31 octubre 2012

Mario Conde está de moda


El presidente de Banesto y el finaniero Jacques Hachuel forman en estos momentos la pareja de moda, la más deseada y odiada tal vez porque comenzaron sus «amores» en la clandestinidad del super lujoso chalet que el primer dueño de H Capital tiene en Puerta de Hierro, sin que sus rivales se enteraran, hasta que Hachuel compró parte de las acciones de Juan Abelló y prestó su apoyo público a Conde. Eran días, aquellos, en los que el presidente de Banesto soportaba una embestida más y su otro, jefe, socio y amigo emprendía la retirada hacia los cuarteles de invierno, cansado de «pelearse» con sus antiguos compañeros.

Jacques Hachuel, el viejo pirata de Phibro y Marc Rich, con un olfato muy especial para los grandes negocios y cada vez más embarcado en nuevas aventuras que supongan riesgos, emoción y, sobre todo, dinero decidió que quería y debía conocer al ambicioso abogado del Estado que se había hecho con presidencia de Banesto y aguantaba la fuerte marejada del Golfo. Antiguos compañeros de la fenecida UCD, ahora situados a ambos lados de la pareja, hicieron de solícitas Celestinas y, una noche, Mario Conde y Fernando Garro se trasladan al chalet de Puerta de Hierro. Saludan a Marta, la tercera esposa de Hachuel, y comienza la cena. Jacques quiere saber y Mario desplega todo su encanto. Al final, se quedan solos, en un mano a mano en el que perfilan una parte del futuro, su futuro.

Vendrá, de inmediato, su acuerdo en Urbis. La constructora se va a convertir en uno de sus «barcos» para desembarcar en el gran mar especulativo del negocio inmobiliario.

Después, y aprovechando la fuerza de Banesto y las acciones que posee en un buen número de sociedades, Hachuel lanzará sus misiles en busca del control en dos importantes sociedades, tal y como ya hizo en el Grupo 16 y que le hizo ganar un buen dividendo de la reventa, por un lado, y el juramento de odio eterno por parte del presidente del grupo editorial, por otro. La presencia en España de una compañía de seguridad israelí va a ser la excusa para golpear al duo en uno de sus flancos. La consigna es clara: romper la alianza. Hachuel siempre ha sido un francotirador, multimillonario y con relaciones a lo largó y ancho de todo el mundo, pero Conde no, Conde quiere el poder aquí, en España, en disputa permanente con los que le vieron nacer, crecer y convertirse en su rival. La «guerra sucia» está servida, con fotos, datos, encuentros amorosos que se filtran a los medios de comunicación.

La guerra política, también, tanto dentro del PSOE y el gobierno como dentro de la oposición. Todas las municiones sirven, y cada pedazo de terreno es defendido con uñas y dientes por aquel que lo ha conquistado. Conde ha conseguido «vivir» hasta ahora. Y Hachuel volver a sentir en toda su plenitud el factor riesgo, tal y como lo sintió en Nigeria o en Nicaragua. Los dos saben que en las próximas elecciones no sólo está en juego el futuro gobierno, también está una parte de su futuro. Y desean y apuestan y hasta «rezan» para que el PSOE no logre la mayoría absoluta o que, por lo menos, Solchaga no permanezca al frente del Ministerio de Economía y Hacienda.

Ahora tienen más margen de maniobra y si «aguantan» hasta 1992 la victoria será suya, aunque sea con pactos, a través de unos acuerdos como los de Yalta, que dieron paso a la guerra fría. Ya no se puede aplastar al oponente, arrasar la tierra, tan sólo herirle, obligarle a sentarse y firmar. En el gran Este hay sitio para todos. Jacques Hachuel, mientras tanto, seguirá reuniéndose en Banesto con los directores generales de Conde, en el madrileño paseo de la Castellana. No tiene cargos en el Consejo, ni en el organigrama del banco, pero manda, manda mucho. Y opina, opina mucho. Y planea y define estrategias. Los años sabáticos quedaron atrás, como quedaron atrás las fiestas con orquesta de cámara y el Madrid de la «gran movida» arrastrando sus huesos entre lo más granado del arte moderno.

30 octubre 2012

A la Juve no se toca


Mucho antes de exigir a Moscú un comunismo para cada país, Palmiro Togliatti, el histórico secretario general del Partido Comunista Italiano, ya había hecho otra importante declaración de principios cuando le sacaron a relucir la contradicción de que un comunista fuese «tifossi» del equipo del capitalista Agnelli: «La política es la política y el fútbol es el fútbol; no me toques a la Juve, compañero». Nilda Joti, presidenta del Parlamento italiano y compañera sentimental de Togliatti contaba una anécdota del político: cuando el Real Madrid pentaeuropeo fue a jugar un amistoso a Turin, el partido comunista inundó la ciudad de pasquines pidiendo a la gente no fuese al estadio a ver jugar a un equipo fascista.

Palmiro, que tenía unas ganas locas de ver jugar a Di Stefano, montó en santa cólera cuando se enteró en Roma de que su ilusión podía irse al garete y, haciendo buen uso del centralismo democrático, les dijo a los de la sección comunista en Turín que, como por su culpa no hubiese partido, podían darse todos por destituidos, oído lo cual los de la ejecutiva anduvieron de cráneo toda la noche dejándose las uñas en el arranque de pasquines. Grandes años los de la Juve. La Vieja Señora que entrena en unos destartalados campos de tierra batida circundados de alambradas herrumbrosas y horizonte de chimenas y nubes que, a vuelo rasante, ametrallan con «smog».

Allí he visto yo sudar, abrazado a «tifossis» sollozantes, a la vieja guardia del Mundial de España y de la tragedia de Heysel: el Zoff caballeroso, el Rossi chupagoles, el Scirea muerto hace poco tiempo en accidente de automóvil, el bello Cabrini, el pulmón Tardelli, el mago Platini, el finísimo Bettega... aún entrenados por el elegante Trapattoni que un año después ya haría al Inter de Milán campeón. La Italia rica del Norte ha dominado siempre sobre el fútbol de la Italia pobre del sur. Salvo la irrupción del Nápoles del gran año de Maradona o la temporada en el que el rubio Falcao hizo campeón a la Roma, entre la Fiorentina de los años cincuenta y la Juve, el Inter y el Milán de siempre se han repartido el «scudetto».

Este año, el Napolés del sur y el Milán del norte, la Italia pobre y la Italia rica ("!Forza, Vesubio!», se pintó en las paredes de Milán cuando la erupción del volcán, cual si el Vesubio fuese un bravo delantero rompedor de la defensa del Napóles) repiten la historia con un Inter que se descuelga y una Juve que en plena crisis ve como el fiel Boniperti hace las maletas y el patrón Agnelli se hace cargo personalmente de la remodelación del equipo. Dicen que es la mejor Liga del mundo e indiscutiblemente no hay en el mundo una con tantas estrellas, aunque en muchos casos los astros se devaluen en un juego defensivo, que aburre hasta al más fiel de sus seguidores.

La Liga ya cabe vaticinar que es cosa de dos: la máquina holandesa del Milan-Berlusconi, el engranaje más perfecto del actual fútbol europeo, frente al Nápoles del dúo Maradona-Careca, apoyado por San Genaro, dando espectáculo y polémica. Habrá que esperar al año que viene para ver si el Trapattoni que renueva por el Inter es capaz de volver a armar un gran equipo con la legión alemana y si el patrón Agnelli es capaz de encontrar algo de calidad en un mercado en el que hay mucha gente que toca bien la pelota pero muy poca que sea capaz de pasar el listón que separa a un buen jugador de un jugador excepcional. Palmiro seguro que aplaudiría el golpe de timón autoritario de Agnelli.

Una cosa son las huelgas que el PCI puede montar en la FIAT contra un capital que no da explicaciones a los obreros y otra distinta es la necesidad de mano dura para que el equipo recupere la gloria perdida. Nilda Jotti me contó también que una mañana en la que se reunía el comité central del PCI tras una jornada historica del Milán, Palmiro le preguntó al duro e histórico Pietro Ingrao: ¿Qué se dice en la calle del partido del Milán? Ni idea. - ¿Y cómo aspiras a ser un dirigente de masas si no sabes lo que hace el Milán? Lo oye Berlusconi, y llora.

29 octubre 2012

Mr. Hyde era macho o hembra


En el mes de junio de 1.981 murió en la ciudad de Londres la doctora Charlotte Bachs, eminente investigadora de la conducta humana en todo lo relacionado con el sexo. Esta mujer, húngara de origen, era una convencida líder de la libertad individual en estas materias y había escrito algunos ensayos que le hicieron ganar el respeto de muchos intelectuales. Llevada al depósito de cadáveres, dejó al descubierto una faceta de su personalidad: Charlotte Bachs era un hombre, se llamaba Carl Michael Blaise Augustine Hadju y había vivido una existencia de varón normal activo sexualmente, hasta una edad en la que había decidido convertirse en mujer. Este es el punto de partida fascinante de la obra Los inadaptados una curiosa peregrinación por los «vicios» secretos de muchas personas, famosas o no, que consiguieron mantener con dignidad y buena salud mental la doble personalidad que todos llevamos dentro y que sólo algunos osados se atreven a desvelar.

Mantener dos existencias distintas o vivirlas sucesivamente ha sido uno de los grandes tópicos de la literatura que unos, como Dostoievski resolvieron remitiendo a la esquizofrenia y otros, como Stevenson, recurrieron, de forma burda, al fácil expediente de las drogas. Pasando por los que, como Pirandello o Svevo, destruyeron la aventura, haciendo que la trayectoria fuera totalmente circular y convirtiendo la situación desconocida en remedo de la verdadera. No obstante, cuando Stevenson inventó a sus famosos Jeckill y Hyde abrió una puerta por la que se ha colado una inmensa legión de literatura policiaca.

Uno de los grandes tópicos de este género y del cine ha sido, precisamente, el desafío que representa para las fuerzas de la ley el descubrir presuntos culpables tras la máscara de la respetabilidad. Por lo demás, el malvado Mister Hyde aparte de ciertas costumbres bruscas, tales como apalear niños o ancianos, se distinguía por una desmedida afición a los asuntos venéreos más o menos mercenarios. El sexo de Mister Hyde es algo más que una sugerencia; es, en realidad, una auténtica intuición de por dónde han ido los tiros de la historia de los inadaptados. En casi todos los casos, las frustraciones sexuales y el deseo de colmar lo que la naturaleza reclama ha estado en el centro de esta poco común forma de vivir que alcanzó a seres tan diversos como un sargento de intendencia francés o a escritores como Byron, James Joyce o Mishima.

Colin Wilson, impenitente investigador de estas rarezas ha conseguido una obra que, como mínimo, puede calificarse de original e insólita. Es lástima que emplee un cierto tono admonitorio en el que hay un punto o dos de puritanismo. Seguramente, también le sobra algo de regodeo en las descripciones, lo que sin duda logra un mayor poder comercial para la obra pero rebaja el nivel de credibilidad. Desgraciadamente, la linea de separción entre el chisme y la descripción desapasionada no es fácil de encontrar y a Colin Wilson, a veces, se le pierden las fronteras.

28 octubre 2012

Antonio López no tiene quien le compre el cuarto de baño

El cuadro de Antonio López Dos fracmentos de cuarto de baño, estrella de la subasta de pintura moderna y contemporánea celebrada ayer en Madrid por Edmund Pel y Asociados, no logró obtener la cantidad estimada para su venta. Con un precio de salida de 60 millones de pesetas, se llegó a ofertar por él hasta 100 millones lejos de los 120 que le habían adjudicado los expertos. Lo mismo ocurrió con otros 10 de los lotes subastados.

Obras de Wifredo Lam, Oscar Domínguez, Salvador Dalí, Henri Moore, Antoni Tapies, Luis Gordillo, Victor Mira, Alfredo Fraile y Antoni Clavé se quedaron sin comprador. Según Edmund Pel, presidente de la casa de subastas, «la estimación de la obra de Antonio López se había hecho a partir de los precios alcanzados por otros cuadros del artista. El hecho de que no se haya vendido indica la timidez del sector privado y la ausencia de un coleccionista capaz de adquirirlo».

El tema del mismo, un inodoro y una ventana bastante sucios y descuidados, pintados con el esmero y la puntillosidad habitual del artista manchego, hacían presagiar a Edmund Pel que su lugar era «una gran colección pública o semipública. Al haberse abstenido el sector público, el cuadro se ha quedado aquí». Fueron sesenta y dos las obras que sí encontraron adjudicatario. El precio más alto fue obtenido por la obra Homúnculo, realizada por Manuel Millares en 1968 y que alcanzó los 37 millones de pesetas. Pied Aux Grafismes un óleo y grafito sobre lienzo pintado por Tapies en 1987 fue adjudicado por 35 millones.

El mismo precio alcanzó la obra Femme drappeé de Juan Gris. El tercer gran precio de la noche lo obtuvo el cuadro de Miquel Barceló Pintor de los astros, obra fechaza en 1982 y que llegó hasta los 19 millones de pesetas. Ocho millones y medio consiguieron los cuadros Composición, de Oscar Domínguez, y Juego de cartas de Ismael de la Serna, dos autores que se revalorizan a marchas forzadas. Es el caso también de Francisco Bores, dos de cuyos cuadros alcanzarón las cifras de 7 y 4 millones. El cuadro Flor I de Jose María Sicilia, uno de los más prometedores jóvenes pintores españoles, obtuvo 7 millones de pesetas en la puja. Obras de Manuel Mompó, Fernando Zóbel, Joan Miró, Luis Feito, Equipo Crónica y Hernando Viñes superaron los 5 millones de pesetas.

La sala de hotel Ritz en la que se celebraba la subasta se encontraba abarrotada de público, curiosos en su mayor parte. Al final de la misma Edmund Pel declaraba que «pese a la pequeña decepción que supone que algunas obras no se hayan vendido, está claro que el mercado sigue boyante y que despierta mas interés que nunca. Jamás se había visto tanto público en una subasta».

27 octubre 2012

Al final dimos con Luis Morcillo


Hasta llegar a este punto de la investigación del «caso Brouard», la Prensa ha jugado, una vez más, un papel clave. El 18 de junio de 1987, los periodistas Melchor Miralles y José Macca informaban del contenido de unas comprometedoras agendas de un industrial vasco, José Ramón Gómez Gracia, vinculado a los servicios de la Guardia Civil. Además, adelantaban el nombre de Rafael López Ocaña como uno de los dos presuntos autores materiales del crimen, que había sido reconocido mediante fotografías por Begoña Martínez, enfermera de Brouard y único testigo presencial del asesinato. La siguiente aportación de Miralles y Macca fueron las conexiones con el caso del único procesado, Juan José Rodríguez Díaz.

Las conexiones de miembros de la Guardia Civil con el crímen, puestas de manifiesto ahora por Cerdan y Rubio, se apuntaron desde el principio. El sargento Manuel Pastrana, relacionado con otros asuntos de «guerra sucia», declaró ante el juez instructor en enero de 1988. El 5 de mayo de 1988, Melchor Miralles y Ricardo Arques revelaban que Rafael López Ocaña, buscado por el juzgado instructor, aparecía también reclamado por un juez de Bayona como miembro del GAL. La pista fue una moto Ducati propiedad de Rafael López Ocaña, empleada para cometer un atentado en Bayona.

El 4 de julio de 1988, el periodista Carlos Bello entrevistaba en la revista «Tiempo» al mercenario Fernández Aceña, quien revelaba por vez primera el nombre de Luis Morcillo como uno de los autores del címen. En ese momento el juzgado comenzó a buscarle, tras reconocerle la enfermera. El 9 de enero de 1999, la juez Manuela Fernández pedía la captura de Luis Morcillo. Los días 23 y 30 de octubre, Juan Enrique Gómez informaba en la revista «Tribuna» sobre las actividades de Morcillo como estafador y traficante de coca.

26 octubre 2012

Sobre la sabiduría y la suerte


No son tan distintos, bien mirado, el Madrid y el Atleti. Este año están compartiendo algunas peculiaridades de relevancia nacional. Toshack y Clemente, junto con Cruyff, se han erigido en los máximos paladines del «sistema», esa entidad supraindividual y coactiva que vigila desde el cielo con su ojo de vidrio y empuña en sus manos un látigo y una plomada. Claro, que el de Toshack propende a la excentricidad, mientras que el de Clemente es reo de intransigencia.

Ambos, sin embargo, tienden al estrangulamiento de la agudeza y a conceptuar la victoria como una fruta salobre. Los dos entrenadores son charlatanes, aunque la facundia de Toshack es centrípeta y selectiva, y la de Clemente suele ser, a pesar de rapapolvos internos, exógena e iconoclasta. El galés censura, y el vasco acusa. Toshack emplea la fusta, y Clemente el lanzallamas. En lo que ambos se diferencian más es en sus respectivos presidentes. Mendoza ejerce de mordaza, y Gil de caja de resonancia. El uno controla los excesos, y el otro los atiza.

El mayor parecido del Madrid y el Atleti se daba en este partido. Compañeros de desventuras europeas, se asomaban del brazo al abismo, en una suerte de solidaridad entre contrarios. ¿Y qué parecido más estricto que el que experimenta el verdugo al mirarse en los ojos de la víctima? Y al revés. Pero, al final, cada uno se parece a su historia, - y lo que semejan similitudes resulta la diferencia definitiva. Lo que ha eliminado al Atleti es su fidelidad a un destino desnaturalizado. Lo que ha dado la victoria al Madrid es su reflejo en un ojo dorado. Demasiadas veces en los enfrentamientos entre ambos, los méritos no han servido más que para negarse a sí mismos su condición de guía y su aspiración de juez. El Atleti acataría los vaivenes de la fortuna si alguna vez lo favorecieran, sobre todo en sus enfrentamientos con quien no puede ser más que enemigo, dado el favoritismo pertinaz con que lo distinguen los astros. Pero es que la suerte no parece ser para los rojiblancos una hija bastarda del azar, sino de un dirigismo superior e intolerante.

El Madrid parece atraerla más que merecerla. Es un equipo imantado que salta al campo con una dosis de confianza que se nutre en parte de la que, con igual derecho, le correspondería al adversario. En ese sentido, su superioridad tiene tanto de innata como de adquirida, tanto de merecida como de usurpada.

Y esa característica se muestra especialmente decisoria en el caso de sus choques con el Atlético. Pero no toda la supremacía madridista es consecuencia de un esoterismo más o menos adicto. En los blancos hay tanta carga de sabiduría como de magnetismo. Y esa sapiencia la encarna, hasta representar con ella al equipo, Hugo Sánchez. El mexicano es la bomba que viene del cielo, la carga de profundidad y la trampa que se abre en el suelo. Esparce metralla y destila veneno. Con él en sus filas, el Madrid está a salvo de lo contingente y afiliado a lo consustancial. Que su procedencia sea el Atleti es para éste la definitiva justificación para su ira y su llanto.

25 octubre 2012

Esther no puede recibirle

La señora Esther no es otra que Esther Alonso Valenciano, amante de Francisco Paesa durante varios años, que reside en un piso de Aravaca registrado a nombre de Spicatto Ag (sociedad por acciones). Esta compañía fue creada por Paesa en Liechtenstein, la dirige Jack Pierre Aberlé desde Suiza y tiene como administrador único en España a un ciudadano llamado Simon Hilty. Jack Pierre Aberlé se ocupa también de Selwin Finance, constituida por Paesa en Panamá. Selwin Finance compró en 1987 tres pisos de Somosaguas a Vallehermoso S.A.

En esta operación, según fuentes policiales, intervino el comisario Heraclio López Sevillano, quien se ofreció a adelantar el dinero de la fianza. El pasado mes de junio, Selwin Finance vendió uno de los pisos, situado en la calle Solano. La venta la dirigieron el abogado Agustín Guardia y el gestor Belarmino Conde. Según explicaron personas que participaron en la operación «en un principio, a los compradores se les ofrecía que adquirieran la sociedad Selwin, a lo que se negaron. Aún hoy no han podido solventar todos los problemas relativos a la cédula de habitabilidad del piso y a los contratos de gas, luz, y demás.

Todo ha sido muy raro». Resulta extraño que cuando el juez Baltasar Garzón pidió al Ministerio de Hacienda datos sobre Francisco Paesa Sánchez, la respuesta fuera que jamás ha efectuado ninguna declaración. El nombre de Paesa debe aparecer en. Hacienda en el registro de inversiones extranjeras. Francisco Paesa, como ya informó la pasada semana este periódico, colabora con los servicios de información del Gobierno desde la década de los 60. Sus actuaciones más sonadas se produjeron con el PSOE en el Gobierno, pero cuando su amigo Francisco Laína ocupó la Dirección de la Seguridad del Estado también actuó con eficacia. 

Las fuentes policiales consultadas señalan que Paesa estuvo relacionado con una oscura operación de compra de un vehículo efectuada por Francisco Laína con un documento de identidad falso, aunque este extremo no ha podido ser confirmado documentalmente.

Lo cierto es que Francisco Laína fue denunciado el 13 de diciembre de 1982 ante el ministro de Defensa, Narciso Serra, por un sargento del grupo de Operaciones Especiales de la Guardia Civil. El escrito de denuncia señalaba que Laína había adquirido un vehículo Ford Capri matrícula M-8631-EM empleando la identidad falsa de Fernando Larios Garzón, DNI número 33.910.021, expedido en Madrid el 13 de marzo de 1979 por el equipo 1B, con domicilio en Paseo de la Habana 143. Casualmente, las iniciales F.L.G coincidían con el verdadero nombre, Francisco Laína García. La fecha de nacimiento era la misma que la de Laína (18 de mayo de 1936), así como la profesión de abogado.

Las señas de Paseo de la Habana correspondían a la Clínica San Ramón. El supuesto Fernando Larios Garzón mantenía relaciones con una ciudadana peruana llamada Isabel Anquero Manrique, pasaporte 50.224 y autorización de residente extranjera número 009961, con domicilio en Alberto Alcocer 41, piso 6 puerta 9. Curiosamente, ese domicilio pertenece a Francisco Laína, que en estos momentos ya no reside en él. 

Las fuentes policiales que informaron aseguraron que Francisco Paesa empleó el apartamento de Laína en Alberto Alcocer en alguno de los viajes que efectuó a Madrid antes de huir de la Justicia. Desde que el juzgado ha reclamado la captura de Paesa, Interior no ha aportado un sólo dato sobre él a la Audiencia Nacional, pese a ser un colaborador de los servicios de información.

24 octubre 2012

La señora vestida de rojo

La mujer de rojo es Nancy Reagan, la mejor embajadora que tuvo Ronald Reagan, durante, su mandato presidencial. Muchos de los grandes cambios que se están produciendo ahora en la escena internacional estaban en germen cuando Nancy se ganó al matrimonio Mijail & Raisa. Lo cuenta El País que publica en exclusiva las memorias de la ex primera dama. «Cuando conocí por primera vez a Gobachov, sentí cierta frialdad de su parte -confiesa Nancy- Sin embargo, durante la, cena se comportó de una fonrma más cálida. Desde aquel momento, cuanto más le he visto más me ha gustado». Curiosamente el juicio es contrario cuando se refiere a Raisa, que debía ser la «sargento» del matrimonio.

«Mientras Raisa tiende a ser seria, casi solemne, y se alza en protagonista incluso en, la mesa, su marido tiene un gran sentido del humor y no es excesivamente formal>>. A lo largo de aquella cena histórica, Reagan y Gorbachov aproximaron posturas. Nancy recoge la trastienda humana, la chispa, del acontecimiento histórico. «En un momento de la cena -cita El País las Memorias de Nancy -Gorbachov se volvió hacia mí y dijo. "Sabe ustesd, entre su marido y yo hay cierta ..." se detuvo obviamente para buscar la palabra adecuada. "Permítame ayudarle" le dije, "química". "Sí química"". "Ya lo sé. Soy muy consciente de ello, y mi marido también" "Es algo muy extraño" dijo Gorbachov. "Eso también lo sé", contesté. Entonces hizo una afirmación admirable.

"Conozco bastante bien su Constitución, pero desearía que su marido pudiera seguir en el cargo otros cuatro años más», Nancy le dió un toque personal a la Calsa Blanca. «Adquirí una nueva vajilla (..) porque ¡nadie había encargado una vajilla completa desde Truman!». Otro tema que dió mucho que hablar fue el de la ropa de la primera dama. «Procedo del mundo del cine -explica Nancy- en el que, al menos en mi época, no podías presentarte en público sin ir bien vestida». Su error fue no aclarar que pedía ropa prestada a los grandes modistos. «Cómo necesitaba más ropa, en las ocasiones especiales pedía prestado a alguno de mis modistas preferidos algún traje. Y ahí cometí un grave error, al no aclarar desde el principio, que iba a hacerlo así y que después de utilizar esos modelos los devolvería». No faltan en las memorias de Naney líneas de sombra, como por ejemplo el atentado que sufrió su marido en 1981. «"Nada puede ocurrirle a mi Ronnie, mi vida estaría acabada" escribí la noche del atentado en mi diario. Mi principal lucha durante los días críticos fue hacer que comiera. Cuando ya convalecía conseguí que mirara las noticias por la televisión, para hacerle ingerir algo de comida. Al menos lo intentó».

Cayó en la cuenta, de todo lo que había sucedido mucho después, cuando el presidente regresó a casa. «Entonces empecé a reflexionar y a darme cuenta de lo poco que había faltado para que lo perdiera. No pude evitar pensar en el hecho de que John Hickley (el que disparó) estaba obsesionado por la película "Taxi driver", que trata de un hombre perturbado mentalmente que va detrás de un político».

23 octubre 2012

Desde que tenemos el ordenador ya no se leen libros


No es un ordenador. Es un marciano. Estoy seguro de que es un marciano que ha entrado por el jardín y se ha instalado en la biblioteca de las enciclopedias (donde las tengo todas: todas las que tengo). La tecnología, los multimedia que denunciaba yo ayer mismo, la guerra de las galaxias, Batman y Bush me han enviado un primer marciano. Esto sólo puede ser el comienzo de la invasión. Socorro. Mi dacha tomada por los marcianos.

O es un marciano o es un ordenador que tiene un japonés dentro. Tras el primer susto, he probado a dialogar con él, a utilizarlo a mi favor, como hacía Napoleón con los generales enemigos. Pero el marciano/ordenador/criptonita me impone una ética tecnológica, una conducta lacónica y una mística de la impersonalidad. Todos los ordenadores son impersonales, objetivos y coñazo como Flaubert . Flaubert, hoy, hubiera nacido ordenador: ahí están Bouvard y Pecuchet. Como primer ejercicio de doma le propongo al marciano que hagamos juntos lo que más puede indignarle: un poema, un romance, que el octosílabo es la medida del castellano. Hasta el Quijote decía Juan Ramón Jiménez que empieza en prosa octosilaba.

Al enterarse de mi propuesta, al ordenador se le ha puesto lívida la pantalla, de terror o repulsión. Pero vamos a ello: y además romance agudo, que se joda (el ordenador, no el interesado): Corren rumores de fronda, mi querido don Narcís, de que le van a hacer pronto algo así como minís, minís como Pacordóñez, de los que van por ahí con asuntos exteriores que resolver al país. ¿Qué asuntos resolverás, ministro liliputí, si los sargentos te han puesto a que hicieras la mili? iAy qué fue de tu piano con las teclas de marfil, ay piano del presupuesto y la defensa atlantí! iAy qué fue de aquella OTAN para matar al mujik, ay tus glorias que ahora canto en romance andalusí! (El ordenador ruge, se atranca como una carreta, el marciano maldice en su idioma, «Fl, Ctl, F9, replace, salvar y seguir, salvar y seguir...» Yo creo que quiere salvarse, más algo así como «coño» en marciano, más los espasmos verdes y sintácticos de la pantalla. Este ordenador es de derechas. Pero sigamos, que ya hay medio romance): Mas no para aquí la cosa, mi querido don Narcís, que ya es usted el «tapado» para después de Felí, que dice que se retira a descansar en Seví. iAy qué será de la España y de la democrací cuando la rija hombre de armas como ya lo es don Narcís! ¿Para eso tanto roneo y tanto votar que sí, para esto la mayoría por un escaño escañí?

Para acabar como entonces, con un presidente amí de los grandes generales, de Bush y de su misil. iAy qué fue de tu piano, sinfónico de la mí, mejor serías director de nuestra Orquesta Nací, que tienen montado un cirio contra Halfter, el mi amí! Mejor márchate a una banda para tocar la ocarí o que te me hagan sargento de nuestra Guardia Civil. ¿Para esto tanta movida, ordenador de mi ví, que empezamos de sociatas y terminamos así? ¿Para esto don Pablo Iglesias y el marxismo leniní? Voces corrían por España y cuchillos por Madrid de que los équites vuelven a gobernar la nací, de que los milites llegan sobre las Autonomí, cuando deje don González de gobernar el país. Ya militar de paisano, nos mandará don Narcís. (Gañidos electrónicos, obstinaciones de hierro, toda la felinidad de las electricidades.

«Salvar y seguir». O sea que quiere irse. Esto no es precisamente la máquina de hacer versos de Juan de Mairena. Pero yo jamás he dejado un romance ni una columna sin terminar): Adiós, ministro del miedo, adiós, catalán bají, hola, Señor Presidente (el del Nóbel Asturí). Por qué tú precisamente. Cien mil hijos de San Luis escoltan hoy tu estatura por si al fin llegase el dí en que el ministro/soldado nos llegase a presidir. Porque hasta aquí hemos llegado el romance y la transí: a la sospecha marcial de si se van a fundir los rojos descamisados y los hombres del fajín. (Ya me he cepillado al marciano).

22 octubre 2012

Ya no quedan insumisos


Ellos no quieren hacerla Son muchos, tantos que al político le brillaban los ojillos al pensar en ellos y venga a prometer y prometer: «Que te la quito», «que te la rebajo», como el chupachús con que el Lobo engañaba a la Caperucita. Son ellos, los adultos, los ya «iniciados», que agacharon la cerviz a su debido tiempo ante el desplante chulapón del sargento o los caprichos patrioteros del capitán, los que ahora ven virtudes de «hombría» en esos meses de «marchen, un dos». Que allí se hacen como hombres, dicen. Y algo de razón debe haber en el dicho si el «como hombres» supone asunción del yugo, de la obediencia, la disciplina ciega y la «norma social» que, ya se sabe, es arbitraria, contumaz e implica jerarquías.

La mili es así rito de iniciación -tan brutal como las pruebas sufridas por el hombre llamado caballo- para que el joven salga de allí preparado para el trabajo en cadena, la oficina siniestra y el ganarás el pan con el sudor en una frente que de ahora en adelante deberá ..estar inclinada e igual que en esos relieves 'medievales donde el artesano mira a su faena y frunce un labio triste de aceptación y «qué le vamos a hacer». Luego están los otros, los que disfrazan el discurso con ribetes «progres» y dicen mejor obligatorio que profesional. Como si el ejército no fuera ya profesional, como si el soldadito no fuera sólo «carne de cañón», número que soporta guardias, desfiles y en todo caso intervenciones esporádicas allá donde existen las guerras llamadas «chicas» o de desgaste. Cuando existe una declaración del Parlamento Europeo recomendando la objeción automática de conciencia, cuando más de 20.000 jóvenes esperan una amnistía o un destino, cuando una encuesta revela hoy que más del 80% de los jóvenes vascos -¿curioso, no?- reniegan del servicio militar y en Lérida acaban de detener a un muchacho que quiso ser objetor y no le dejaron, resuenan como hojarasca batida por el viento las promesas de hace sólo unos días.

Ahora habrá que esperar a que Serra, Barrionuevo o el que venga vuelva a acordarse de esos jóvenes a los que tanto quiso en el momento de la campaña Déseles trabajo y enseñanza que no fusil. Y como sarna con gusto no pica, que nadie tiemble, siempre habrá quien la haga.

Drogas de procedencia norteamericana

A través de todos los medios de comunicación norteamericanos ya se ha hecho popular el famoso eslogan «Just say no», o, lo que es lo mismo en castellano, «Simplemente di no» a las drogas, especialmente dentro del mundo de los deportes profesionales. Pero tal vez el eslogan debía utilizar mejor la expresión «maybe», (depende) ya que decir «no» significa una abstinencia total en todo tipo de uso y consumo de drogas, y para muchos el fumar marihuana, tomar alcohol o tener una vida sexual excesiva entra dentro de lo normal.

Aquí es donde radica el grave problema para los distintos dirigentes del deporte profesional norteamericano, que ven cómo, partiendo de esas premisas, tomar cocaína o heroína es el siguiente paso. Un factor importante en el incremento del consumo de drogas y alcohol, especialmente de este último, es que las grandes compañías de bebidas alcohólicas se han convertido en las casi exclusivas patrocinadoras de los grandes eventos deportivos y el continuo bombardeo de anuncios en televisión es aterrador.

Se piensa que un niño norteamericano entre los 7 y 18 años puede llegar a ver más de 100.000 anuncios de cerveza por la televisión y, como es lógico, entre esos niños se encuentran los futuros deportistas profesionales. Dentro del béisbol, en los últimos años, dos de sus grandes figuras uno retirado, Steve Garvey que jugó 17 años con Los Angeles Dodgers y San Diego Padres, y Wade Boggs de los Red Sox de Boston, pusieron en evidencia la dependencia que tenían del sexo.

A Garvey, un deportista que siempre dio una imagen perfecta ante el gran público como padre de familia, hombre de creencias religiosas, conservador y aspirante a senador republicano se le descubrió que tenía dos hijos ilegítimos con dos mujeres diferentes, mientras se casaba con otra tercera. Lo de Boggs era que, mientras su mujer e hijos se quedaban en casa, él viajaba a todas las partes con Margo Adams, la mujer que luego lo demandó por 12 millones de dólares al «pillarle» con una tercera mujer que no era su esposa. El propio Boggs confesó que necesitaba hacer el amor a cada momento y se había convertido en una enfermedad.

El deportista que cautivaba al público con su comportamiento obsesivo para entrenar y comer pollo antes de cada partido terminó con la misma obsesión, pero por las faldas. En baloncesto, John Lucas, el base de los Rockets de Houston tres veces sancionado por consumo de cocaína, dijo ante un Comité del Senado que «el problema de las drogas no se soluciona, evidentemente, con un eslogan sino con una lucha diaria de ayuda y apoyo a estos deportistas». Según Lucas, su propia experiencia fue que como deportista siempre deseó ser el mejor atleta y cuando llegó al consumo de cocaína también quiso ser el mejor adicto. La opinión de Lucas, de alguna manera es compartida por el resto de los profesionales que ven el problema de las drogas como algo generalizado, desde los jugadores más distinguidos de golf hasta los rudos del fútbol americano, pasando por el baloncesto, béisbol y hockey sobre hielo.

En el golf, donde se encuentran los atletas mejor vestidos y con clase, los directivos del circuito profesional norteamericano PGA han decidido que los jugadores puedan ir acompañados por su familia y han creado centros para el cuidado de sus hijos. Lucas, un ex-adicto a la cocaína que ahora trata de recuperar a sus compañeros de equipo Michel Wiggins y Lewis Lloyd, no comparte esta política pero dijo que no puede hablar al respecto. La NBA se lo ha prohibido. «La Liga me ha pedido que evite los comentarios y aunque deseo y me gusta hablar del tema, los directivos de la NBA piensan que es mejor que los mismos lleguen sólo a través del conducto oficial», declaró Lucas.

La postura oficial de la NBA al respecto es que «sabemos perfectamente que todos los jugadores tienen confianza en el programa antidroga y eso es lo más importante». Los hechos han demostrado que el Comisionado Stern con el apoyo de los jugadores ha logrado algunos éxitos que en otras ligas no han tenido en su lucha contra el consumo de drogas. El ejemplo son las tres pruebas a los rookies en su primer año como profesionales, pero las dudas sobre su validez persisten. Donde los directivos no han podido establecer un programa concreto antidroga ha sido en el fútbol americano y se teme que tampoco puedan hacerlo en un futuro inmediato.

Los jugadores, a diferencia de los del baloncesto, se niegan a tener ningún tipo de control y no quieren para nada oir hablar de este tema. Se sabe que el consumo de marihuana, alcohol y cocaína dentro de la Liga Nacional de Fútbol, NFL, se da de alguna manera en más del 50 por ciento de los jugadores, pero a oficialmente se ven imposibilitados para poder controlar tal realidad. En el béisbol el fenómeno es el mismo que el resto de los deportes profesionales. Hace varios años se podía ver como los vendedores de droga entraban de manera impune en los vestuarios de los jugadores para ofrecer su mercancia. La llegada de Ueberroth fue clave para eliminar el problema.

De manera automática prohibió que antes del partido hubiese nadie dentro del vestuario que no fuesen los jugadores y técnicos, y después sólo la Prensa. El esfuerzo del ex-comisionado se notó y hoy día el beisbol norteamericano tiene un mayor control sobre el consumo de alcohol y drogas. La Liga de béisbol tampoco tiene ningún programa concreto ántidroga, pero considera que lo más importante es educar al profesional para que sepa distinguir qué es lo que le puede perjudicar y cuál es la dirección correcta.

Mike Scott, uno de los mejores lanzadores de la Liga y que pertenece a los Astros de Houston, dijo que «si a una persona no se le enseña cuál es el camino correcto es inútil tratar de controlar sus acciones. Los problemas le surgirán de una u otra forma». Dentro del hockey sobre hielo, el ejemplo más claro del consumo de drogas lo dio Derek Sanderson, una figura que tuvo que retirarse antes de tiempo por el consumo de drogas y alcohol. Sanderson después de 13 años como profesional que lo llevaron a ganar una Copa , tuvo que retirarse y ahora diez años después completamente destrozado físicamente ha admitido que usó todo tipo de drogas, píldoras y bebidas alcoholicas. El último ejemplo de la suspensión por consumo de coca, que no cesa, es el del jockey hispano Patrick Valenzuela, 27 años.

21 octubre 2012

Para mi las elecciones son un día de fiesta

Es durante las campañas electorales cuando nos damos cuenta de que los políticos no son pobres ignorantes que desconocen cómo es la vida y lo que quiere esa resignada mayoría silenciosa a la que representan. Los partidos hacen un verdadero esfuerzo de acercamiento para llegar a las necesidades de los ciudadanos. A todos tienen algo que ofrecer, lo que significa que saben muy bien lo que no tenemos. Y ofrecen cosas concretas, reales, necesarias. Trabajo para los desesperados del paro. Protección para las mujeres discriminadas, violadas o agredidas en sus casas. Reducción de la mili para los chavales. Vivienda para todos los que no pueden comprarse una casa y tienen que dar más de la mitad de su sueldo a otro que tiene cuando menos dos. Cama en la habitación de un hospital para los enfermos. Respeto a la calidad de vida de los ancianos. Carreteras para los viajeros. Seguridad ciudadana para los inseguros...Hay para todos.

Al final, cuando uno termina de leer un programa electoral se siente comprendido. Instantes después se sacude la efímera emoción y descubre que los políticos no son pobres ignorantes de la realidad, sino amnésicos temporales a los que sólo ilumina la luz de la memoria unos días antes de los comicios. Que sólo te piensan cuando te necesitan. Después se ocupan de los grandes temas, que si Europa, que si la Banca, que si las estadísticas... Esas cosas tan importantes que nosotros, los auténticos ignorantes, no podemos entender. Y, claro, no hay idilio. La inmensa mayoría silenciosa, como una mujer abandonada y sola, deja de creer. Y se va al cine a ver una de no pensar y comer palomitas, mientras el otro se acuesta con Europa, o con la Banca, o con la de más allá. En definitiva, con la más guapa.

20 octubre 2012

Angel Villar es un violador

Angel Villar ha obligado a Plaza a que le entregue las calificaciones concedidas el año pasado a los árbitros que aspiran a ser internacionales. El Comité de Arbitros seleccionó diez colegiados para ocupar las plazas españolas, entre ellos Urío Velázquez y García de Loza, que han sido incluidos por primera vez. Además del guipuzcoano y el gallego, la lista de nombres propuestos está formada por Soriano Aladrén, de Madrid; Ramos Marco, de Castilla y León; Urízar Azpitarte, de Vizcaya; Enríquez Negreira, de Cataluña; Martín Navarrete, de Andalucía; Merino González, de Las Palmas; José Francisco Pérez Sánchez, de Murcia, y Pes Pérez, de Aragón. El Comité Nacional de Arbitros, que preside José Plaza, es el encargado de enviar la propuesta a la Federación, quien la aprueba y la remite a FIFA. El organismo mundial, de la lista enviada, escoge los hombres que cree oportunos. En el caso de España suelen ser siete.

La novedad este año es que Angel Villar ha pedido al Comité arbitral, es decir a Plaza y a su mano derecha, Vicente Acebedo, que se le envíe por escrito la calificación de cada uno de estos árbitros, para comprobar si, efectivamente, son los que mejor temporada realizaron el pasado año. La petición va un poco más allá que el propio deseo federativo de conocer esas puntuaciones y hay que tomarla como una batalla más de la guerra casi personal que mantiene el presidente de la Federación con el del Comité de Árbitros. Plaza es el único directivo actual del fútbol español que supervive desde los tiempos de Pablo Porta Bussoms.

El peculiar sistema electoral y el férreo control que mantiene con los árbitros -a los fieles, el cielo; a los infieles, el infierno- ha permitido al actual presidente mantenerse en el cargo más de veinte años, en distintos periodos. Por encima, incluso, del famoso «Decreto Solana», que acabó con el omnímodo poder de Porta en la Federación. Los miembros del pleno por el estamento arbitral votaron masivamente a Villar en las elecciones que le dieron la presidencia, pero no por simpatía hacia el candidato, sino por no entregar el sufragio a su rival, Herrera, al que creían mucho más peligroso para sus intereses. El bilbaíno parecía más manipulable, aunque se confundieron.

La lucha de Villar por «desmontar» al presidente del Comité Arbitral, y a la estructura que tiene formada en torno a él, está jalonada de pequeñas escaramuzas, dentro del objetivo principal marcado, que no es otro que acabar con lo anterior y partir desde cero, tanto en España como en los organismos internacionales. Uno de los combates ganados por el actual «establishment» federativo ha sido la inclusión de un hombre, el ex colegiado Victoriano Sánchez Arminio, en el comité que designa los árbitros idóneos para cada partido. El año pasado el órgano -el verdadero «poder»- era unipersonal porque lo formaban Plaza y Acebedo. Y está bien empleado el término «unipersonal», porque en estos asuntos ambos son la misma persona.

La inclusión de Sánchez Arminio es otra carga de profundidad federativa para Plaza. A nadie se le oculta de que se trata del candidato oficioso para sustituir a Plaza en San Agustín, 3. El ex colegiado no rechazaría la posibilidad, siempre y cuando fuese un cargo remunerado. Sánchez Arminio debería dejar temporalmente su trabajo en Santander para residir en la capital de España.

19 octubre 2012

A Jack Kerouac le gustaba el vino más que a un tonto un lápiz


Jack Kerouac murió hace veinte años. Exactamente el 21 de octubre de 1969. De una hemorragia abdominal, y en St.Petersburg, Florida, adonde se había trasladado un año antes con su tercera mujer y su madre inválida. Trabajaba en una nueva novela: un estudio surrealista de los últimos diez años de su vida. Se lamentaba porque todavía no había conseguido escribir «la gran novela norteamericana» que, desde el principio de su carrera como novelista se había propuesto. Y sin embargo, era uno de los grandes mitos literarios de su época. Autor de una novela, «En el camino», que vale por toda una corriente literaria. «Rey de los beatniks», un título que él rechazaba. Y padre de toda una generación de jóvenes .que, a pesar de los deseos del propio Kerouac, habían leído sus libros, no como literatura, sino como aventura. Y es que «En el camino», ese relato autobiográfico donde el viaje, el desplazarse de un lugar a otro, adquiere caracteres épicos, sería el libro de cabecera de aquellas hordas de jóvenes y no tan jóvenes.

Eran los beatniks, los hippies, los «pasados» en general, que en los años sesenta decidieron que lo único que merecía la pena era vivir, vivir hasta sus últimas consecuencias. Sin limitaciones, sin convencionalismos, más allá de las normas imperantes. Para salvarse o hundirse, pero aquí, porque no hay ningún futuro, sólo presente. Algo que todavía parecen compartir los innumerables lectores actuales de sus obras, que se siguen reeditando -también en España-, y han terminado por adquirir el estatuto de clásicas. «En el camino», una novela aparecida en 1957, catapultó de inmediato a la fama a su autor, que nacido en Lowell, Massachussetts, tenía ya 35 años.

Antes, y casi a partir de su nacimiento en 1922, Jack Kerouac había querido ser escritor. Educado en un colegio católico, estudió después brevemente en la Universidad de Columbia, Nueva York, donde se haría amigo -y ya para siempre, o casi- del poeta Allen Ginsberg. También, del también novelista William Burroughs que, junto a él y otros individuos nada recomendables -yonquis, ladrones de coches, borrachos, antiguos delincuentes juveniles- iban a ser los más conocidos representantes de lo que se conoce por «Generación Beat». Unos sujetos que, en los Estados Unidos de América, y durante los años 40 y 50, al ver que vivían en el peor de los mundos posibles, decidieron rechazar todas las categorías, todos los juicios morales que se basasen en otra cosa que no fueran sus propios comportamientos.

Su héroe, el beat por excelencia, fue Neal Cassady. Un tipo que recorría su país de Costa a Costa en coches robados, prestado, haciendo autostop... «Sus candilejas eran las luces del tablero, sus focos las de los coches que venían en sentido contrario... se limitaba a desplazarse por la sociedad ávido de pan y amor». Así lo describe Kerouac, que le acompañaría en muchos de esos viajes y, con el nombre de Dean Moriarty, le convertiría en el protagonista absoluto de «En el camino». En esta novela se recoge la vida de ambos amigos -el escritor y el enloquecido conductor- durante los años en que viajaban por su país, se instalaban en la ciudad de México, o Kerouac trabajaba recogiendo fruta, de vigilante de incendios, como marinero. Pero siempre moviéndose, siempre apurando la vida.

«En el camino» fue escrita en tres semanas frenéticas de 1951, sobre un rollo de papel de teletipo, sin corregir, con ayuda de anfetaminas y por medio de la «prosa espontánea»: un estilo que, según Kerouac, había aprendido de los grandes músicos del bop, como el gran saxofonista y héroe de esta corriente de jazz Charlie Parker. Un amigo, en cuya casa escribió el libro, dijo: «Kerouac escribía sin parar ni un minuto. Yo trabajaba todo el día.

Me levantaba por la mañana con el ruido de su máquina, y cuando volvía por la noche, aún estaba escribiendo. Y cuando me iba a la cama, seguía tan campante. Imagino que a veces ha debido detenerse para comer o dormir, pero yo no lo puedo asegurar». Ante el asombro de Jack Kerouac, absolutamente convencido de la genialidad de su obra, varios editores rechazaron el «máquina-escrito» en el rollo de papel de «En el camino». Durante los seis años siguientes Kerouac corrige la novela, viaja incesantemente y escribe lo que se le pasa por la cabeza -dirá él mismo. El resultado es que, cuando en 1957 publica «En el camino», además había escrito otros diez libros más -algunos poemas- que aparecerán a continuación de su primer y mayor éxito. En uno de ellos, «Los subterráneos» -discutible que sea su mejor novela, pero seguro que es la más emocionante e intensa, con una prosa nerviosa y desgarrada presenta un fresco de días y noches habitados por el jazz, el alcohol, la droga, en la California de 1953. El protagonista, que es otro alter ego de Kerouac, cabalga la desesperación más absoluta y las ilusiones más descabelladas, al contar en primera persona sus amores y, sobre todo, el fin de éstos, con una joven negra yonqui y esquizoide: la inolvidable Mardou.

Otra de las novelas que Kerouac escribió en esos años y que, como la anterior, apareció en 1958, es «Los vagabundos del Dharma». Centrada en la búsqueda del significado auténtico -el «Dharma»- por parte de unos jóvenes aprendices de escritores, febriles y desharrapados en la California de los años 50, expresa la comunión con la naturaleza en la cima de altas montañas, la fraternidad y la poesía. Y todo en un ambiente de vino, marihuana y orgías que, en sus peores momentos, queda dominado por un franciscanismo contemporáneo de una molesta verbosidad y bastante blandenguería. Pero por entonces, Kerouac se había convertido en una estrella de la literatura, y no lo pudo soportar. Aislado, alcohólico, incluso se niega a ver a sus antiguos amigos beats, a los que llega a acusar de peligrosos revolucionarios. Total, que con el éxito de «En el camino», se inicia la decadencia de Kerouac.

Jack Kerouac pierde su impulso creador, y aunque trabaja en sus manuscritos y publica algunos artículos en revistas, cada salida de su casa -primero en Long Island, y luego en su nativa Lowell, adonde se trasladó en 1964, es peligrosa. Siempre se emborracha a morir y termina consiguiendo que le peguen. Todavía publicaría, sin embargo, un par de novelas interesantes. Big Sur, donde relata un viaje en circunstancias desesperadas a San Francisco, en 1960. Allí volvió a encontrarse con Neal Cassady, que había pasado dos años en la cárcel por posesión de marihuana, pero ya nada fue igual. «Un viaje más, y estoy liquidado» -escribe en el libro, anunciado como el «Crack-Up del Rey de los beats», para sugerir que la función de Kerouac en la historia de la cultura norteamericana, presentaba muchas similitudes con la de Scott Fitzgerald, al escritor que había sido guía de la generación de la primera postguerra, la llamada «Generación Perdida».

Empeñado en una religiosidad desesperada, en 1965 escribe Satori en París, una novela que empieza así: «En un determinado momento de los diez días que pasé en París recibí el satori -palabra japonesa que significa «iluminación súbita», que parece haberme vuelto a cambiar y me proporcionará una norma de vida para los siguientes siete años o más». Es discutible que Kerouac recibiera tal iluminación. No que ésta llegara a durar los siete años previstos. Y simplemente porque murió cuatro años después de escribir eso «La Generación «beat» -dijo Kerouac- fue una frase que utilicé en mi novela para describir a los tipos que circulaban en coches por todo el país en busca de trabajos raros, novias y diversión».

18 octubre 2012

Las últimas tres décadas prodigiosas


Hay una crítica literaria volandera, flor de un día o del diario que mañana ya no estará en el puesto de periódicos. Quienes la practican, suelen renunciar a descubrir, por motivos de lugar y tiempo, los mecanismos ocultos de los poemas y relatos; ni siquiera se aventuran, víctimas de una equivocada o justa humildad, a ejercer de espejos sobre los que fulgure el presumible esplendor de la escritura ajena.

Han asumido la función crítica como el arte de manejar y repartir adjetivos y son más precisos y prácticos cuando menos recurren a disfraces teóricos o retóricos. Los mejores se convierten en catalizadores del sentido común y alumbran epítetos que los sintetizan en pocas sílabas: ningún calificativo abundó tanto en las reseñas literarias de los años 60 como la voz lúcido. No había autor bien arropado que no poseyera el don de la lucidez. Pero, aunque no lo parezca, una enciclopedia acecha detrás de cada adjetivo: el diccionario, como un horóscopo imprevisto en el que las palabras son los astros, nos avisa que los lúcidos son brillantes y claros en el razonamiento y la expresión, dotados de agudeza, de ingenio y desembarazo para desenvolver tesis increíbles.

Una simple etiqueta -lúcido- transparentaba una concepción del escritor entendido como oráculo y vidente, capaz de discurrir con extraordinaria perspicacia. La literatura, dentro de la tradición del Siglo de las Luces, surgía como foco de inteligencia frente a la negra brutalidad franquista. Se resaltaba la excepcionalidad del literato: lucidez también significa intervalo de calma y juicio en mitad de dos accesos de locura o fiebre; en años en los que el mundo entero era un hospital, el sentido común ilustrado atribuía el papel de médico a novelistas, ensayistas y poetas. En los 70, el mundo fue un hospital donde todos deseaban cambiar de cama. En Europa, 1970 empezó en mayo de 1968 e inauguró una década de episodios tan rutilantes como la caída de las dictaduras en Grecia, Portugal y España.

Un crítico lúcido enarboló entonces el adjetivo corrosivo, y los lectores y espectadores tuvieron un rótulo para colgárselo a libros, películas, piezas de teatro e incluso esculturas. El arte de calidad era afilado, mordaz, agresivamente irónico, incisivo; una sustancia que en contacto con la realidad aborrecible la alteraba y desorganizaba. Llegaba, tras la reflexión, la hora de los hechos heroicos. Cuando, ya en los 80, las clases más o menos cultivadas aceptaron al unísono que el mundo no es inhabitable sino inevitable, acabaron por darles la razón a sus mayores; no hay nada como ser rico y egoísta.

Mientras los residuos de la cultura casuística se evaporaban sobre la carrocería blindada del tanque, críticos corrosivos y lúcidos reconocían y desempolvaban la cara agradable de la literatura: un libro debía ser tan animado como la cancha de tenis o la discoteca. Una novela es útil si actúa como un alegre pasatiempo, un poema funciona si me resulta divertido. La fábrica de los adjetivos lanzaba divertido, la marca estética y crítica de la nueva edad. Los que pensaban que la literatura es un modo de jugarse el tipo, veían identificada, al pie de la letra, tan romántica idea: una profesión sedentaria y alejada de los gimnasios y el aire libre ha de ser, sin duda, un peligro para el cuerpo.

17 octubre 2012

Vente por la izquierda


La sola presencia de Luis Gómez Llorente, ayer, en un mitin de zona de la coalición Izquierda Unida (IU) habrá hecho, sin duda, temblar los cimientos de la casa donde naciera Pablo Iglesias, en el número 68 de la madrileña calle de Ferraz. Aunque aún es pronto para intuir las consecuencias que en la izquierda española -socialista y comunista- puede tener la súbita reaparición política, después de una década de ostracismo voluntario, de un hombre admirado y respetado como pocos en el seno del PSOE, no dejan de sorprender que su regreso desde el silencio se haya producido en un acto de IU en el que participaron su compañero de lucha, Francisco Bustelo, y el dirigente de CCOO, Javier Doz, que comparte con Gómez Llorente el objetivo de lograr un enseñanza pública digna en este país. El regreso del dirigente socialista es, en cualquier caso, una muy buena noticia para la clase política española, necesitada de hombres como él que entienden el ejercio de la cosa pública como un medio y no como un fin, como un instrumento y no como una profesión, como una actividad temporal que, probablemente, es necesario abandonar cuando se intuye que puede contaminarla un exceso de pragmatismo.

Vuelve un marxista que disputó a Felipe González en el XXVIII Congreso del PSOE la primogenitura ideológica de la organización. Vuelve un útopico, en el sentido más noble de la palabra, que hace bien poco recordó a Javier Solana, cuando éste le impuso la gran Cruz de Isabel la Católica, los riesgos de no alzar la vista más allá de una legislatura. Vuelve el político que calificó de «socialcristianas» las resoluciones del último congreso del Partido Socialista. Vuelve el sindicalista que apoyó la huelga general del 14-D, en contra de la recomendación de su partido, y participó en la manifestación unitaria de CCOO y UGT que se celebró en días después. Recordar que fue, junto a los Bustelo, Castellano, Puerta o López Riaño, el principal defensor de un «corpus» ideológico de inspiración marxista para el PSOE no es ahora inútil, como no lo es saber que situó a Felipe González ante una tesitura tal, que hizo a éste presentar la única dimisión que se le conoce, al final del famosos congreso ya citado. Tampoco debe ser ocioso insistir en que fue artífice e inspirador de la corriente izquierda socialista, de la que, actualmente, era su guía espiritual, el punto de referencia a quien se dirigían las miradas de los críticos en los momentos más difíciles.

Al margen de cuales sean las primeras valoraciones viscerales sobre su regreso, sin duda sus compañeros, los que ahora están fuera y los muchos que permanecen fieles a la disciplina socialista, encontrarán en su gesto de ayer un serio motivo de reflexión, y seguramente el presidente del Gobierno Felipe González, que ha mantenido intacto su respeto por la desaliñada figura de éste profesor alcalaíno, se preguntará el por qué de una vuelta tan por la izquierda.

16 octubre 2012

Que son cuatro horas

Poco más de cuatro horas. Largas cadenas de pesadas barcazas siguen su camino lentamente río arriba. LLueve todo el día y se estropea el panorama. Entonces hojeamos el material esencial de lectura: Patrick Leigh Fermor (Un tiempo de regalos y Entre las maderas y el agua), por sus evocadores relatos de viajes en la Hungría y Rumania de entreguerras; Claudio Magris (Danubio), por sus brillantes ensayos sobre todos los aspectos de la vida y cultura del Danubio (hay traducción española en la editorial Anagrama); y la Rough Guide de Hungría, Rumania y Bulgaria (de Dan Richardson y Jill Denton), por sus conocimientos enciclopédicos, sus refrescantes puntos de vista y su ingenio y estilo. A intervalos a lo largo del río, la muchacha de la Compañia Naviera Húngara (en cuyo hidrofoil viajamos) da una chovinista explicación de los márgenes del río. Aquí a la izquierda está la ciudad eslovaca de Bratislavia, o, como ella aclara, «la antigua capital de Hungría». Más allá, a lo largo de la ribera norte, se extiende Komarno, «húngara hasta 1920», recuerda pesarosa. Es una oportuna introducción a los incipientes nacionalismos de la región.

El contacto entre el margen eslovaco y el húngaro es caprichoso y espasmódico. La viga del puente de Esztergom (en medio del cual Leigh Fermor se demora lánguidamente al final de su tercer volumen), que fue destruido en la guerra, no ha sido remplazada. Al cabo de tres horas aparece el famoso Danubio Bend, con colinas que descienden hacia el agua por ambas orillas. Son las huellas agonizantes de los Cárpatos. El río describe una amplia curva hacia el sur y enseguida el barco atraviesa por debajo los puentes de Budapest. La endeble embarcación gira, da la vuelta y apunta río arriba para atracar en Pest. Llegamos a tierra en una barcaza, pasamos rápidamente un indiferente control de pasaportes y equipajes y forcejeamos entre un reducido grupo de hombres que ofrecen taxis, «wechsel» (cambio de moneda) y hospedaje. Está oscuro y llueve a cántaros. Cruzamos el río hacia Buda por el puente de la Libertad.

Hay un inmenso y muy ornado edificio que parece un baño turco. Lo es. Pero es también la entrada lateral del Hotel Gellert, una extravagante creación de antaño, de cuando el almirante Horthy, un dictador de la Hungría de entreguerras, lo puso en funcionamiento en 1920. Pronto conseguimos una habitación con balcón en el segundo piso, con minibar y vídeos pomo en inglés y alemán para dar gusto a su clientela. Este es el discreto encanto del comunismo «goulash». A través de la lluvia, más allá del río, se ve la romántica Pest, con dos enormes y nuevos hoteles norteamericanos en la ribera. El monstruoso Hilton, en las laderas de Buda, queda afortunadamente fuera del campo de visión. No se trata de la destrucción que el presidente Ceaucescu de Rumania ha hecho en el antiguo casco urbano de su ciudad. La reformista Hungría lo está haciendo muy bien.

15 octubre 2012

La guerra deja siempre sus rencores


Una mujer con velo camina junto a su pequeña hija a través de los rieles del tranvía en el centro de Budapest, cuatro pasos por detrás de su marido. ¿Es el Este o el Oeste? En la ciudad de Debrecen, a un par de horas por tren al nordeste de allí, dos judíos caminan calle abajo con su sombrío atuendo negro. Los rizos del más joven casi le llegan a los hombros. En un banco del parque de la ciudad, una gitana muy joven da el pecho a su hijo, y su marido la golpea en la cara. Musulmanes, judíos, gitanos. Esto parece una habitación de la «casa común europea» con un aroma desconocido y uno recuerda de pronto la antigua observación de que el Este comienza a las puertas de Viena. ¿Cuánto sabemos de la Europa islámica?

¿No están siendo expulsados de Bulgaria los últimos musulmanes? ¿No fueron aniquiladas las comunidades judía y gitana en Auschwitz? Hungría, con sus diez millones de habitantes industriosos y étnicamente diversos, se supone que es distinta: es el país del Este que ha establecido lazos más estrechos con el Oeste, su partido comunista tiene las tendencias más claras hacia la socialdemocracia, se trata del primer régimen comunista que, por la gracia del cielo, podría ingresar en el Mercado Común.

Y esto es obviamente parte de la historia. Casi de improviso me encuentro frente a la idea de Europa Central que me había descrito el historiador Zbynek Zeman -un producto de Checoslovaquia y Oxford-, a quien teníamos que ver en Austria. Zbynek habla de «la peculiar frialdad» de la Europa del Este. Lejos de ser fríos, como ocurre en el Oeste, ellos nunca se han sentido así y están lejos de serlo. En su libro más reciente, Perseguido por un oso (Chatto & Windus, 1989), Zbynek sugiere que las dos partes de Europa estaban embarcadas en diferentes viajes antes de la gran división causada por la segunda Guerra Mundial.

En la primera mitad del siglo XX, «la inmensa mayoría de los europeos del Este vivían en circunstancias del todo distintas a las que disfrutaban los del Oeste». Primero habitaron en imperios multinacionales; luego, en países que fueron definidos nacional mente pero llenados con amplias minorías. Y finalmente, tras 1945, las minorías se vieron obligadas, nuevamente, a reagruparse. Hay mucha historia que digerir aquí y Zbynek señala, hablando de los pueblos del Este, que «sus valores y costumbres no son los mismos que los de la gente de los países industrializados». Sostiene que «Occidente no debería esperar que el Este se convierta en algo semejante al Oeste, o que buscara su seguridad en un proceso de ese tipo».

Llego a Budapest con el entusiasmo de un recién converso. ¿No domina toda la última década del siglo XX el redescubrimiento de Europa del Este por su complementaria del Oeste? Puede que no. Porque la Europa del Este resulta ser algo que nunca conoceremos bien en el mejor de los casos. Y, en palabras de un viajero del siglo XIX citado por Zbynek en su libro, «cuanto más avanzamos de Oeste a Este, más nos salimos de Europa. Esta Europa se reduce finalmente al ferrocarril, a los bares de las estaciones de ferrocarril, y, aquí y allá, a hoteles al modo europeo. Budapest es así.

Pese a la apariencia europea -y la estación de ferrocarril fue diseñada por Eiffel- es otro mundo de rencor étnico y denostado patriotismo que no ha desaparecido con el tiempo. Hungría sigue estando, como entre guerras, profundamente amargada por la pérdida de territorios ocasionada por los tratados al final de la Gran Guerra. Se siente aún responsable de esos húngaros (la mayoría en Rumania y Eslovaquia) que viven en tierras que una vez fueron húngaras. Y en la atmósfera de libertad y de «glasnost» que ha brotado en los últimos años, este chovinismo ha ocupado la delantera. Cuando el telepredicador Billy Graham se presentó en Budapest el otro día con uno de sus habituales shows, fue censurado inmediatamente por no tomar partido por los húngaros en su lucha contra la ocupación rumana de la región de Transilvania.

Todo esto no nos resulta desconocido. Me recuerda las quejas ecuatorianas sobre la porción de su territorio que ha sido ocupada por Perú, o las de Bolivia sobre el robo chileno de su costa. Estas disputas pueden desaparecer, pero pueden también costar la vida. Antes de quedarnos con el proyecto de «casa común europea», necesitamos comprobar con sus habitantes qué nuevas particiones se deben hacer.

14 octubre 2012

Hay viajantes con suerte

De acuerdo con la segunda obedece a un amo todopoderoso, acaparador, entrometido, de mil ojos, mil oídos y mil bocas, sentado en un trono de oro y que empuña un rayo en una mano y un mando a distancia en la otra.

En ambas posiciones -o en ambas naturalezas- se da una suerte de dialéctica cuya síntesis es un entrenador triunfante, en cuyo historial, aparte de la conquista de la Liga italiana y de la Copa de Europa, figurará para siempre una característica con honores de soporte biográfico: haber detenido por dos veces al Real Madrid en su ruta hacia la gloria; haber convertido a los dorados vástagos de la mejor historia del fútbol mundial en un eterno cachorro, y haberlo sumido en una dolorosa, insoportable crisis de identidad y de confianza. Sacchi es también a partes iguales un hijo del trabajo y de la suerte, del talento y del azar. Y de su propia mediocridad como futbolista.

Si en lugar de haber pateado en su juventud el cuero como un oscuro centrocampista de contención en un equipo ignorado hubiese oficiado de verdugo del área enemiga, o de geómetra ilustre en lo que los clásicos llamaban «zona ancha», tal vez no sería hoy, a los 43 tacos, lo que es: un catedrático ante el que hay que destocarse; Pero su opacidad balompédica con el esférico en los pinreles dejó intacto su apetito de fama y, sobre todo, de sabiduría. Durante su etapa de viajante de calzado, y en los ratos libres que le dejaba su itinerante profesión, visitó todos los campos habidos y por haber. De cada uno de los infinitos partidos contemplados, de cada uno de los innumerables entrenamientos vistos, de cada uno de los entrenadores avizorados aprendió algo.

Y fue convirtiéndose en una enciclopedia siempre abierta a nuevas páginas. El destino se cruzó con él cuando entrenaba al Parma, en la Segunda División. El sorteo de Copa emparejó a su equipo con un histórico venido a menos: el Milán. Esa era la oportunidad que pasa por tu puerta una vez en la vida y a la que hay que subirse en marcha, a riesgo de romperse la crisma. El club lombardo acababa de ser adquirido por un magnate forofo llamado Silvio Berlusconi, que quería hacer de la entidad una poderosa fuerza con pretensiones hegemónicas.

Cuando el Parma, con un pressing revolucionario como arma más dañina, gana al Milán, un carro de oro y fuego gobernado por un auriga ciego y sordomudo arrebata a Sacchi y lo deposita en el despacho de mármol y caoba de Berlusconi. El rey de la televisión, como todo monarca absolutista pero que recibe el poder de Dios y de sí mismo, no tuvo más que obedecer a sus impulsos y exclamar ieureka! para contratar a aquel tipo que se había quedado calvo y canoso de tanto cavilar. Atenea nació de un hachazo en la testa de Zeus, y Sacchi de una palmada en la frente de Berlusconi.

«Arrigo ¿qué?», dijeron los jugadores milaneses. «Arrigo ¿qué?», repitieron los aficionados. Aquel técnico que procedía de las catacumbas no parecía el mas idóneo para pastorear astros. Así que cuando iel Español! apagó a jarros dé agua fría a las estrellas rojinegras, Sacchi sólo fue sostenido por la intuición del jefe, virtud que en los grandes «self made men» adquiere una fiabilidad sobrenatural. Arrigo Sacchi, el antiguo viajante de calzado, no ha perdido a medianoche ningún zapato de cristal. Hace tiempo que se desprendió de todo su muestrario, excepto de unas botas de siete leguas.

09 octubre 2012

El hombre misterioso


Su masculinidad, de repente disparada por un objeto exterior, le lleva a una sensación incierta, de angustia ante lo desconocido, de temor ante el abismo. Se ha econtrado, este Don Juan, con el amor en estado puro, con el vértigo de la atracción física, con el secreto del afecto erótico, con la presencia, en una mente que pensó poco, de un ente femenino del que, probablemente, casi no tenía la menor noticia. Los indios Sioux (según el relato de Alce Negro, recogido por J.E. Brown) tenían, en los tiempos primordiales, la historia de su mito con la llegada de la mujer bisonte, con la que se encuentran dos hombres, y uno de ellos que siente el deseo camal hacia ella, muere destruido. Don Juan siente también ese deseo, pero lo niega, lo rechaza, el miedo le invade y escapa. Toda la via de Don Juan es una huida de su propio miedo, de su propia inseguridad.

No hay más patología en este hombre atemorizado por sus sucesos interiores, que la de cualquier ser vivo que siente, por un instante, la potencia terrible de la sexualidad afectiva. A patir de ese momento, cuyos engranajes era forzoso describir a modo de pista o de luz en la tiniebla del incierto camino, gracias (o más bien a pesar) de ese brote sensual, comienza la extremada dificultad de su paso por la tierra. Aquí empiezan sus desgracias, sus acciones automáticas, sus rituales toscos.

Su falsa aventura de seductor. Porque Don Juan no es el seductor, sino el seducido. No es el que rompe corazones, mujeres, seres maravillosos que le aman tiernamente. Más bien es al revés: Don Juan es el seducido, por el juego mismo de su sentir la envoltura y la espina, la carcasa y la médula, de su amor. No es, tampoco, víctima de las mujeres. Es víctima de sí mismo. No sabe qué hacer y ofrece, en los escenarios y en las calles, allí donde su sombra desdibujada y un poco lamentable se insinúa, su indiferencia. La «bella indiferencia», que es así como Pierre Janet describió la histeria, como síndrome de un grave conflicto psíquico que es observado por el paciente con una extraña frialdad.

08 octubre 2012

El típico mujeriego

Si es algo Don Juan, es un histérico. Curiosamente esta indiferencia recuerda a cierta actitud secreta de Don Juan. Ahora vivimos tiempos de histeria, estamos volviendo a los orígenes: como se ha recordado en la conmemoración de la vida de Freud, a primeros de siglo era la histeria el síndrome preocupante. Luego llegaron décadas de «neurosis», para pasar a la depresión, que es en lo que ahora nos ocupamos, pero que tiende a convertirse en este antiguo síndrome. Si estamos volviendo a la histeria, la que estudiaba Charcot cuando le fue a ver Freud a París.

Don Juan vuelve, en estos tiempos, a los escenarios: muestra su juego amoroso, su falso juego de cazador, su irresistible capacidad de seducción, su oculto desdén, su indiferencia hacia lo femenino. Lo tenemos allí, muerto y resucitado, como un ser dotado de poderes superiores, los que llevan a la mujer, ese ser misterioso, a enamorarse. Como si Don Juan estuviera por encima de los demá's mortales, con un don extraordinario y casi milagroso. Cogido en su trampa, escapando a su sentimiento, a su ser, a su masculinidad, a su compromiso, a su historia, a su tiempo. Temiendo su propio quejido, su propio llanto. Negándolo, ocultándolo. Sobre el fuego de una realidad de la que él se retiró: la mujer.

07 octubre 2012

Código promocional Toysrus

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Los amantes y los amores

Jueves 22 de febrero de 1940: «un clima suave de primavera, aunque el aire contenga una cierta acritud marina. El día se ha orientdo hacia Bost. Por la mañana en el Dóme, donde corrijo algunos exámenes del liceo. Comida con Poupette -vamos a pie hasta Duroc-. Hace calor. Sentimentalismo y abulia. Liceo. La Sorokine me esperaba en el patio con un bombón relleno y un hermoso pañuelo de color. A las 4 cojo un taxi que me lleva a casa. Bost llega casi enseguida. Bajamos a pie y en taxi hasta el Long Bar, en el Palais Royal, y nos sentamos en un rincón alejado, en un canapé bajo. Llevé mis libretas, las de Sartre. Charlamos, él lee un poco y es agradable».

Este es un día de la vida de Simone de Beauvoir, hace exactamente 50 años. Hay guerra. Sartre, acabado el permiso, ha regresado a su acantonamiento. Le ha dejado sus primeras libretas al Castor y acaba de iniciar la libreta XII. Las páginas que escribe el 22 de febrero desarrollan el análisis de la conciencia, como «carencia». A ellas podemos remitimos, como también a las cartas de igual fecha. Faltaba precisamente la parte del Castor. Hela aquí desenterrada: 131 cartas dirigidas a Sartre entre 1930 y 1963, y un Diario de guerra que va de septiembre de 1939 a enero de 1941. Ese 22 de febrero de 1940 salen, por tanto, del Dóme, bulevar de Montparnasse.

El Long Bar, más tarde Les Vikings (para leer allí una carta de Sartre). Otro día, el Select, la Coupole, el Flore, tanta querencia de la pareja mítica, es decir, lugares «en los que sentirse protegidos contra todo». En los que, por tanto, el Castor corrige sus exámenes, se toma una copa, redacta su libreta, su novela (La invitada), escribe a unos y otros y los cita.

06 octubre 2012

Las experiencias que nunca cesan


«A veces, en muy raras ocasiones, me tomaba una copa en el Jockey con Olga», leemos en La fuerza de la edad, donde daba la visión edificante de una vida austera y monótona en época de guerra. La lista de los lugares mencionados en su correspondencia es muy diferente. Aparte de Jockey, está el Hoggar (para «ver la danza del vientre»), el Poisson d'Or, Agnés Capri, el O.D., el Betti-Hoop, locales en los que se encuentra siempre a «gente equívoca», en los que asiste a una disputa entre «una especie de árabe amarillo y malsano» y el patrón, o si no, a «la curiosa escenita de una madama de burdel gestionando una cita». El Castor se ha aficionado a vivir experiencias.

Esa vida nómada está también muy organizada. Aparte del callejeo, están las cartas que hay que leer de Sartre y de los demás, las cartas que hay que escribir, hay que ir a correos, buscar la correspondencia, ocuparse de la novela, hacer las anotaciones del diario, corregir exámenes (pocas veces y muy aprisa), verse con una amiga a espaldas de otra. Desde las primeras cartas de su correspondencia, el Castor muestra su robustez: la narración de sus caminatas a pie con Olga por Alsacia, con Bost por los Alpes, sola por el Cantal; contabiliza las horas de marcha, los kilómetros recorridos. Escalarlo todo, verlo todo. Y contarlo todo. Es el punto débil del infatigable Castor, del que parte la inmensa empresa autobiográfica. En París, ya en guerra, la actividad sigue siendo como ella: febril, imperativa, implacable.

05 octubre 2012

Acudía a las citas puntual como un reloj

«Es usted un reloj metido en un frigorífico» se le queja Nathalie Sorokine al Castor. Una hora de desayuno, lectura en el Dóme, Liceo, comida con Bost, tres horas y media de trabajo, vino tinto con Bost durante hora y media y otra vez trabajo en el RondPoint, desde donde el Castor va a cenar con la Sorokine. En el reparto riguroso del tiempo hay dos tardes por semana con una, dos tardes por semana con la otra, una tarde sí y otra no con Olga, hora y media aquí, hora y media allí. Trabajo, citas, todo está calculado, incluidos los desplazamientos, los trayectos, las perturbaciones, los retrasos... El Castor se convierte en madrina del soldado Sartre. Le envía libros, cartas, detalles, más detalles y otros chismorreos, pero en ese revoltijo estamos lejos de la inventiva que demuestra Sartre en su propia correspondencia. Estas 321 cartas del Castor pasan a través de la cotidianidad cronológica con una ofuscación en lo banal y una obsesión por lo exhaustivo que convierten cada carta en una especie de túnel.

Todo vale. El Castor no clasifica. Y en ello estriba una de las sorpresas de su correspondencia, en el hecho de que la vida que relata sea tan pobre y tan compleja a la vez, llena de combinaciones, citas, conjuras, pequeños planes, un universo enclaustrado, exiguo y asfixiante. Ir de café en café, de Louise a Olga, del hotel a la estafeta de correos, del cuaderno al papel de cartas, todo se desdobla, corriendo el riesgo de embrollarse. Todo se repite también, desde el Diario a las Cartas y de una carta a otra. No se nos dispensa de nada. Aparte de Sartre, que es el destinatario de esas cartas y la referencia fundamental de los mil y un recorridos entre habitaciones y cafés, el reparto de papeles implica a algunos comparsas.

04 octubre 2012

Bono William Hill

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Descubrí la casa de apuestas William Hill gracias a un amigo y digo gracias porque me ha ido bastante bien con ellos.

No tienen gastos ni comisiones de ningún tipo, tiene una larga tradición ( que por algo será) y tiene la seriedad que caracteriza a los ingleses, ya que tiene su sede en Inglaterra. Consigue aquí tu Bono William Hill


Nunca fui de apostar mucho, solo lo típico, un cupón, una quiniela de vez en cuando y la lotería de navidad generalmente siempre por compromisos que se me presentaban.

Pero estando un día en casa de mi amigo se metió en la página de William Hill para apostar en fútbol, sentí curiosidad y me fue explicando como funcionaba la web, es realmente fácil solo tienes que registrarte, dar el número de tu tarjeta de crédito o hacerte una virtual.

La mujer es muy enamoradiza


También ese yo mental cambia el metabolismo del hombre, lo prepara, lo llena de fluídos, para albergar ese movimiento imposible que implica enamorarse. Al fin, esa labor minuciosa y sabia del pensamiento abstracto, y entonces éste se va, deja aquello funcionando sin su asistencia técnica, y, naturalmente, suele convertirse (lo que era majestuosa catedral de la vida interior) en la Torre de Babel de Brueghel el Viejo, esto, en caos. También este amor de Don Juan tiene parecida explicación en la «Kundalini» de la India: «El despertar de la "kundalini" provoca un calor extremadamente intenso y su paso a través de los "cakra" (lugares donde están, en forma latente, la energía cósmica y divina) se manifiesta por el hecho de que la parte inferior del cuerpo se toma inherte y helada como un cadáver, mientras que la parte atravesada por la "kundalini" está ardiente». Sí, Don Juan se ha enamorado, ha sentido ese furor, ese fervor, ese cataclismo etéreo, desgarrado y bello que opera en las profundidades de la masculinidad.

Ahora, o después, Don Juan empieza su navegación. Le queda la kundalini, o se le va desmoronando la torre de Babel. Fuerzas inconscientes, quizá colectivas, le han construido ese amor, le han convertido en un hombre especial, que tiene, ante todo, la imperiosa necesidad de actuar, de hacer algo. Pues lo difícil, lo intrincado, lo terrible del amor no es sentirlo, sí qué hacer con él. Este hombre atónito, un poco perdido, un mucho inconsciente, que apenas ha reflexionado sobre sí y sobre el mundo, se encuentra con los tejidos misteriosos de la mujer.

03 octubre 2012

Un Don Juan que enamora


Puede darse por cierto que Don Juan, en un primer minuto, en algún instante de su germinación como mito, se enamora. Este hombre un tanto común, quizá dado al tedio en el que se engendra, en pocas ocasiones, la sutil melancolía, tuvo que sentir amor. Amor a una mujer debió experimentar, antes de ser envuelto por la aureola mágica del gusto, amor apasionado, amor compulsivo, total.

El amor como engranaje en el ente masculino es una construcción mental, de las funciones mentales superiores y no como el estereotipo dice engañosamente cosa de la emoción, del orden afectivo. El a'or viene elaborado por el pensamiento abstracto; él es el responsable de tanta confusión, de tanta desdicha, de tanta desesperanza, de tanto sufrimiento a fondo perdido. Este pensamiento abstracto trabaja como un arquitecto: coloca los cinco sentidos -vista, oído, etc- de tal forma orientados hacia el objeto amado, los lubrifica con tanta sabiduría, que ya no mira el yo emocional más que hacia allí, en la imaginación como en la aventura concreta. Agita los afectos también, con tal energía, vigor, que las estucturas emotivas se desbordan, en constante búsqueda de ese objeto amado.

02 octubre 2012

La quinta del buitre


Fue el último en llegar y será el primero en marcharse... a Italia. Fue el indiscutible número uno, pero hace más de un año que no levanta cabeza. Iba para líder de rompe y rasga, ahora amenaza con convertirse en «jefecillo» de una parte de la banda. En un determinado momento estaba clarísimo que lo suyo era la ópera del fútbol, en plan Plácido o Luciano, pero le dio por la canción protesta.

Y es que el desencanto, mutuo, en el Madrid, tiene un nombre. Michel tiene tres características esenciales. Una: es material sensible, elemento humano de primera clase. Dos: hace tiempo que está instalado, sistemáticamente, en el error. Tres: su desquiciamiento influye negativamente en su juego. Michel y Butragueño eran dos vidas paralelas, pero ahora representan dos actitudes contrapuestas. Así, mientras que Emilio demuestra una madurez palpable, parece como si Michel hubiera vuelto a la adolescencia, con todas las contradicciones inherentes a la misma.

Butragueño demuestra ser muy listo, ecuánime, ponderado, señorial. Michel peca de inmaduro, de obcecado, de visceral. Es curioso que mientras que mientras Emilio está acertado en casi todo, en cuanto a presencia pública, Michel se equivoca. El «pegamento» que mantenía unida a la Quinta del Buitre, la Copa de Europa, se ha evaporado. Ya no hay fuerza humana, ni siquiera la del complaciente Mendoza, que sea capaz de seguir con la unidad. La Quinta se fragmentará por su parte más débil, Michel, que hace tiempo que tiene el «coco» completamente comido. El mismo ha reconocido que quiere marcharse. Si las cosas ruedan bien, al Milán (podría. ser el sustituto de otro «rebelde sin causa», como es Rijkaard) y si ruedan mal al Udinese, club en el que milita su padre espiritual futbolístico, Ricardo Gallego.

Aunque lo del Udinese no se lo cree ni él. La última eliminatoria europea demuestra a lo que ha llegado Michel, si bien sería injusto cebarse en él, porque otros -como Hugo Sánchez- también agacharon la cabeza en San Siro, y , estuvieron mal en el Bernabéu. En el estadio madridista, y cuando era estrictamente necesario el concurso de jugadores inteligentes y fríos para romper el «offside» italiano, Michel se dedicó más a protestar que a jugar al fútbol, a buscar camorra con los italianos que a intentar superar a Maldini. El Real no se puede permitir esto.

Michel está, hoy por hoy, harto de todo y de todos. Está harto de la prensa, del público, de Toshack, de Schuster, de Hugo, de Buyo y del «sursum torda». Michel está harto de seguir en el Real Madrid y tiene una envidia enorme, aunque no maligna, de Butragueño, al que considera un protegido. Michel no quiere quedarse en el Portal de Belén. De máximo creyente entre los blancos ha pasado al escepticismo agnóstico. Su excesiva fe no le ha salvado, sino que le ha defraudado. Viendo extraños fantasmas, quiere huir a Egipto, al «calcio», para salvarse de no sabemose qué extraña degollina. Pero hay algo que no sabe, que el principal Herodes de Michel es Michel, o sea, él mismo.