23 septiembre 2015

Bajo la lupa del sacarmo

Si una imagen vale más que mil palabras, muchas de las viñetas publicadas en los medios impresos llegan a tener la fuerza de mil editoriales. Tanta que incluso los integrismos más intolerantes son capaces de castigarlas con el asesinato. Una triste realidad que alcanzó su vertiente más trágica con la matanza en el semanario Charlie Hebdo.

"El humor no es peligroso en sí mismo, pero sí creo que tiene el poder de ridiculizarlo todo. Cuanto más irracional es una creencia, menos tolerancia tiene ante el humor o la crítica. En este contexto, los humoristas son blanco fácil", explica Gerardo Vilches, historiador y uno de los divulgadores y críticos de cómic más activos.

En España, la historia de la prensa satírica va muy ligada al desarrollo del periodismo desde las primeras gacetas del siglo XVI y XVII. En el siglo XIX surgieron los primeros semanarios humorísticos como contrapeso a la prensa oficial. Fue, sin embargo, durante la Transición cuando el género alcanzó en España una auténtica edad de oro.

"Fue un periodo mágico. Entre 1975 y 1985 aparecieron más de 150 cabeceras satíricas (entre ellas algunas tan significativas como El Papus, Hermano Lobo, La Codorniz, Por Favor o El Jueves, la única que aún está en los quioscos)", recuerda Manuel Barrero director de Tebeosfera.

Al margen de secuestros de ejemplares y multas administrativas impuestas incluso en plena Democracia. La historia de la sátira española también cuenta con capítulos teñidos de sangre. Como la de Vicent Miquel Carceller, dueño y director de La Traca, que fue torturado y fusilado en Paterna en 1940. No obstante, el momento más trágico se vivió en 1977 con el atentado terrorista del grupo Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista) contra la redacción de El Papus, en el que murió el conserje Joan Peñalver y fueron heridos 17 trabajadores.

Hoy las publicaciones humorísticas más relevantes, como El Jueves o Mongolia, nacida en 2012, han visto muy recortadas sus tiradas. Pese a todo, se mantiene un abanico más o menos amplio de revistas. "Siempre que los lectores quieran, existiremos, porque dependemos de ellos y no de la publicidad", afirman desde la redacción de Mongolia.

"En la última década, la prensa satírica impresa ha visto pocos retoños. Entre ellos, Retranca, El Climaco, Le Potage, Enchufados y algunos lanzamientos de tipo fanzine, todos ellos de distribución más local que nacional y todos cerrados hoy, esencialmente por falta de ventas. No han dejado de surgir iniciativas de sátira gráfica locales, como el irreductible semanario catalán El Triangle, la revista sevillana TeVeo, o el notable esfuerzo editorial de Efadós, que no para de publicar antologías coordinadas por Jaume Capdevila. Hace poco apareció El Churro Ilustrado, lanzada por el editor de cómics más potente en España", resume Barrero.

Al margen de los kioscos, los ejemplos de fanzines universitarios han sido muy limitados y la mayoría de ellos no han pasado de los pasillos de la facultad. Ejemplos como Migas o UPMCómic son verdaderas excepciones, y más vinculadas al cómic que a la sátira.

Sí que alcanzó popularidad la web La Taberna Global, en la Universidad de Málaga. Lo que nació como un podcast de alumnos de periodismo se convirtió en una publicación muy seguida. Tanto que el centro les vetó dos portadas durante la Jornada de Puertas Abiertas de 2013.

"Estábamos decorando el stand con nuestras portadas más provocativas (con el titular, por ejemplo, "Huye de la UMA"), y la organización nos instó a retirarlas. Fue algo torpe por parte de la UMA, pues nuestro material tuvo mucha más difusión que si no nos hubieran censurado", explica Javier Martínez, ex director de La Taberna Global, que cerró en junio de 2014.

En pleno siglo XXI, el humor y las circunstancias han cambiado. Hace 30 años se dibujaban chistes sobre mujeres y minorías que hoy serían inconcebibles. De la misma manera, tal y como subraya Barrero, "hoy se practica la autocensura frente al omnímodo poder de diferentes grupos que controlan los medios de comunicación". Fue por esta razón que vio la luz el primer número de Orgullo y Satisfacción, una revista fundada por dibujantes de El Jueves que abandonaron esta cabecera tras prohibir la empresa editora una portada sobre la Monarquía.

Orgullo y Satisfacción se publica únicamente en internet, con picos de ventas de 35.000 ejemplares y más de 5.000 suscriptores. La red se muestra como una vía de supervivencia para este género periodístico. Así aparecen revistas como La gallina vasca y Gurb, o los informativos satíricos Caduca hoy y El Mundo Today.

En 1977, el grupo terrorista anticomunista Triple A atentó en la redacción de ‘El Papus’. Murió el conserje y resultaron heridos 17 trabajadores de la revista.

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