08 marzo 2016

Helados y sorbetes sofisticados

Ninguna cautela es suficiente con tal de librarse de ese malestar general que invade el ánimo, cada vez que se abandona el vagón de metro o el aire acondicionado de la oficina. 

¿Permanecer indefinidamente en esos refugios? Imposible. Mejor tomar algo por el camino y no refunfuñar. ¿Cómo? Con un helado de cucurucho, cremoso y nutritivo. Nada de conformarse con chupetear el hielo de un flash, lamer un polo de naranja o mordisquear el barquillo de un aburrido corte de nata y fresa. No hay nostalgia que valga. Es hora de abrirse a la sofisticación que nos rodea en materia de sorbetes y helados. Tomen nota.

Recién incorporada. Master Gelato lleva mes y medio abierta al público en el número 85 de la calle Fuencarral y ya acapara el protagonismo de ese bulevar, tan saturado de primorosos escaparates.En su fresquera circular reponen con esmero litros de crema helada sugerente: higos caramelizados, aguardiente con canela, piña colada, galleta (biscotto), frutas de la pasión, yogur amarena y croché. Estos dos últimos sabores son la combinación favorita de Joaquín, su maestro heladero. El croché es un mousse de chocolate y ambrosía crujiente. El yogur amarano es la mezcla ácida del yogur con el sabor acre de las cerezas. Ante una tarrina de cerezas y croché ¿No caería rendido Jorge Perrugoría? ¿No le sería infiel a la Fresa y Chocolate?

Americanas. Lili Taylor se desesperaba en búsqueda de una tarrina de helado Chocolate Midnight Cookies de Häagen-Dazs en plena madrugada, con zapatillas y coleta de andar por casa. Interpretaba a la melancólica Ann, una chica que lloraba a lágrima viva porque no encontraba ese envase sólo apto para amantes del chocolate.Bueno, por eso y porque su novio le acababa de dejar y ella se quedó con las ganas de decirle las Cosas que nunca le dijo. 

Nunca sabremos si Isabel Coixet quiso patrocinar a la franquicia americana o mostrar lo importante que es engancharse al helado cuando alguien te abandona, lo cierto es que Häagen-Dazs está presente en 53 países, con más de 700 tiendas, 11 de ellas en Madrid. Las más carismáticas, sin duda, están en el Paseo Rosales, 36, en la Plaza Santa Bárbara,4 (Alonso Martinez) y frente a los Jardines de Sabatini. Otra marca estadounidense que está presente en la capital desde el año 2002 es Ben & Jerry's. 

Detrás de esta multinacional se esconden las mentes creativas y juguetonas de Ben Cohen y Jerry Greenfield. Dos estudiantes perezosos de Long Island, adictos a la comida abundante. En realidad unos hippies que les dió por montar una heladería en una gasolinera abandonada y con goteras, en cuyas paredes proyectaban sesiones de cine gratuito. Los sabores hablan por sí solos. Ejemplo: el Fossil Fuel es un helado de nata con trozos de cookies de chocolate, tropezones de chocolate en forma de dinosaurio y remolinos de chocolate. 

Esa clase de combinación que sólo un niño sería capaz de inventar. Dato curioso: tienen una fundación de proyectos humanitarios. En Madrid colaboraron con Cruz Roja, repartiendo medio litro de helado gratis a los estudiantes de 10 universidades de la Comunidad que donaron sangre.Están en el Arco de Cuchilleros, con un puesto extra de terraza en la Plaza Mayor, en la Calle del Carmen, 1 (Puerta del Sol), en el Parque Corredor, en Xanadú y en el Centro Comercial Dreams-Palacio del Hielo.

Italianas. Quien no haya experimentado en su lengua el placer de los auténticos helados italianos está a tiempo de ahorrarse el vuelo a Roma, porque en el número 9 de la calle de Huertas, se encuentra Giuseppe Ricci. Sus helados podrían aplacar la glotonería de un Nerón. Un cucurucho sencillo basta para saciar el apetito de los que no son tragaldabas. Ofrecen a los alérgicos a la lactosa un sucedáneo de soja. Imprescindible probar el Pistacho, Fiordilatte, a medio camino entre la nata y el yogur, la versión que hacen de los bombones de Perugina Bacio y Ferrero Rocher.

Argentina. Al pasar frente a las cristaleras de Giangrossi en la calle Alberto Aguilera uno siente el impulso irrefrenable de entrar a esa pecera de lujuria helada, pedir un helado de grosellas, y pringar uno de sus sillones de cuero blanco, situados frente a los grandes ventanales. Tronos desde los que otear la calle y psicoanalizarse. Mirones con un helado potencialmente peligroso entre las manos. ¿Qué más se puede pedir? Más sucursales en el cruce de Hermosilla con Velázquez y en La Esquina del Bernabéu.¿Especilidad? El dulce de leche.

Clásica renovada. Un paseo en Pintor Rosales acaba para muchos madrileños ante las neveras acristaladas de Bruin. Establecimiento nacido en 1963 con más de 35 variedades de helados artesanos.Desde hace un año surten a La Tomasa, local vástago de El Tomás en la Cava Baja, 42. La niña ocupa desde hace un año el esquinazo de las dos Cavas, a la sombra de un falso platanero y junto a una escalinata donde se pueden lamer cucuruchos y beber granizados hasta la 1:30 horas.

01 marzo 2016

La emancipación de la mujer y la violencia en el hogar están relacionados

Para hacer más llevadero este día tan lúgubre, acicalar el adusto cadáver y aliviar el luto de la romería al cementerio, además de las castañas y el Tenorio, se ha importado a hurtadillas esa estupidez lúdicofestiva que dan en llamar Halloween; un batiburrillo de santos, ánimas benditas y difuntos entre calabazas troqueladas, disfraces de zombi, fantasmas y caramelos.

A pesar de que el cortejo fúnebre de las guerras enquistadas, la gripe aviar, la estadística de los accidentes del puente y los cataclismos naturales nos enfrentan de sopetón con la muerte, nos empeñamos en maquillar su presencia, en convertirla en una idea vaga, lejana y ajena. Es ley de vida, pero nadie quiere estar en casa cuando llame al timbre la guadaña del tiempo. Casi parece una ofensa eso de morirse, una sorpresa. Y a cierta edad lo sorprendente es la vida, no la muerte.

La crónica necrológica tiene también su propia técnica edulcorante.La prosa se adorna de floridos epitafios, de hondo pesar y consternación, y de frases tópicas que sólo sirven para ajustar la página entre un par de anuncios de la funeraria.

Hablando de víctimas y tradiciones, en una encuesta de la Junta la mayoría reconoce que la violencia en el hogar está muy extendida.Sin duda, la causa de esa lacra cotidiana, como en su día detectara la Conferencia Episcopal, no es otra que la emancipación de la mujer. Ha llegado a tales cotas que el macho ibérico en extinción no tiene más remedio que recurrir a la autodefensa. Matachines que siguen pensando que Gilda tenía bien merecido aquel bofetón de Glenn Ford y quieren imponer su voluntad y sus complejos a través de la violencia y la muerte. 

Pero cuando se interroga sobre casos concretos, el encuestado atraviesa por un ligero lapso de amnesia. Lo sospecha por el ruido de los golpes, por el eco de los insultos y el pegajoso silencio que atraviesa el tabique, pero no sabe o no contesta.

La máquina del tiempo circula al ralentí y la historia gira y gira repitiendo constantes que la evolución no desmiente. Generación tras generación se entrega el manoseado testigo de las guerras y los conflictos que se eternizan, del éxodo de multitudes hambrientas y enfermas que piden justicia, de privilegios y tronos que se heredan.

Ante semejante panorama, suscribo el supuesto epitafio de Groucho Marx: «Perdonen que no me levante».