18 marzo 2012

La modernidad de Ayala

Francisco Ayala escribió ensayos, estudios sociológicos, artículos diversos, críticas y obras memorialísticas que han quedado como cumbres del género, pero lo que el autor de verdad apreciaba era su producción literaria, las novelas y cuentos en los que de verdad midió su creatividad y dio cuenta de su manera de ser, de sentir, de percibir la vida, de atrapar el tiempo. 

Ahora, dentro del proyecto de publicación de sus Obras Completas, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores lanza un volumen que recoge toda la Narrativa de quien llegó a superar los 100 años, de quien sigue siendo un autor de culto. De ahí que esta publicación se convierta en una oportunidad magnífica para que quienes aún no le hayan descubierto -esos lectores sensibles que siguen existiendo- puedan acceder a un recorrido inclasificable, personal. 

Un apasionante viaje bifurcado en múltipes senderos, porque Ayala se convierte en un aldabonazo en las conciencias en obras como Los usurpadores o La cabeza del cordero, donde señala con el dedo los desastres de cualquier guerra, los males del poder mal gestionado, del odio entre iguales, pero también se transforma en un creador con una capacidad innata para emocionar, para transmitir la fugacidad de los momentos felices, la eternidad del sentimiento amoroso. Basta acercarse a El jardín de las delicias. 
De la modernidad del narrador, una modernidad que bebe en las fuentes cervantinas y de las vanguardias, habla en el prólogo a la edición la hispanista Carolyn Richmond, su viuda y una de las mejores conocedoras de su obra. «De Cervantes heredó la multiplicidad de los puntos de vista a que se presta siempre nuestra problemática realidad; de los movimientos artísticos de la vanguardia, la experimentación y fragmentación estéticas como base de una recreación para algo totalmente nuevo», señala. 

Autor del cuento que Borges incluyó entre sus favoritos, El hechizado, Francisco Ayala creyó siempre en el papel activo del lector, en su capacidad para interpretar los textos partiendo de su propia sensibilidad y circunstancias; de ahí el carácter abierto de unos escritos que nunca dejan de parecer actuales, en los que la invención, la vivencia y la reflexión caminan de la mano, demostrando hasta qué punto se adelantó a su tiempo y rompió las fronteras de los géneros; hasta qué punto la creación literaria fue para él una especie de aliento vital. 

El tomo incluye, además, sus primeras novelas, que él calificaba como tanteos juveniles (Tragicomedia de un hombre sin espíritu e Historia de un amanecer), sus libros vanguardistas (El boxeador y un ángel y Cazador en el alba), y otros títulos como Historias de macacos, Muertes de perro, El fondo del vaso y La niña de oro y otros relatos. Títulos todos muy ligados a las circunstancias vitales del escritor, como él mismo reconoce en un pequeño y clarificador prólogo que escribió en 1993. 
La entrega coincide en las librerías con otra publicación, Francisco Ayala en 'La Nación' de Buenos Aires (Pre-Textos), una treintena de artículos de diversa índole, reunidos por primera vez en un libro por la especialista en su obra Irma Emiliozzi, que salieron en su día en el suplemento cultural del diario argentino. 

La recopilación refleja la especial relación del escritor con el país y con el grupo de escritores reunidos en torno a la revista Sur -Borges, Bioy Casares y las hermanas Ocampo-. En definitiva, una ventana más para acceder a los intereses de quien fue ante todo el autor de una vida plena.