21 septiembre 2015

La brevedad de nuestra existencia respecto a las dimensiones del Universo

Hace un par de noches, me desperté en un hotel de la Ría de Arousa a las cuatro de la mañana. Venía un viento helado del mar y el cielo estaba sorprendentemente claro. Podía ver con nitidez las Pléyades, ese grupo de estrellas que brilla en las noches estivales antes del amanecer. De repente un meteorito cruzó el cielo a gran velocidad y estalló con un intenso fulgor sobre el bosque de eucaliptos que tenía a un centenar de metros de mi ventana. Podía escuchar a lo lejos el adormecedor rumor del oceáno, que acuna a los sueños de los que somos de tierra.

Me quedé un buen rato viendo las estrellas, como me gustaba hacer durante los muchos veranos que pasé en la sierra de Guadarrama. Llegué a comprarme un pequeño telescopio, pero nunca aprendí a manejarlo, de suerte que observaba el cielo con unos buenos prismáticos.

Recuerdo que una noche de agosto sentí también una gran emoción al contemplar una pequeña mancha grisácea que era la galaxia de Andrómeda, la más próxima a nuestra Vía Láctea. Está situada a unos tres millones de años luz, lejanía inimaginable. Lo que yo veía como una pequeña mota gris perdida en la inmensidad del firmamento era en realidad un conjunto de millones de estrellas.

A pesar de esta inmensa distancia, Andrómeda es una galaxia muy cercana a la nuestra. Existen en el Universo otras formaciones tan remotas que ni siquiera podemos ver con el más sofisticado de nuestros telescopios. Los cuerpos celestes se mueven a gran velocidad pero estamos tan lejos de ellos que nos parecen inmóviles. Por eso, el cielo que podremos contemplar esta noche será prácticamente el mismo que el que observaba el hombre de Cromagnon hace 50.000 años, un breve suspiro en términos espaciales.

Las distancias siderales y las dimensiones del Universo revelan la pequeñez de todo lo humano y, sobre todo, la brevedad de nuestra existencia. A mí me hacen pensar en los límites de nuestro conocimiento. Nada sabemos del origen de la materia, no podemos calcular el tamaño del Universo ni conocemos si hay un Relojero que ha dado cuerda al gran mecanismo cósmico.

La ciencia ha descubierto que existen agujeros negros que están integrados por tal cantidad de concentración de masa que absorben la luz. Pero de momento, la existencia de esos misteriosos objetos es una hipótesis, como la de la llamada materia oscura.

No quiero menospreciar el trabajo de los físicos y los astrónomos, que cada vez profundizan más en estas cuestiones. Simplemente me limito a constatar que seguimos sin saber casi nada acerca de las causas de la materia y del origen del Universo, lo que debería ahuyentar cualquier pretensión de soberbia de la razón. Sólo nos queda ser conscientes de nuestra contingencia en un espacio infinito en el que lo individual resplandece y se apaga en un instante como el meteorito que vi anteanoche.

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