15 marzo 2015

El Liang Shan Po refugio de camellos y chorizos

Métanse, métanse en esos soportales y verán cómo salen sin bragas», dice una vecina señalando los siniestros callejones del «Liang-Shan-Po». Los oscuros soportales son el mejor refugio para los «camellos» y «chorizos» que tienen atemorizados a los vecinos y comerciantes de la zona. Hace más de diez años que el barrio Puerta de Madrid, en Alcalá de Henares, tomó prestado el nombre de la legendaria serie La Frontera Azul. Pero la singular historia del «Liang-Shan-Po» tiene poco de cuento chino: sus siniestran plazas se parecen cada vez más a las del vecino barrio de Las Fronteras, que ha resucitado el fantasma de las patrullas callejeras. 

El ruido de «sables» se deja oír con más intensidad desde hace un mes. Los atracos a punta de navaja se suceden un día tras otro, y los comerciantes están dispuestos a salir con porras a la calle, como hicieron hace año y medio. «Si la ley no pone freno a esta situación, tendremos que hacerlo los vecinos», afirma el propietario de la tienda Expo-Cocina, en la que resultó herido a navajazos un dependiente hace dos semanas. El propietario habla con él por teléfono: «¿Qué tal te va Rosendo? 

¿Y las puñaladas de la espalda?». Era el 21 de noviembre cuando un joven abordó a Rosendo pidiéndole un presupuesto. De pronto sacó una navaja y llevó al dependiente a un lugar discreto dentro de la tienda, donde le asestó varios navajazos. Unos días antes, el farmacéutico Rafael Aguilar -hasta 300 jerginguillas ha llegado a vender algún día- también se las tuvo que ver con un navajero. Aguilar consiguió arrebatarle el arma y forcejeó con él. «Al final me di un golpe muy fuerte contra el mostrador y el tipo salió huyendo. No ha vuelto desde entonces». Hace poco le tocó el turno al centro de la Tercera Edad, en la calle de Pedro de Lerma. «Estuvimos vendiendo lotería y se conoce que dijeron: "Vamos a pillar a los viejos, que son tontos», dice uno de los responsables del centro. «Pero el dinero ya nos lo habíamos llevado. Eso sí, causaron muchos destrozos». Una peluquería, otra tienda de muebles, una de moda, una floristería, varios bares... Los objetivos de los «chorizos» en los últimos días son muy variados. 

«Son 30 o 40 familias indeseables, de las 1.500 del barrio, las que casusan todo esto», dice Inocencio Cea, 11 años viviendo en el barrio. Los vecinos se han unido a las protestas de los comerciantes y han celebrado una asamblea este fin de semana para exigir una mayor vigilancia. En la calle hay un nuevo temor: la emigración de «camellos» desde el vecino Torrejón. «Son los mismos que los de Las Fronteras», dice una señora. «Les veo en el autobús de las 12.30».

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