17 septiembre 2015

Lluvia de estrellas

Desde finales de julio, pero en especial la pasada madrugada, astrónomos aficionados de todo el mundo han estado pendientes del cielo, registrando la lluvia de estrellas más famosa del cielo, las Perseidas. En sus datos, los científicos esperan encontrar una pista del paradero del corneta «Swift-Tuttle», desaparecido hace diez años. 

Durante los próximos días aún podrá verse hasta una estrella fugaz por minuto, sobre todo en las horas cercanas al amanecer. Un cometa es una bola de «hielo sucio» que habitualmente órbita en los confines del Sistema Solar, más allá del planeta Plutón. De vez en cuando, estas bolas se precipitan hacia el interior del Sistema, donde el calor del Sol las calientan.

Entonces, el hielo se evapora y forma, por la presión del viento solar, las enormes colas que hacen visibles a los cometas. Este vapor arrastra al espacio pequeñas partículas sólidas, que forman enjambres en las órbitas de los cometas. 

Cuando la Tierra cruza uno de estos enjambres, se produce el fenómeno llamado «lluvia de estrellas». Durante varias noches puede verse una gran cantidad de estrellas fugaces que parecen venir de un mismo punto del cielo. La constelación donde está este punto nombra la lluvia. La más importante de ellas es la de las Perseidas, ya que el punto desde el que parecen partir está situado en la constelación de Perseo, al norte de las Pleyades. Aunque pueden verse hasta el 20 de agosto, la máxima actividad de las Perseidas se produjo anoche, que se ha consagrado como la «noche de las estrellas fugaces». Es casi imposible que una persona que anoche observara el cielo no viera ninguna estrella fugaz, ya que se vio, al menos, una cada minuto, frecuencia que pudo llegar hasta 4 por minuto. El «padre» de las Perseidas es el cometa Swift-Tuttle, descubierto en 1862 por el estadounidense Lewis Swift, y cuyo período, el tiempo que tarda en volver, se calculó en 119,6 años. 

En principio, debería haber pasado por la Tierra entre 1980 y 1982. Los astrónomos estaban pendientes de este regreso, que presentó un signo muy favorable: en 1980, las Perseidas incrementaron su actividad. Pero el Swift-Tuttle no apareció. El astrónomo inglés Brian Marsden, realizó entonces una gran labor «detectivesca» estudiando todos los cometas registrados hasta entonces y descubrió dos, el cometa Kogler, visto en 1737, y otro de 1348, cuyas órbitas eran muy parecidas a las del Swift-Tuttle. Si los tres cometas fueran en realidad distintos pasos de un sólo objeto, su período sería de unos 129 años, y tendríamos que esperar su regreso entre 1990 y 1992. «Los errores son enormes -ha señalado Mark Kidger, astrónomo del Instituto de Astrofísica de Canarias a este respecto- pero aún mantenernos esperanzas de volver a ver el Swift-Tuttle».

El comportamiento de los cometas es bastante errático y es posible que el Swift-Tuttle hubiera pasado inadvertido en la década pasada. Para aclarar el asunto, son esenciales las observaciones de este año. «Una actividad elevada nos haría pensar que el cometa se está acercando», comenta Kidger. El azar se ha aliado con los astrónomos y en 1991, las mejores noches para la observación de las Perseidas han coincidido con Luna Nueva. Esta es una de las ocasiones en que los astrónomos recurren a los observadores aficionados, que registran estos días los meteoros en todo el hemisferio norte. Los grandes telescopios no sirven en este tipo de investigaciones. Sólo después, los astrónomos podrán buscar en estos datos una pista sobre el paradero del Swift-Tuttle.

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