06 julio 2015

La princesa durmiente todo un éxito

A estas alturas, asombra todavía ala libertad, la absoluta libertad con la que se mueve Gonzalo Torrente Ballester por la literatura. La ficción noiene secretos para él, nada se le resiste, no queda sombrío rincón sin escudriñar. Sin duda su obra mayor ya está hecha, pero su pluma sigue brujuleando, marcando el norte de su literatura. 

En la impresionante scuadra de este marino ferrolano que hubiera gustado de tocar la gloria en la batalla de Trafalgar, hay varios buques insignias, pero también hay obras menores, de menor calado, hechas con diferente intención, con distinta ambición, pero no por ello hay que tenerlas en dique seco. 

Torrente tiene tanto oficio, el escribir en él es algo tan consustancial con su persona, que ningún género se le planta, con todo puede. La princesa durmiente va a la escuela es un pastiche, una suerte de cuento de hadas escrito hace cuarenta años, cuando no hacerlo era pecado. La rosa de los vientos es una inteligente opereta bufa, con ribetes zarzueleros y anacronismos balcánicos. 

Quizá nos lleve el viento al infinito es una estupenda narración falsamente tiquetada como novela de espías, que también lo es. A Torrente, además, le ronda el magín desde hace años encararse con una novela policíaca y seguro que se pone a ello un día de éstos. En este grupo de obras menores, de obras de género, de divertimentos, puede ser incluida su última novela, que no es una novela erótica, aunque se insinúe, y tampoco una novela histórica paródica, aunque lo parezca. 

Cronica del rey pasmado es una novela de humor, amena, divertida, inteligente y tan bien escrita como en Torrente es norma. Eso sí, sin complicaciones ni arboladuras.La anécdota es lineal. Un rey inexperto y pasmado, vive prisionero de la Corte, de la Iglesia y del Protocolo sin poder satisfacer uno de sus más fervientes deseos: ver desnuda a la reina. 

Con agilidad y garbo va moviendo Torrente el decorado, distribuyendo sus actores, usando su lenguaje, sin más intención que divertir, entretener. No se busque intencionalidad política, afán de denuncia, interés por deslumbrar con conocimientos históricos, ambición por poner en pie un pedazo de historia española. Nada de nada, solo pasión por contar, por escribir, por divertir. 

Al contrario que Filomeno, a mi pesar, Premio Planeta 1988, que resultó, a mi modo de ver, fallida porque repetía unas fórmulas ya gastadas en Javier Mariño y porque daba la impresión de que Torrente escribía con falsilla desganada, Crónica del rey pasmado está hecha sin falsilla, con lozanía, más bien. Al leerla se nota, cosa que siempre es de agradecer.

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