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Mónica Naranjo y su cara de acero

Ella, y nadie más que ella, es capaz de evacuar -hacer del vientre, que dicen en los pueblos de serranía- sin perder el rímel, el misterio y ese ríctus de diva que acompaña a muy pocas elegidas. Con su nombre de fruta y su cara de acero, Mónica Naranjo puede hacer esto... y mucho más.

Planta sus posaderas en un retrete de oropel -todo muy kitsch, todo muy in, todo muy fashion- y resulta elegante. Cualquier reminiscencia intestinal es aplastada por el lipstick, los ojos acariciando un estado de trance, las piernas interminables... Sofisticación en estado puro.

Tras siete años de retiro voluntario por estrés, ansiedad, crisis existencial y demás metralla que suele revolotear sobre las estrellas, Mónica Naranjo estaba obligada a hacer mucho ruido en su regreso. Superar aquel pelo esquizofrénico y bipolar, la rumorología de su sexualidad y el divismo exacerbado de sus años dorados era, cuanto menos, difícil.

Y aquí está ella, intentando sacar brillo al mito, fabricando una nueva Mónica y reinventando su personaje con mucho marketing y más photoshop. Su último álbum, Tarántula, ha funcionado moderadamente bien: ya es disco de platino, y Europa fue número uno en la lista de singles durante seis semanas.

Pero en tiempos de crisis, con la era YouTube apretando las tuercas al negocio, no basta con cantar: hay que sorprender, provocar, agitar a las masas adormecidas entre el top manta.

Y de eso, doña Mónica Naranjo sabe mucho. De momento, se atreve con esta tramoya de urinario en el vídeo de su próximo single, Amor y lujo. Dirigido por Juan Marrero -que también ha trabajado con Héroes del Silencio, Chayanne o Julio Iglesias-, ha conseguido colapsar la web de la cantante con más de 30.000 visitas simultáneas en el momento de su puesta de largo.

Y así, de retrete en retrete, la Naranjo calienta los motores de su primera gira en siete años. Pasado mañana volverá a subirse a los tacones del directo. Será en Tenerife, pistoletazo de salida a una de las tournés más agitadas del verano. Y será el momento, además, de volver a sentir la cara, el sudor y las lágrimas de su público tras su ya olvidada espantá.

«¿Que por qué me fui?», se pregunta Mónica. «Porque no podía más. Porque estaba agotada, y porque no tenía nada que contar. ¿Que si he vuelto para quedarme? Eso no lo puede saber nadie». Pues nada; carretera, leche calentita y cuidado con la garganta.

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