22 octubre 2012

Drogas de procedencia norteamericana

A través de todos los medios de comunicación norteamericanos ya se ha hecho popular el famoso eslogan «Just say no», o, lo que es lo mismo en castellano, «Simplemente di no» a las drogas, especialmente dentro del mundo de los deportes profesionales. Pero tal vez el eslogan debía utilizar mejor la expresión «maybe», (depende) ya que decir «no» significa una abstinencia total en todo tipo de uso y consumo de drogas, y para muchos el fumar marihuana, tomar alcohol o tener una vida sexual excesiva entra dentro de lo normal.

Aquí es donde radica el grave problema para los distintos dirigentes del deporte profesional norteamericano, que ven cómo, partiendo de esas premisas, tomar cocaína o heroína es el siguiente paso. Un factor importante en el incremento del consumo de drogas y alcohol, especialmente de este último, es que las grandes compañías de bebidas alcohólicas se han convertido en las casi exclusivas patrocinadoras de los grandes eventos deportivos y el continuo bombardeo de anuncios en televisión es aterrador.

Se piensa que un niño norteamericano entre los 7 y 18 años puede llegar a ver más de 100.000 anuncios de cerveza por la televisión y, como es lógico, entre esos niños se encuentran los futuros deportistas profesionales. Dentro del béisbol, en los últimos años, dos de sus grandes figuras uno retirado, Steve Garvey que jugó 17 años con Los Angeles Dodgers y San Diego Padres, y Wade Boggs de los Red Sox de Boston, pusieron en evidencia la dependencia que tenían del sexo.

A Garvey, un deportista que siempre dio una imagen perfecta ante el gran público como padre de familia, hombre de creencias religiosas, conservador y aspirante a senador republicano se le descubrió que tenía dos hijos ilegítimos con dos mujeres diferentes, mientras se casaba con otra tercera. Lo de Boggs era que, mientras su mujer e hijos se quedaban en casa, él viajaba a todas las partes con Margo Adams, la mujer que luego lo demandó por 12 millones de dólares al «pillarle» con una tercera mujer que no era su esposa. El propio Boggs confesó que necesitaba hacer el amor a cada momento y se había convertido en una enfermedad.

El deportista que cautivaba al público con su comportamiento obsesivo para entrenar y comer pollo antes de cada partido terminó con la misma obsesión, pero por las faldas. En baloncesto, John Lucas, el base de los Rockets de Houston tres veces sancionado por consumo de cocaína, dijo ante un Comité del Senado que «el problema de las drogas no se soluciona, evidentemente, con un eslogan sino con una lucha diaria de ayuda y apoyo a estos deportistas». Según Lucas, su propia experiencia fue que como deportista siempre deseó ser el mejor atleta y cuando llegó al consumo de cocaína también quiso ser el mejor adicto. La opinión de Lucas, de alguna manera es compartida por el resto de los profesionales que ven el problema de las drogas como algo generalizado, desde los jugadores más distinguidos de golf hasta los rudos del fútbol americano, pasando por el baloncesto, béisbol y hockey sobre hielo.

En el golf, donde se encuentran los atletas mejor vestidos y con clase, los directivos del circuito profesional norteamericano PGA han decidido que los jugadores puedan ir acompañados por su familia y han creado centros para el cuidado de sus hijos. Lucas, un ex-adicto a la cocaína que ahora trata de recuperar a sus compañeros de equipo Michel Wiggins y Lewis Lloyd, no comparte esta política pero dijo que no puede hablar al respecto. La NBA se lo ha prohibido. «La Liga me ha pedido que evite los comentarios y aunque deseo y me gusta hablar del tema, los directivos de la NBA piensan que es mejor que los mismos lleguen sólo a través del conducto oficial», declaró Lucas.

La postura oficial de la NBA al respecto es que «sabemos perfectamente que todos los jugadores tienen confianza en el programa antidroga y eso es lo más importante». Los hechos han demostrado que el Comisionado Stern con el apoyo de los jugadores ha logrado algunos éxitos que en otras ligas no han tenido en su lucha contra el consumo de drogas. El ejemplo son las tres pruebas a los rookies en su primer año como profesionales, pero las dudas sobre su validez persisten. Donde los directivos no han podido establecer un programa concreto antidroga ha sido en el fútbol americano y se teme que tampoco puedan hacerlo en un futuro inmediato.

Los jugadores, a diferencia de los del baloncesto, se niegan a tener ningún tipo de control y no quieren para nada oir hablar de este tema. Se sabe que el consumo de marihuana, alcohol y cocaína dentro de la Liga Nacional de Fútbol, NFL, se da de alguna manera en más del 50 por ciento de los jugadores, pero a oficialmente se ven imposibilitados para poder controlar tal realidad. En el béisbol el fenómeno es el mismo que el resto de los deportes profesionales. Hace varios años se podía ver como los vendedores de droga entraban de manera impune en los vestuarios de los jugadores para ofrecer su mercancia. La llegada de Ueberroth fue clave para eliminar el problema.

De manera automática prohibió que antes del partido hubiese nadie dentro del vestuario que no fuesen los jugadores y técnicos, y después sólo la Prensa. El esfuerzo del ex-comisionado se notó y hoy día el beisbol norteamericano tiene un mayor control sobre el consumo de alcohol y drogas. La Liga de béisbol tampoco tiene ningún programa concreto ántidroga, pero considera que lo más importante es educar al profesional para que sepa distinguir qué es lo que le puede perjudicar y cuál es la dirección correcta.

Mike Scott, uno de los mejores lanzadores de la Liga y que pertenece a los Astros de Houston, dijo que «si a una persona no se le enseña cuál es el camino correcto es inútil tratar de controlar sus acciones. Los problemas le surgirán de una u otra forma». Dentro del hockey sobre hielo, el ejemplo más claro del consumo de drogas lo dio Derek Sanderson, una figura que tuvo que retirarse antes de tiempo por el consumo de drogas y alcohol. Sanderson después de 13 años como profesional que lo llevaron a ganar una Copa , tuvo que retirarse y ahora diez años después completamente destrozado físicamente ha admitido que usó todo tipo de drogas, píldoras y bebidas alcoholicas. El último ejemplo de la suspensión por consumo de coca, que no cesa, es el del jockey hispano Patrick Valenzuela, 27 años.

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