25 septiembre 2017

Quién mató a Kurt Cobain

Courtney tiene un lado oscuro, un punto reprimido de su personalidad que, de cuando en cuando, aflora y, entonces, se vuelve incontrolable y fiera como una loba. Es extremadamente violenta no sólo con sus enemigos, también con sus amigos, con Kurt cuando estaba vivo, con todo el que se acerca a ella. El suyo es un caso de personalidades múltiples. Una de ellas, malvada y siniestra, capaz de cualquier cosa. A mí me ha intentado matar dos veces...».


El que habla ante las cámaras es Hank Harrison, padre de Courtney Michelle Harrison, más conocida como Courtney Love. Hank comparte con su hija ese gesto entre alucinado y estrávico en la parte superior del rostro, una señal de peligro inscrita entre ceja y ceja: «¿La muerte de Kurt? Yo no creo que fuera un suicidio. Estoy convencido de que alguien le mató. No estoy diciendo que Courtney lo hiciera, pero...». Pero lo insinúa públicamente.

Sus palabras, sus tics nerviosos, sus erráticos vaivenes, los recoge sobre la marcha Nick Broomfield, aguerrido exponente del cinema-verité británico, que se encuentra en la costa oeste americana para rodar un documental, Kurt y Courtney, que puede causar torrentes de polémica: «Mi hija tiene una obsesión compulsiva por el éxito. Sería capaz de cualquier cosa con tal de conquistar la cima, ya digo. Yo pienso que ahora mismo es una adicta a la fama, igual que antes lo ha sido a otras cosas».
Hank Harrison tiene una relación de odio hacia su hija, y no lo oculta: «Yo no fui quien empezó esta guerra; estoy dispuesto a volver a recibirla con los brazos abiertos, pero...».
Pero Courtney no le perdona que al poco de nacer la abandonara con su madre, Linda Carroll. Ni que la criaran en el más absoluto abandono, en medio de un mar de drogas; que a los tres años tuviera que estar ya sentada en el diván del psiquiatra, y a los diez pillara su primera borrachera. A los 12 años la arrestaron por robar en las tiendas. Y, de cabeza, al reformatorio.

Nada más cumplir los 15 años se mete a stripper y pasea sus desnudeces por medio mundo. Luego hace las paces con su padre y se marcha a vivir con él a Dublín. Se mantienen unidos cuatro meses (según él) o tres días (según ella). Allí se engancha, primero al rock y después a la heroína. Pierde la virginidad (dice) con Michael Mooney, de los Psychodelic Furs. Por aquel entonces ha tomado ya la decisión de ser famosa. Escribe un poema que aún conserva su padre: Destruiré a quien se cruce en mi camino/ Mataré a todos los asquerosos/ Pues tengo un ojo puesto en el Futuro.
El futuro pasa fugazmente por Portland, Oregón, donde Courtney se gana su reputación como rockera yonqui, antes de llegar a Seattle, en plena orgía del grunge. Con Kurt comparte piel y pico. Juntos juegan a Sid y Nancy. El pelotazo de Nirvana le deja descolocado a él, que no a ella (Kurt nunca hizo buena pareja con la fama). Luego llega el embarazo de Fances Bean, la boda formal y la promesa de ser felices y dejar la droga. Hasta que Vanity Fair se desmarca contando que Courtney siguió pinchándose durante los nueve meses, las autoridades amenazan con retirarles la custodia de la niña, y sus relaciones se envilecen. Comienza a hablarse de divorcio...

Todo esto lo niega ahora Courtney Love por exigencias del guión. Su nuevo papel de mujer de seda, vestida a la sazón por Versace, le impide recordar su turbulento pasado.
La agencia de relaciones públicas PMK asume su prodigiosa metamorfosis y le impone el secreto de sumario. Amnesia por contrato: todo lo ocurrido antes del 8 de abril de 1994, cuando encontraron muerto a Kurt Cobain, pertenece a otra vida, otra mujer, otro rostro (milagros de la cirugía estética).
«Desde el día en que muere su marido, Courtney pone todas sus energías en promocionarse», escriben al alimón Ian Halpering y Max Wallace, autores de un reciente libro cargado de pólvora y lodo: ¿Quién mató a Kurt Cobain?. «Dentro y fuera de los escenarios, Courtney es víctima de su propio éxito. No desperdicia la más mínima oportunidad para capitalizar la muerte del líder de Nirvana y utilizarla en su provecho».
En el libro, como en la película, se insinúa que Courtney pudo tener un papel activo en la muerte. Contra ella dispara no sólo Hank Harrison, su padre; también Tom Grant, el detective privado que ella misma decidió contratar en Los Angeles para encontrar a Cobain, recién escapado de una clínica de desintoxicación.
«Courtney Love me utilizó como coartada», declara Grant en la película. «Sabía que su marido había pasado por su casa en Seattle, pero a mí me ocultó ése y muchos otros detalles. La muerte de Kurt me pareció muy sospechosa, por eso decidí seguir investigando por mi cuenta».

«En la pistola con la que se disparó Kurt no había huellas dactilares. Las líneas finales de su nota suicida son añadidas», dice Grant. Alguien utilizó dos veces la tarjeta de crédito de Kurt entre la hora en que se supone que murió y el momento en que encontraron su cuerpo. ¿Quién?
Un rockero extravagante, El Duce, rey del porno-metal, asegura que Courtney Love le ofreció 50.000 dólares en 1993 por matar a Kurt Cobain. Dos semanas después de confesarlo ante la cámara del cineasta Nick Broomfield, muere arrollado por un tren en extrañas circunstancias.
Broomfield intentó adentrarse en el círculo de amigos de Courtney Love y sólo consiguió insultos, amenazas de todo tipo... «Antes de empezar la película, admiraba a Courtney Love por sus valores artísticos y por su entereza ante la tragedia. Ahora me he dado cuenta de qué tipo de persona es: no le interesa otra cosa que la fama y los vestidos de Versace».
Courtney usó sus influencias para conseguir que Kurt y Courtney no se proyectara en el Festival de Sundance. La reputación de Courtney ha caído y su casa de discos ha anunciado que el próximo disco de su grupo, Hole, se retrasa hasta el otoño.

Lo que le interesa ahora es el cine. «Larry Flint le abrió las puertas de Hollywood, y aunque se quedó sin nominación para los Oscar, al menos pudo pasear su falda de Valentino y su collar de diamantes de Harry Winston por la alfombra roja del Shrine Auditorium y adquirir el derecho a mansión propia en Beverly Hills». Acaba de rodar 200 cigarettes y Fight Club, a las órdenes de David Fincher, director de Seven.

Su vida sentimental, mientras, ha pasado por más altibajos que la Bolsa. Al poco de morir Kurt, la vieron en un hotelito de Arizona con su ex, Billy Corgan, de los Smashing Pumpkins. Después tuvo un lío con el líder de los Nine Inch Nails, Trent Reznor. Se dejó de rockeros y se pasó a los apacibles galanes de cine, fugazmente con Brad Pitt. Más en serio con Edward Norton, con quien hizo incluso planes de boda, finalmente rotos.
Más conflictivas fueron sus relaciones con las mujeres. Legendario su odio hacia Madonna, a la periodista de Vanity Fair, Lynn Hirschberg, intentó golpearla con el Oscar -prestado- de Quentin Tarantino en venganza por un artículo que había escrito. Otra periodista, Belissa Cohen, encajó un rodillazo en el vientre durante un desfile de moda: «No olvides que sigo siendo una cantante punk», le dijo Courtney.

Kris Novoselic y Dave Grohl, los supervivientes de Nirvana, mantienen con Courtney Love una prudente distancia, acortada tan sólo por los intereses económicos (los royalties que se reparten puntualmente por la herencia musical de Kurt Cobain).
Cada uno ha seguido su carrera por separado: Novoselic, el bajista, con los Sweet 75; Grohl, el batería, con mucho más éxito como líder de los Foo Fighters. Los dos firmaron un pacto de silencio para no capitalizar la muerte de Cobain.

Hay quien dice -aunque ellos lo niegan- que Courtney se aseguró bajo contrato que no pudieran hablar tampoco sobre su tormentosa vida matrimonial con Kurt. De modo que Kris y Dave se reservan su opinión sobre la muerte de su amigo y las controvertidas teorías conspiratorias.
Mientras Kurt vivía, sus compañeros de Nirvana mantuvieron una relación muy tirante con Courtney Love, a quien acusaban de manipular a su marido y de arrastrarle a la espiral autodestructiva.
Novoselic y Grohl guardan con celo en sus estudios suficiente material inédito de Nirvana como para grabar varios discos. Al parecer, Courtney tenía la intención de sacarlo todo a la luz cuanto antes, pero ellos han ido dando largas y ahora anuncian que probablemente, en el año 2000, decidan editar una caja multimedia de Nirvana con grabaciones, conciertos y ensayos.

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