22 octubre 2015

Natalia LL la artista más marrana

Una rubia de falsa mirada inocente pela un plátano, lo lame, lo recorre entero con la lengua, lo muerde suavemente y lo introduce en su boca. Sensual al principio, la chica juega con dos salchichas con evidente actitud de felatriz y sigue comiendo vegetales de forma fálica con más y más lascivia para, al final, derramar de sus labios un denso iogurt blanco que se desliza por su barbilla en una imagen que roza la pornografía. Consumer Art es una pionera performance de 1975, de la artista polaca Natalia LL, que reivindica -entre la ironía y el porno- la sexualidad de la mujer.

Desde que en 1965 Yoko Ono dejara, impasible, que el público le cortara con unas tijeras un pedazo de su vestido negro, desnudándola lentamente sobre el escenario del Carnegie Recital Hall de Nueva York, la performance ha devenido el arma artística del feminismo, de la mujer, del movimiento de liberación lésbico (y queer), de la lucha por los derechos sociales. En la icónica Cut Piece, que muchas artistas siguen interpretando como obra de referencia, Yoko Ono -entonces una de las líderes avant-garde del colectivo Fluxus- denunciaba la vulnerabilidad de la mujer y su pasividad ante la violencia sexista y racista.

La desnudez femenina es un símbolo de su fragilidad pero, en el nuevo milenio, se transforma en imagen subversiva de su poder: la mujer como propietaria de su cuerpo (y de su lujuria). Las Chicks on Speed -esas enfants terribles que además de una banda de electro rock con reminiscencias punk forman un radical colectivo artístico- hacen en Butt Smack Bongo (2007) una performance a ritmo de videoclip protagonizada por varias mujeres desnudas, en actitud de sumisión, que acaban rebelándose en una actitud entre divertida y desafiante: una provocación pop desde el corazón de Alemania. 

En otra latitud muy distinta, en una playa a medio camino de Tel Aviv y Jaffa que simboliza la frontera entre Israel y Palestina, la artista israelí Sigalit Landau se pone ante la cámara, desnuda, para bailar con un hula hop hecho de alambre de espino, con su sexo en el centro de la pantalla y su vientre sangrando por el afilado metal. En Barbed Hula (2001), con su baile de tintes eróticos -a pesar del dolor- la artista cuestiona la religión y sus preceptos de ritual, flagelación y sacrificio, además de criticar el sociopolítico de la frontera de Gaza.

La cabecilla del cyberfeminismo de los años 90, Cornelia Sollfrank, no se desnudó, al contrario: se puso un burka para ir a un centro comercial de Hamburgo. Aunque su trabajo más mítico es Le chien ne va plus (2006): ató con una correa a un ejecutivo trajeado para pasearlo por la calle a cuatro patas, cual perro doméstico.

La exposición re.act.feminisme # 2 - a performing archive investiga en la Fundació Tàpies las prácticas performáticas desde los años 60 hasta la actualidad, desde las pioneras como Marina Abramovic a las creadoras del nuevo milenio, que han resucitado la performance como medio contestatario. «A partir de los 60 y hasta los 80 la performance fue un altavoz de las protestas estudiantiles, las revueltas en Europa del Este, los movimientos de resistencia en las dictaduras de América Latina, los colectivos pacifistas y la defensa de los derechos civiles, además del reconocimiento de gais y lesbianas. Actualmente, estamos ante un evidente revival: las nuevas generaciones protagonizan un renacimiento de la performance», explica la comisaria Bettina Knaup, que en 2009 organizó en Berlín una gran exposición sobre la historia de la performance femenina, que «nunca había sido objeto de un estudio minucioso».

La segunda parte de esa muestra sería re.act.feminisme # 2, un archivo de 160 artistas de 40 países distintos que itinera por toda Europa (Barcelona es su sexta parada) y que incorpora nuevas piezas a cada ciudad. La exposición viene a ser un videoclub de la performance: de una estantería el visitante extrae el DVD que prefiera para visualizarlo en alguna de las cuatro cabinas montadas en cajas de madera (aunque para entender la pieza al 100% es necesario buscarla en una guía escrita sólo en inglés, así que la sensación es la de estar en una biblioteca, constantemente consultando el catálogo).

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