21 mayo 2015

Como viviría el humano sin música

«La música es siempre la misma. Cambian los criterios, los procesos y los tratamientos que se le aplican», opina Luciano Berio. El compositor italiano dirigirá hoy en Madrid un concierto con cuatro Secuencias para trombón, arpa, violín y voz y el estreno en España de Ofanim, obra para dos grupos instrumentales, dos coros de niños, voz femenina y Real Time Computer System. Luciano Berio explica su pensamiento musical con un detenimiento que delata su fascinación por el mundo de los sonidos. 

«Ahora se puede decir con más fundamento que la música es la arquitectura de los sonidos, puesto que con las nuevas tecnologías somos capaces de crear espacios sonoros o movimientos sonoros en el espacio intrínsecos en la propia composición». Esa nueva dimensión, lo que Berio llama «espacialización» del sonido, es precisamente la que ha marcado su labor de los últimos años en el Instituto Florentino Tempo Reale, centrada en la investigación de la acústica en auditorios polivalentes así como en las aplicaciones tecnológicas en la edición de partituras. «La música, como el lenguaje, no se agotará jamás, porque aunque tenga unos sonidos limitados existen infinitas posibilidades de combinarlos», añade el compositor. 

«En este siglo se han producido novedades estructurales tan importantes como el empleo del ruido, de la palabra hablada, con todos los aspectos menos armónicos y vocálicos del lenguaje, y unas novedades tecnológicas que nos permiten manipular la música desde dentro». 

En opinión de Berio, «lo más característico de la música contemporánea es que vincula los aspectos más pequeños con los más globales, conectando el cuerpo con el oído y con el cerebro, los detalles locales con la concepción global. De esa forma un espectador inteligente, aunque carezca de códigos prefabricados para apreciarla, puede percibir y seguir la evolución de las relaciones internas en la música». Berio afirma que, frente a los virtuosos «del pasado» y los especializados en la música contemporánea, él prefiere «el virtuosismo consciente, el talento de un músico que interprete la música de hoy con una sensibilidad previamente atravesada por la de ayer y viceversa».

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