13 junio 2012

Un líder hambriento

Importan los vips despistados. Vuelan los golpes, los empujones y algún iPhone rueda por el suelo. En este gran premio, el punto de farándula desaparece cuando se lanzan los motores. Entonces los pilotos no están para fiestas y el ambientito de millonario desahogo choca con una carrera cruda, metálica, de estrategias y matemáticas, donde los adelantamientos tienen precios inalcanzables y la sal sólo la ponen los golpes, que siempre hay. Lo demás, firmeza al volante y resistencia en un trazado peligroso.

Se llevó el triunfo quien partía primero, Mark Webber, al sacar partido a una posición de más quilates aquí que en cualquier otro lugar. Progresar, aunque sea una plaza, es una misión titánica, por eso cualquier avance, sea como sea, se celebra. «La salida nos fue muy bien», recordaba Fernando Alonso al final, con una de las mejores sonrisas del año, feliz con su botín. En la primera curva, el accidente de Romain Grosjean, quien partía justo delante del Ferrari, le permitió situarse de inmediato cuarto.

Ese mal golpe del francés, un simple aleteo de mariposa, cambió el plan de viaje para todos. Apareció el coche de seguridad, y las cinco vueltas a ritmo de paseo estiraron la vida de las ruedas superblandas de los aspirantes lo suficiente como para intentar completar los 78 giros cruzando tan sólo una vez por los garajes. Esta era la estrategia arriesgada inicial de Sebastian Vettel, que partía con gomas más duras, y que finalmente todos imitaron, animados también por la bajada de temperaturas en el muelle monegasco. Las Pirelli agradecieron la rebequita y respondieron estirando su vida útil.

Así, Alonso comprendió muy pronto que sin espacios para dar zarpazos en las calles, su única opción para colarse en el podio sería utilizar la parada en boxes como vía de adelantamiento a Lewis Hamilton, tercero a la zaga de Rosberg y Webber, lanzado a por la victoria. Rodaba con brío el Ferrari, sobre todo en las vueltas finales de ese primer tramo, con los neumáticos ya castigados. Suyos eran los registros más rápidos, con la distancia sobre el McLaren reducida a un segundo.

Pararon sus rivales y él siguió en pista una vuelta más, en sus mejores momentos sobre el circuito urbano. Un giro al frente, sin nadie en el horizonte, le valió la pasada sobre Hamilton tras entrar a por calzado fresco. Quizá si hubiera resistido algo más, podría haber devorado también a Rosberg y Webber, pero el imprevisible comportamiento de las gomas hizo que Ferrari no se la jugara sin red.

Alonso tampoco quería riesgos, con el calendario en la cabeza. Un podio le daba el liderato del Mundial, su principal objetivo del fin de semana tras quedar lejos de la pole. Ya en pista y con un ojo en las nubes, aguantó el tipo a la vera de Rosberg, y por delante de Vettel, directo a la foto junto a los Grimaldi.

Ahora mismo el español sólo piensa en el campeonato, en su tercer título, en ganar vestido de rojo. Los triunfos parciales le importan poco, quiere regularidad y puntos para llegar al sprint final de la temporada con cara de ganador.

El salto de calidad de su monoplaza le sitúa en una fantástica posición para intentar el asalto a la ansiada corona que le espera desde 2006.

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