27 noviembre 2013

James Bond y su psicoanalista

En una escena de Skyfall, la última aventura cinematográfica de Bond, James Bond, su director, Sam Mendes, somete al agente secreto a un cara a cara con un psicólogo ante la atenta mirada de sus superiores, en lo que parece un mero trámite del Servicio de Inteligencia Británico.

Psicólogo: ¿País?

James Bond: Inglaterra.

Psicólogo: ¿Pistola?

James Bond: Disparo.

Psicólogo: ¿Agente?

James Bond: Provocador.

Psicólogo: ¿Asesinato?

James Bond: Trabajo.

Psicólogo: ¿Skyfall?

James Bond: Terminado.

Sus respuestas ponen de manifiesto lo que afirmase Fausto Antonini en su ensayo Psicoanálisis del 007, dentro del libro de ensayos sobre el célebre personaje Proceso a James Bond. Análisis de un mito (Umberto Eco, Ed. Fontanella): "Bond no posee dimensiones psicológicas de lo interior, no tiene espesor emotivo y racional, está todo resuelto en la acción, es el héroe del conductismo". 

Las contestaciones de 007 revelan también su lealtad a la patria, su pragmatismo y, sobre todo, su sentido de la inmediatez. Tatiana Rodríguez, guionista de Mataharis (Icíar Bollaín, 2007) y la serie La Fuga, no duda en definir a Bond como "inquieto, hedonista, mental. Sin límites. Está acostumbrado a hacer lo que quiere y evita a toda costa las insatisfacciones de la vida. Es seductor y estratega, sabe aprovechar la oportunidad al instante. Vive en el futuro, pensando siempre en lo siguiente".

Bond es, además, un excelente negador. No en vano, ha tenido al mejor maestro: el Doctor No, el temible villano de su primera incursión en la gran pantalla, 007 contra el doctor No (Terence Young, 1962), de cuyo estreno se cumple este año el 50 aniversario. Pero, ¿cuál es la causa de la continua huida hacia delante de Bond?

BOND Y FREUD. Quizás una misión psicoanalítica que se llamara algo así como "007 contra el doctor Freud" le permitiera resolver la incógnita. A sus 50 años (cinematográficos), el agente está en pleno derecho de tener su crisis de edad. Fiel a sí mismo, negaría cualquier síntoma y lucharía contra Freud, decidido a bucear en la psique de su enemigo en busca del origen del mal. No sería la primera vez que Bond se sentara en el diván. 
Ya lo hizo en Solo se vive dos veces (Lewis Gilbert, 1967) para recuperarse del estrés causado por su última aventura. Entonces se trataba de una puesta a punto. Hoy se trataría de una misión en aras de la paz… interior.

Bond ha tenido a las mujeres más bellas, creado tendencia (en su última aventura, Quantum of Solace, tuvo de sastre a Tom Ford), reventado taquillas (con ese mismo filme estableció un récord en el Reino Unido al ser la película que más dinero ha recaudado nunca en el fin de semana de estreno: 20,5 millones de euros) y, de paso, salvado al mundo de las mayores atrocidades. Con semejantes credenciales es inevitable que se pregunte: ¿qué me queda por conseguir? ¿Cuánto tiempo seré capaz de mantenerme en la cresta de la ola? ¿Tengo razón de ser tras la caída del Muro?

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