26 julio 2016

Programas de intercambio de archivos

La batalla de las grandes compañías contra la distribución libre de ficheros ha comenzado. El 6 de septiembre un juez condenó a MP3.com a pagar 20.000 millones de pesetas a la Universal por piratear sus discos; el 2 de octubre comienza la vista que decidirá el futuro de Napster. 

Mientras, los programas de intercambio entre usuarios proliferan en la Red.

Napster es solamente el escopetazo de salida de toda una multitud de proyectos que plantea una nueva manera de entender Internet, en la que se prescinde de los grandes canales de información centralizados, como los portales, y se vuelve al espíritu de colaboración desinteresada que caracterizaba a la Red de redes a principios de los noventa.

Según los expertos, su efecto transformador sobre la Red del futuro será tan profundo como el que ejerció el primer navegador. Y todo empezó con un inquieto joven de 19 años que no podía encontrar en Internet las canciones que más le gustaban.

Shawn Fawning ideó Napster como una manera de poder intercambiar sus MP3 favoritos con otros internautas que compartiesen sus mismos gustos musicales. El concepto es simple. En vez de visitar una página que está hospedada en un servidor determinado, la manera habitual de obtener información en Internet, una comunidad como Napster está formada por miles de usuarios que intercomunican sus ordenadores domésticos a través de un pequeño programa gratuito. De esta manera, podemos acceder a parte de los contenidos del disco duro de nuestros vecinos de comunidad. 

En el caso de Napster, sólo a sus ficheros MP3; en el de otras redes entre iguales, a archivos de vídeo, de texto, o a lo que sus creadores hayan definido. Las posibilidades son tan amplias que los científicos que trabajan en el mapa del genoma humano decidieron desarrollar una red similar para distribuir datos entre investigadores de todo el mundo.

A pesar de la ofensiva judicial iniciada por la Asociación de la Industria Discográfica Norteamericana, que puede suponer el cierre definitivo de la empresa de Shawn Fawning, muchos otros sistemas han seguido sus pasos. Algunos de ellos, sin variar en exceso sus características, como SpinFrenzy o CuteMX , dedicados ambos al intercambio de MP3.

Más interesantes resultan las redes entre iguales de segunda generación, ejemplificadas por Gnutella (la alternativa a Napster más popular) y Freenet . Para empezar, no limitan la clase de archivos que se pueden intercambiar a través de ellas: sus usuarios comparten desde antivirus hasta recetas de cocina. Pero, además, son redes descentralizadas, que no pueden inutilizarse eliminando un servidor determinado. 

Gracias a lo cual, estas redes de intercambio parecen ser a prueba de demandas , ya que para cerrarlas habría que desconectar todos y cada unos de los ordenadores que componen el sistema. El fenómeno ya no hay quien lo detenga.

Son el Napster de los videojuegos. A pesar de que se anuncia como un sistema de intercambio de toda clase de ficheros, sus habituales vienen aquí a proveerse de archivos almacenados en cartuchos para la Nintendo 64, Gameboy, o la Sega Génesis. Después, se cargan en emuladores y funcionan en nuestro PC.

SX permite buscar y descargar fotos y, sobre todo, vídeos. Lo más buscado: las copias ilegales de los estrenos más recientes en los cines: en cuestión de segundos es posible localizar Gladiator o Evasión en la granja. Inconvenientes: requiere de paciencia y de una buena conexión, ya que los archivos no bajan de los 200 megas.

La idea es aprovecharse de la flexibilidad y rapidez con las que se transmite la información entre iguales para combatir los virus. Sus creadores afirman que este sistema basado en el modelo de Napster servirá para vencer a los letales virus que se extienden por la Red a velocidad de vértigo, ya que permitirá la distribución de sus vacunas con la misma rapidez.

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