20 marzo 2009

32 canciones famosas en 8 minutos



Tiene todo el repertorio, desde canciones de Queen, hasta Mamma Mia de Abba, pasando por Pokemon y acabando con un auténtico bombazo final.

Eso sí, el pobre tiene horchata en las venas.

10 marzo 2009

Otra historia de amol

Otro día. Mismo lugar. Cuando la vi; casualmente comenzó a sonar “Creep”. Pensé que me había llegado el turno; para mi esta si era ELLA.Seguro que era guapa hasta a la luz del día.

Era una morena con cara de muñeca, boca sensual que ríe a carcajadas en medio de una catarata de pelo negro; era guapa y no se molestaba en ocultarlo, un cuerpo así no es para esconderlo; un cuerpo delgado y hermoso que se movía con todo el descuido con que se puede mover el cuerpo de una mujer que se sabe poseedora de un encanto especial.

Así era como se movía su cuerpo.Me acerqué al acecho a su grupo y la escuché. Su voz sonaba a crema y a miel.Hablaba de vez en cuando, con una voz melosa que alargaba y aunque dijese cualquier tontería, todos esperaban a que acabase porque realmente no importaba lo que dijese, lo único que importaba es que ella era la que hablaba, y cuando ella hablaba los demás escuchan, los demás miran, es como si entre sus labios fuesen saliendo letras y palabras de colores.

Decidí ser ingenioso. La encaré y le cité a Ulises cuando se encuentra con Nausícaa en el pais de los Feacios: He visto muchos pueblos en mi vida, mas nunca vi mujer que te igualara.Se rió y me respondió algo por el estilo, y yo le dije que la agudeza añade a una mujer lo mismo que una ropa masculina presta a su silueta: subraya sus encantos y sus defectos.

Seguimos hablando y no se que pasó... pero a veces lo logras y todo parece mas fácil... porque de repente nos estábamos besando y el olor a madreselva y a lirio de los valles me envolvieron y no vi nada más que su piel colorada y rosa y sus labios escarlata oscuros de color ciruela y su pelo negro azabache.Mas tarde.

Estábamos en un piso amplio y lujoso. Nosedequién. Uno de sus amigos estaba preparando rayas de coca, distribuyendo el polvo blanco en pequeños regimientos bien ordenados. Soldados dispuestos a la revista e inhalación. 1, 2, 1, 2, y acabamos con todos ellos. Ahora dispararían los rifles dentro de nuestras cabezas y nuestra sangre.

Nos besamos otra vez, mientras las rayas de coca corrían a toda velocidad hacia nuestros cerebros.Cojimos una botella y me llevó a una habitación. Me miró con cara de niña traviesa de tomar las fantas con paja - esa mirada podría parar una revolución…

Pero entonces algo se me cruzó, y me acordé del gilipollas de mi amigo, y de todos los perdedores que jamás tienen ninguna oportunidad y de aquella vez hacía 2 años, cuando conducía borracho y atropelle a un tipo. Salí para ayudarle, vi que estaba muerto; eran las tantas: no había nadie. Subí al coche y me largué.

Cinco minutos después, me estaba meando de risa... porque iba a salir limpio.Y ella seguía sonriendo; fue culpa de esa sonrisa. Así que le dije que lo sentía mucho, que ella me gustaba de verdad, pero lo que iba a hacer se lo debía a mucha gente.

Quité mi navaja suiza, y me dispuse a enseñarle lo que podía hacer con todas las partes diferentes. Incluso con el abrebotellas y la cosa que sirve para sacar piedras del casco de los caballos. Y fue una lástima no haber traído mis ganchos de carnicero.

Cuando la encontraron me había ido. Sólo una zona seca de sangre en la madera donde su cuerpo murió. Solo un último rastro de su olor en el aire matutino. Sólo una mancha de carmín en la botella de vino.

08 marzo 2009

Refutación del mundo

Nunca estuvo Cernuda más dandy (y yo diría que más fantástico) que en su "Poética" para la Antología de Gerardo Diego de 1932:

No valía la pena de ir poco a poco olvidando la realidad para que ahora fuese a recordarla, y ante qué gentes. La detesto como detesto todo lo que a ella pertenece: mis amigos, mi familia, mi país.

.....No sé nada, no quiero nada, no espero nada. Y si aún pudiera esperar algo, sólo sería morir allí donde no hubiese penetrado aún esta grotesca civilización que envanece a los hombres.

Lo curioso es que sólo ahora, al reencontrarmela después de lo mucho que la tuve presente en su época, cuando yo era un adolescente exasperado que aplaudía toda refutación del mundo, he captado su eco con "Tabacaria", que era otro de mis textos de entonces.

Ese "No sé nada, no quiero nada, no espero nada" de Cernuda parece calcado del "Não sou nada. Nunca serei nada. Não posso querar ser nada" de Álvaro de Campos... Y ahora, al buscar una foto para ilustrar esta entrada, veo ese montaje en que Cernuda recuerda al Pessoa de la famosa foto: