20 marzo 2014

Los hombres feos también ligan

¿Y si nos encontramos con un hombre divertido e inteligente, pero carente a primera vista de atractivo físico? ¿Podrá conquistar a las mujeres con la única arma de un atinado sentido del humor? 

Pues parece que sí, porque actores poco agraciados como Adam Sandler, Jack Black, Russell Brand y Jim Carrey gozan de gran éxito entre el sexo femenino, y no podemos olvidar al gran actor francés Gerard Depardieu, uno de los rostros menos favorecidos de la gran pantalla, pero dotado de un carisma y un sentido del humor que le han permitido conquistar a mujeres bellísimas como la actriz Carole Bouquet o la modelo Karine Sylla.

También en España tenemos nuestra cuota de personajes que no destacan por su físico, pero que cuentan con el humor como arma de seducción. "Yo no soy guapo, evidentemente, pero creo que en ciertas ocasiones mi sentido del humor me ha permitido tener acceso a alguna mujer a la no me podría haber acercado de no haber sido un tipo divertido".

Así lo reconoce Enrique San Francisco, uno de los actores con más vis cómica de la escena española, demostrando que no hace falta ser un adonis para participar en el juego del amor. Ya lo decía Platón allá por el siglo III a.C.: "Muchas veces ayudó una broma donde la seriedad solía oponer resistencia".

Para San Francisco, "el sentido del humor es importante, porque lo que debe de ser terrible es tener un hombre aburrido al lado. Yo soy bastante cachondo, pero no me considero un graciosillo, sino un tío divertido, que es lo que les gusta tener al lado a las mujeres", añade el actor, quien precisamente está ahora trabajando en la obra, Se quieren, donde se tratan en clave humorística las relaciones de pareja y los conflictos que generan.

Esta querencia femenina por los hombres con chispa la corrobora la también actriz Rebeca Valls, que ha participado en series como Amar en tiempos revueltos, Hospital central, Aquí no hay quien viva o en obras teatrales como Monólogos de la vagina: "Los hombres con sentido del humor, divertidos, resultan más atractivos para las mujeres y son, desde luego, los que me gustan a mí. Cuando un hombre es divertido lo primero que hace es reírse de sí mismo y eso es muy inteligente, porque a partir de reírte de ti mismo, puedes reírte con el otro. Y yo creo que reírte con un hombre en todo tipo de situaciones, en la cama, en el día a día, en el desayuno, es maravilloso".

El caso es que la importancia del humor como instrumento de seducción en manos de los hombres no es solo una percepción subjetiva de la mente femenina. Una investigación llevada a cabo en 2009 por científicos de la Universidad Northumbria, en Reino Unido, reveló que el sentido del humor resulta un arma poderosa en la conquista de una mujer porque es una demostración de inteligencia del varón. Según el estudio, presentado en la Conferencia Anual de la Asociación Británica de Psicología, la apariencia física pasa a un segundo plano cuando las mujeres se enfrentan a hombres abiertamente divertidos, sugiriendo que estos serían mejores proveedores y padres. Además, las mujeres califican como más inteligentes y honestos a los hombres divertidos porque causar gracia supone una actitud positiva que da cuenta incluso de una buena salud mental.

De la misma opinión es el consultor de comunicación Jose Hermida, quien afirma que "las personas que no son inteligentes tienden hacia un humor físico y brutal y les hacen gracia cosas como ver a una anciana resbalando con una piel de plátano. Tienen un sentido del humor infantil, ese que hace que los niños se rían con cosas como la caca y los porrazos. Un hombre con este humor le está diciendo a la mujer que es un crío y un payaso, mientras que la persona realmente inteligente tiene rapidez mental y resulta divertida por sus ocurrencias ágiles, lo cual denota inteligencia".

De forma que se puede ir de gracioso por la vida sin que ello sea síntoma de inteligencia y podemos encontrar un buen ejemplo de esto en una anécdota protagonizada por el presidente estadounidense George Bush. En 2004, tras la constatación de que en Irak no había armas de destrucción masiva, el mandatario reunió a un grupo de periodistas en la Casa Blanca y les mostró unas diapositivas en las que se burlaba de sí mismo y de otros miembros de su Gobierno. En una imagen podía vérsele mirando debajo de un mueble y exclamando: "Esas armas de destrucción masiva tienen que estar en alguna parte". 

En otra imagen aparecía diciendo: "¿Tal vez aquí abajo?". Su popularidad cayó en picado al día siguiente y comentan que hasta su propia esposa, Laura, le recriminó esa exhibición de mal gusto sobre un conflicto que costó miles de muertos y destrozó un país. Quizá Bush no hubiera logrado conquistar a Laura si hubiera mostrado ese patético conato humorístico cuando se conocieron, ya que ella había declarado que lo que la enamoró en su momento de él fue "su gran sentido del humor, su energía desbordante y su inquietud". O es que a lo mejor la esposa del presidente pertenece a esa categoría de mujeres -que también las hay- que no saben diferenciar entre un hombre con humor zafio y otro auténticamente divertido.

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