25 agosto 2014

Bianca Balti está en las guías

Hasta sus iniciales –B.B.– coinciden. Coronada a bombo y platillo como la Brigitte Bardot del siglo XXI por la industria de la moda en pleno, Bianca Balti (Lodi, 1984) comparte con su hipotética antecesora belleza y una acusada vis combativa, que pasa por obviar las recomendaciones de su manager y amigo, Bruno, cuando la conmina a evitar cuestiones políticas –la actualidad manda y, durante la fría tarde milanesa en la que se desarrolla esta entrevista, Italia espera en vilo unos resultados electorales que pronto se revelarán convulsos–.

Un gato tatuado ronronea en su brazo, y la top model italiana por excelencia –con permiso de su compatriota Mariacarla Boscono– admite inclinaciones felinas y gusta de dejarse "mimar por la gente" para pronto darles esquinazo. Pero es de todo menos escurridiza cuando toca mojarse. Especialmente en la misma jornada en que, para más inri, Silvio Berlusconi vuelve al ruedo ante la estupefacción del equipo congregado en el cuartel general de Dolce & Gabbana en Viale Piave. ¿El motivo? El lanzamiento de Light Blue, la célebre fragancia estival de la casa, a la que Balti presta imagen.

Maquilladores y peluqueros consultan Twitter para informarse ante el posible retorno inminente de Il Cavaliere, con quien la maniquí las ha tenido tiesas. "Cuando estaba en el Gobierno, solía copar los titulares de los periódicos con declaraciones del estilo: ‘Me avergüenza ser italiana’. Y hasta la pequeña Mussolini –Alessandra, la nieta del Duce– exigió mi despido", recuerda. Acaba la frase con una risita ingenua y titilante que podría llamar a engaño y que al final no es sino la mejor manera de quitar hierro al asunto. La diputada de extrema derecha no ha sido la única en pedir la cabeza de la modelo: el mismísimo Cavaliere lo hacía a principios de febrero –cuesta poco imaginarle exigiendo a Dolce & Gabbana la rescisión del contrato de su bello azote– por criticarle abiertamente en la prensa. "Siempre digo lo que pienso en las entrevistas. Es mi forma de mantenerme fiel a mis valores, los que defendía cuando era okupa. Me lo tomo, eso sí, con mucho sentido del humor. Ellos no, claro. A pesar de todo, no soy nada extremista. Cuando maduras, entiendes que no puedes quemarte a lo bonzo. Mi lema es vive y deja vivir."

En las elecciones de marras votó en blanco a modo de protesta, animando a sus más de 22.000 seguidores en Twitter a seguir su ejemplo: "El problema en Italia es que ningún político quiere dejar el asiento, perder sus privilegios, renunciar al dinero... No hay relevo generacional. Berlusconi tiene 77 años; (Pier Luigi) Bersani, 62... Por eso los jóvenes no creen en ellos. Mucha gente se abstendrá, como yo. Esta noche dirán los resultados, y gane quien gane, no importa..., va a ser más de lo mismo", aventuraba. "Puede que los italianos seamos masoquistas. Y que por eso sigamos votando a Berlusconi. No hay solución. No future, como los Sex Pistols", zanja entre risas.

¿Una top punk y okupa? Bianca Balti vivió en una casa okupada en Milán y llevaba el pelo rapado antes de escalar al puesto número 14 del ranking de modelos mejor pagadas del negocio que elabora models.com –y que lidera Gisele Bündchen–.

Hoy, sus amigos de entonces están orgullosos, a pesar de que sus comienzos en la profesión fueron desconcertantes. "De pequeña soñaba con ser modelo, porque leía todas las revistas de moda del mundo en casa –que su padre distribuía; su madre, maestra, es de Azerbaiján– y me sabía al dedillo sus nombres, y los de las marcas. Pero cuando se presentó la ocasión, lloré."

La oportunidad le llegó mientras trabajaba en un supermercado Carugate de Lombardía, a través de una amiga común de su todavía agente, que pronto detectó su potencial. "Chicas guapas hay muchas, pero para triunfar necesitas suerte. Yo empecé en esto un mes de junio, y en septiembre ya había firmado mi primer contrato con Dolce & Gabbana." Selló entonces un pacto profesional tan fructífero como para olvidarse de las pasarelas –"desfilar no es precisamente divertido", admite– y un vínculo cuasi familiar intermitente que se reanudó, curiosamente, cuando fue madre de Matilde, en 2007. "Eso confirma la buena relación que tenemos. Si piensas en Monica Bellucci, ella lleva 25 años trabajando con Stefano y Domenico, que experimentan con nuevas modelos, pero defienden un canon de belleza muy específico, así que cuando lo encuentran... Además, como vivo en Milán, estoy siempre disponible para ellos."

En las tres últimas temporadas ha protagonizado las campañas de prêt-à-porter y joyas (la primera) de la firma. Ahora, hace lo propio con la fragancia Light Blue, un producto a la mayor gloria del estilo de vida mediterráneo santo y seña de la casa. "Cuando hueles el perfume percibes que es fuerte, cítrico. Enseguida evoca al Mar Mediterráneo, a Cerdeña, Ibiza o las islas griegas. Allá donde vayas, existe la fantasía del verano a la italiana, y creo que eso explicaría el éxito de Dolce & Gabbana; ellos saben a quien visten, a la gran familia italiana, ya esté en Taormina o Texas." El top model David Gandy le da réplica en las instantáneas, firmadas por Mario Testino y que sugieren un verano de romance a la italiana en la idílica costa de Capri.

El ‘italian dream’ al que alude Bianca Balti se ensombrece fuera de foco, cuando las fotografías de jóvenes morenos y apolíneos y mammas voluptuosas con la pasta al dente, como sus admiradas Loren y Belluci, se difuminan ante titulares de vellinas y bunga bungas. "Lo peor de Berlusconi no es cómo trata a las mujeres, porque todo en él es malo. En ese sentido es ridículo. No es solo él, es el sistema. Berlusconi es el mal ejemplo. Para entrar en la televisión, por ejemplo, hay una pauta: si haces feliz al jefe..., el trabajo es tuyo. Ese es el modo de pensar en Italia. Y si el jefe puede..., todo el mundo puede." ¿Es ese el país que quiere para su pequeña Matilde? "He pensado en irme a Estados Unidos. Me gusta lo que está haciendo Obama allí, que es justo lo contrario a Europa, donde el objetivo es privatizarlo todo. La de Obama es la dirección correcta. Pero debería pedirle permiso a mi ex marido...", descarta. Por lo pronto, disfruta de su noviazgo de dos años con el músico sardo Francesco Mele, culpable de sus meses de estío en Cerdeña –"me encantaría ir a Baleares, pero en verano está lleno de italianos", bromea– y de que fantasee con su vestido de novia que, por supuesto, coserán sus incondicionales Dolce & Gabbana.

Bianca Balti es la niña mimada de la gran familia que el tándem ha ido creando en la industria, por eso se permite mandar callar al agente cuando este insiste en que no hable más de política y se limite a enumerar sus trucos de belleza –que, dicho sea de paso, se reducen a una ducha mañanera. "Me peinan y maquillan los mejores, y ni con esas he aprendido a hacerlo sola", reconoce–. No teme que Silvio vuelva a llamar a Viale Piave para cerrarle su carnosa boca. Lamenta que sus compatriotas no salgan a las calles como los españoles. "Aquí estamos en la misma situación, pero nadie se queja. Yo me contengo por mi hija, no quiero que su mami vaya a la cárcel."

Huelga decir que, titulares y contratos millonarios aparte, la maternidad es el centro de la vida de Balti. La pequeña Matilde es capaz de transformar "un día de nieve en una gran noticia" y en cambiar por completo los hábitos de la aguerrida joven.

"Sí, viajo a menudo, pero ya era maniquí antes de su nacimiento, así que está acostumbrada. Si tengo que sacrificar algo, nunca es mi hija, sino el resto de mi vida. Cuando no estoy trabajando, me quedo con ella en casa. Reconozco que no salgo demasiado, pero no lo echo de menos." La pequeña, fruto de su matrimonio fallido con el fotógrafo Christian Lucidi, acaba de descubrir el estatus de celebridad materna, apenas un par de semanas antes de esta entrevista. Bianca presentó el festival de San Remo para regocijo de la prensa del país transalpino, que no dudó en titular Una punk en el Ariston –por el escenario del popular certamen musical–. "Me dijo de repente: ‘Mami, eres famosa, sales en la tele’." Quizá, cuando su carrera como modelo expire, se recicle en la pequeña pantalla. Tiene sus planes al respecto, pero evita desvelarlos, "por si no se cumplen". Descarta la actuación. "Convertirse en actriz requiere formación, no es como ser modelo, algo que, simplemente, ocurre." En su currículo figura un pequeño papel en Go Go Tales, de Abel Ferrara, el de una sensual stripper con pelucón y boa de plumas que jamás usaría en su vida cotidiana.

Cuando acaba la sesión, no tarda en recuperar el uniforme de toda modelo que se precie: la parka militar, los vaqueros ajustados y las botas de motorista. Solo un detalle –amén de la altura y la belleza canónica (1,73 metros de estatura, y unas medidas cuasi perfectas, 80-58-86, que cultiva a base de chocolatinas y plátanos)– delata su condición de top model celebérrima y musa de Dolce & Gabbana: un bolso Miss Sicily negro colgando de su brazo mientras lía el enésimo cigarro antes de precipitarse en el interior de un coche negro con los cristales tintados y poner rumbo a casa. Probablemente, la jornada culminará con el visionado "de la cuarta parte de Ice Age" o, si sus deberes familiares lo permiten, con un capítulo de The Walking Dead o la biografía de Keith Richards entre las manos. "Lo mejor de ser madre es que dejas de tomarte la vida demasiado en serio."

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