14 abril 2014

Nacho Vidal el más envidiado por los españoles

El hombre más envidiado por los españoles es Nacho Vidal. En una reciente encuesta el actor porno más famoso del mundo, después de la jubilación de Rocco Sifreddi, ha desbancado a David Beckam.

No sé si los tiempos están cambiando y los hombres prefieren ahora, a ser guapo y millonario (curiosamente en esas encuestas no gana un banquero desde que hace una década Mario Conde obtuviera el honor de ser el más envidiado: de la gomina y los trajes de buen corte se pasó al pelo tintado y los vaqueros rotos, sin que cambiara el detalle primordial de la cuenta corriente impresionante), la posesión de un coloso entre las piernas y un aire un poco chulesco. 

Puede que sí, puede que sea la respuesta de los españoles a ese estudio que asegura que la medida del pene español, después de una humillante media obtenida tras miles de exámenes, es de poco más de trece centímetros. El representante de nuestras envidias tiene más de veinte centímetros.

Pero Nacho Vidal no sólo es un actor porno que cobra un montón de dólares por cada escena y que ha llegado al punto de bautizar las películas en las que interviene: Nacho y las esclavas, Nacho y las ninfómanas, Nacho y las esposas aburridas (ese tipo de cosas en el negocio del porno sólo se le permiten a los más grandes, nunca mejor dicho). 

Hasta que su presencia ha sido habitual en los medios de comunicación (digamos que uno llega a ser alguien en este país cuando le llaman de los medios para preguntarle su opinión acerca de cosas que no están relacionadas con las actividades por las que es conocido, por ejemplo: Oye Nacho, qué opinas del matrimonio entre homosexuales), el cine porno era un género un poco siniestro, oscuro, degradado, que cumplía una función social eximia, desde luego, pero al que no se le reconocía esa labor (cuántas parejas conseguían activarse los sábados por la noche viendo una película de la que, obviamente, cuantos menos minutos se viera más cosas habría que agradecerle).

La verdad es que el cine porno, cuya producción es tan prolija e imparable que no hay especialista en el mundo que sea capaz de estar al tanto de toda, ha disfrutado de cambios en la última década que han mejorado el cuidado con que se realizan esas películas.La elegancia decidió sustituir en los mejores casos al cutrerío.La sordidez era reemplazada por cierto glamour. 

La calidad de la filmación permitía exquisiteces que antes eran impensables.Es el género en el que más sueños tienen los protagonistas -y ya se sabe que en un sueño puede pasar de todo, desde enrollarse con un minotauro a encontrarse de repente en un sótano lleno de muñecas hambrientas. Gracias a ello, poco a poco ese subgénero ha ido perdiendo algo de su estulticia: ha ayudado el hecho de que las mujeres se hayan incorporado al elenco de consumidores.Exigen mejor gusto, nada de tripones ganándose a una rubia alzada sobre tacones de vértigo. 

En cualquier caso sigue siendo uno de los negocios con mayor facturación del mundo. Sin caer en las trampas del porno blando (tipo reportajes Playboy o Póngase en forma con nuestras chicas brasileñas), Nacho Vidal ha hecho mucho por la reivindicación del cine pornográfico como género decente: la indecencia de una cinta pornográfica realizada con profesionalidad no será mayor que la indecencia de la serie Rambo o de las empanadas mentales para embotados soñadores de la serie Matrix.

No hay comentarios:

Publicar un comentario