22 diciembre 2014

Créditos rápidos sin papeles

Muchas veces hemos insistido que el modelo imperante en el negocio o sector del crédito al consumo, en la menor y mediana cuantía, es el que ofrecen los créditos sin nómina ni aval online que nosotros siempre tenemos el gusto de proponeros desde nuestras webs. La posibilidad de que ese sector sea recuperado como negocio por la banca tradicional está muy alejada de la realidad. El negocio del préstamo sin garantías extraordinarias escapa del radar de la banca por diferentes motivos, quizás el que más pese es el lastre en los balances que ha dejado la reciente crisis financiera a nivel mundial.




Uno de los mayores expertos y voces cualificadas para hablar de banca y su modelo de negocio es José Viñals, el español con más mando y peso específico en el Fondo Monetario Internacional, al ser jefe del Departamento de Asuntos Monetarios y Mercados de Capitales de dicho organismo.

José Viñals manifestó hace días respecto a la reactivación del crédito que requiere de distintos factores, explica el directivo. “Para que el crédito aumente se necesitan dos condiciones fundamentales”, afirma. “Por una parte, que se recupere la demanda de financiación solvente, un escenario que todavía está por ver en muchos países europeos. Y por otra, que las entidades tengan el suficiente vigor –no sólo que estén sanas y sean solventes, premisa que, si uno analiza los resultados del ejercicio del BCE, hay que presumir que sí–, que los bancos tengan la capacidad necesaria para conceder el crédito que precisa la recuperación”, describe. “Por ello, es muy importante que la banca adapte sus modelos de negocio para apoyar más vigorosamente la economía”, analiza.

Si las dos máximas que nos explica José Viñals le ponemos nombre y apellido, resulta que la recuperación precisa un crédito instantáneo sin aval subsidiario  abusivo que  incida directamente sobre el consumo, el indicador más castigado durante la crisis financiera. La siguiente máxima no es otra que la adaptación del modelo de negocio, donde la banca online, sin costes añadidos como los inmobiliarios de ubicación física, o de índole de personal contratado para tal efecto, se impone claramente al costoso modelo de banca tradicional, destinando la partida de dichos anclajes fijos a cubrir la tasa de morosidad del sector, haciendo con ello viable el sector.

Es por ello que un gran número de opciones de préstamo rápido sin nómina ni aval que desfilan en nuestro catálogo esté respaldado por verdaderos gigantes fiancieros, si éstos no aparecen ya directamente en ella sin necesidad de Joint Venture con la intermediadora.

20 diciembre 2014

María Barranco no se avergüenza de su napia

Me gusta María Barranco porque no se avergüenza de su nariz, a medio camino entre la perfección que le suponemos a Helena de Troya y el glorioso apéndice de Cyrano de Bergerac, porque me gusta que la gente sea como es, diversa, variada, sorprendente. Hubo un tiempo en que todas las actrices querían tener el perfil de Gina Lollobrigida y hacían cola ante los quirófanos de cirugía estética, pretendían huir de sus narices o de su papada, asimilar sus pechos a los sujetadores de moda, añadirse pómulos, rebajar nalgas, cambiar el color de los ojos, convertirse en maniquís para el gran escaparate de la pantalla, como si desconfiasen del valor de sus gestos o su mirada. 

Habían caído en la gran trampa de ese terrible fantasma al que dio enllamarse fotogenia creyendo, probablemente, que consistía en una simple valoración volumétrica. 

Ahora las cosas han cambiado -o han vuelto a ser como siempre debieron- y podemos contemplar en toda su singularidad la nariz de María Barranco, ya sea sirviendo a un personaje de «travestí» o a la heroína de un «thriller» como «Todo por la pasta», su reciente y canicular estreno. Las narices de María Barranco son únicas pero no están solas, porque las nuevas generaciones de actrices nos han acostumbrado a la variedad, desde la naricita de Aitana Sánchez Gijón a los voluptuosos órganos olfativos de Maribel Verdú o Patricia Adriani, el severo tabique de Amparo Larrañaga o el narigón de Rossy de Palma. 

Las narices de Victoria Abril son otra cosa, son una cuestión más bien hormonal generalmente atribuida -por aquello del rigor metafórico- a la supuesta fuerza de los miembros viriles, porque lo chatuno, en este caso, no impide la expresión de pasiones telúricas que antaño pudieran parecer reservadas a majestuosas pavías aguileñas. Qué bien. María Barranco con su nariz al desnudo, Ana Belén con sus dientes como perlas esperpénticas, Carmen Maura con sus ojillos de perra chica, entregándose, impúdicas, a la verdad de otros seres inventados. Como debe ser. Claro que, para eso, hay que tener muchas narices.

18 diciembre 2014

Josephine Baker una diosa de ébano

En la moda, que no cesa, de editar biografías -sobre todo si tratan de mujeres- la editorial Tusquets ha sacado a la calle Jazz Cleopatra, que escrito por Phyllis Rose, intenta resucitar la imagen y el espíritu de esa llamada diosa del musichall, engarzando su vida con los avatares del tiempo que le tocó vivir. Unos tiempos en los que París, la convirtió en bandera del «glamour». 

Y es que, como en aquel viejo chiste de aquel cura bizcaitarra que desde el púlpito ejemplificaba acerca de la modestia de Dios hecho Hombre, dado que pudiendo haber nacido en Bilbao lo hizo en Belén, la grandeza del espíritu francés se mide en el hecho, perfectamente asimilado, de que la mayoría de los símbolos más tópicos y característicos de aquella grandeza no han nacido en tierra francesa. Le costó bastante aprender el francés a esa «diosa de ébano», que enloquecía al París de los años veinte, con su cuerpo rítmico y casi desnudo, con sus contorsiones audaces y oscuras, a esa diosa surgida de entre la pobreza en su Estados Unidos natal y que acabó, con el tiempo, convirtiéndose en un símbolo más de la Francia más chauvinista. Phyllis Rose, una investigadora norteamericana, que le ha dedicado tiempo y desvelo a esta «diosa de ébano», y fruto de ambas cosas es esta biografía, Jazz Cleopatra. 

Josephine Baker y su tiempo, calcula que la Baker habría llegado a cantar, a lo largo de su dilatada vida profesional, como unas cien mil veces la canción «J'ai deux amours/ mon pays et Paris...», que era una manera de recordar sus dos orígenes, su tierra natal (nació en las calles de los barriós pobres de St. Louis) y la ciudad que le consagró. Pues bien, con el tiempo a los franceses les gustaba pensar que la Baker, en realidad, por su especial pronunciación francesa, lo que cantaba era «mon pays c'est Paris», y el alma parisiense salivando de gusto, y Josephine Baker, que sabía dejarse querer, feliz por el equívoco...

El subtítulo de esta magnífica biografía no deja lugar a dudas en cuanto a las intenciones de la autora de la misma; el subtítulo es Josephine Baker y su tiempo. En efecto, uno de los valores añadidos de este libro, y no desdeñable, es la ampliación de campo a la que somete la biógrafa a su heroína. Phillys Rose estudia aspectos como el auge de la música negra en Estados Unidos, la influencia africanista en el arte europeo de los años veinte (no sólo en el music hall, sino también en el cubismo, en los cuadros de Picasso), el Berlín de entreguerras, el auge del nazismo en el caldo de cultivo del sempiterno antisemitismo y del racismo xenofóbico (en Sevilla vio una procesión de Semana Santa y al toparse con los nazarenos encapuchados huyó despavorida confundiéndolos con los muchachos del Ku Klux Klan), sin desdeñar todos los movimientos contra la segregación racial de los años cincuenta y sesenta, de los que Josephine Baker, con sus maneras de gran estrella, fue una abanderada convencida. Estructurada esta biografía como una obra clásica de teatro -de teatro de boulevard, se levanta el telón y asistimos en la primera parte, breve en el tiempo, intensa en contenido, a la «exposición», a sus pasos iniciales, primero en el circuito negro de Estados Unidos, y luego en un París, a donde llega el 22 de septiembre de 1925, dividido entre cirios y troyanos, entre los que estaban a favor de la sangre nueva (de origen afroamericano) como revitalizadora de la cultura europea o los que preferían preservarla de contaminaciones no deseadas. 

La verdad de la Baker, su cuerpo generoso (generoso en la entrega; debió de buscar en los hombres cuanto tienen éstos de hospitalario), contorsionado en escena, apenas cubierto por esa célebre falda de plátanos, su amor propio, sus esfuerzos por aprender el idioma, sus deseos de hacer suya una ciudad como París (a la que encontró pequeña cuando la conoció pero de la que supo enseguida que acabaría enamorándose, como así ocurrió), desfila por este libro, que intenta apresar una vida e interpretarla en su contexto. 

Como también desfilan sus amores y sus desvaríos, sus sueños de grandeza y sus fracasos, sus muchos delirios y sus no pocos logros, su contribución a la causa de De Gaulle, sus regresos cada vez más conflictivos a su país de origen, su desaforada manía por acarrear huérfanos adoptados de todos los colores y de todas las razas y culturas. En fin, todo, esa Josephine Baker de cuerpo (de ébano) y alma, se pasea a lo largo de más de trescientas páginas, en aquella exposición, en este nudo, que va desde el año 27 al 38, para acabar con el desenlace, desde el 39 al 75, hasta su muerte en abril de ese año.

Se le dijo adiós por última vez con un funeral faraónico televisado a todo un país, permanentemente necesitado de símbolos, sean en origen o no franceses, y que le devolvían a la gran bailarina y cantante negra lo mucho, con sus generosidades y con sus caprichos, que de todo hubo, que les había dado desde aquel mes de septiembre del año 25, cincuenta años antes, cuando descendió del tren que le dejó en París. «Mon pays c'est Paris» debió cantar, por enésima vez, en el teatro Olympia, ese año 68 difícil como pocos para su admirado De Gaulle. «Mon pays c'est Paris», debe cantar, desole entonces, en el Olimpo en donde se mueve sin descanso enfundada eternamente en su falda (atrevida) de plátanos.

16 diciembre 2014

La secta de las marujas de dios

Salió hace ya días de casa. No ha regresado. Su intención era comprar lo que fuera, pero comprar. Nos debía los Reyes de este año, y del anterior. Disculpados por el temporal de lluvia, viento y pocapela. Aún no han llegado.

Una carta desesperada a Lobatón con una foto de su boda, careto reciente del deneí y otra con delantal y rulos para distinguirla. Datos complementarios: pelo teñido rubioceniza; 1,50 en zapatillas, pero ese día se puso los tacones; ojos, así, como todos, normalitos; edad, una vez celebró los cuarentaitantos, cuando Vicentito se rompió la pierna, hace ya años, y aún se resiente, también ella; de profesión dice ser una esclava, pero es toda una experta en el manejo del estropajo y un fenómeno social en la carga y descarga de material pal papeo; peso, pues así, como de esta anchura con la bata de guata, la faja ésa enteriza de cuello cisne la aplasta un poco, pero apenas se nota.

Que lo mismo nos la han raptado o está en la secta ésa de las marujas de Dios. Que no nos manejamos. Que la Vanesa dice que no va al cole si no es con la barbidoctora. Que nos la encuentre. Que esto es un sinvivir, y un sincomer, y un sinfregar. Que ya nos ha visitado dos veces la asistente social y nos da 20 días para ubicarnos o, si no, nos sacrifica lentamente bajo la gotera del cuarto de baño.

Y pasó el tiempo. Y fue el concejal Guti, un mes después, el autor del hallazgo. Que un día, paseando ante unos grandes almacenes, vio asomar de un charco seco a la rubiaceniza, y que este elemento del mobiliario urbano no le sonaba. Y que llamó a la uvimóvil municipal. Y sacaron de entre el barrizal a la perdida, agarrotada, pisoteada, aferrada a una blusa de 999. Y la desencajaron, y le sacaron de entre los dientes una oreja con aro de plata de la bruja que le intentó arrancar la prenda. A casa. Y ella que no quiere, que pasa, que a la porra. Y el Guti, complaciente, que bueno, que la dejen, que no estorba. Una placa de bronce le cuelga ahora de la media izquierda. Inscripción: «Enero del 96. El Ayto. a las desaparecidas en rebajas».

14 diciembre 2014

Los zapatos las traen locas

Comparten una pasión, los zapatos, y a buen seguro ambos están en el Who is who, aunque nacieron en países diferentes y tienen pasados diferentes. Sara Navarro, 38 años, es hija y nieta de zapateros, nació en Elda y estudió en Milán. 

Con su primera colección denominada Sistema Cósmico conquistó París. Hoy exporta a 29 países y hasta sienta cátedra en la Domus Academy, la prestigiosa escuela milanesa, donde ha impartido un seminario sobre calzado.

Christian Louboutin no nació en Elda sino en París, pero también sabe mucho de zapatos. 

Después de diseñar para Charles Jourdan, Yves Saint Laurent y Chanel, aprendió nada más y nada menos que de Roger Vivier, el que fuera gran maestro del calzado galo. En sus diseños combina el estilo más clásico con modelos que llevan plumas, perlas, dibujos barrocos e incluso latas de cerveza Guinness en lugar de tacones. Hoy tiene a su pies a clientas de estilos tan opuestos como Carolina de Mónaco, Catherine Deneuve, Elizabeth Taylor y Cher. 

Sus zapatos están hechos a mano, lo que explica su precio, e intentan combinar utilidad y sofisticación de manera que, a pesar del derroche de fantasía, se pueda caminar sobre ellos con toda comodidad (por eso son los preferidos de las top). Para andar con arte.

12 diciembre 2014

Las rebajas alteran las neuronas de las charos

Las rebajas alteran las neuronas de los seres humanos hasta convertirlos en hordas de hienas. Ni santa claus ni los reyes magos son capaces de controlar este fenómeno socioeconómico.

Durante los últimos años y por estas mismas fechas cientos de miles de mujeres pasaron horas de frío a la espera de las rebajas de invierno. Empezaban, según la voluntad de los dueños de los comercios, por Navidad y padecían días de ansia, quietas las mujeres en las calles, avenidas, paseos, galerías, pasadizos, callejas, detenidas ante los escaparates de pequeñas, medianas, grandes y descomunales tiendas, elige que te elige, sin todavía poder comprar el objeto deseado, a causa de sus precios. 

Las suelas y los tacones de los zapatos gastados por las muchas horas paseadas a través de las grandes superficies, en los comercios de recoveco, todas en busca de descubrir el regalo propio y ajeno que luego, aunque quizá tardío, «cuando las rebajas», podrán adquirir a un precio más justo, asequible, y sorprenderse o fascinar a los suyos con lo más bonito y barato gracias a la información que obtuvo, al madrugón, a la ligereza de sus pies. De essa manera, por una vez creerán haber vencido a los dueños de los comercios y a las demás mujeres que buscan lo mismo y luchan por llevarse iguales prendas «especialmente rebajadas» de las que los comerciantes sólo suelen sacar unas cuantas, siempre a la espera de que luego se emborrachen «ellas» con el ambiente y compren por comprar algunas de las pocas o muchas porquerías cualesquiera que sacan cuando las rebajas. 

Hasta ahora se podían encontrar rebajas desde antes, durante, y después de las Navidades porque siempre había un local que las ponía por muy diversas causas, y eso daba alegría de vivir, renovada fantasía a las «fans» y a las obligadas a las rebajas, pero va y sale la nueva Ley de Comercio nacida de una proposición presentada en julio de 1993 por Convergencia i Unió (CiU) que luego, durante su larga tramitación, fue enmendada por todos los grupos parlamentarios hasta que el Pleno del Congreso la aprobó por unanimidad. 

Se abstuvo una, o uno, debía de ser la única «señoría» que hacía la compra durante la reunión habida el jueves 21 de diciembre del 95, día trágico para los consumidores de rebajas porque dicha ley prohíbe, impide, que las rebajas de invierno comiencen antes del 1 de enero sólo habrá otras en verano y día trágico para los consumidores en general a los que dicha ley les restringe los horarios comerciales y las aperturas en domingos hasta el año 2015. 

Entonces los gobiernos autónomos y el central establecerán mediante acuerdos las tan anheladas libertades de horarios y días que precisan desde hace años todas las consumidoras y los consumidores que no poseen un comercio variopinto propio, consumidoras y consumidores a los que la nueva ley ha dejado de momento y durante algunos años de lado, olvidados, estilo fantasma, sin tener en cuenta sus necesidades presentes marcadas por los horarios de trabajo o de su búsqueda que coinciden con los de los comercios pequeños, a la espera incierta del 2001; 60 meses más de agobio, de malas compras por lo precipitadas. 

Agárrense pues las amantes de las rebajas al dulce recuerdo, cuando podían acudir unos días antes a ciertas ofertas, entonces, las regaladoras sin demasiados recursos y las colgadas de las rebajas podían echar unas Navidades a su gusto, bucear entre las abaratadas maravillas, sorprender a familiares y amigos en la fecha requerida, no como en los futuros años, cuando los regalos supuestamente traídos por Papá Noel, Santa Claus, el çrbol, los Reyes, y demás prodigios de invierno caigan por Santa Prisca o San Vicente. Consuelo S. Dentrago, autora de un vasto libro sobre las rebajas, cuenta que las mejores rebajas las suelen disfrutar los sacrificados vendedores y vendedoras de los grandes almacenes que llevan desde el Otoño fascinados por el abrigo de pelo de camello, por ese traje de seda negro de noche, o aquellos zapatos italianos confeccionados con cocodrilo del Nilo, y aparcan las prendas soñadas en las barras con la consabida etiqueta de «reservadas» después de verse repetidas veces con ellas ante los favorecedores espejos, y aguardan la llegada de las rebajas, entonces pasan por caja, pagan el ajustado precio para luego gozar, pasear, lucir, el tesoro obtenido. 

Cuenta Consuelo S.D. que sólo por gozar de tamaña aventura una señora muy adinerada pagó por hacerse vendedora durante una temporada.

10 diciembre 2014

Victoria Abril la más marrana de las actrices españolas

Desde que esa actriz singular, pequeñita y camaleónica llamada Victoria Abril colocó delante de una cámara su proteica energía, su hambre de triunfo, su necesidad y su arte para transformarse en un montón de personajes, la historia de amor con el fascinado espectador no ha tenido comprensibles altibajos, irremediables crisis ni lacerantes tiempos muertos. Es lógico que sus deslumbrantes interpretaciones en Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto y en Felpudo maldito hayan servido para que la incluyan en ese honor tan pomposo y gratificante de los Españoles del Año, pero sospecho que jamás ha dejado de estar de moda entre los profesionales y el público del cine español, que todos siempre hemos poseído la certidumbre de que el talento histriónico de Victoria Abril está a la altura de las tres o cuatro actrices más eximias del cine mundial.

Resulta encomiable la habilidad de la douce France para integrar en su heterodoxa cultura a los artistas foráneos e intentar borrar sus auténticas señas de identidad. Me parece bien. Les dieron asilo, descubrieron o potenciaron su talento y, a cambio de su chauvinismo, sólo les pide que se sientan hijos adoptivos de Francia. En el pasado, el mecenazgo francés consiguió que dos artistas tan inconfundible, violenta, surrealista e irremediablemente españoles como Pablo Picasso y Luis Buñuel fueran confundidos con ciudadanos franceses. Al igual que ellos, Victoria Abril se largó un día a Francia con la intención de buscarse la vida. Su exótico talento les sedujo inmediatamente y encontró un hueco privilegiado en su cine. El posibilismo le ha aconsejado no apalancarse en ningún sitio y escoger las ofertas más sugerentes que le hacen en Francia y en España. 

En la primera gozaba del prestigio de actriz de culto (su instinto y su fuerza consiguieron salvarse del naufragio que sufrió la insoportablemente artística La lune dans le caniveau ), pero no había conseguido romper taquillas con una película francesa (sí lo hizo con Tacones lejanos, de Almodóvar) hasta que tuvo el olfato de protagonizar a las órdenes de Josianne Balasko Felpudo maldito, una astuta comedia que plantea con morbo y comicidad una bastante insólita relación sentimental y sexual a tres bandas.

Victoria Abril interpreta con brillantez, espontaneidad y gracia a una modélica casada y ama de casa, que ante la constatación de los cuernos cotidianos que le pone el semental de su marido, decide enrollarse con una enamorada camionera que ha aparecido por su casa. Victoria Abril borda con ritmo, sentido del humor y complejidad emocional al tragicómico personaje de esa mujer que descubre su heterodoxa capacidad afectiva y pretende compartir bajo el mismo techo al marido y a la amante.

Si en Felpudo maldito Victoria Abril logra hacernos sonreír y reír, en la terrible y desasosegante Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto logra conmovernos, emocionarnos y enamorarnos. También que comprendamos la miseria y la grandeza, el patetismo y la determinación, la soledad y la intemperie, el infierno y la redención, las luces y las sombras de una desheredada de la vida a la que interpreta con incontestable genialidad. 

El personaje que le ha escrito Agustín Díaz Yanes es espléndido y ella le devuelve el regalo fabricando el inolvidable retrato de una perdedora ancestral. Es imposible transcribir los matices, la energía, la sensibilidad, el miedo, la valentía, la desesperación, la generosidad, el vitalismo y la fiebre que Victoria Abril aporta a esa mujer. Hay que verla y oírla. Después de verla planchar, conducir un camión, cojear, peinar a la suegra, taladrar el suelo de una joyería, probarse un capote ante un espejo, beber a morro de una botella después de hacer una mamada pagada, buscar curre, mimar a una anciana, enfrentarse con pavor a la tortura, puedes comprender las ineludibles razones de incluirla en la lista de los Españoles del Año.