22 diciembre 2014

Créditos rápidos sin papeles

Uno de los mayores expertos y voces cualificadas para hablar de banca y su modelo de negocio es José Viñals, el español con más mando y peso específico en el Fondo Monetario Internacional, al ser jefe del Departamento de Asuntos Monetarios y Mercados de Capitales de dicho organismo.

José Viñals manifestó hace días respecto a la reactivación del crédito que requiere de distintos factores, explica el directivo. “Para que el crédito aumente se necesitan dos condiciones fundamentales”, afirma. “Por una parte, que se recupere la demanda de financiación solvente, un escenario que todavía está por ver en muchos países europeos.

Muchas veces hemos insistido que el modelo imperante en el negocio o sector del crédito al consumo, en la menor y mediana cuantía, es el que ofrecen los créditos rápidos sin papeles que nosotros siempre tenemos el gusto de proponeros desde nuestras webs.


Y por otra, que las entidades tengan el suficiente vigor –no sólo que estén sanas y sean solventes, premisa que, si uno analiza los resultados del ejercicio del BCE, hay que presumir que sí–, que los bancos tengan la capacidad necesaria para conceder el crédito que precisa la recuperación”, describe. “Por ello, es muy importante que la banca adapte sus modelos de negocio para apoyar más vigorosamente la economía”, analiza.

Si las dos máximas que nos explica José Viñals le ponemos nombre y apellido, resulta que la recuperación precisa un crédito instantáneo sin aval subsidiario  abusivo que  incida directamente sobre el consumo, el indicador más castigado durante la crisis financiera.

La siguiente máxima no es otra que la adaptación del modelo de negocio, donde la banca online, sin costes añadidos como los inmobiliarios de ubicación física, o de índole de personal contratado para tal efecto, se impone claramente al costoso modelo de banca tradicional, destinando la partida de dichos anclajes fijos a cubrir la tasa de morosidad del sector, haciendo con ello viable el sector.

Es por ello que un gran número de opciones de préstamo rápido sin nómina ni aval que desfilan en nuestro catálogo esté respaldado por verdaderos gigantes fiancieros, si éstos no aparecen ya directamente en ella sin necesidad de Joint Venture con la intermediadora.

La posibilidad de que ese sector sea recuperado como negocio por la banca tradicional está muy alejada de la realidad.

El negocio del préstamo sin garantías extraordinarias escapa del radar de la banca por diferentes motivos, quizás el que más pese es el lastre en los balances que ha dejado la reciente crisis financiera a nivel mundial.

20 diciembre 2014

María Barranco no se avergüenza de su napia

Me gusta María Barranco porque no se avergüenza de su nariz, a medio camino entre la perfección que le suponemos a Helena de Troya y el glorioso apéndice de Cyrano de Bergerac, porque me gusta que la gente sea como es, diversa, variada, sorprendente. Hubo un tiempo en que todas las actrices querían tener el perfil de Gina Lollobrigida y hacían cola ante los quirófanos de cirugía estética, pretendían huir de sus narices o de su papada, asimilar sus pechos a los sujetadores de moda, añadirse pómulos, rebajar nalgas, cambiar el color de los ojos, convertirse en maniquís para el gran escaparate de la pantalla, como si desconfiasen del valor de sus gestos o su mirada. 

Habían caído en la gran trampa de ese terrible fantasma al que dio enllamarse fotogenia creyendo, probablemente, que consistía en una simple valoración volumétrica. 

Ahora las cosas han cambiado -o han vuelto a ser como siempre debieron- y podemos contemplar en toda su singularidad la nariz de María Barranco, ya sea sirviendo a un personaje de «travestí» o a la heroína de un «thriller» como «Todo por la pasta», su reciente y canicular estreno. Las narices de María Barranco son únicas pero no están solas, porque las nuevas generaciones de actrices nos han acostumbrado a la variedad, desde la naricita de Aitana Sánchez Gijón a los voluptuosos órganos olfativos de Maribel Verdú o Patricia Adriani, el severo tabique de Amparo Larrañaga o el narigón de Rossy de Palma. 

Las narices de Victoria Abril son otra cosa, son una cuestión más bien hormonal generalmente atribuida -por aquello del rigor metafórico- a la supuesta fuerza de los miembros viriles, porque lo chatuno, en este caso, no impide la expresión de pasiones telúricas que antaño pudieran parecer reservadas a majestuosas pavías aguileñas. Qué bien. María Barranco con su nariz al desnudo, Ana Belén con sus dientes como perlas esperpénticas, Carmen Maura con sus ojillos de perra chica, entregándose, impúdicas, a la verdad de otros seres inventados. Como debe ser. Claro que, para eso, hay que tener muchas narices.

18 diciembre 2014

Josephine Baker una diosa de ébano

En la moda, que no cesa, de editar biografías -sobre todo si tratan de mujeres- la editorial Tusquets ha sacado a la calle Jazz Cleopatra, que escrito por Phyllis Rose, intenta resucitar la imagen y el espíritu de esa llamada diosa del musichall, engarzando su vida con los avatares del tiempo que le tocó vivir. Unos tiempos en los que París, la convirtió en bandera del «glamour». 

Y es que, como en aquel viejo chiste de aquel cura bizcaitarra que desde el púlpito ejemplificaba acerca de la modestia de Dios hecho Hombre, dado que pudiendo haber nacido en Bilbao lo hizo en Belén, la grandeza del espíritu francés se mide en el hecho, perfectamente asimilado, de que la mayoría de los símbolos más tópicos y característicos de aquella grandeza no han nacido en tierra francesa. Le costó bastante aprender el francés a esa «diosa de ébano», que enloquecía al París de los años veinte, con su cuerpo rítmico y casi desnudo, con sus contorsiones audaces y oscuras, a esa diosa surgida de entre la pobreza en su Estados Unidos natal y que acabó, con el tiempo, convirtiéndose en un símbolo más de la Francia más chauvinista. Phyllis Rose, una investigadora norteamericana, que le ha dedicado tiempo y desvelo a esta «diosa de ébano», y fruto de ambas cosas es esta biografía, Jazz Cleopatra. 

Josephine Baker y su tiempo, calcula que la Baker habría llegado a cantar, a lo largo de su dilatada vida profesional, como unas cien mil veces la canción «J'ai deux amours/ mon pays et Paris...», que era una manera de recordar sus dos orígenes, su tierra natal (nació en las calles de los barriós pobres de St. Louis) y la ciudad que le consagró. Pues bien, con el tiempo a los franceses les gustaba pensar que la Baker, en realidad, por su especial pronunciación francesa, lo que cantaba era «mon pays c'est Paris», y el alma parisiense salivando de gusto, y Josephine Baker, que sabía dejarse querer, feliz por el equívoco...

El subtítulo de esta magnífica biografía no deja lugar a dudas en cuanto a las intenciones de la autora de la misma; el subtítulo es Josephine Baker y su tiempo. En efecto, uno de los valores añadidos de este libro, y no desdeñable, es la ampliación de campo a la que somete la biógrafa a su heroína. Phillys Rose estudia aspectos como el auge de la música negra en Estados Unidos, la influencia africanista en el arte europeo de los años veinte (no sólo en el music hall, sino también en el cubismo, en los cuadros de Picasso), el Berlín de entreguerras, el auge del nazismo en el caldo de cultivo del sempiterno antisemitismo y del racismo xenofóbico (en Sevilla vio una procesión de Semana Santa y al toparse con los nazarenos encapuchados huyó despavorida confundiéndolos con los muchachos del Ku Klux Klan), sin desdeñar todos los movimientos contra la segregación racial de los años cincuenta y sesenta, de los que Josephine Baker, con sus maneras de gran estrella, fue una abanderada convencida. Estructurada esta biografía como una obra clásica de teatro -de teatro de boulevard, se levanta el telón y asistimos en la primera parte, breve en el tiempo, intensa en contenido, a la «exposición», a sus pasos iniciales, primero en el circuito negro de Estados Unidos, y luego en un París, a donde llega el 22 de septiembre de 1925, dividido entre cirios y troyanos, entre los que estaban a favor de la sangre nueva (de origen afroamericano) como revitalizadora de la cultura europea o los que preferían preservarla de contaminaciones no deseadas. 

La verdad de la Baker, su cuerpo generoso (generoso en la entrega; debió de buscar en los hombres cuanto tienen éstos de hospitalario), contorsionado en escena, apenas cubierto por esa célebre falda de plátanos, su amor propio, sus esfuerzos por aprender el idioma, sus deseos de hacer suya una ciudad como París (a la que encontró pequeña cuando la conoció pero de la que supo enseguida que acabaría enamorándose, como así ocurrió), desfila por este libro, que intenta apresar una vida e interpretarla en su contexto. 

Como también desfilan sus amores y sus desvaríos, sus sueños de grandeza y sus fracasos, sus muchos delirios y sus no pocos logros, su contribución a la causa de De Gaulle, sus regresos cada vez más conflictivos a su país de origen, su desaforada manía por acarrear huérfanos adoptados de todos los colores y de todas las razas y culturas. En fin, todo, esa Josephine Baker de cuerpo (de ébano) y alma, se pasea a lo largo de más de trescientas páginas, en aquella exposición, en este nudo, que va desde el año 27 al 38, para acabar con el desenlace, desde el 39 al 75, hasta su muerte en abril de ese año.

Se le dijo adiós por última vez con un funeral faraónico televisado a todo un país, permanentemente necesitado de símbolos, sean en origen o no franceses, y que le devolvían a la gran bailarina y cantante negra lo mucho, con sus generosidades y con sus caprichos, que de todo hubo, que les había dado desde aquel mes de septiembre del año 25, cincuenta años antes, cuando descendió del tren que le dejó en París. «Mon pays c'est Paris» debió cantar, por enésima vez, en el teatro Olympia, ese año 68 difícil como pocos para su admirado De Gaulle. «Mon pays c'est Paris», debe cantar, desole entonces, en el Olimpo en donde se mueve sin descanso enfundada eternamente en su falda (atrevida) de plátanos.

16 diciembre 2014

La secta de las marujas de dios

Salió hace ya días de casa. No ha regresado. Su intención era comprar lo que fuera, pero comprar. Nos debía los Reyes de este año, y del anterior. Disculpados por el temporal de lluvia, viento y pocapela. Aún no han llegado.

Una carta desesperada a Lobatón con una foto de su boda, careto reciente del deneí y otra con delantal y rulos para distinguirla. Datos complementarios: pelo teñido rubioceniza; 1,50 en zapatillas, pero ese día se puso los tacones; ojos, así, como todos, normalitos; edad, una vez celebró los cuarentaitantos, cuando Vicentito se rompió la pierna, hace ya años, y aún se resiente, también ella; de profesión dice ser una esclava, pero es toda una experta en el manejo del estropajo y un fenómeno social en la carga y descarga de material pal papeo; peso, pues así, como de esta anchura con la bata de guata, la faja ésa enteriza de cuello cisne la aplasta un poco, pero apenas se nota.

Que lo mismo nos la han raptado o está en la secta ésa de las marujas de Dios. Que no nos manejamos. Que la Vanesa dice que no va al cole si no es con la barbidoctora. Que nos la encuentre. Que esto es un sinvivir, y un sincomer, y un sinfregar. Que ya nos ha visitado dos veces la asistente social y nos da 20 días para ubicarnos o, si no, nos sacrifica lentamente bajo la gotera del cuarto de baño.

Y pasó el tiempo. Y fue el concejal Guti, un mes después, el autor del hallazgo. Que un día, paseando ante unos grandes almacenes, vio asomar de un charco seco a la rubiaceniza, y que este elemento del mobiliario urbano no le sonaba. Y que llamó a la uvimóvil municipal. Y sacaron de entre el barrizal a la perdida, agarrotada, pisoteada, aferrada a una blusa de 999. Y la desencajaron, y le sacaron de entre los dientes una oreja con aro de plata de la bruja que le intentó arrancar la prenda. A casa. Y ella que no quiere, que pasa, que a la porra. Y el Guti, complaciente, que bueno, que la dejen, que no estorba. Una placa de bronce le cuelga ahora de la media izquierda. Inscripción: «Enero del 96. El Ayto. a las desaparecidas en rebajas».

14 diciembre 2014

Los zapatos las traen locas

Comparten una pasión, los zapatos, y a buen seguro ambos están en el Who is who, aunque nacieron en países diferentes y tienen pasados diferentes. Sara Navarro, 38 años, es hija y nieta de zapateros, nació en Elda y estudió en Milán. 

Con su primera colección denominada Sistema Cósmico conquistó París. Hoy exporta a 29 países y hasta sienta cátedra en la Domus Academy, la prestigiosa escuela milanesa, donde ha impartido un seminario sobre calzado.

Christian Louboutin no nació en Elda sino en París, pero también sabe mucho de zapatos. 

Después de diseñar para Charles Jourdan, Yves Saint Laurent y Chanel, aprendió nada más y nada menos que de Roger Vivier, el que fuera gran maestro del calzado galo. En sus diseños combina el estilo más clásico con modelos que llevan plumas, perlas, dibujos barrocos e incluso latas de cerveza Guinness en lugar de tacones. Hoy tiene a su pies a clientas de estilos tan opuestos como Carolina de Mónaco, Catherine Deneuve, Elizabeth Taylor y Cher. 

Sus zapatos están hechos a mano, lo que explica su precio, e intentan combinar utilidad y sofisticación de manera que, a pesar del derroche de fantasía, se pueda caminar sobre ellos con toda comodidad (por eso son los preferidos de las top). Para andar con arte.

12 diciembre 2014

Las rebajas alteran las neuronas de las charos

Las rebajas alteran las neuronas de los seres humanos hasta convertirlos en hordas de hienas. Ni santa claus ni los reyes magos son capaces de controlar este fenómeno socioeconómico.

Durante los últimos años y por estas mismas fechas cientos de miles de mujeres pasaron horas de frío a la espera de las rebajas de invierno. Empezaban, según la voluntad de los dueños de los comercios, por Navidad y padecían días de ansia, quietas las mujeres en las calles, avenidas, paseos, galerías, pasadizos, callejas, detenidas ante los escaparates de pequeñas, medianas, grandes y descomunales tiendas, elige que te elige, sin todavía poder comprar el objeto deseado, a causa de sus precios. 

Las suelas y los tacones de los zapatos gastados por las muchas horas paseadas a través de las grandes superficies, en los comercios de recoveco, todas en busca de descubrir el regalo propio y ajeno que luego, aunque quizá tardío, «cuando las rebajas», podrán adquirir a un precio más justo, asequible, y sorprenderse o fascinar a los suyos con lo más bonito y barato gracias a la información que obtuvo, al madrugón, a la ligereza de sus pies. De essa manera, por una vez creerán haber vencido a los dueños de los comercios y a las demás mujeres que buscan lo mismo y luchan por llevarse iguales prendas «especialmente rebajadas» de las que los comerciantes sólo suelen sacar unas cuantas, siempre a la espera de que luego se emborrachen «ellas» con el ambiente y compren por comprar algunas de las pocas o muchas porquerías cualesquiera que sacan cuando las rebajas. 

Hasta ahora se podían encontrar rebajas desde antes, durante, y después de las Navidades porque siempre había un local que las ponía por muy diversas causas, y eso daba alegría de vivir, renovada fantasía a las «fans» y a las obligadas a las rebajas, pero va y sale la nueva Ley de Comercio nacida de una proposición presentada en julio de 1993 por Convergencia i Unió (CiU) que luego, durante su larga tramitación, fue enmendada por todos los grupos parlamentarios hasta que el Pleno del Congreso la aprobó por unanimidad. 

Se abstuvo una, o uno, debía de ser la única «señoría» que hacía la compra durante la reunión habida el jueves 21 de diciembre del 95, día trágico para los consumidores de rebajas porque dicha ley prohíbe, impide, que las rebajas de invierno comiencen antes del 1 de enero sólo habrá otras en verano y día trágico para los consumidores en general a los que dicha ley les restringe los horarios comerciales y las aperturas en domingos hasta el año 2015. 

Entonces los gobiernos autónomos y el central establecerán mediante acuerdos las tan anheladas libertades de horarios y días que precisan desde hace años todas las consumidoras y los consumidores que no poseen un comercio variopinto propio, consumidoras y consumidores a los que la nueva ley ha dejado de momento y durante algunos años de lado, olvidados, estilo fantasma, sin tener en cuenta sus necesidades presentes marcadas por los horarios de trabajo o de su búsqueda que coinciden con los de los comercios pequeños, a la espera incierta del 2001; 60 meses más de agobio, de malas compras por lo precipitadas. 

Agárrense pues las amantes de las rebajas al dulce recuerdo, cuando podían acudir unos días antes a ciertas ofertas, entonces, las regaladoras sin demasiados recursos y las colgadas de las rebajas podían echar unas Navidades a su gusto, bucear entre las abaratadas maravillas, sorprender a familiares y amigos en la fecha requerida, no como en los futuros años, cuando los regalos supuestamente traídos por Papá Noel, Santa Claus, el çrbol, los Reyes, y demás prodigios de invierno caigan por Santa Prisca o San Vicente. Consuelo S. Dentrago, autora de un vasto libro sobre las rebajas, cuenta que las mejores rebajas las suelen disfrutar los sacrificados vendedores y vendedoras de los grandes almacenes que llevan desde el Otoño fascinados por el abrigo de pelo de camello, por ese traje de seda negro de noche, o aquellos zapatos italianos confeccionados con cocodrilo del Nilo, y aparcan las prendas soñadas en las barras con la consabida etiqueta de «reservadas» después de verse repetidas veces con ellas ante los favorecedores espejos, y aguardan la llegada de las rebajas, entonces pasan por caja, pagan el ajustado precio para luego gozar, pasear, lucir, el tesoro obtenido. 

Cuenta Consuelo S.D. que sólo por gozar de tamaña aventura una señora muy adinerada pagó por hacerse vendedora durante una temporada.

10 diciembre 2014

Victoria Abril la más marrana de las actrices españolas

Desde que esa actriz singular, pequeñita y camaleónica llamada Victoria Abril colocó delante de una cámara su proteica energía, su hambre de triunfo, su necesidad y su arte para transformarse en un montón de personajes, la historia de amor con el fascinado espectador no ha tenido comprensibles altibajos, irremediables crisis ni lacerantes tiempos muertos. Es lógico que sus deslumbrantes interpretaciones en Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto y en Felpudo maldito hayan servido para que la incluyan en ese honor tan pomposo y gratificante de los Españoles del Año, pero sospecho que jamás ha dejado de estar de moda entre los profesionales y el público del cine español, que todos siempre hemos poseído la certidumbre de que el talento histriónico de Victoria Abril está a la altura de las tres o cuatro actrices más eximias del cine mundial.

Resulta encomiable la habilidad de la douce France para integrar en su heterodoxa cultura a los artistas foráneos e intentar borrar sus auténticas señas de identidad. Me parece bien. Les dieron asilo, descubrieron o potenciaron su talento y, a cambio de su chauvinismo, sólo les pide que se sientan hijos adoptivos de Francia. En el pasado, el mecenazgo francés consiguió que dos artistas tan inconfundible, violenta, surrealista e irremediablemente españoles como Pablo Picasso y Luis Buñuel fueran confundidos con ciudadanos franceses. Al igual que ellos, Victoria Abril se largó un día a Francia con la intención de buscarse la vida. Su exótico talento les sedujo inmediatamente y encontró un hueco privilegiado en su cine. El posibilismo le ha aconsejado no apalancarse en ningún sitio y escoger las ofertas más sugerentes que le hacen en Francia y en España. 

En la primera gozaba del prestigio de actriz de culto (su instinto y su fuerza consiguieron salvarse del naufragio que sufrió la insoportablemente artística La lune dans le caniveau ), pero no había conseguido romper taquillas con una película francesa (sí lo hizo con Tacones lejanos, de Almodóvar) hasta que tuvo el olfato de protagonizar a las órdenes de Josianne Balasko Felpudo maldito, una astuta comedia que plantea con morbo y comicidad una bastante insólita relación sentimental y sexual a tres bandas.

Victoria Abril interpreta con brillantez, espontaneidad y gracia a una modélica casada y ama de casa, que ante la constatación de los cuernos cotidianos que le pone el semental de su marido, decide enrollarse con una enamorada camionera que ha aparecido por su casa. Victoria Abril borda con ritmo, sentido del humor y complejidad emocional al tragicómico personaje de esa mujer que descubre su heterodoxa capacidad afectiva y pretende compartir bajo el mismo techo al marido y a la amante.

Si en Felpudo maldito Victoria Abril logra hacernos sonreír y reír, en la terrible y desasosegante Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto logra conmovernos, emocionarnos y enamorarnos. También que comprendamos la miseria y la grandeza, el patetismo y la determinación, la soledad y la intemperie, el infierno y la redención, las luces y las sombras de una desheredada de la vida a la que interpreta con incontestable genialidad. 

El personaje que le ha escrito Agustín Díaz Yanes es espléndido y ella le devuelve el regalo fabricando el inolvidable retrato de una perdedora ancestral. Es imposible transcribir los matices, la energía, la sensibilidad, el miedo, la valentía, la desesperación, la generosidad, el vitalismo y la fiebre que Victoria Abril aporta a esa mujer. Hay que verla y oírla. Después de verla planchar, conducir un camión, cojear, peinar a la suegra, taladrar el suelo de una joyería, probarse un capote ante un espejo, beber a morro de una botella después de hacer una mamada pagada, buscar curre, mimar a una anciana, enfrentarse con pavor a la tortura, puedes comprender las ineludibles razones de incluirla en la lista de los Españoles del Año.

08 diciembre 2014

Las nuevas pijas al poder

Las románticas, como Madame Bovary, se suicidaban después del adulterio. Ahora, como hay televisión para contarlo, ya no se suicida ninguna. La Iglesia, que es sabia, instituyó la confesión porque comprendía psicológicamente que la culpa se disipa sólo con decírselo a otro. Lady Di se lo ha dicho a 200 millones de telespectadores. Lo que ha pasado aquí es muy importante, mucho más importante que la estabilidad o continuidad de la corona inglesa, y que los cuernos del príncipe Carlos.

Es la primera vez en la historia de la humanidad que una mujer confiesa su pecado (sin ninguna contrición, claro) a toda la aldea, en este caso la aldea global. Diana de Gales ha desmitificado el adulterio, ha liberado a millones de mujeres. Lo suyo es mucho más importante y definitivo que lo de Simone de Beauvoir, Shere Hite, el Informe Kinsey, Lidia Falcón, Margareth Mead y nuestro Ministerio de Asuntos Sociales, con Cristina Alberdi muy puesta. 

Diana, la chica Di, con sus pendientitos, pero sin collarcito, con su traje de chaqueta azul y sacando pierna, que de eso tiene, ha contado su adulterio, pormenorizando que al mílite (era un mílite) «lo adoraba».

 La Corona Británica y el matrimonio en general son dos sagradas instituciones coñazo que se han hecho astillas, al fin, gracias a una princesa que parecía tonta. No podrá decir nadie que esto es demagogia de izquierdas. Es una noble la que se carga el invento, que ya era hora. Hay que poner un canal de televisión sólo para adúlteras, o que ellas llamen previamente para que se filme el pecado en directo. Divorciarse por la tele es más rápido y espectacular que ir a Zarraluqui.

Presento en Lhardy la nueva novela de Fernando Fernán-Gómez, «La Puerta del Sol», que es un folletín inteligente y anarco, obtenido del Madrid profundo y de los trágicos y primeros años del siglo, donde se ve que las marquesas eran tan ordinarias como ahora y las porteras mucho más intelectuales y heroínas que las de ahora, y eso que no tenían televisión en la garita. Su televisión eran los propios chismes de los vecinos, también como ahora. Tras el recio y literario cocido de Lhardy, las preguntas del coloquio se centran mucho más sobre Fernando que sobre el libro. Cuando un autor de lo que sea es ante todo VIP, personaje, estrella, los periodistas, con buen instinto, hacen la montería del hombre o la mujer. Hoy interesa más lo humano que lo intelectual o artístico. 

Además de escribir un libro hay que montar un número. Y lo que queda es el show, no el libro. Esto mismo se me corrobora por la noche, cuando Angel Casas me graba una entrevista sobre mi última novela, Madrid 650. Muy impresionado Angel por el tráfico de muertos que hay en el libro (y que hoy mismo se ha intensificado en Madrid), prefiere pasar al «personaje», y entonces me pregunta por los culos femeninos, que el llama «traseros». Le digo que detesto la palabra trasero (que sirve igual para un asiento trasero) y que me gusta mucho «culo» para tan curiosa pieza de la anatomía femenina. Todo lo más transijo con «glúteos», que también tiene elasticidad de pelota de goma, como el culo. De modo que estamos todos condenados al show. Hasta Lady Di ha tenido que montar el number para que la reina Isabel tiemble.

Presentación de Dagoll Dagom en el Apolo. Es decir, el musical correcto, la gracia racional, el mundo galante de la mujer, un mundo anacrónico y eterno. Música de Cole Porter, humor gentil y de siempre, pequeños vodeviles como viñetas de boudoir y breves musicales, intensos, expresivos y sobrios. El viejo «buen gusto» francés pasado por Barcelona. Los estrenistas madrileños aplauden, pero aquí falta tralla.

Las «neopijas» son las que han venido después de las pijas. A la neopija también le gusta casarse en los Jerónimos, pero por algún rito raro, copto o así. A la neopija le gustan los futbolistas que están compactos (más del Madrid que del Atlético). Vuelve el futbolista como mito erótico, que era una cosa de postguerra, sustituída por los cantantes asténicos y progres tipo Serrat. El erotismo del futbolista es de derechas, y va unido al del cadete, que no fascina a la neopija porque gana poco.

La neopija es la que no se atreve a asumir el mundo coloreado, cubista y libre de Agatha Ruiz de la Prada, pero tampoco aguanta ya el collarcito de mamá, la perla cultivada como clave de clase, que era el fetiche de la pija tradicional. La neopija tampoco tiene la elegancia de la derecha francesa, que es la de la chica/telva, sino que juega al «vive como quieras», o sea un anarquismo que no pasa de las bragas. La neopija ya ha visto tres veces Pocahontas, y cuando le he dicho a una que la princesa Pocahontas es Isabel Preysler, no me ha entendido: «Pero ésa era una señora antigua de cuando Franco ¿no?».

Victoria Abril. Tiene la melena navegable y castaña. Tiene una esbeltez de culo alto, sin ser alta, pero sí de piernas largas. Hay en su rostro corriente una arrebatadora vulgaridad, un descaro y un cabreo deslumbrantes, una cosa de chica que despachaba sostenes en Maxcali y se los ponía sobre la rebeca, para que la clienta se hiciese una idea. Victoria Abril, nuestra adorable internacional, vende en París vulgaridad española, como Catherine Deneuve vendía chic francés.

Los parisinos están enamorados de Victoria porque es la criada respondona del buen cine. Tiene el culito corto y ágil, pugnaz y redicho, infantil y malvado. Tiene una agresividad de fumar cualquier cosa, una agresividad de piernas abiertas y tacones altos. Tiene unos pechitos beligerantes, vivos, torcaces, peraltados. Tiene las manos cortas y enérgicas de la azafata hortera cuyo talento se salía de la cutreidad televisiva por todas partes. Tiene cara de mala leche, pezones vivos, los sobacos a medio afeitar, la nariz hostil y la boca para morder más que para besar.

Es la musa de la vulgaridad, toda la hermosa y creativa vulgaridad española lograda en un rostro que lo dice todo, en unos ojos duros, grandes de indignación, más fáciles a la provocación que a la dulzura. Ojos con muchas miradas y pocas concesiones. Es como amar a una dependienta de Pontejos con sutilezas artísticas y femeninas de una Greta Garbo de viviendas protegidas. Tiene genio.

06 diciembre 2014

La Barbie es más artificial que la leche en polvo

Esa cosa abominable, repipi, con pinta de señorita Rotemmeyer venida a calientapollas, currutaca y lechuguina, más artificial que la leche en polvo, pavitonta y tonta del culo, tonta del higo, tonta del bote, tonta de todo, esa cosa, digo, es la llamada muñeca Barbie, una especie de cruce entre lady Di y Gunilla von Bismarck que está haciendo furor entre la población femenina más joven. Así nos va. Las niñas de ahora, lo primero que aprenden a pronunciar, después de papá y mamá -y

 a veces ni siquiera- es el nombre de la Barbie. Lo que priva de la muñeca Barbie es su versatilidad, esa permanente disposición a tranformarse en enfermera sexy, en starlette, en deportista, en princesa, en chica pija o simplemente en novia de un muñeco llamado Ken, tan tontolaba y petimetre como ella y que para mí se da un aire al muñeco maricón que inventaron los ingleses el año pasado. Exagero. 

Al menos el muñeco maricón tenía el aliciente añadido del morbo, de su homologada diferenciación, pero Ken lo único que hace es estar de poste junto a la Barbie, flanquear su enfermizo exhibicionismo, contemplar su vocación de ninfómana reprimida, de rubia oxigenada y narcisista, de señorita bien, o sea, de panoli. Las niñas cogen a la Barbie y juegan a cambiarle de bragas, a ponerle tacones, a peinarla con un moño de ensaimada y a comprarle vestidos de lentejuelas creados por los diseñadores más célebres. Juegan tambien a mirarse en ella y a imitarla, es decir, a soñar que un día la sustituirán en la vida con sus mismos gestos y pretensiones.

Nos hemos pasado muchos años teorizando sobre la educación de las niñas y renegando de sus juegos infantiles, porque a nuestro juicio eran un mal alimento para su futura personalidad. Quitarles de la circulación los bebés de caucho era distraerlas, siquiera momentáneamente, de un instinto maternal que parecía inventado por los fabricantes de juguetes. Pero mientras criticábamos a los muñecos que hacían pis y caca llegó casi de incógnito la Barbie, una muñeca crecida sin más incontinencia que la de su tontería ancestral. La Barbie es el nuevo prototipo de mujer. Entre los discursos feministas y la filosofía comprendida en el cuerpo fosforescente de la Barbie, no hay color. Ella cala más hondo.

04 diciembre 2014

Àstrid Bergès-Frisbey es una actriz española aunque no lo parezca

No entiendo muy bien qué demonios pinta su alma sensible en esta parada de los monstruos que es el Festival de Cinema Fantàstic de Sitges, pero hasta aquí he venido a conocerla, después de haber visto una deliciosa película que para mí inaugura un género desconocido: ciencia ficción sentimental (sic). 

Àstrid Bergès-Frisbey, pese a su nombre extravagante, es una actriz española de formación francesa, carrera internacional (Piratas del Caribe, The sea wall…), embajadora de Chanel y un alma que conmueve: a simple vista por su belleza pura (apenas atraviesa sus párpados una leve línea rosa pálido) y, a lo largo de la conversación, por su inteligencia natural y sensible.

Nació en Barcelona (26 de mayo de 1986), se crió entre los Pirineos, París, La Rochelle y la República Dominicana, y ahora trabaja en el cine sin fronteras. Presentó en Sitges su última película, que después de su éxito en el Festival de Sundance ayer mismo se estrenó en España: Orígenes. Son su vida y esta cinta la suma de un montón de casualidades ("tan bestias") que ella prefiere no analizar, "las vivo y las disfruto; mi padre me crió diciendo que la casualidad no existe". 

El director del filme, Mike Cahill, buscaba a una actriz exótica y cautivadora que encarnara el papel de Sofi, una chica que parece llegada de otro planeta y una vida anterior, y cuyos ojos tienen una rara heterocromía parcial. 

El actor protagonista, Michael Pitt, conoce fugazmente a Àstrid visitando el rodaje de Piratas en Londres y a su vuelta a Nueva York le pide al director que la entreviste. Hablan por skype, durante dos horas no pueden dejar de hablar, "de ciencia, de la vida y lo espiritual", y cuando se conocen en persona, Cahill descubre que Àstrid tiene en los ojos la misma heterocromía de su personaje: iris de colores diferentes, marrón en el interior, gris y azul verdoso en sus bordes, y moteado todo en distintos tonos y manchas irregulares que cambian con la luz. Tenía que ser ella.

¿Puedo verlos de cerca?

Son los ojos de la película.

Película que quiere ser un aldabonazo a la ciencia y el empirismo. ¿Dónde te sitúas tú personalmente, más empírica/racional o más creyente/intuitiva?

Hay cosas que no deben explicarse, porque pierden su encanto cuando las llevas a un plano empírico, entonces es mejor dejar que se queden en lo intuitivo, los científicos tienen una gran intuición. Yo soy una mezcla: racionalidad e intuición, pero prefiero sentir que hacerme preguntas y poner nombre a las cosas. Sí es verdad que a través del rodaje veía signos por todas partes, y nos pasábamos el rato hablando de ciencia y espiritualidad (¿el alma existe?, ¿es eterno el amor, más allá de la muerte?, ¿qué es el amor a primera vista?) Pero la película no es nada moralizadora, invita a reflexionar, simplemente.

La verán en la pantalla como ella es: racional y también salvaje, guapísima y nada sofisticada, catalana y francesa comme il faut. Solo esto último se aprecia en su dicción: quiere decir tanto que le falta la palabra exacta y, cuando la encuentra, no sabe en cuál de sus tres idiomas primordiales expresarla: "¿documentario?". Aparece preciosa en medio del negro uniforme de Sitges, camuflada bajo una visera (negra, sí, porque le espanta que la miren) y arropada en un gastado abriguito Chanel azul ala de pato que parece su segunda piel. La delatan su cadenita de perlas, su colgante déco y una virgencita madre en plata repujada, todo junto y revuelto pendiendo de su fino cuello.

Fue un ángel en la película de Xavier Villaverde El sexo de los ángeles, un personaje "fuerte y frágil al tiempo: extremo", y fue también un ser mitológico, la sirena en la cuarta entrega de Piratas, En mareas misteriosas. ¿Será que su físico la predispone para este tipo de papeles místicos o esotéricos? "No sé, pero defender un personaje como Sofi (Orígenes), que tiene a la vez 400 y 10 años, siendo vieja y niña, que vive sin planificar el segundo siguiente, sintiendo cada instante presente al cien por cien, es agotador pero maravilloso. Es capaz de explicar lo increíble con el lenguaje más común, y eso la hace muy inteligente. Y yo tengo un poco de todo esto, sin ser tan radical". Es decir, no es su físico sino su personalidad.

Cambiando a un plano más objetivo he preguntado a la actriz por qué la aprecia más el cine francés, el americano incluso, que el español. "Es que mis películas españolas no se han visto demasiado, creo que en general España no es muy amante de su propio cine y no lo ha protegido suficientemente. Además, yo no tengo representante aquí. Mi carrera es muy particular y geográficamente dispersa: no he hecho nunca películas consecutivas en un mismo país, lo que me da mucha libertad y energía, es como empezar de cero cada vez". Pero Àstrid no tiene prisa, está contenta, y "quizás algún día vuelva al cine español" por la puerta grande: "Continúo leyendo los guiones que me envían".

Dispersa su cinematografía como disperso fue su devenir vital: sus padres se separaron cuando ella tenía apenas dos años y, pese a haber vivido casi siempre con su madre en Francia, siente una profunda deuda con Cataluña, "porque la infancia de uno son los veraneos, y los míos sucedían en la Alta Ribagorça con mis abuelos, y algunos en la República Dominicana, donde mi padre se fue a vivir. Soy de todas partes. Lo normal es que en Francia parezca española y aquí, francesa: tengo un poco de todo".

Nació en Barcelona y su infancia discurrió primero en París, donde su madre (franco-americana) trabajaba como dependienta de Chanel, maison a la que ha vuelto al cabo de los años, y luego en el campo, cerca de La Rochelle. "Sí, veía a mi madre siempre tan elegante, tan chic, pero no creo que esto me afectara: yo prefería la vida de campo, subirme a los árboles y esas cosas". Crecía sana y natural y le encantaban los asuntos de la ciencia, pero en casa ya veían una actriz. 

Cuando se lo decían, la niña Àstrid se enfadaba. "Hice algo de teatro en la escuela y la gente se ponía un poco pesada: tendrías que hacer algo con todo esto… Pero para mí era muy difícil proyectarme en este mundo, ni siquiera sabía que la dramaturgia podía ser una carrera. Además, mi vida fue tan movida que lo que me apetecía era algo estable y normal: quería ser osteópata. Pero en cuanto aprobé la selectividad, después de mi primer año sola e independiente en París, con 17, me metí en una escuela de arte dramático".

En París terminaba el bachillerato y vivía a salto de mata, en casas de amigos o familia, "como podía, muy inestable". Y entonces sucede algo que reconduce su trayectoria: la muerte prematura de su padre. "Me hizo replantearme todo y pensar de otra manera; de golpe me di cuenta de lo corta que puede ser la vida y lo importante que es hacer lo que uno siente. Y no es que yo quisiera ser actriz, pero el arte dramático despertaba en mí una pasión inmensa por el ser humano, me permitía explorar la condición humana y expresarme y sentirme viva. Y así conseguí asumir lo más difícil para mí: que me mirasen, ser el centro de atención, que es lo que sigo llevando mal".

Le pregunto a la bella Àstrid qué queda hoy de su infancia en Barcelona, fallecidos sus dos abuelos, a los que siempre se sintió tan unida. "Me queda parte de mi familia y me quedan algunos lugares, como los restaurantes a los que me llevaban de pequeña y a los que sigo yendo porque me parecen los mejores del mundo. Y me queda el olor de Barcelona, que podría reconocer entre mil". Su casa o sus libros están en París, y su vida, allí donde ruede.

¿El amor puede ser eterno y vivir más allá de nosotros?

Sí, claro, cómo uno va a dejar de querer a alguien porque ya no esté aquí.

Y no podemos contar más, porque desvelaríamos el bello final de la película.

02 diciembre 2014

Las gallinas se lo gastan todo en peluquería maquillaje y trapos varios

Cosmética, cirugía estética, aparatología de vanguardia, tratamientos, tendencias en peluquería, maquillaje y manicura, actividad física, nutrición y dietética, terapias wellness y antiaging... Un universo que puede parecer inabarcable pero al que cada día más gente se confiesa enganchada; sólo el año pasado, en España se gastaron 6.500 millones de euros en perfumería y cosmética, la punta del iceberg del culto al cuerpo.

En su primera edición, Madrid Beauty Days, organizada por Ifema, pone al alcance del público una nueva forma de conocer y experimentar este universo. Dos jornadas –29 y 30 de noviembre– en las que todo aquel que se acerque al Centro de Convenciones Norte de Feria de Madrid podrá disfrutar de un sinfín de actividades en las que los protagonistas serán la belleza y el bienestar.

Todo se ha organizado para que el visitante descubra en su propia piel –y cabello– las últimas tendencias: talleres y masterclass prácticas en la que aprender a maquillarse, peinarse, utilizar gadgets de estética, potenciar la eficacia de un producto, manejar la aromaterapia o elegir un perfume. Y para esas zonas rebeldes donde la cosmética resulta insuficiente se han programado conferencias magistrales impartidas por los mejores expertos en láser, retoques de cirugía plástica, nutrición, actividad física, técnicas de infiltración y rellenos, acné, fotodepilación, celulitis y flacidez o coaching de imagen.

Entre las muchas actividades organizadas destacan las conferencias médicas centradas en embellecer la piel: Un milagro llamado láser; Acné, manchas y cicatrices o Fotodepilación, ni un pelo de más. Frenar el inexorable paso del tiempo también se tratará en El boom de las terapias antiaging; Circulen por favor, varices y arañas vasculares o Sólo para sus ojos, técnicas de rejuvenecimiento. Mientras que el control de la línea se abordará en Dietas, ¿verdades y mentiras? presentado por la doctora Pilar García de la Barga.

Asimismo, Ifema ha contado con la prestigiosa esteticista Carmen Navarro, con más de 40 años de experiencia, quien impartirá el taller Tratamientos en cabina. Los milagros existen. Además, L’Oréal pondrá a disposición de los visitantes una peluquería a cargo de reconocidos estilistas, Essie una barra de uñas con las últimas tendencias en nail art y Ángela Navarro un test de diagnóstico capilar.

Para completar esta fiesta de la belleza se ha programado un desfile donde maquillaje y moda se fusionan. Mientras, los adictos al fitness podrán probar las últimas novedades en clases colectivas: Latino dance, Functional xtreme, Urban Style, Aerodance y Streching.

Cita ‘beauty’ en la capital. Abierto al público, Ifema organiza los días 29 y 30 de noviembre Madrid Beauty Days. Dos jornadas en las que el visitante podrá experimentar en su propia piel lo último en el mundo de la belleza.

Un sinfín de actividades. Más de 40 marcas destacadas del mundo de la cosmética como L’Oréal Professionel, Essie, Foreo o Matrix, entre otras, han preparado demostraciones de peluquería, barras de uñas, desfiles...

Palabra de gurú. Prestigiosos profesionales del mundo de la estética como Carmen Navarro así como reconocidos médicos como el doctor Pablo Naranjo, entre otros, dirigirán talleres y conferencias médicas.

30 noviembre 2014

La caja tonta tiene un poder enorme

Estoy segura de que el nombre de John Logie Baird les suena tanto como me sonaba a mi antes de que un amigo de sabiduría enciclopédica me pusiera sobre su pista. O sea, nada. Fallecido a la edad de 57 años, este escocés fue un ingeniero, físico e inventor que consagró buena parte de su vida a investigar cómo transmitir imágenes a distancia. Lo consiguió por primera vez en 1924. Un lustro después, en 1929, logró un sistema de barrido de imagen de 240 líneas que proporcionaba una imagen de notable calidad y nitidez. Había nacido la televisión.

Logie Baird abandonó este mundo sin sospechar que su invento acabaría siendo no solo un medio de comunicación de masas, sino también de manipulación de las mismas, al que los políticos de todo el mundo venerarían como a una deidad presta a satisfacer sus deseos de triunfo y poder. Y en ello siguen.

Han pasado 85 años desde sus inicios, y la influencia de la televisión en el devenir político ha alcanzado cotas inimaginables para quien, como Baird, sólo perseguía un sueño que rozaba, en su época, la ciencia ficción. Como los que ahora sueñan con los viajes al futuro o los que investigan la telepatía. Atención, políticos, un equipo de científicos de Barcelona ha conseguido transmitir un mensaje de cerebro a cerebro desde Estrasburgo a una ciudad de la India. Los 7.700 kilómetros de distancia que separan a ambas urbes no han sido impedimento para que dos personas se saludaran con un "Hola" de cerebro a cerebro. 

La tecnología empleada recibe el nombre de hyperinteraction. "Esperamos que la misma –ha señalado uno de sus padres- tenga un profundo impacto en la estructura social o en nuestra civilización y plantee cuestiones éticas importantes". Aviado va. Dentro de nada, estaremos durmiendo plácidamente en nuestro nido y algún político llamará a nuestras mentes y tras el saludo de rigor, "Hola", ya nos estará pidiendo el voto. Al tiempo.

Pero a lo que íbamos. La televisión. En el PP valenciano (PPCV) todavía no le han perdonado a Alberto Fabra el cierre de RTVV. Yo creo que ni él se ha perdonado a sí mismo su decisión, por eso mantiene vivo el empeño de lograr que TVE ceda –previo pago, eso sí- dos horas diarias de su programación para ensamblar en la Comunidad Valenciana un sucedáneo de canal autonómico desde el que informar al respetable sobre los logros del Gobierno valenciano.

Alfonso Rus, harto de escuchar a los alcaldes de la provincia sus quejas sobre la dificultad de llegar a los votantes sin un canal televisivo, ha decidido tirar por la calle de en medio y montar una televisión privada sostenida con un presupuesto público de 3,2 millones de euros. En la exposición de motivos para justificar la hazaña se señala que el nuevo canal persigue "cubrir el hueco creado a raíz del cierre de Radio Televisión Valenciana". Zas, en toda la boca, Alberto Fabra. Tele Rus o Tele Pa Rus, como ya ha sido bautizada con ese ingenio que nos caracteriza, iniciará su andadura pronto. Las elecciones se aproximan, las encuestas aprietan y, en el caso del PPCV, ahogan.

En el PSPV-PSOE no son ajenos al poder de la televisión. Con RTVV en funcionamiento, los lamentos sobre la invisibilidad a que se veían sometidos sus dirigentes formaban parte –no sin razón- de su estrategia discursiva. Muerto el perro –RTVV- no se acabó la rabia. Las necesidades de llegar a las masas a través de su principal canal de información siguen existiendo. Lo remedian como pueden. Héctor Sanjuan lo contaba ayer en EL MUNDO: "Ferraz ‘cuela’ a Ximo Puig en las tertulias nacionales para darle popularidad". Y visibilidad. Su nivel de conocimiento se sitúa en un 60%. Ajustado cuando estamos a siete meses de la cita electoral autonómica.

Cada uno se lo monta como puede. Pero de nada sirve darse a conocer a través del plasma si la mercancía que tratas de vender no seduce al púbico. Junto a Pablo Iglesias suelen compartir plató dirigentes de otros partidos. El de Podemos vende un género nuevo. Los otros, parecen andar siempre mostrando existencias de otras épocas. De rebajas.

19 noviembre 2014

El infierno está aquí y yo sin saberlo

El pasado miércoles el infierno estableció sucursales en los estadios de diferentes clubs de fútbol europeos, o así, al menos, fue detectado por los locutores deportivos de televisión en masa. El estadio del Manchester era un infierno, el del Kaiserlauten era un infierno, el del Stutgart era un infierno, de pronto todas las canchas donde jugaban equipos españoles eran un infierno, y, bueno, será cosa de celebrar que por una vez los comentaristas del ramo acordaran ir tan de consuno en sus interpretaciones simbólicas. 

Ahora bien; los destellos de talento individual también iluminaron el miércoles europeo, de modo que no todo fue una repetición obsesiva de infiernos. Talento individual, pero sobre todo vasta cultura, lo que exhibió un locutor de Telemadrid que, ante las facilidades que daba en defensa el Stutgart ante el Osasuna, ahuecó la voz y soltó, grave y enfático: «No se las ponían así ni a Felipe II». 

No, señor; ni a Felipe II, ni a Witiza, ni a Carlos IV, ni a los Reyes Católicos, ni al mismísimo Carlos II, El hechizado. El Stutgart se las ponía al Osasuna, ciertamente, de una manera alucinante. Por fortuna, los presuntos infiernos quedaron, tras el juicio de los 90 minutos sobre el césped, en simples y casi confortables purgatorios, y el infierno de verdad, el infiernoinfierno, radicó, como todas las semanas, en la horripilante programación de todos los canales. 

Entre las abrasadoras llamas de los Pasa la vida, Chicas de hoy en día, Qué gente tan divertida, Un, dos, tres, Taller mecánico, Farmacia de Guardia, No te rías que es peor, Tutti frutti, La ruleta de la fortuna y demás monstruosidades salidas del estro humano, sólo unas pocas referencias al humilde paraíso de lo bien hecho, de lo bien urdido. Se conservaba aún, cálido, eI recuerdo del excelente informativo especial de La 2 con motivo de la Conferencia de Paz (Ana Blanco, perfecta; Pablo Irazazabal, también), así como ecos de risa que venían rebotando del A ver, a ver, de Martes y Trece. 

Pero la semana, como muy bien detectaron los comentaristas del eurofútbol, se recocía en las calderas del Averno, y sólo un maravilloso reportaje sobre gatos en el mediodía de La 2, mientras el resto de emisoras vomitaba culebrones, rescató al feliz espectador que recaló en él de la ardentía donde se achicharran eternamente las presas del Maligno. El infierno existe, y no estaba en Manchester, ni en Stutgart, ni en Kaiserlauten, sino aquí, en la pantalla, y más, definitivamente, cuando salió la sangre de Favio Moreno, el niño chico asesinado en Erandio.

17 noviembre 2014

La marcha de la bella Francine

Prueba irrefutable de que lo bueno y lo malo habitan juntos es que, de pronto, se acaban los espeluznantes programas de verano y, simultáneamente, se nos va Francine. Mucho es el júbilo que produce el deceso de esas monstruosidades desde Palma, o desde el Parque Acuático, o desde La Toja, o desde Marbella, pero mucha, también, la aflicción que provoca la marcha de la bella Francine, cuyos pequeños dislates se diluían en un rostro enteramente humano. Sin ella, la actualidad de los fines de semana volverá a ser insoportable, por mucho que sea recitada por alguien con una prosodia perfecta. 

A Francine la envían a un programa de actualidad cinematográfica, y a Jordi González, que es un chico que lo ha hecho bien en La Palmera, uno de los pocos engendros estivales que se salvan de las llamas justicieras, no sé donde piensan mandarle. Jordi, que aportó al medio la figura del presentador humano, que lo mismo se cabrea y es antipático como, al rato, se vuelve cariñosísimo y encantador, merecería seguir acompañando a la gente en otoño, y a poder ser con ese colaborador tan bonancible y entrañable que presenta baratijas de plástico y menudencias de la vida cotidiana. De todo el basural televisivo del verano, es seguro que nada quedará en la memoria, ese depósito invisible que disuelve, como todo el mundo sabe lo que le dislacera. 

¿Cómo podría recordarse, por ejemplo, el De carne y hueso de la señorita Larraz? ¿Cómo podría vivirse con el recuerdo, en verdad calcinante, de Caliente? ¿Cómo volver a sonreír tras lo visto y oído en lo de Tal y Tal, cómo apartar de la mente esas sombras en tanga, esa celebración infernal del fascismo emergente? ¿Cómo afrontar el invierno con los ecos del pobrecito Viyuela atronando las meninges? El Señor hizo una gran cosa inventando el olvido. Lástima que lo que viene a sustituir todo eso, los nuevos programas, las nuevas series y los nuevos fichajes, parezcan eso mismo con algo más de ropa. 

El anuncio de la serie La chicas de hoy en día, que comenzará a emitirse el lunes en La 2, no parece que remita a un producto que, siquiera, justifique los dineros que ha costado, y el retorno del Jedi, perdón, de Bigote Arrocet, habla por sí sólo de lo que se avecina. Y eso por no hablar de El precio justo, esa tómbola infame que regresa. Sea como fuere, y aun con la posibilidad de que se deslice alguna novedad interesante entre tanta morralla, el otoño se presenta duro sin Francine. Ella era, dentro de la anormalidad del medio, lo más normal del mundo, era un trozo de amable realidad que se coló en el receptor durante algún tiempo.

15 noviembre 2014

Que perra han cogido los transexuales con querer casarse

Que manía le ha dado a los cerebros democráticos que planifican los cebos de los programas de televisión con pedirle a los espectadores su veredicto en todo tipo de debates. Los férreos principios absolutistas del despotismo ilustrado, el práctico pero excesivamente desvergonzado «todo para el pueblo, pero sin el pueblo» ha sido sustituido por una cómica urgencia en devolverle el protagonismo y la judicatura a la enfervorizada plebe, siempre dispuesta a marcar un coral número de teléfono y a testificar sobre lo sacro y lo humano. Resulta demasiado servil y cochambroso el afán de presentadores y directores de debates por convencer a sus abstractos mirones de que en su anónima boca está siempre la verdad. 

Mi permanente y lamentable ego-trip acostumbra a desinterarse de las opiniones de las mayorías silenciosas o bullangueras sobre el estado de las cosas, de las leyes y de la conducta de los personajes «trascendentes», pero en alguna ocasión sufre escalofríos o relajación cuando observa la creciente popularidad de monstruosidades legales o la buena salud de la tolerancia y de la sensatez. Al primer grupo pertenece la súbita adicción de mucha gente racional a que se restaure la pena de muerte o la necesidad del terrorismo de Estado, con axiomas tan fascistas y asnales como «el fin justifica los medios». 

Al segundo, el esperanzador veredicto de un setenta y tres por ciento de la clientela de Culpable o inocente, a favor del derecho de los transexuales a casarse, a comer perdices, a ser felices y a educar a sus hijos para el cielo. Me produce regocijada estupefacción que los ancestralmente marginados y los transgresores involuntarios sólo aspiren a la bendición ritualizada de esa sociedad que siempre les ha tratado como a monstruos de feria, su aspiración a integrarse en los valores burgueses, su deseo de asumir la condición legal de esos vecinos que siempre les han considerados unos apestados. 

El desprecio social no ha fomentado sus convicciones iconoclastas sino que ha aumentado su deseo de parecerse a sus inquisidores, de legalizar la unión con su pareja, de blanco y por la iglesia. Ambientando el coloquio de leguleyos, magistrados y psiquiatras en torno a la conveniencia de aceptar en el rebaño a aquellos desafortunados con alma y biología ferozmente enfrentadas, aparecen las patéticas declaraciones de varios transexuales sobre el calvario de su vida, los riesgos mortales que implica esa operación desesperada intentando, borrar sus huellas viriles, su deseo de adoptar a un niño, de que los otros les acepten como «normales». La encuesta telefónica no aclara si sus redentores les tolerarían como vecinos.

13 noviembre 2014

Las guerras democráticas son un bulo

Estados Unidos -me dice un amigo- nunca ha ganado una guerra después de 1945». Nunca la ha ganado -sostiene- porque es una sociedad democrática y porque, después del 45, las sociedades democráticas son sociedades de la comunicación democrática. Es el pueblo americano quien ha obligado a la paz a los generales enloquecidos que querían lanzar la bomba atómica sobre Corea, es el pueblo americano quien ha obligado a su gobierno a la rendición en Vietnam: un pueblo organizado por la información y escandalizado por los horrores de la guerra. Esta consideración -añade Paul Virilio- es aún más válida hoy día. 

Después de los años 50 y 60, la comunicación ha dado pasos de gigante: hoy la guerra se nos presenta en «tiempo real», el espectáculo televisivo nos hace partícipes de la tragedia. Una sociedad democrática no puede aceptar este tipo de participación, que implica una responsabilidad compartida en cuanto a los efectos y un delegar en cuanto a las causas, así como una inmediatez de la participación en el desastre y una irresponsabilidad espectacular. 

El «tiempo real» trastorna los mecanismos de la representación democrática, mostrando como realizado lo que debe decidirse realizar, volcando sobre los ciudadanos la responsabilidad de las monstruosidades que la guerra comporta y sobre las que ellos no han deliberado. El problema parece estar claro para los gobernantes americanos. Pocos días antes del inicio de la guerra, Neil Postman, profesor de «ecología de los medios» en la Universidad de Nueva York, se preguntaba: «¿Conseguirá lo imaginario, criatura exclusiva de la televisión, engancharse a la realidad tosca y durísima de la verdadera guerra sin hacer que estallen la cabeza y los nervios de la gente»? «¿Cómo será el momento en que la narración del «próximamente» se acabe, y se comience a combatir de verdad, se comience a morir de verdad?». 

A estas preguntas ya se ha comenzado a responder. Algunos han sostenido que sólo una anticipación imprevista y breve de la guerra, un «raid» velocísimo y triunfador, una «guerra israelí», podían garantizar que los mecanismos democráticos de participación y de representación no resultaran heridos por la decisión belica y por el conjunto de sus consecuencias. En este caso el peligro habría sido evitado, la comunicación envuelta por la brevedad y por la velocidad del acontecimiento y justificada por el inmediato éxito: una feliz operación de policía internacional. Pero ésta no ha sido la elección del gobierno americano.

Otros han pensado que la solución era la de mostrar una guerra «distinta», una guerra tecnológica, una guerra que se parece a una exploración espacial. Esta vía parece que es la seguida en las primeras semanas de la guerra por las televisiones de todo el mundo: una solución «protestante», un poco hipócrita pero sustancialmente correcta en las primeras semanas de guerra. En este caso el peligro ha sido evitado de nuevo, y la comunicación esterilizada, al mismo tiempo presentada y neutralizada. 

¿Pero, y después? ¿Podrá seguir funcionando este atajo cuando la guerra se convierta en lo que todos esperamos, una guerra de masas con infanterías diseminadas por las trincheras, soldados con título de enseñanza media, una familia en casa, en contacto constante, que lo sabe todo y que lo ve todo? ¿Podrá continuar esto cuando las imágenes de los cormoranes ahogados en petróleo comiencen a ser continuas, y al desastre de los hombres se añada el de la naturaleza? De nuevo el problema fundamental -el de la compatibilidad de la democracia con la conducción de una guerra moderna, total, tecnológica y de masas- volverá a plantearse. Queda una alternativa: la del bloqueo de la información, la de la transformación de la comunicación en propaganda. 

En esta dirección parecen haberse movido las jerarquías militares de todos los países, impulsadas por una «racionalidad instrumental» que aprecia sólo el modo relativo, y a veces mínimamente, las razones de la verdad y de la democracia. Pero contra esta decisión no es difícil prever -es más, ya comienza a verificarse- una fuerte resistencia, más que por parte de los órganos de comunicación, por parte de la ciudadanía democrática, en todos sus componentes. En efecto, el bloqueo de la información infringe los principios mismos de la democracia, y muestra las necesidades de la guerra como enemigas de la democracia. ¿Cómo se podrá ratificar la pretensión de reafirmar el derecho y la democracia allí donde los instrumentos para alcanzar el fin niegan el derecho y la democracia? Planteado en estos términos, el problema se abre a abismales interrogantes: ¿no podrá nunca una democracia moderna, fundada sobre la comunicación, afrontar y vencer una guerra sin recurrir a métodos que la deshonran, y ceder a una opinión pública sublevada ante el horror de la verdad y convencida de que el fin no justifica los medios? 

No es fácil, es más, parece irreal poder responder a estos interrogantes. Ello no quita que alguna indicación pueda ser formulada como respuesta. La primera indicación reside en insistir sobre el hecho de que la guerra, cada vez menos puede ser una solución aceptable para los conflictos que atraviesan el mundo, tanto entre naciones como en el interior de las naciones. Aquella solidaridad visiva que los modernos instrumentos de comunicación ofrecen a los ciudadanos del mundo, revelan una efectiva proximidad de los ciudadanos del mundo. 

La matanza indiscriminada de ciudadanos del mundo que la guerra moderna -total, tecnológica y de masa- provoca, la destrucción o la disminución de los recursos naturales que ésta necesariamente ocasiona, es en sí repugnante. La conciencia normal del hombre moderno, formado en la comunicación, rechaza la guerra como continuación de la politica. ¿Significará esto que es imposible reaccionar a los actos anti-jurídicos que ciertas naciones realizan? No, con toda seguridad no. Existen, efectivamente -y ésta es la segunda indicación-, la de que el derecho internacional sea igual para todos los sujetos, que en éste no se constituyan figuras privilegiadas o hegemónicas que se arroguen la predeterminación de lo justo y de lo injusto. 

Podemos, así, volver a las primeras observaciones de este artículo y considerar ahora cuán positivo es el hecho de que los Estados Unidos no hayan ganado ninguna guerra a partir de 1945. Esta constatación equivale a la constatación de que la opinión pública democrática, formada sobre la comunicación moderna, siempre ha vencido contra sus gobiernos, contra concepciones del orden mundial que nada tenían que ver con la restauración del derecho o con la fundación de la democracia.

Nuestro deseo es, así pues, que también en la guerra que hoy presenciamos en nuestras pantallas, y que afecta tan profundamente a nuestras conciencias, la democracia venza, que la comunicación no sea bloqueada, que la igualdad del derecho sea afirmada también en el terreno internacional. No es tarde para imponer las reglas de la democracia contra las de la guerra. 

Y es urgente hacerlo, de nuevo, continuamente, sin descanso. Un amigo, ante la televisión, observaba en estos días: «¿Por qué es tan complicado definir al enemigo, por qué no basta con una sola frase (como en los tiempos en que se decía "defensa de la libertad y de la democracia") para describir lo que está sucediendo en el Golfo?». La respuesta es simple: antes de definir al enemigo, en la democracia de la comunicación, tenemos que definir al amigo. El amigo es la democracia, y cualquier cosa que vaya en su contra, incluso los instrumentos y la propaganda de la guerra moderna, eso es nuestro enemigo.

11 noviembre 2014

Lo que no sabías del comercio de las armas

Un informe de los obispos de la Iglesia de Inglaterra anunció la guerra de la Iglesia. No se aceptaron por más tiempo sanciones piadosas... la intransigencia de Sadam... una guerra justa... fuerza mínima para alcanzar el objetivo... resolución de todos los problemas de la región... En mi Iglesia local, prediqué el otoño pasado sobre qué era la doctrina de la guerra justa. Mi presentación fue tan neutral -pensada para que la gente forjase su propio juicio- que algunos creyeron que estaba diciendo que la guerra para liberar Kuwait sería una «guerra justa».

El domingo después de comenzar la guerra, volví a hablar de lo mismo, dejando clara mi oposición a la guerra. No me di cuenta -quizá estaba demasiado influido emocionalmente para ser todo lo sensible que quería- pero no estaba preparado para ser llamado traidor (una afirmación pronto retractada). Presioné sobre la lectura del día, de Jeremías, haciendo notar que, también, fue acusado de colaboración con el enemigo. Hoy en día no hay profetas como en el Antiguo Testamento. Dije que sólo hay personas con opiniones. Pero corren tiempos en los que debemos decir lo que pensamos. Pienso que podemos encontrar una forma de convivir juntos durante la guerra. La gente puede dialogar en privado, pero quiere algo más, algo que les tranquilice, cuando oye el sermón. Pero dudo que pueda ofrecer esta tranquilidad durante una guerra que, me parece, no puede aportar nada bueno a su confort. 

Cuando la guerra se hace más dura, deben empezar a comprender por qué he compartido mis peores temores, por qué he elegido palabras como «desastre» y «locura total», y entender que esto no era un intento de minar la moral sino de subrayar la inutilidad de la guerra. Algunos todavía deben querer un líder como el Obispo de Oxford, que habla de un deber cristiano de «reforzar la resolución de las naciones para usar la fuerza militar antes que minarla cuestionándose la legitimidad moral de una opción militar». Pero, ¿es la habilidad para plantearse cuestiones sobre moralidad la primera baja que ha tenido la Iglesia en la guerra? 

Necesitamos agarrarnos al Evangelio de la paz, necesitamos trabajar con los textos santos que nos dicen: «El Señor es un guerrero que nos da la victoria» (lección de mañana del Antiguo Testamento), pero que nos ofrecen la oportunidad de poner la otra mejilla, renunciando a la espada de Cristo. Pero estamos en guerra y las pasiones se despiertan, y realmente parece ser demasiado tarde para los sermones, al menos mientras la precisión de los bombardeos» y «algún daño colateral» vayan negando las masivas bajas civiles. No puedo decir, como algunos esperan, que lo que creía ser falso el 14 de enero se hizo verdad el 16 de enero. Incluso con esto, sé que los argumentos para no ir a la guerra ya no se usan mucho ahora.

Ahora que ya está aquí, y hago circular impresos para la suscripción para la Campaña contra el Comercio de Armas, ¿quién va a unirse? Esta guerra, como la de las Malvinas, es una exhibición del comercio de armas, y todo el mundo quiere armas de gran precisión. Las llamadas armas de precisión quedan muy bien en la doctrina de la guerra justa: son discriminatorias, puedes hacer que apunten a objetivos militares y reducir las bajas civiles. Pero una vez que los traficantes comienzan a vender armas de precisión alrededor del mundo, éstas serán a menudo disparadas contra civiles. ¿Quién va a unirse a Amnistía? Todo el mundo ha visto el informe sobre el terror en Kuwait, y las lágrimas de George Bush. Pero Bush era director de la CIA, organización que publica manuales de cómo torturar para aterrorizar a los contrarios. ¿Dónde está Dios en todo esto? ¿Está todo en las manos de Dios? 

He oído esto mucho porque se rezaron muchas oraciones por la paz, y el hecho de que la guerra comenzase significa que es el deseo de Dios. Intento relacionar esto con la enseñanza de Jesucristo, y no lo consigo. Respuesta al estilo Barchester: «Jesucristo no tiene nada que ver con esto». Pero sí que tiene que ver. Dale Aukerman, en su libro Darkening Valley, presenta una letanía de monstruosidades antiguas y modernas, y concluye: «La pavorosa magnitud de estos horrores permanece como un misterio impenetrable a menos que lo concibamos a través del Hombre de Getsemaní y Gólgota». 

Ahora la frase de Bush «ningún precio es demasiado caro» es una fórmula para la monstruosidad como lo es la resolución de las Naciones Unidas que permite «todos los medios necesarios». ¿Qué quiere decir? ¿Armas nucleares? Quizá las iglesias puedan unirse en una única voz cuando llegue la oportunidad para el establecimiento de la paz, pero que contenga algunas concesiones. La versión de Kennedy era «ninguna carga es demasiado pesada para llevar», una frase tan dicha que al final sugiere un deseo de sufrir, que habla del calvario más que de Wall Street.

Los líderes de la Iglesia, persuadidos de lo que es la guerra por el precedente de Hitler más que la paz por el precedente de Cristo, deben declarar ahora que hacer una concesión que permita la guerra total puede ser la carga que deben soportar las .naciones unidas contra Irak. Los líderes de la Iglesia no necesitan la casuística de la «guerra justa». La Declaración de Independencia de América dirá: «La indistinta destrucción de personas de todas las edades, sexos y condiciones» es un precio demasiado caro que pagar. Y si las vidas humanas individuales no parecen en sí mismas suficiente causa para detener la guerra, puede entenderse que visto lo que hacemos al resto de sus hermanos, hacemos esto a Cristo. El es la víctima central, identificándose tanto con el soldado muerto como con el civil muerto. Esta no es una guerra santa. No es una guerra por Cristo. Es, como todas las guerras, una guerra contra Cristo.

09 noviembre 2014

Dónde está el Papa en las catástrofes humanas

EL Papa, que no ha dicho esta boca es mía en lo que llevamos de conflicto petrolero, ni siquiera en los momentos en que la escabechina parecía depender sólo de que algún imbécil uniformado se pusiera nervioso, no ha tenido empacho, sin embargo, en inaugurar oficialmente la demencial basílica de Yamusukro (7.363 metros cuadrados de vidriera francesa, 11.000 de mármol rosa italiano, 24.000 millones de pesetas) en el corazón del continente más pobre y hecho polvo del mundo. 

Felipe González, en cambio, sí ha dicho esta boca es mía, aunque no hacía ninguna falta, porque cuando a los pocos días de la invasión de Kuwait dijo que eso era un asunto interno, enseguida se notó que, efectivamente, era su boca, y no otra, la que decía semejante cosa. 

Ayer, casi un mes y medio después del inicio del conflicto del Golfo, el presidente tuvo, al fin, el detalle de comparecer ante los supuestos representantes del pueblo colocados en la Carrera de San Jerónimo, y aunque hubo sus más y sus menos, la cuestión quedó, una vez más, en una conversación de amiguetes. La situación en el Golfo, de momento, está en un impase, o, como se decía antiguamente, en un ni cenamos, ni se muere padre. 

Aunque nadie hizo caso a Gamir el otro día, cuando dijo en el telediario que lo ideal sería que la crisis se resolviera con una guerra corta, pero contundente, el espectro de la guerra sigue deambulando, siniestro, por los rincones del planeta, con la particularidad de que si se arma, algún pepinazo nos podemos llevar nosotros, vía Armada Invencible. 

El Papa disfruta en Yamusukro, González disfruta en el Congreso de los Diputados, Gamir. disfruta diciendo monstruosidades en la tele, pero el que más disfruta, con diferencia, es Narcís Serra, ministro del ramo, que se vistió de gran guerrero el otro día para visitar en alta mar la fragata y las corbetas. 

¿Que por qué disfruta tanto? Muy sencillo; porque ha conseguido hacer realidad el sueño de todos los mozos en edad de merecer la negra suerte del servicio de armas: hacer la mili de jefe. Y durante unas pocas horas nada más.

15 octubre 2014

Código descuento Wimdu

La cadena low cost Travelodge se jacta de los precios más baratos. Su hotel Valencia Aeropuerto ofrece habitaciones desde 20 €, (oferta que también tiene Wimdu), como el resto de establecimientos que poseen en España, Inglaterra, Escocia o Gales. Eso sí, que el hospedaje sea entre el 22 y el 30 de octubre, muy limitado.

Dos amigos insatisfechos con "los caros y fríos hoteles" fundaron esta página en 2011 en Berlín la página de Wimdu. Hoy, ofrece más de 300.000 alojamientos, lo que indica que la clientela está satisfecha.

HouseTrip, nació en el 2018 con el objetivo de simplificar los alquileres y ser una alternativa económica a los hoteles.

A través de su página web, los usuarios pueden alquilar pisos o habitaciones a particulares en otras ciudades para, por ejemplo, sus vacaciones. El precio, normalmente, es inferior al de los hoteles.

15 millones de huéspedes han encontrado alojamiento a través de Airbnb, según los datos ofrecidos por la propia compañía.

34.000 son las ciudades en las que un usuario puede encontrar alojamiento en el sitio wed de Airbnb. Por países, la cifra es de 190.

Una escapada para conocer los mejores balnearios de Karlovy Vary (que están en la República Checa) supone una inmersión en algunas de las mejores aguas medicinales de Europa, alojándose en palacios imperiales de postín. Desde 174 euros/ tres días.

Wimdu ofrece dormir en un castillo encantado o en el pueblo de Frankestein. ¡Muy terrorífico!. Además de tener para su clientela online código descuento Wimdu que te hacen un servicio.


La cadena Iberostar por otro lado ofrece programación de miedo el puente de Todos los Santos en varios de sus hoteles de Andalucía y Mallorca, desde 49 euros/noche, con media pensión.

13 octubre 2014

Código promocional Imaginarium

Las videocámaras sufren la presión cada vez mayor del móvil y las cámaras, pero modelos como esta Camileo S40 de Toshiba tienen recorrido. Graba en resolución Full HD con zoom de cinco aumentos y es extraplana. Puede llevarse en el bolsillo de una camisa y su pantalla de tres pulgadas es táctil.

Varios fabricantes han apostado recientemente por tabletas de ocho pulgadas, ligeramente más grandes que las minitabletas disponibles el pasado año, pero aun así fáciles de sostener con una sola mano. La Iconia A1 de Acer es una de las más potentes y económicas. Apuesta por una pantalla IPS de 7,9 pulgadas y formato 4:3 (similar en resolución al iPad Mini de Apple) y un procesador de cuádruple núcleo a un precio bastante ajustado. Viene con la última versión del sistema operativo Android.

Imaginarium, responsable del producto, lo pone a la venta este mes junto a tres aplicaciones pensadas para sacarle el máximo partido: Mis apuntes, Tap Writer y Movement. Además de las teclas, este accesorio incluye un lápiz compatible con pantallas capacitivas. PVP: 25 euros o 249 en un pack con la tableta.

La serie Sport de Sennheiser se renueva con modelos como estos PX 685i de diadema, pensados para los más activos. Tienen una increíble precisión acústica con un sonido potente y alto volumen. En negro o blanco.

Para amantes de las actividades al aire libre, los nuevos Oregon de Garmin son una combinación interesante. Mezclan la navegación satélite con una cámara de ocho megapíxeles. Cuentan con pantalla multitáctil de tres pulgadas y doble orientación, con una brújula de 3 ejes, acelerómetro y altímetro barométrico. Detecta la posición a través del sistema GPS y GLONASS y puede equiparse con varios tipos de mapas según la actividad.

Superpaquito es una tableta creada para los más pequeños de la casa, con aplicaciones y juegos pensados para estimular su desarrollo educativo y creatividad. Ahora tiene un teclado como accesorio. Este y otros juguetes educativos para niños es posible conseguirlos online con uno de los código promocional Imaginarium que ofrece a todos sus internautas.


El diseño del nuevo Aspire R7 de Acer es así de peculiar. El trackpad está situado sobre el teclado y la pantalla cuenta en el centro con una bisagra abatible. La combinación es una máquina increíblemente versátil que puede usarse en varias posiciones, como atril, como portátil convencional o como tableta. Tiene 15,6 pulgadas de tamaño y procesador Intel i5 o i7.

11 octubre 2014

Amaia Salamanca tiene mandíbula de hombre

"¡Define lencería!". El imperativo es de Amaia Salamanca a la estilista, que le está adelantando el contenido de sus maletas: noche, pieles y joyas; lencería y transparencias. Y a Amaia se le hiela el gesto: "¡Define lencería!": lleva la actriz a sus espaldas un pudor como adolescente, y no puede con él. Amaia Salamanca (Madrid, 1986) nunca soñó con ser actriz ni parecido, sino peluquera o mujer de la limpieza (sic), y su pasión primordial era el fútbol, el atletismo y los juegos de chicos. Nunca imaginó ser actriz y hoy lo es, una actriz hecha a sí misma y al revés. 

En sólo cinco años, su rostro es uno de los más populares del panorama actoral. Era una chica normal, muy guapa pero nada princesa ni por ello presumida; normal, que estudiaba dos carreras en la universidad pública por convicción, pero sin vocación alguna: Derecho y Administración de Empresas. 

Se apuntó a una agencia de modelos para ganar su dinero o su independencia, sin mayor pretensión. Pero hete aquí que la cámara le estaba esperando. De la foto y la publicidad pasó a la televisión (SMS, Sin tetas no hay paraíso, Los hombres de Paco…), de ahí, al teatro (La marquesa de O: exitazo) y fue princesa, lo nunca soñado, en el telefilme Felipe y Letizia. Resultó que era un animal dramático, y ella sin sospecharlo. 

Enseguida la ficharon para el cine (Fuga de cerebros, la película española más taquillera de 2009): su popularidad crecía y crecía, y Amaia sin pretenderlo, aún tímida, porque es la timidez lo que subyace en el buen actor por esencia. Por último decidió aprender lo que tanto éxito le reportaba: cinco años interpretando a base de intuición, esfuerzo y valor. Se marchó a Nueva York a vaciarse de la fama y apuntarse en una escuela internacional de interpretación. Está de vuelta: en Madrid, en la tele (su nuevo éxito, Gran Hotel) y en el cine (Paranormal Xperience 3D). Que sus dioses la protejan.

Pregunta. Se sentía intrusa en el universo de la interpretación (Fuga de cerebros, año 2009). ¿Ya pasó?

Respuesta. Sí, ha pasado con el tiempo. Me sentía intrusa por la forma en que entré en la interpretación, pero a base de trabajar y unir unos proyectos con otros, que es la mejor escuela, he logrado sentirme de otra manera.

P. Ese mismo año se subió a los escenarios de teatro sin haber tenido escuela, autodidacta, ¿ha sido un animal de escena?

R. Sí, he sido autodidacta, pero (se sonríe) no sé si era un animal de escena. Después del primer casting en el que me cogieron para interpretar, yo ya sabía que la suerte no lo era todo y que tenía que trabajar para suplir la falta de formación. Así que me fui poniendo retos, y éste del teatro fue uno más.

P. Hay que ser valiente para hacer teatro sin haberse formado, y encima le salió bien...

R. Me salió bien, sí, porque estuve muy arropada por Magüi Mira, la directora, que confió mucho en mí, me eligió y me dijo: "Tienes que hacerme caso en todo". Y también los actores se portaron genial conmigo, y fui aprendiendo día a día.

P. El pasado año lo deja todo y se va a Nueva York. ¿Se fue huyendo del pressing del mal llamado periodismo del corazón?

R. No, para nada huí. Llevaba cinco años trabajando mucho y me apetecía irme y respirar, y volver a Estados Unidos, donde ya había estudiado un curso, y vivir len a ciudad de Nueva York. Tampoco fui a buscar trabajo: fue un momento de relax.

P. En Nueva York sí estudió interpretación. ¿Con qué escuela? ¿No es difícil aprender de nuevo a interpretar cuando uno tiene ya su propio método, cuando ha sido autodidacta?

R. Estudié en el HB Studio, que es muy internacional. Y no es difícil, se trata de sumar lo que a ti te ha servido aunque nadie te haya enseñado, con una enseñanza nueva. Empezábamos por la mímica para terminar delante de una cámara, cuando esto era algo que yo ya había hecho; pero me faltaba lo primero, la base.

P. ¿Se podría decir que ha hecho la carrera al revés?

R. Sí, empecé por tele, luego cine y teatro, y terminé en clases elementales de interpretación.

P. Y ahora, de vuelta en Madrid y de vuelta en la tele, ¿cómo va a soportar el peso de la fama?

R. No me agobia, he aprendido a llevarlo, a estar en el punto de mira y soportar que hablen de mi vida privada. Te resta privacidad, pero es el precio que hay que pagar por aparecer en una serie semanal que funciona. Que la gente te reconozca es como un premio al trabajo bien hecho.

P. Amaia, el enunciado de la pregunta es una ordinariez pero espero se lo tome con humor: ¿qué le debe a las tetas del paraíso, o sea a sus propios atributos…?

R. (Sonríe) Le debo muchísimo a esta serie, fue mi trampolín y la recuerdo con muchísimo cariño, por el personaje, el equipo y las amistades que me llevé.

P. Y ¿qué supuso interpretar a la princesa Letizia?, ¿tuvo alguna reacción por parte de ella?

R. No, ni antes ni después. El guión se envió a la Casa Real, y se supone que gustó porque lo aceptaron. Cuando me lo propusieron, en principio, a mí me pareció una locura, pero era de nuevo un reto. Y me tiré de cabeza. La vio muchísima gente, pero no tuve ninguna reacción de ella, lo que me pareció una pena.

P. La verdad es que se parece bastante a la princesa, incluso más al natural que en la serie.

R. ¿Sí? (se ríe). Ahora ya estoy tranquila, pero cuando estaba dentro del personaje no paraba de gesticular como ella, moviendo las manos todo el rato. Realmente tenía a Letizia dentro, hasta que por fin me la pude sacar.

P. Pues qué agobio, dormir con una princesa dentro. Ha dicho que reconocía haber llegado hasta aquí gracias a su físico, ¿tan poco valora su capacidad dramática?

R. Sé que el físico tuvo que ver, pero no lo fue todo. Es verdad que a mis 20 años yo era una niña rubita, de ojos azules y demás, que daba muy bien el look que estaban buscando, pero no por ser una chica despampanante ni parecido, sino porque coincidía con los requisitos del personaje. Yo no había hecho nada más que un par de videoclips, pero como te he dicho antes, la suerte llega una vez y luego hay que trabajarla, que es lo que he hecho desde entonces: soy muy trabajadora y muy perfeccionista, en todo.

P. ¿Cuánto le gustaría que le dieran un papel de fea, tipo la Virginia Woolf de Nicole Kidman, escondida su belleza tras una nariz postiza?

R. Es como si una estuviera obligada hacer ese papel de fea para que la tomen en serio, es algo que no entiendo. Siempre pongo el ejemplo de Charlize Theron en Monster: tuvo que ponerse horrible y gorda para que le dieran el Oscar que nunca le habían dado. Yo creo que lo importante es ir haciendo papeles diferentes, pero no lo vas a hacer mejor porque el personaje sea feo.

P. ¿Va siempre en busca de géneros distintos, de ahí que ahora la veamos en una de miedo?

R. Sí, intento hacer géneros distintos. Nunca había hecho nada de terror, pero no soy yo la que da miedo, soy una de las víctimas. Es de terror y algo gore.

P. ¿Pasó miedo rodando?

R. Bueno, mientras ruedas tienes que llegar a un estado emocional de terror que es bastante chungo, la verdad.

P. También es verdad que siempre le dan papeles de mujer dramática e intensa. ¿Qué tiene esto que ver con su físico?, ¿por qué cree que caracteriza tan bien este tipo de mujer?

R. Creo que no tiene que ver con mi físico, pero sí es cierto que son mujeres sufridoras y luchadoras, y este punto dramático se me da mejor que lo cómico, aunque tampoco lo he probado mucho. Sí, tengo facilidad para llorar y emocionarme.

P. ¿Y con su vida, qué tiene que ver?

R. Intento darle un poco de Amaia a cada personaje; no me considero sufridora pero sí muy luchadora por lo que creo. Me encanta luchar por las causas perdidas: si uno se queda con lo fácil no llega a nada más.

P. ¿Cómo diría que ha sido hasta ahora su vida?

R. No podría destacar nada malo sino todo lo contrario: he sido una mujer muy afortunada en todo, tanto en lo personal y familiar como en lo profesional, todo todo todo me ha ido muy bien. Me da hasta un poco de miedo, porque pienso que la vida es como una montaña rusa y en algún momento tendrán que venir los malos momentos. Éstas son las dudas que rondan mi cabeza.

P. No pensó ser actriz, ¿ni siquiera fue un sueño infantil?

R. No, nunca lo pensé; mi vida siempre ha estado más relacionada con el deporte, con el fútbol, con los juegos de chicos. Fui muy poco chica de muñecas, de pinturitas. De hecho terminé estudiando Administración de Empresas y Derecho.

P. ¿Cuál era ese sueño?, ¿cómo se veía de mayor?

R. Pues iba por etapas, hubo un tiempo en que quería ser señora de la limpieza, eso le decía a mi madre, y tuve también mi momento peluquera. Pero nunca supe realmente qué quería ser, y me matriculé en estas carreras sin vocación.

P. Era una niña guapa, ¿consciente o no de serlo?

R. (Se ríe fuerte) Nunca me he considerado ni guapa ni fea, como mucho atractiva, pero por mi forma de ser y expresarme con mis compañeros y amigos, porque con el resto soy bastante tímida. Si pienso que me quieren poner lencería y trasparencias me da una vergüenza…

P. Una niña guapa que jugaba al fútbol y a todo tipo de juegos machotes, ¿tiene muy pronunciado el lado masculino?

R. Sin duda tengo un lado masculino mucho más pronunciado, tal vez por lo que he vivido todo con mi hermano, siete años mayor: él me ha inculcado sus valores y hasta me gustaba usar su ropa. O tal vez sea una cuestión genética. Sigo jugando al fútbol siempre que puedo, y veo muchísimo deporte, y también he hecho mucho atletismo, pero ahora no tengo tiempo para entrenar a diario.

P. ¿Le tienen miedo los hombres? A los hombres no suele gustarles las mujeres fuertes.

R. Siempre he tenido muchas más amistades masculinas que femeninas, me llevo mejor con los hombres. Pero es verdad que a la larga este tipo de mujer segura asusta un poco a los hombres, porque siempre quieren ser el hombre de la relación.

P. Alguna vez ha reconocido que sufre grabando escenas de sexo, ¿esto también se ha curado?

R. No, soy muy pudorosa, me sigue costando.

P. ¿Qué siente al saber que aquella escena de Fuga de cerebros (el polvo sobre la mesa de la cocina) ya ha sido visitado más de 320.000 veces en la net?

R. Estas escenas me imponen en el momento de grabar, o si tengo que verlas con alguien; pero cuando ya está hecho y no tengo que compartirlo con nadie, se acabó, ya no es mío.

P. Volvamos a sus comienzos: no se le había ocurrido esto del cine pero le llega a través de su trabajo como modelo. ¿Trabajaba para costearse sus estudios?

R. No, lo hacía por sacarme un dinerillo, mis padres siempre me han dado la mejor educación. Estudié en un colegio privado y me matriculé en la universidad pública porque yo lo decidí.

P. ¿A qué se dedican sus padres?

R. Son ópticos. Mi madre se quedó embarazada de mí y la echaron del trabajo, y mi padre decidió montar una óptica. Así que siempre dicen que yo nací con una óptica debajo del brazo.

P. ¿Le gustaría volver a los estudios donde los dejó?

R. Sí, para estudiar nunca es tarde, pero se necesita tiempo.

P. He leído que tiene un lema de vida que me parece como poco sabio: 'disfrutar trabajando'. ¿Es éste su verdadero lujo?

R. Tengo otros lujos, pero es verdad que disfruto trabajando y aprendiendo el porqué de todo.

P. ¿De qué otros lujos disfruta o le gustaría disfrutar?

R. Los básicos: la familia y los amigos. No necesito grandes lujos, sino pocas cosas y buenas.

P. Suele decir que no le gusta la moda ¿cómo se siente haciendo producciones como ésta?

R. No me disgusta, a todos nos gusta que nos pongan guapos. Pero es verdad que me cuesta más posar que interpretar. Soy muy práctica para vestirme: unos vaqueros o similar, algo fácil, rápido y cómodo.

P. Tengo entendido que aún le queda un gran sueño por cumplir, que sería una película de acción en plan Angelina Jolie...

R. Tengo ganas de hacer un papel de acción, conduciendo motos, peleando o similar, pero hay muy poco cine de acción en este país y menos aún con una mujer como protagonista.