19 septiembre 2015

La imagen de Dios está en el infinito

El taller de Miñarro es un bosque de siluetas con delirios de santidad. Cristos desmembrados, tallados en maderas tan nobles como aún profanas, comparten espacio con los actores de reparto de la historia más grande jamás contada. Unos y otros esperan en poses hieráticas el turno para que sean cubiertas las hondas expresiones de sus rostros con las pátinas de la ciencia y el arte. 

Un escultor preocupado por encontrar respuestas empíricas, que cambia la bata estampada de pigmentos por otra manchada de ecuaciones, se encarga de unir lo tangible con lo abstracto.

En otra época, seguir a Copérnico como usted hace hubiera sido incompatible con su dedicación como artista sacro.

Los límites de la ciencia y la religión están cada vez más desdibujados. También he tenido serpientes, el símbolo del pecado, en este taller del que han salido tantas imágenes sagradas.

¿Ha pensado en poner los rasgos de Galileo a sus tallas?

Quizás me estés dando una buena idea. A este hombre habría que hacerle un homenaje escultórico, aunque no sé cómo se sentiría en un paso de Semana Santa. Tal vez fuera una excelente representación de un Doctor de la Iglesia.

¿Se siente proscrito, como los célebres astrónomos, por llevar la ciencia de la síndone al terreno de la fe?

Asumo los riesgos. Sea o no sea la sábana de Cristo, lo cierto es que sin esta pieza se conocería muy poco de la crucifixión. Prefiero tener al lado a un forense explicándome las características de una herida post mortem que a mi maestro enseñándome a hacer rayitas de latigazos. Los imagineros del XVII habrían utilizado las actas de los congresos de la Sábana Santa de Turín en lugar de las visiones de los santos.

A menos de cien metros del estudio del profesor de Bellas Artes, las columnas salomónicas del retablo de San Martín aún devuelven ahogados los ecos de su voz. Ni doce horas han pasado desde que contemplara cómo las verdades científicas destiladas del estudio profundo de la Sábana Santa provocan tantas lágrimas como el más dramático de los visajes de una escultura religiosa que haya salido de sus gubias. Conoce la trascendencia de su mensaje en una ciudad en la que la brisa trágica de las madrugadas de primavera tiene la capacidad de silenciar latidos, ahogados en emociones hondas.

Lo más hermoso que se puede contemplar en el cielo que cubre Sevilla, ¿es la luna de Parasceve?

Las cosas que necesitan el contexto para entenderse no hay que verlas con algo que elimine el campo visual amplio. Hay que ver la luna de Parasceve con el paisaje de la ciudad, entendiendo la trascendencia que tiene en ese momento, como lo tiene en Jerusalén, donde tuve la oportunidad de contemplarla al final de una madrugada, con un gallo cantando como único sonido.

El imaginero trabaja en un nazareno para Vélez Málaga, en un crucificado para Córdoba basado en la imagen del hombre del lienzo de Turín que será llamado Santo Cristo de la Universidad y en la escultura de Madre María de la Purísima de la Cruz. Restaura las figuras secundarias de la Sentencia de Málaga, el San Juan de Hermandad de La Mortaja y la talla del Jesús de la Pasión de Ayamonte, y asiste a los actos del vigésimoquinto aniversario de la factura de su primera dolorosa: la Virgen de la Caridad de Rota.

¿Ha encontrado inspiración para sus obras en el firmamento?

En el cielo están las ansias de comprender el infinito. Cuando se contemplan las Pléyades uno se plantea que puede que ni existan ya realmente, puesto que la luz tarda tanto en llegarnos atravesando la bóveda celeste que el cielo que vemos es una imagen del pasado.

Como la síndone, precisamente.

Los ojos del hombre de la sábana nos miran desde el pasado y desde el infinito, a pesar incluso de que están cerrados. Esa sensación de que algo nos mira desde el más allá ocurre en ocasiones mirando al cielo. Es la mirada del Universo.

¿Hay más espiritualidad en el cosmos o en la constelación de iglesias y capillas de Sevilla?

La materia que tratamos y sacralizamos a través de la devoción no deja de ser madera. La verdadera imagen de Dios está en el infinito, en el cosmos.

Comenzó a interesarse por los cuerpos celestes mediante la observación con unos simples prismáticos de teatro que tenía su padre > Suele salir a los cerros que rodean El Castillo de las Guardas con su telescopio, pero asegura que con un buen filtro antipolución, es posible ver con nitidez la constelación de Orión y hacer buenas fotografías del cielo profundo desde el centro de Sevilla >Tiene dos telescopios, uno de 90 milímetros y otro de espejos con una lente de 300, robotizados y con un catálogo de millares de objetos celestes memorizados > Dedica más tiempo a la observación de la bóveda celeste desde que abandonó su pasión por los reptiles. Una pitón albina de 40 kilos llego a compartir espacio en su estudio con las piezas escultóricas en las que trabajaba. 

Prefiere contemplar la luna en cuarto creciente, cuando la luz tangencial de la zona de penumbra descubre los relieves del satélite al aumento del telescopio.

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