04 febrero 2012

Diccionario de la guerra de la independencia

Incursos aún en el bicentenario de la Guerra de la Independencia, aparece una de esas obras ante las que es inevitable el tópico: realmente viene a cubrir un hueco. Y qué hueco: dos tomazos de más de 2.200 páginas y 14 centímetros de lomo entre los dos componen este monumental Diccionario de la Guerra de la Independencia, dirigido por Emilio de Diego y José Sánchez-Arcilla y publicado por Actas y la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad, en la que han participado más de 50 historiadores. 

Más de 8.300 voces que arrancan con el guerrillero apodado Chaleco (apellidado, lógicamente, Abad), cuya vida es bien representativa del periodo histórico: labrador, se suma a la lucha tras el saqueo de su pueblo (Valdepeñas) por los franceses; combate en diversas partidas antes de formar la suya propia; asciende a coronel y llega a mandar una fuerza de 1.400 soldados; en 1820 apoya la rebelión de Riego y, tras su derrota, es condenado a muerte en 1827. 

De Abad en adelante, todo lo que usted siempre quiso saber… o, según Emilio de Diego, «una herramienta, un instrumento absolutamente clave para todo aquel que quiera consultar una duda concreta, iniciarse en el estudio de la Guerra de la Independencia o buscar referencias sobre cualquier tema particular, sea local o de la vida cotidiana». 

«Ha sido un esfuerzo enorme»; añade el historiador, «y podríamos haber incluido todavía más voces, sobre todo biográficas, porque fueron muchísimos los que intervinieron en la guerra. Hemos incluido personajes que nunca habrían aparecido en otros trabajos: tambores, que eran niños de 13 años, soldados, cabos; todos los generales y mariscales franceses, ingleses, polacos, italianos. También mujeres, que, tradicionalmente, han sido materia de adorno o de heroicidades noveladas. Muchos guerrilleros, se conoce el nombre de 40.000. Pero hemos tenido un criterio no exhaustivo, sino significativo», precisa Emilio de Diego. 

«El Diccionario», sigue diciendo Emilio de Diego, «cuenta cómo se combate, cómo se sobrevive, cómo se alimenta la gente; hay más de 1.500 referencias a hechos de armas, batallas o escaramuzas de cualquier tipo». E incluye una serie de apéndices, que se ocupan desde las monedas, algo importante, dada la gran variedad que había, a la poliorcética, el arte de atacar y defender las plazas fuertes, con láminas y términos técnicos, pasando por la organización de los ejércitos o los miembros de las Juntas Provinciales. 

Y sus autores han preferido no extenderse en lo más conocido (Napoleón, Palafox) para dar cabida a «una mujer que hubiera colaborado con los franceses, o luchado contra ellos, o auxiliado de algún modo a la guerrilla, o sobrevivido en una circunstancia en que los hombres están fuera de casa; son ese tipo de personajes, de los que se podían decir cosas nuevas, los que asoman a estas páginas». «Al ser un diccionario temático», añade De Diego, «se atiende a los protagonistas y a los personajes de reparto, al escenario -el tiempo y el espacio- las distancias, las medidas y, por supuesto, al guión de la guerra desde los puntos de vista político y militar». 

Fernando García de Cortázar, director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad, considera esta obra la más importante de las acometidas por la fundación. Subraya la objetividad con que se ha llevado a cabo. «Queríamos que tuviera la objetividad del dato y que todas las naciones que participaron en la guerra tuvieran su hueco en él», dice. 

La Guerra de la Independencia, a la que Emilio de Diego considera «el hecho fundente y fundante de la nación española», tuvo un gran eco internacional. García de Cortázar recuerda cómo inspiró a gente como Shelley, Wordsworth o Turgueniev y cómo «Bailén fue una gran esperanza para los europeos que luchaban contra Napoleón». 

¿Continuará la Fundación Dos de Mayo después de 2014? «Podría seguir», dice su director, «como gran referencia nacional. Me parece bien que hubiera una institución que se ocupe de recordar que somos una nación y que es a través de la nación, no de la historia ni la lengua, como se nos reconocen los derechos y libertades. Reconocer derechos históricos es como reconocer que los muertos tienen derechos sobre los vivos».

No hay comentarios:

Publicar un comentario