06 junio 2013

Emma Thompson está en su mejor momento

Hasta tres veces tuvo que rogarle el director de cine Régis Wargnier para que participara en una película suya. A la tercera, Indochina, fue la vencida. La gran estrella del cine francés y diva absoluta Catherine Deneuve decidió regresar al cine tras cinco años de ausencia en la piel de un personaje especialmente escrito para ella, prolongación de su propia imagen y síntesis de todos los que ha interpretado a lo largo de treinta años de carrera. A sus 50 años, la Deneuve puso su talento e inmarchitable belleza -apuntalada por cientos de gramos de hilos de oro- al servicio de Eliane Devries, dueña de una plantación de árboles de caucho en la Indochina colonizada por Francia y madre adoptiva de una pequeña princesa vietnamita, Camille. 

El drama surge cuando ambas se enamoran del mismo hombre, un oficial francés, y sus dos culturas afloran con violencia en un turbulento momento en el que el país lucha por su independencia. «En Indochina he dado lo mejor de mí misma, yo soy Eliane», ha dicho. Si Deneuve se siente especialmente reconocida en el personaje, lo mismo le ocurre a Susan Sarandon, a , quien le unen muchos puntos en común con la protagonista de El aceite de la vida, Michaela Odone: ambas tienen sangre irlandesa, un elevado coeficiente intelectual y una fiereza animal a la hora de defender a sus cachorros. A sus 45 años y madre de tres pequeños, dos con el actor Tim Robbins, Sarandon ha logrado su tercera nominación por interpretar el papel de una mujer cuya vida se derrumba cuando los médicos le diagnostican a su hijo de seis años una rara enfermedad genética incurable. 

Michaela y su marido, personajes que existen en la vida real, careciendo de conocimientos científicos, consiguieron descubrir un aceite que detuvo el proceso mortal de la enfermedad de su hijo Lorenzo. Pese a estar embarazada de tres meses, a Sarandon no le arredró la dureza del rodaje y aprovechó al máximo la oportunidad que le brindó el que Michelle Pfeiffer rechazara el papel por temor a no estar a la altura para interpretar un personaje con una elevada carga intelectual.Sin embargo, el talento de Pfeiffer le ha permitido aspirar a un Oscar por su trabajo en una película anterior, Love field, de Jonathan Kaplan, un film cuyo estreno quedó «congelado» tras la quiebra de la productora Orion. 

Love field es un proyecto personal de Pfeiffer, quien fundó con una amiga una productora con el fin de rodarla enamorada del guión de Don Roos sobre un ama de casa, Lurene, una mujer narcisista, neurótica y egoísta cuya obsesión es Jacqueline Kennedy, a la que imita fielmente hasta en los sombreros que Halston creó para ella. Lurene se pone en camino a mediados de noviembre de 1963 hacia Dallas. Su objetivo es sumarse a los tejanos que esperan a JFK para tributarle un gran recibimiento. A lo largo del viaje hacia la pérdida de la inocencia de toda una nación, Lurene vive una historia de amor con un muchacho negro con la que rompen todos los límites -raza, clase social- fijados por la pacata y racista sociedad norteamericana. 

Su vibrante interpretación de Lurene le valió a Michelle Pfeiffer el premio a la mejor actriz en el Festival de Berlín, quien también premió por Malcolm X a Denzel Washington, el actor que en un principio tenía que haberle dado réplica en la película de Kaplan. Las relaciones interraciales presiden también Passion Fish, de John Sayles, la película que le ha valido a Mary McDonnell su segunda nominación, tras Bailando con lobos. Si en aquélla dio vida a la mujer blanca adoptada por los sioux, ahora es una insoportable diva de la ópera que queda inválida por un accidente. Ello le obliga a regresar a la casa de sus padres en un «bayou» de Luisiana, donde establece una extraordinaria relación con una enfermera negra que logra devolverle las ganas de vivir. 

Rodada con un escasísimo presupuesto, esta historia intimista de dos mujeres ha sido dirigida por el director al que «Cahiers du cinema» define como «el auténtico humanista del cine nortamericano actual». Humanismo, talento y cerebro son los términos que definen a Emma Thompson, la actriz inglesa que ha logrado una nominación al Oscar gracias al que es su primer gran papel cinematográfico: el de la inteligente, cultivada y liberal Margaret Schlegel, la dama anticipada a su época que protagoniza Regreso a Howards End, de James Ivory. Margaret Schlegel tiene mucho que ver con esta actriz, hija de unos reputados cómicos londinenses y casada con el brillante actor y director Kenneth Branagh. Ambas combinan su exquisita educación con un feminismo suave y un muy británico sentido del humor, una fórmula irresistible que le permite a Thompson lucirse demostrando cómo es y se comporta un alma en la plenitud de su belleza.

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