09 septiembre 2013

Las campañas electorales de la India no dejan títere con cabeza

A pesar de unos 200 muertos en las tres semanas de campaña electoral, la India vibraba de nuevo. Las manos, las ruedas y los lotos, símbolos de las tres fuerzas políticas principales en liza en las décimas elecciones generales desde la independencia, -se hacían flores y banderas desde las inmensas llanuras del Ganges hasta el desierto de Rajasthan. Faltaba un mes todavía para las grandes lluvias y Rajiv Gandhi había acudido a votar anteayer, primer día de una votación que debía prolongarse hasta el próximo domingo y que ha sido aplazada. 

Aunque las últimas encuestas presagian tormenta para su Partido del Congreso, el hijo de Indira, siempre taciturno y callado, se mostraba sereno y confiado. Según el calendario mitinero, ayer por la tarde tenía que hablar ante millares de seguidores en una pequeña ciudad situada a 25 kilómetros de Madrás, en el sur de la India. A las 8 de la tarde, hora de Madrid, las agencias y emisoras de radio confirmaban su muerte y la de otras catorce personas por una explosión minutos antes de comenzar uno de sus últimos discursos de campaña. Nada se sabía aún de sus asesinos, pero desde sus primeros escarceos políticos, forzados por la muerte de su hermano menor Sanjai en accidente aéreo en 1980, Rajiv se había creado demasiados enemigos. 

Entre ellos destacan dos grupos: los tamiles y los sijs. Los primeros, por la intervención militar que Gandhi ordenó en Sri Lanka contra la guerrilla de la misma etnia de los años 80; los segundos, por las represalias que adoptó contra ellos tras el asesinato de su madre en octubre del 84.

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