03 enero 2014

A Blanca Suárez le gusta el tenis

Hace tiempo que el tenis renunció a su esencia tradicional. Concebido como un espectáculo de masas, obedece a las servidumbres propias de un acto de alto componente social. No falta la música en los descansos ni la apelación de los patrocinadores a que el público participe, ya sea bailando o mostrando carteles promocionales. 

La Caja Mágica es un escenario mayúsculo donde dejarse ver, que ha reunido entre sus espectadores a lo largo de la semana a distintas celebridades del deporte, el espectáculo o la política. A Sergio Ramos, habitual los últimos días, se unieron ayer Cristiano Ronaldo, quien ocupó uno de los palcos junto a Pepe, el último proscrito de Mourinho. A diferencia de otras ocasiones, no hubo demasiado eco popular cuando la gran estrella del Real Madrid fue mostrada en las pantallas. 

Aplausos y algunos silbidos, con predominio de la indiferencia. Junto a ellos también Manolo Sanchís, hoy comentarista televisivo y otrora santo y seña en la defensa del equipo blanco. Los jugadores del Ahtletic Llorente y Amorebieta compartieron palco con ellos. María Dolores de Cospedal observaba con atención desde otro de los habitáculos distinguidos de un recinto que, según cifras facilitadas por la organización, ha albergado a 225.000 personas durante el torneo, entre un 3 y un 5% más que el pasado año. La presidenta de Castilla La Mancha comparte afición con Mariano Rajoy, gran seguidor del deporte en general y del tenis en particular, a quien ayer se le acumularon los acontecimientos.

Otro de los presentes fue Froilán, el hijo de la infanta Elena, acompañado de su progenitor, Jaime de Marichalar. En el rostro del chaval se vislumbraba la ilusión infantil de quien contempla a escasos metros las evoluciones de su ídolo. Casi con idéntico fervor, pues el gancho de Nadal derriba cualquier frontera generacional, observaron la final la actriz Elena Anaya, Blanca Suárez y Miguel Ángel Silvestre.

El veterano actor Imanol Arias acudió también, acompañado de su novia. Manolo Santana, director del torneo, ejerció de anfitrión, atento a las tareas de protocolo. La Infanta Pilar de Borbón fue otro de los nombres propios de una cita ya clásica en Madrid.

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