21 octubre 2012

Para mi las elecciones son un día de fiesta

Es durante las campañas electorales cuando nos damos cuenta de que los políticos no son pobres ignorantes que desconocen cómo es la vida y lo que quiere esa resignada mayoría silenciosa a la que representan. Los partidos hacen un verdadero esfuerzo de acercamiento para llegar a las necesidades de los ciudadanos. A todos tienen algo que ofrecer, lo que significa que saben muy bien lo que no tenemos. Y ofrecen cosas concretas, reales, necesarias. Trabajo para los desesperados del paro. Protección para las mujeres discriminadas, violadas o agredidas en sus casas. Reducción de la mili para los chavales. Vivienda para todos los que no pueden comprarse una casa y tienen que dar más de la mitad de su sueldo a otro que tiene cuando menos dos. Cama en la habitación de un hospital para los enfermos. Respeto a la calidad de vida de los ancianos. Carreteras para los viajeros. Seguridad ciudadana para los inseguros...Hay para todos.

Al final, cuando uno termina de leer un programa electoral se siente comprendido. Instantes después se sacude la efímera emoción y descubre que los políticos no son pobres ignorantes de la realidad, sino amnésicos temporales a los que sólo ilumina la luz de la memoria unos días antes de los comicios. Que sólo te piensan cuando te necesitan. Después se ocupan de los grandes temas, que si Europa, que si la Banca, que si las estadísticas... Esas cosas tan importantes que nosotros, los auténticos ignorantes, no podemos entender. Y, claro, no hay idilio. La inmensa mayoría silenciosa, como una mujer abandonada y sola, deja de creer. Y se va al cine a ver una de no pensar y comer palomitas, mientras el otro se acuesta con Europa, o con la Banca, o con la de más allá. En definitiva, con la más guapa.

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