y valones. Un país que con la capitulación de 1940 separa a Leopoldo de su pueblo que no admite su segundo matrimonio con una joven venida de Ostende. Fabiola sabe que Balduino es tímido y solitario, triste y retraído. Amargado por las intrigas de la Corte contra su padre y contra Liliana. Pero también es un hombre valiente que ante una Bélgica atormentada tiene la obligación de dominar sus sentimientos de familia. La boda de Fabiola con Balduino, rey y jefe de Estado, fue instrumentalizada por el Gobierno franquista que la recicló ante la opinión pública española con ayuda de la prensa oficialista como un reconocimiento oficial y público de la dictadura por un país tan democrático y europeo como era Bélgica. 

Algo muy lejos de la realidad ya que en Bélgica el problema más espinoso que se planteó con motivo de la boda se llamaba Franco. Hay que tener muy presente que en Bélgica existía una permanente sensibilidad sobre esta cuestión. Bélgica tuvo reacciones muy vivas durante la Guerra Civil española del 36. Ciertamente la presencia de Franco en la boda hubiera suscitado no sólo una campaña en la prensa de izquierdas sino también una serie de incidentes inoportunos. De todos los regalos recibidos por Fabiola y Balduino con motivo de su boda, ninguno originaría posteriormente más disgustos como el que la esposa del jefe del Estado español, doña Carmen Polo de Franco, ofreció a Fabiola en nombre del pueblo de España: una diademacorona de plata con incrustraciones de piedras preciosas. Esta «joya», que luego resultó no ser tal, fue adquirida por la esposa de Franco pagando por ella una alta suma de dinero. Más tarde se comprobó que los rubíes y esmeraldas no eran tales sino que habían sido sustituidos por piedras falsas. Esta corona que había estado depositada en un convento durante la Guerra Civil, fue vendida más tarde por su propietario a un anticuario que, ignoraba, se dijo, los manejos de que había sido objeto dicha «joya» ni quién los había llevado a cabo. La tristemente famosa corona, regalo de doña Carmen con el dinero del pueblo español fue lucida por Fabiola sólo en una ocasión: la noche de su primera aparición pública en el Palacio Real de Laeken con motivo de la gran recepción ofrecida la víspera de la boda. De la corona... nunca más se supo.

Un detalle significativo y emocionante tendría lugar durante la ceremonia de la boda cuando al decir el cardenal Van Roey: «Daros la mano y repetid conmigo: yo, Balduino, os doy a vos, Fabiola, teniendoos, aquí, de la mano, mi fe de matrimonio y os tomo por mi legítima esposa ante Dios y la Santa Iglesia». El rey responde rápidamente: «Yo, Balduino, te doy a ti, Fabiola...». Balduino tutea a Fabiola y quiere que todo el mundo lo sepa. A los belgas les gustó esta demostración de sencillez, de amor... El último rey católico y la muy católica Fabiola se estaban casando. Sobre su uniforme de teniente general, Balduino llevaba el collar de Isabel la Católica. Era el último de los reyes católicos. La imprevista desaparición, imprevista a pesar de su frágil salud quebrantada por un cáncer de próstata y una grave lesión cardiaca, ha dejado sin titularidad la sucesión al trono al haber fallecido Balduino sin descendencia. Aunque desde hace tiempo se venía hablando de su sobrino el príncipe Felipe como posible heredero, en detrimento del padre, el príncipe Alberto, se ha visto que a la hora de la muerte del rey el orden de sucesión al trono sigue encabezado por Alberto, el hermano del rey. ¿Por qué se especula con que éste va a renunciar a sus derechos al trono siendo como es todavía un hombre muy joven? La explicación puede venir porque en la memoria de todo el pueblo belga están las esporádicas y ya muy lejanas aventuras sentimentales tanto del príncipe Alberto como de su esposa la princesa Paola. ¿Había previsto el desaparecido rey Balduino la posible renuncia de su hermano en la persona de su hijo Felipe y tal vez la de éste en su hermana Astrid? La abolición de la ley sálica en 1991 que permite el acceso de una mujer al trono de Bélgica es la que ha abierto la puerta a esta especulación.

15 septiembre 2017

La presa desmoronada

Las alarmas en la balsa de decantación de las Minas de Aznal.-cóllar se habían disparado un mes antes de que se produjera la rotura de la presa el 25 de abril pasado. Lo que no está tan claro es que alguien -la Consejería de Industria, Geocisa o la propia dirección de la mina- advirtiera las señales de peligro.
De acuerdo con la declaración del director de la mina, Aguilino Cazorla, ante la titular del juzgado número 2 de Sanlúcar la Mayor que entiende del caso, las obras de recrecimiento de la balsa de residuos se interrumpieron el 26 de marzo debido a que el material de acarreo con el que se aumentaba la altura de la balsa presentaba un alto grado de humedad.

En su declaración ante la jueza, Cazorla explicó que «el parámetro de agua en la raña roja ha de controlarse porque es de suma importancia; el día 26 de marzo, al ser muy alto por las lluvias, se ordena por Geocisa que se pare la obra».


Densidad y humedad inciden en la compactación de la obra y ésta, en la resistencia del muro. La raña roja es una caliza de exudación empleada habitualmente como elemento del muro de escollera en una presa de materiales sueltos como la de Aznalcóllar.

Esta operación no se realizaba sin supervisión estricta de Geocisa, según declaró el miércoles el director facultativo de la explotación minera. Boliden sí se encargaba de proponer la cantera de la que se extraería la piedra y de construir el espaldón de la presa, el recubrimiento de roca estéril conforme a lo declarado ante la jueza.

En lo que sí fue tajante Aquilino Cazorla fue en asegurar que «nada del núcleo se ha tocado», puesto que de ello «no tiene constancia por parte de Geocisa ni por escrito ni verbalmente». Igualmente, dijo desconocer si se había aumentado 40.000 metros cúbicos de escollera por sólo 3.000 de arcilla del núcleo.
Así pues, un mes antes de que la presa se viniera abajo, los encargados de su recrecimiento habían advertido que el contenido en humedad del material de escollera excedía de los límites y decidieron refrenar su ritmo de construcción. Las obras se iban a reanudar la semana del 13 de abril, pero un infortunado accidente laboral lo impidió. Una semana después, se desmoronaba la presa.

Pero había más luces rojas activadas. El letrado de Geocisa le preguntó al director de la mina si ésta había comunicado a Geocisa «un incremento de las filtraciones de grado 100 a 1.000 metros cúbicos por hora». Cazorla contestó que no lo conocía.
Pero las filtraciones existían y, cabe deducir de esa pregunta, que iban a más. De hecho, Boliden había tomado la determinación de construir «este verano» una pantalla impermeable entre el río Agrio y los pozos que bombeaban el agua filtrada (mezclada con la del aluvial subterráneo) para evitar que agua ácida llegara al curso fluvial como así estaba pasando, «aunque los parámetros estaban dentro de los límites autorizados», declaró Cazorla.
La mina, entre tanto, seguía trabajando con el modelo hidrológico que había entregado en julio de 1996 la consultora sueca Golden Associates. Un año después, «se recomendó adoptar el modelo anterior, y en el año 98 se pretendía readaptarlo».
Había más autoridades alertadas sobre la filtraciones. El proyecto de Los Frailes (el nuevo yacimiento) se supeditó a acabar con las filtraciones tras las visitas de la jefatura de Minas, del Instituto Tecnológico y Minero y de la propia Confederación Hidrográfica que relató en su declaración el director de la mina. Las luces se habían encendido, pero nadie las vio. A lo mejor, nadie quiso verlas.

13 septiembre 2017

La boda judía del siglo

Que nadie hable hoy de bombardeos en el sur del Líbano ni de estancamientos del proceso de paz. Porque cuando la aristocracia del judaísmo ortodoxo contrae matrimonio, hasta los milicianos del Hezbolá salen de sus escondrijos para bailar al son de los acordeones y de los clarinetes. Jerusalén se vistió ayer de gala para celebrar la «boda del siglo», entre Mardoqueo Aharon -tímido, de carrillos colorados y casto a sus 18 años- y Sara Lea -frágil doncella del barrio ortodoxo de Kiriat Ata, ojos soñadores, labios de cereza y virginales 17 años-. «Este matrimonio representa la unión de los dos principales troncos genealógicos del hasidismo contemporáneo y pone fin a una guerra de sectas que ha dividido a la ortodoxia durante casi un siglo», me explica Leizer, corresponsal del diario religioso La Palabra Judía. 


Mardoqueo es el vástago del décimoctavo Gran Rabino de la secta Belz, una de las más importantes comunidades hasídicas que existen en el mundo. Sara es la primogénita del rabino Simón Lamberg, jefe de una secta poco numerosa pero que ha producido grandes teólogos. Igual que ocurría con los Capuleto y los Montescos en Romeo y Julieta, de Shakespeare, los Belz y los Lamberg se odiaban a muerte por causa de una controversia teológica que ya nadie es capaz de recordar. Hasta que un día, el rabino de Lubavitch citó a los jefes de las partes beligerantes a su lecho de enfermo en Nueva York y puso fin a la disputa histórica. El alto el fuego resultó tan eficaz que a los pocos meses ambas casas dinásticas concertaban el matrimonio de sus hijos «para mayor gloria de Israel». Cinco minutos antes de que comenzaran las bodas, Sara y Mardoqueo eran dos perfectos desconocidos. Los judíos ortodoxos sostienen que los matrimonios los concierta Dios y que el amor es producto de la convivencia. Esta última palabra rima bien con «conveniencia»: la feliz pareja es heredera de una gran fortuna, amasada en el comercio de diamantes por parte de los Belz y de la compraventa de inmuebles por el lado Lamberg. 

Pero habría que plantearse si este tipo de enlaces supone la receta perfecta para la dicha conyugal. Porque Mardoqueo se ruborizó como un querubín y se le empañaron las gafas cuando posó por primera vez sus ojos sobre Sara. Ella bajó púdicamente la mirada mientras jugueteaba con su ramillete de azahares. El milagro del enamoramiento a primera vista se estaba produciendo ante las miradas auspiciosas de los 17.000 invitados que asistieron al evento. Como en Jerusalén no existe un recinto capaz de dar cabida a tal concurrencia, los padres de los novios tuvieron que alquilar una gran carpa de circo. Jacobo Deutsch, el rabino que ofició la boda, lanzó un estentóreo «Shma Israel» (las palabras con que comienza la más conocida de las oraciones judaicas) y todos nos pusimos de pie. Fue como cuando los hinchas en un estadio de fútbol ejecutan la «ola» para alentar a su equipo, sólo que en vez de camisetas, los ortodoxos visten caftanes oscuros y van tocados con gorros de piel, el último grito de la moda centroeuropea del siglo XVIII. Sara ascendió al palio nupcial con un vestido blanco, bordado de hilos de plata, una corona con engastes de piedras preciosas y collar de perlas. Nada de joyas sintéticas, todo auténtico como corresponde a una hija de Lamberg. Mardoqueo se quitó la chaqueta negra y se instaló bajo el palio, estirado y serio. Además de pronunciar las frases del ritual, el rabino Deutsch había preparado un sermón especial para esta ocasión: «Las casas de Belz y de Lamberg emergieron de las cenizas del holocausto nazi y aquí nos hemos congregado para ser testigos de su continuidad por los siglos de los siglos. Amén». La evocación del exterminio que sufrió el pueblo judío durante la II Guerra Mundial hizo que muchos de los presentes irrumpieran en llanto. 

Pero bastó con que Mardoqueo levantara el velo de Sara y la besara, para que la tristeza diera paso a un derroche de alegría que duró hasta el amanecer. Los hombres formaron varios círculos concéntricos y pusieron en medio una botella de coñac. El baile, una especie de polka desenfrenada, consistía en acercarse lo más posible a la botella sin derribarla. Los infractores pagaban su torpeza bebiendo sin pausa, hasta que alguien gritara «dai» (suficiente en hebreo). Los viejos maestros de teología batían las palmas al son de los clarinetes. Como la religión prohíbe que hombres y mujeres alternen en una boda, las damas bailaban agitando sus pañuelos, al otro lado de un tabique divisor. Otras se dedicaban a admirar o a criticar los atuendos de sus semejantes. Todo fue grandioso en las bodas de Mardoqueo y de Sara. Sobre las mesas había 150.000 botellas de diversas bebidas alcohólicas; 17.000 litros de zumo de fresas, más de 100.000 porciones de pescado relleno; albaricoques en almíbar y dos panes gigantescos. A todo esto, una limusina negra trasladaba a los consortes al hotel ortodoxo Reyes de Israel, donde les fue reservada toda una planta. En el vestíbulo, las madres de los novios sorbían té con bizcochitos y se guiñaban los ojos.

11 septiembre 2017

La colección Cartier robada

Los atracadores contaban con una buena información. Sabían que entre la apertura de las dos joyerías mediaban 30 minutos y que tan sólo había uno o dos empleados en cada una de ellas. Sin embargo, la confidencia tenía un error fundamental: la colección de joyas Cartier, valorada en unos 3.500 millones de pesetas, estaba a 60 kilómetros de Marbella. Los funcionarios de la comisaría local trabajan sobre la hipótesis de que los dos individuos que el lunes atracaron dos joyerías en media hora buscaban este preciado lote, que estuvo expuesto en uno de los dos establecimientos robados hasta la madrugada del domingo. Entre las piezas de esta colección destaca un collar que perteneció a la duquesa de Windsor, compuesto por 29 amatistas, 33 diamantes baguette, 188 brillantes y 200 turquesas, engarzado todo ello sobre oro, además de una amatista en forma de corazón, como motivo central de la joyas. Sólo ésta cuesta más de mil millones de pesetas. La colección Cartier, que nunca había sido expuesta antes en España, fue trasladada, entre espectaculares medidas de seguridad, a una sucursal bancaria de Málaga que tan sólo conocen dos o tres personas, precisamente para evitar lo que habría supuesto el mayor «golpe» de la historia criminal de nuestro país.


Sin embargo, los atracadores pensaban que la colección Cartier continuaba el lunes en alguna de las dos joyerías que asaltaron. Esto explicaría el hecho de que, en ambos casos, los ladrones obligasen a los dependientes a abrir las cajas fuertes, sin preocuparse de las alhajas expuestas en las vitrinas y los mostradores. La valiente actuación de una empleada de uno de los establecimientos evitó que los delincuentes accediesen a la caja de seguridad de esta tienda.A las cinco y media de la tarde del lunes, una de las empleadas de la joyería Angarsa, situada en la avenida de Ramón y Cajal, se disponía a abrir el local. En ese momento, un individuo armado con una pistola la conminó a que entrase y se dirigiese a la caja fuerte. Pocos minutos después, la otra dependienta llamó a la puerta para que su compañera le abriese. El atracador le ordenó que así lo hiciese, pero la empleada, al percatarse de la situación, dio la alarma que conectaba directamente con la Policía. El delincuente se dio cuenta de lo ocurrido y renunció a acceder a la caja fuerte, limitándose a introducir en la bolsa que llevaba las joyas que había expuestas en el mostrador y en las vitrinas de la tienda. Según han declarado los propietarios de este establecimiento a la Policía, el valor de lo sustraído asciende a 18 millones. Media hora más tarde, otro atracador, al que presumiblemente esperaba en las inmediaciones el hombre que había entrado en la tienda del centro de Marbella, se introdujo en la joyería Gómez y Molina, en Puerto Banús. Este individuo, armado con un revólver de dos pulgadas del calibre 38, obligó a la dependienta, hermana del propietario del establecimiento, a que abriese la caja fuerte. Mientras la mujer realizaba esta operación, el ladrón no dejó de apuntarle en la cabeza con su arma. Cuando la caja se abrió, el caco llenó una bolsa con las alhajas y se marchó, no sin antes advertir llevarse el carné de identidad a la empleada y advertirle que no mirase hacia la puerta hasta que él se hubiese alejado, «porque ya sé dónde vives y voy a matarte».

Fue precisamente la joyería Gómez y Molina la que albergó la colección Cartier hasta el sábado. A pesar de que los delincuentes no lograron hacerse con el «botín del siglo», el «palo» fue considerable. Pese a que ayer por la tarde aún no se había hecho el recuento de las joyas robadas, una primera tasación fija el valor de lo sustraído en unos 200 millones. Entre los efectos sustraídos hay un collar de brillantes de más de veinte millones de pesetas. Los funcionarios de Policía Judicial de la comisaría de Marbella cuentan con muy pocos datos fiables sobre la identidad de los autores de los atracos. Todo hace presumir que son de nacionalidad italiana, ya que en ambos casos los delincuentes hablaban español con acento e incluso en la joyería Gómez y Molina la dependienta habló en italiano con el ladrón.

09 septiembre 2017

Aumenta el número de osos pardos en El Pirineo

El programa Life de la Unión Europea para la reintroducción del oso pardo en el Pirineo se prolongará en su primera fase hasta finales de este año. Esta ha sido la conclusión de la reunión que se celebró ayer en Sant Gaudens, en Francia, a la que asistieron representantes de los ministerios de Medio Ambiente del gobierno español y francés y de los departamentos de medio ambiente de Cataluña, Aragón y Navarra.

El programa Life, que se encuentra en fase experimental hasta finales de este mes de junio, se ha decidido prorrogar seis meses más a petición de todos los asistentes a la reunión, ya que aún disponen de fondos europeos destinados a la reintroducción de esta especie.


En esta misma reunión se acordó, como primera acción y más inmediata, capturar a los osos que no tengan collar de localización para colocárselo y tenerles así controlados. Estos seis meses tendrán que servir para reconducir el programa Life, que según el director general de Medi Natural, Jordi Peix, «no puede seguir hacia delante de la forma en que se está llevando actualmente».
Peix también aseguró que «mi departamento se reunirá con los representantes del consell comarcal del Pallars y del Conselh Generau de la Vall d Aran para tratar de buscar qué soluciones pueden ser las más idóneas para los ganaderos de las dos comarcas».

Por otra parte, el director de la sección de especies amenazadas del ministerio de Medio Ambiente, Mariano González, señaló que «los osos liberados seguirán en el Pirineo y desde el ministerio se apoyarán todas las acciones que tengan que ver con la protección de especies».
Será en diciembre de este año cuando se acordará si se continúa con una segunda fase de este programa europeo. El proyecto de reintroducción del oso pardo en el Pirineo se inició en 1996 al dejar en libertad controlada a las osas Giva y Melba en la parte francesa del Pirineo y continuó, posteriormente, con la suelta del ejemplar Pyros. Todos ellos fueron capturados en Eslovenia y trasladados hasta el Pirineo.