23 julio 2015

El ocaso de Nueva York

El escritor norteamericano Jay Mac Inerney se encuentra en Barcelona para asistir mañana miércoles, a una conferencia en el Instituto de Estudios Norteamericanos dentro del ciclo «Narrativa Actual Norteamericana» que se celebra desde el pasado abril. Mac Inerney pasará a la historia como uno de los escritores más representativos de la narrativa de la década de los años 80 norteamericanos. Aunque, tal vez, utilizar la palabra norteamericana sea demasiado aventurado a la hora de valorar la realidad sociológica que aparece en sus libros, ambientados en Nueva York, o en el caso de Ransom, desde el punto de vista neoyorkino. La magia y la energía de esta ciudad norteamericana, para muchos capital del mundo, son las que el autor utiliza para escribir sus novelas. 

«Nueva York es el escenario. En esta ciudad conviven una emocionante prosperidad y una curiosa avaricia. Todo ello lo hace apasionante. Dudo, que en la actualidad, exista una ciudad con tanta enegía», afirma. Pero esa energía se agota. Premoniza que Nueva York irá perdiendo en los próximos 50 años su impulso y vigorosidad, y todas las «tribus urbanas» que conviven, se mezclan y se divierten buscarán nuevos sitios con energía parecida.

«Estoy escribiendo una novela que está situada cronológicamente en el Nueva York de 1987, que es para luí el final de la era de los 80 neoyorkinos. Cuando termine esta novela, posiblemente me marche a vivir a Washington, cerca de la política», agrega el artista. Mac Inerney habla de los habitantes de Nueva York como personas que necesitan la excitación cotidiana para vivir. Esta situación la convierte en metáfora contando, por ejemplo, la historia de un amigo suyo drogadicto. «Después de proponérselo -dice Mac Inerney- dejó la droga. Superados casi todos los problemas, se dio cuenta que necesitaba que la emoción y el riesgo llenaran su vida. La solución la encontró en todos los deportes arriesgados. Se puso a hacer escalada, piragüismo, «parapenten», «rafting», porque necesitaba el riesgo. Esto mismo es lo que le pasará a mucha gente, que ahora vive en Nueva York por simple emoción». 

Pero no sólo de modas vive este escritor neoyorkino, nacido hace 35 años en Connecticut. En principio los países del Este no le interesan, «porque me siento extranjero y no puedo escribir sobre ellos». Y en ese momento, vuelve a aparecer en la conversación la ciudad de Washington. 

Afirma que su literatura cambia según en qué ciudad se encuentre. «Mi escritura surge del sitio, del lugar en donde estoy. Cuando llegué a Kioto pensé : "Voy a escribir sobre este lugar". Y con Nueva York me pasó lo mismo». Jay Mac Inerney está acostumbrado a cambiar de ciudad. Acompañó a su padre por todos los países donde fue destinado, pero nunca supo adaptarse a las culturas que conoció. «Mi novela Ransom está escrita con una perspectiva de norteamericano en una cultura oriental».

En la actualidad, Mac Inerney está considerado un escritor popular, traducido a doce idiomas y con una cuenta corriente holgada. «Ya sé lo que significa que no te conozca nadie. No sé si es mejor ser pobre para escribir mejor. A raíz de mi primer libro Luces de Neón me hice popular, y gracias a ellos pude escribir el otro, La historia de mi vida. Sin los conocimientos que adquirí cuando escribí el primero, me hubiera sido imposible escribir desde el punto de vista de un rico. En algo he ganado». A pesar de que gracias a la personalidad de Nueva York sus libros son conocidos, el escritor considera que la posible prosperidad de la ciudad fue sólo un «bluf» de la era Reagan. «No me siento en absoluto partidario de la política Reagan. Lo único que consiguió fue hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Los intelectuales nunca pudimos hacer nada contra ella porque Estados Unidos es un país de antiintelectuales».

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