28 mayo 2015

Los obispos españoles son los jefes de la Cope

La Iglesia española encara la década de los noventa con un objetivo claro, definido y prioritario: la recuperación del sentido religioso de la sociedad española o lo que en términos eclesiásticos se define como una nueva evangelización. 

Su cadena de radio se convierte en un utensilio primordial para esa tarea, pero también en un utensilio polémico. «No se trata ya sólo de vigorizar las raíces», afirmó el pasado lunes el presidente del Episcopado, Angel Suquía. «En no pocos casos, en no pocos ambientes, se trata de comenzar desde el principio, casi de partir de cero. Por eso es posible hoy hablar de una nueva evangelización». La recristianización cuantitativa y cualitativa de España exige ganar para la causa de la Iglesia a las «ovejas descarriadas», que hoy abundan, tanto entre las élites como entre las bases populares. 

Según la estrategia diseñada por el propio arzobispo de Madrid, las élites volverían al redil a través de las universidades católicas o de inspiración cristiana fundamentalmente, y a las masas habría que atraerlas a través de los medios de comunicación vinculados a la Iglesia. 

«Estamos viviendo», señala Suquía, «un momento privilegiado para proclamar, con más fuerza y más alto que lo hemos venido haciendo, que no se puede orillar la dimensión religiosa del hombre y de la sociedad». Y la COPE es el mejor púlpito con el que cuenta hoy la Iglesia, sobre todo después del desenganche de la jerarquía del diario Ya, su no incorporación a la carrera de las televisiones privadas, así como la atomización y el escaso impacto del ejército de pequeñas publicaciones (revistas, hojas diocesanas y parroquiales, boletines...) de titularidad eclesial. «La COPE constituye hoy el capital más sólido que tiene la Iglesia española en materia de Medios de Comunicación Social», asegura el portavoz del episcopado, Joaquín Luis Ortega, uno de sus mejores expertos en comunicación. 

Más de cien emisoras repartidas por todo el territorio nacional, un nivel de audiencia envidiado y envidiable, una facturación millonaria en publicidad, y un pequeño ejército de profesionales competentes (algunos con los sueldos más astronómicos de la radiodifusión española) son los poderes de la COPE. Y los obispos lo saben y son conscientes de que el peor programa radiofónico tiene más impacto e influencia en la opinión pública que todas sus pastorales y documentos juntos.

Radio Popular nació en los años cincuenta en diversas parroquias y diócesis, y sólo en los ochenta comienza a funcionar en cadena. La unión de emisoras y la contratación de «divos» radiofónicos pronto catapulta a la COPE hacia los primeros puestos del «ranking» de audiencia, convirtiéndose en un auténtico negocio. Y con él llega la publicidad, el consumo, la comercialidad y la furiosa competencia. Además, los profesionales exigen libertad y no quieren convertirse en catequistas dispuestos a difundir por encima de todo el pensamiento de la Iglesia y el mensaje de Jesús. «La información de esta casa», señala Fernando Onega, director de informativos, «se rige por el único criterio de la profesionalidad, como en cualquier otra emisora de radio. Nuestra misión fundamental no es evangelizar, sino comunicar información». Por otra parte, los mismos patronos no saben lo que quieren. 

Mientras el ala progresista del episcopado pide una mayor apertura de la cadena de la Iglesia, incluso a los disidentes de la institución, los conservadores, mayoría abrumadora en estos momentos, exigen una ortodoxia más clara en sus contenidos. Unos y otros aspiran a conseguir, en palabras de Suquía, «que la COPE siga siendo un medio ágil y con garra y, al mismo tiempo, con una identificación cristiana y evangélica clara». ¿Podrá la COPE casar el cielo con el suelo: empapar a su numerosa audiencia de Evangelio y, al mismo tiempo, seguir siendo comercial y competitiva? El propio Suquía reconoce que es difícil, y el director de la programación religiosa, José Luis Gago, asegura que es posible, «ya que la inspiración cristiana no desvirtúa la realidad, sino que le da sentido».

Para estudiar la manera de casar comercialidad con Evangelio, los obispos han creado una comisión especial, integrada por el propio cardenal Suquía, el secretario general del episcopado, Agustín García fiasco, el presidente de la comisión episcopal de Medios, Juan Martí Alanis, el responsable de la cadena, Teodoro Ubeda, obispo de Mallorca, el obispo de Badajoz, Antonio Montero, experto en medios, y el consejero delegado, que al parecer es el que más poder real ostenta en la cadena, Bernardo Herráez, gerente y cabeza financiera del episcopado. Su misión es redactar un primer borrador de estatutos y reactualizar el ideario de la cadena de la Iglesia. 

Ningún obispo quiere matar «la gallina de los huevos de oro», pero muchos pretenden una «reorientación ideológica» de la cadena, lo cual, lejos de ser un paso más hacia el pluralismo, podría suponer no sólo la pérdida de su eficacia comercial, sino también su instrumentalización en aras de una mayor acentuación del conservadurismo eclesial español. El Episcopado también quiere hacer de la cadena de la Iglesia una ampliación de los boletines diocesanos, que ni siquiera los curas leen. Por eso toleraron en sus emisoras, al menos hasta ahora, un estilo radiofónico atractivo y competitivo, con suculentos resultados económicos. En cambio, los «resultados religiosos» no parecen ser del agrado del ala conservadora del Episcopado que, por boca de su secretario general, Agustín García Gaseo, aseguró recientemente que en muchos de sus programas la Cope no responde al pensamiento de la Iglesia y que, a veces, ni siquiera informa de los grandes acontecimientos eclesiales en sus espacios informativos habituales. 

En aquella ocasión, monseñor Martí Alanis, presidente de la Comisión Episcopal de Medios e integrante del ala centrista del Episcopado (fue competidor de García Gaseo en las elecciones para secretario general de la Conferencia Episcopal) reconoció que los obispos estaban divididos sobre el tema y salió en defensa de la Cope. «No creo», dice el obispo de la Seo de Urgel, «que cambie sustancialmente la concepción de radio popular, entendida como una cadena conectada con la sensibilidad del pueblo». Las espadas episcopales continúan en todo lo alto, y en el seno del Epicospado siguen habiendo división de opiniones a tope, en torno a la Cope.

21 mayo 2015

Como viviría el humano sin música

«La música es siempre la misma. Cambian los criterios, los procesos y los tratamientos que se le aplican», opina Luciano Berio. El compositor italiano dirigirá hoy en Madrid un concierto con cuatro Secuencias para trombón, arpa, violín y voz y el estreno en España de Ofanim, obra para dos grupos instrumentales, dos coros de niños, voz femenina y Real Time Computer System. Luciano Berio explica su pensamiento musical con un detenimiento que delata su fascinación por el mundo de los sonidos. 

«Ahora se puede decir con más fundamento que la música es la arquitectura de los sonidos, puesto que con las nuevas tecnologías somos capaces de crear espacios sonoros o movimientos sonoros en el espacio intrínsecos en la propia composición». Esa nueva dimensión, lo que Berio llama «espacialización» del sonido, es precisamente la que ha marcado su labor de los últimos años en el Instituto Florentino Tempo Reale, centrada en la investigación de la acústica en auditorios polivalentes así como en las aplicaciones tecnológicas en la edición de partituras. «La música, como el lenguaje, no se agotará jamás, porque aunque tenga unos sonidos limitados existen infinitas posibilidades de combinarlos», añade el compositor. 

«En este siglo se han producido novedades estructurales tan importantes como el empleo del ruido, de la palabra hablada, con todos los aspectos menos armónicos y vocálicos del lenguaje, y unas novedades tecnológicas que nos permiten manipular la música desde dentro». 

En opinión de Berio, «lo más característico de la música contemporánea es que vincula los aspectos más pequeños con los más globales, conectando el cuerpo con el oído y con el cerebro, los detalles locales con la concepción global. De esa forma un espectador inteligente, aunque carezca de códigos prefabricados para apreciarla, puede percibir y seguir la evolución de las relaciones internas en la música». Berio afirma que, frente a los virtuosos «del pasado» y los especializados en la música contemporánea, él prefiere «el virtuosismo consciente, el talento de un músico que interprete la música de hoy con una sensibilidad previamente atravesada por la de ayer y viceversa».

14 mayo 2015

Las mujeres se niegan a casarse con hombres que ya vienen con hijos

Sólo un 21% de los jóvenes españoles no se casaría con personas que hubiesen tenido un hijo estando solteras. Además, el 15% no contraería matrimonio con alguien que anteriormente hubiese convivido con otro hombre u otra mujer. Estos datos -que forman parte del estudio «Jóvenes españoles 89» publicado recientemente por la fundación Santa María- revelan un aumento en los niveles de tolerancia en casi todas las actitudes juveniles. No obstante, persiste un cierto rechazo hacia las relaciones extramatrimoniales. 

Hoy parece haber remitido aquella fiebre de libertad sexual que caracterizó a España en los años setenta. Sin embargo, las relaciones de pareja comienzan antes y han acortado notablemente el periodo de noviazgo. Por lo demás, los jovenes de hoy tienen una elevada capacidad de convivencia, fruto de la concordia entre las normas morales y actitudes religiosas propias y las de sus progenitores. Los tiempos están cambiando, pero son los propios jóvenes quienes más han sufrido esta evolución que está rodeada de un cierto pragmatismo hedonista. Indudablemente, estamos ante un progresivo cambio de valoración social por parte de la juventud. Hay un alto grado de pragmatismo y tolerancia. 

Ambos conceptos conviven con ciertas normas conservadoras de principios tradicionales que se han impuesto en las sociedades occidentales y desarrolladas. La propia situación económica de la sociedad, como habían justificado algunos, no parece ser la única causa del aumento del tiempo de estancia en el hogar paterno. Existen otras muchas razones más.

Los jóvenes se encuentran cómodos en casa. Hay una gran compenetración entre padres e hijos. La generación de padres del 68 ha transmitido mayor tolerancia. Así lo reconocen nueve de cada diez jovenes, sin que existan diferencias apreciables en relación con el sexo. Esa misma actitud se traslada al respeto sobre el carácter ideológico con los padres. En las normas morales y en las actitudes religisosas es donde mayor nivel de coincidencia se dá entre padres e hijos (entre el 40 y el 47%). En cambio, el mayor y más homogéneo grado de disconformidad se registra en lo referente a las relaciones sexuales. Uno de cada cuatro coincide básicamente con sus padres y, apenas uno de cada diez , lo hace en el terreno de las actitudes sexuales. Y es que este tipo de relaciones uno de cada dos considera la sexualidad como algo propio, personal e intimista. 

Los jovenes han acortado el tiempo de noviazgo. Sólo uno de cada diez en edades comprendidas entre los 15 y los 24 años, dice no haber salido nunca solo/a con un chico/a. Y cuatro de cada diez dicen no tener novio/a, chico/a fijo/a con quien salir. esta proporción es idéntica en ambos sexos. Pero conviene señalar que la caída de la nupcialidad no implica, forzosamente, una posposición masiva de matrimonios por parte de las parejas ya establecidas. Entre los jóvenes emparejados se dan las mismas actitudes sexuales. Y en este mismo grupo, dos de cada tres comparten actitudes sociales y valores morales y sólo uno de cada dos tenían las mismas actitudes políticas y religiosas. 

Evidentemente, hay una mayor posposición del matrimonio debido a la comodidad que supone la convivencia en el domicilio paterno, pero también, por la mayor tolerancia hacia otras formas de vida en pareja. Para buscar la media naranja del matrimonio, los jóvenes valoran el carácter agradable y la inteligencia, como las principales cualidades. No obstante, el atractivo físico es mencionado en tercer lugar por el 50%, mientras que la educación y la cultura se quedan en el 48 y que sea trabajador/a en el 47%. Curiosamente, dos de cada tres siguen apostando por el matrimonio religioso, uno de cada siete por el civil y uno de cada diez por la unión libre.

Existen leves diferencias entre ambos sexos, pero sigue siendo la mujer la que está más inclinada hacia la celebración del matrimonio religioso. Según el estudio, el éxito del matrimonio se basa en la fidelidad, el mutuo aprecio, el respeto y la comprensión, la tolerancia y una relación sexual feliz. Los hijos se plantean más como apoyo o encaje interpersonal de la pareja que desde su dimensión reproductora. De esta forma se observa que se relativiza la importancia de los hijos y la de éstos como factor para la realización personal de la mujer. Dos de cada tres jóvenes no consideran imprescindibles a los hijos para que pueda realizarse la mujer. 

Las razones que justifican el divorcio son, por este orden, el comportamiento violento de cualquiera de los cónyuges, la infidelidad reiterada dentro de la pareja y la falta de amor, el mutuo acuerdo y el beber con frecuencia y de forma abusiva. Las mujeres mencionan con más frecuencia el comportamiento violento, el alcoholismo y la infidelidad mientras los hombres hablan más de la falta de satisfacción en la relación sexual.