02 mayo 2016

A Luis Cernuda le gustaban los hombres

El Cernuda esquivo, difícil, apasionado, el poeta raro y comprometido, el amigo difícil, el artista huraño y rebelde. 

Era la joya bibliográfica que faltaba para culminar el prolífico centenario de Cernuda, la publicación del epistolario completo del poeta sevillano con un total de 1.103 cartas -384 inéditas- de las cuales 978 fueron escritas por el escritor y 125 dirigidas a él.

La Residencia de Estudiantes presentó ayer en la ciudad natal del poeta el voluminoso estudio preparado por James Valender en el que se incluyen sobrias y certeras cartas enviadas por todos los personajes que formaron parte de su vida, desde los años sevillanos a su estancia en Madrid y más tarde en las ciudades del exilio.

El poeta sevillano y especialista en la figura de Cernuda, Jacobo Cortines, desentrañó algunas de las claves de este ambicioso estudio que, además, se incluye en el proyecto de investigación Epístola, que pretende publicar un corpus documental de la literatura epistolar de la Edad de Plata.

Desavenencias con Juan Ramón Jiménez, confidencias con su amigo Higinio Capote, desahogos con José Luis Cano e intercambios de alegrías y desesperanzas con su antiguo profesor Pedro Salinas -con el que luego mantuvo una enconada enemistad-, José Bergamín, Concha Méndez, Manuel Altolaguirre, Rafael Martínez Nadal, León Sánchez Cuesta, Ramón Gaya o Concha de Albornoz atraviesan este jugoso epistolario que, sin duda, sirve para adentrarse en la personalidad del poeta y de toda su generación.

En el acto de presentación también estuvieron el director de la Residencia de Estudiantes, José García Velasco; el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, y miembros de la Comisión Sevillana para los Actos Conmemorativos del Centenario de Luis Cernuda -formada por el Ayuntamiento, la Diputación y la Fundación El Monte.
José García Velasco explicó que el proyecto Epístola no es un trabajo de mitomanía nostálgica. «Ha sido un estudio muy complejo con el que estamos intentando recuperar el periodo literario más decente y glorioso después del Siglo de Oro, aniquilado y silenciado a causa de la Dictadura».

Entre las inquietudes y reflexiones íntimas que se incluyen en Luis Cernuda. Epistolario (1924-1963) destaca, sobre todo, la voz del poeta para desvelar la geografía íntima de un escritor considerado siempre, entre los de su entorno, lúcido y raro.

La entraña de versos que se desprende de estas sorprendentes cartas muestra a un hombre que es también un compulsivo lector, un amigo escéptico, un autor que busca desesperadamente editor, un ser frágil y comprometido, un exiliado amargo y de alma profundamente lírica.

Jacobo Cortines advirtió de que, a pesar de algunas anécdotas llenas de exabruptos, «no hay mucha carnaza para los que sólo buscan chismes». Según el poeta e investigador, «el epistolario es sobrio y no hay concesiones. Está su mundo personal y eso es fundamental para quien pretenda indagar en la personalidad y el universo interior de Cernuda».

Con este Epistolario culmina uno de los anexos más estudiados en los últimos años sobre la biografía exquisita y rara de Cernuda, aunque aún faltan por publicar algunas cartas personales en propiedad de los herederos y más documentos del intercambio epistolar con personajes como Bernabé Fernández Canivell.

El Epistolario supera así lo investigado hasta el momento en este género jugoso y revelador y que se podía contemplar en las cartas publicadas en el número de homenaje que Insula dedicó al poeta en febrero de 1964; en las editadas por el investigador José María Capote sobre la correspondencia de Higinio Capote con el poeta; en el revelador estudio del poeta sevillano Fernando Ortiz, Epistolario inédito, que se publicó en 1981, o en el libro de Rafael Martínez Nadal Españoles en la Gran Bretaña.

Esta obra se divide también en las etapas de dolor que marcan la biografía de un poeta convertido en esencia del éxodo: De Sevilla a Madrid; de la Guerra Civil al exilio de las Américas: México, California, Coyoacán.

Consciente de que la búsqueda en epistolarios también tiene mucho de introspección despiadada en lo íntimo, en el consuelo último de lo personal, Jacobo Cortines explicó que la obra no cae en la hagiografía siempre sospechosa, ya que se disecciona en carne viva el mundo interior del personaje.

«Se desvela al poeta de carne y hueso, con sus máscaras o sin ellas; un poeta que ha tenido suerte con la posteridad, toda la que se le negó en vida», concluyó Cortines.

Carta a Concha Albornoz (2 de febrero de 1963). Los Angeles: «Hace más de una semana que el sol desapareció y llueve hace tres días.Eso me pone siempre del peor humor y las cosas mías son igualmente deprimentes. Además, envuelto como estoy en chismes sobre que soy 'imposible y grosero', famita que, desde nuestra bendita tierra, llega hasta mí aquí. Me veo rodeado por todas partes de mala voluntad, antipatía y odio. A veces siento terror al recordar que estoy solo, sin nadie quien me quiera y me tenga amistad».

Carta a Jaime Gil de Biedma. Coyoacán, México. 27 de diciembre de 1959: «Qué necia e incivil esa pretensión de camaradería que se traduce en llamar, por escrito y en público, Pedro [por Salinas] a uno, Jorge [Guillén] al otro, cuando no Manolo [Altolaguirre],

Manolito al de más allá. Nadie quiso ver ahí, al llamar yo a J.R. Jiménez así, y no Juan Ramón, como si fuera pariente mío y hablara de él en tertulia familiar, nadie quiso ver, digo, en eso, no costumbre de medio civilizado, sino 'mala intención' o insulto».

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