09 mayo 2014

El alma del transplante

Soy una mujer de 36 años trasplantada de riñón hace cuatro. 
Desde los 30 años a los 32, esperé con impaciencia a que llegara mi riñón.

Esta noche, como otras muchas desde hace cuatro años, tengo la fortuna de tener que preparar mi maleta para irme a una reunión de trabajo a Bruselas. Y digo la inmensa fortuna porque, para mí, cosas como viajar o tomarme un zumo son un lujo que durante unos años no me pude permitir.

Por eso no puedo evitar escribir esta carta tras haber oído las palabras de Mariló Montero: «No está demostrado que el alma se transmita en un transplante».

¿Cómo puede una comunicadora, alguien con tanto poder mediático, decir algo así?

Desde el 27 de diciembre de 2008 lo que está mi alma es tremendamente agradecida por la generosidad de mi donante y la de su familia. Agradecida por el sistema sanitario que tenemos y por el cariño de la gente. Desde entonces, me dejo el alma en cosas tan simples como disfrutar de la vida. Ahí es donde está mi alma y por supuesto, el alma de mi riñón.

Para la mayoría no es más que una frase absurda, sin sentido, pero para mí es mucho más. No paro de pensar ¿y si hubiera una sola familia que decidiera no donar por las palabras de Mariló Montero? Espero que la gran labor que se hace a favor de la donación no se vea menoscabada por cosas como ésta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario