18 octubre 2015

Como ser millonario y comprarte islas

Michael Steinhardt, propietario de uno de los más influyentes grupos de inversión internacionales, compró en la década pasada dos islas en el archipiélago de Las Malvinas (Atlántico Sur). Poco después, este filántropo neoyorquino donó los islotes a la Widlife Conservation Society. Su intención era devolver esos territorios casi vírgenes a sus legítimos propietarios: miles de pingüinos y la mayor colonia del mundo de albatros de ceño negro. 

Lo mismo hizo otro compatriota suyo, Douglas Tompkins, creador de la marca de ropa deportiva The North Face, que adquirió terrenos en la Patagonia para convertirlos en dos paraísos naturales, el parque de Monte León argentino y el Pumalín en Chile. 

Un caso curioso es el del millonario de origen holandés Paul Fentener van Vlissingen, fallecido en agosto de 2006. Filántropo ambientalista, fue de los primeros grandes empresarios en mostrar su preocupación por el calentamiento global, y destinó buena parte de su patrimonio (edificado a la sombra del carbón y de los supermercados MaKro) a oxigenar la tierra.

Todos estos personajes forman parte del grupo de los ecomillonarios, personalidades con un alto poder adquisitivo que invierten su dinero en lugares vírgenes o desérticos para ayudar a conservar el planeta. O bien respaldan el desarrollo sostenible a través de sus empresas y negocios. El ecofilantropismo comenzó a despuntar cuando los idealistas adinerados descubrieron que el hambre de un niño no se erradica solo dándole un cuenco de arroz, sino preservando el hábitat de su fuente de alimentos. 

Pero, como siempre que ecología, poder y dinero se mezclan, muchos sospechan que detrás de esta concentración de tierras en manos extranjeras se vislumbra un moderno colonialismo y una manera fácil de hacerse con recursos naturales (como el agua) que serán decisivos en el futuro.

España también posee su cuota de ecomillonarios. Bastante menos exóticos y sofisticados que sus colegas anglosajones, los ricos autóctonos prefieren dar rienda suelta a su filantropismo verde invirtiendo en sectores pragmáticos (y también más rentables), como las energías renovables o el reciclaje de aguas y basuras.

Según Greenpeace, José Manuel Entrecanales (poderoso, interesante y concienciado) es uno de los perfiles de ecoempresario español más genuino. Presidente ejecutivo del Grupo Acciona, siempre ha demostrado una sensibilidad especial hacia los temas relacionados con el cambio climático y es un activo defensor del desarrollo sostenible en los foros internacionales. 

Además, actúa como Business Angel (inversor) en empresas innovadoras que potencian un mejor aprovechamiento de los recursos naturales.

Carmen y Liliana Godia (hijas del empresario, coleccionista de arte y piloto de Fórmula I Francisco Godia) son dos mujeres que se suman a la lista de personas comprometidas con el cuidado de la naturaleza a través de sus actividades empresariales.

Lorenzo Fluxá, inspirador y propietario de la firma de zapatos Camper, recibió en el año 2000 una ecoetiqueta, impulsada por la Unión Europea. Este sello garantiza que los productos han sido fabricados con el menor impacto posible sobre el medio ambiente. Además, ha puesto en marcha el proyecto Jardines Comestibles, convirtiendo los patios y las zonas verdes de los centros escolares públicos en huertos ecológicos para concienciar a los más pequeños.

Pero sobre todos reina Esther Koplowitz. Su compromiso en la investigación del cáncer o el alzhéimer es bien conocido. Aunque quizá pocos sepan que la Fundación que lleva su nombre se halla implicada en programas de protección y sostenibilidad del medio ambiente. De hecho, inició una línea de actuación empresarial ecológica que se ha traducido en que la división de FCC Construcción haya invertido la friolera de 54,4 millones de euros en gestión medioambiental durante 2016.

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