30 diciembre 2013

Roberta Armani es zamba

Hay quien piensa que, si mi tío es Giorgio Armani..., mi padre debe ser Emporio", bromea Roberta Armani (Bolonia, 1970) cuando irrumpe en el hall del Hotel Santo Mauro de Madrid. La estancia, profusamente decorada y tapizada, languidece ante la poderosa presencia de la directora Internacional de Relaciones Públicas de Giorgio Armani, que, alta, vestida de negro y con un envidiable melenón leonino, aprieta la mano del interlocutor y mira a los ojos con firmeza. 

Transmite confianza, don necesario si de meterse en el bolsillo a celebridades internacionales de la talla de Tom Cruise se trata. Leonardo DiCaprio, David Beckham (con quien los tabloides británicos llegaron a insinuar un romance, tajantemente desmentido por la interesada) o la princesa Charlene de Mónaco forman parte de su círculo de clientes y amigos, como "Álex González, Blanca Suárez o Miguel Ángel Silvestre". Con ellos departió en la fiesta de inauguración de la flamante boutique de Emporio Armani en Madrid, evento que la trajo por estos lares a principios de abril. "España es como mi segunda casa desde que vine por primera vez hace 15 años a recoger un premio en nombre de mi tío. Mi mejor amiga vive aquí."

Las firmas de lujo concentran sus esfuerzos en los países emergentes, ¿por qué se desmarcan?

ROBERTA ARMANI. En 2014 celebraremos el 40 aniversario de la marca, y para nosotros es muy importante apostar por España. Esta apertura –una de las 17 que proyectan este año– subraya nuestro compromiso con el mercado español, después de desligarnos de nuestros anteriores socios –las hermanas Zunzunegui, vínculo empresarial que terminó en 2010–. Es importante que las marcas apoyen a España e Italia. Somos como primos. Y, en ese sentido, mi tío es un genio, porque siempre ha diversificado el negocio, que abarca desde Alta Costura –la línea Armani Privé– al prêt-à-porter, pasando por jeans, cosmética y hasta hoteles [el segundo de los cuales, explica, acaba de abrir sus puertas en Milán], de manera que con 20 dólares en el bolsillo puedes comprar algo de Armani. Además, fue un pionero al abrir su primera tienda en en Hong Kong hace 25 años. Hoy, el número de establecimientos en Asia asciende a 200. Además, la vida son ciclos, y Europa recuperará el liderazgo.

¿Es el ‘made in Italy’, el saber hacer europeo, un arma ante la crisis?

Sí, es un activo importante. Tanto en Asia como en América enloquecen con nuestros artículos, porque valoran la artesanía, la genialidad a la hora de crear objetos tan bonitos como bien facturados. La calidad es un bien apreciado.

El afán por llegar a todos los rincones del planeta Giorgio Armani se traduce hoy en una empresa con más de 5.700 empleados directos, 12 fábricas y una red comercial compuesta por 751 establecimientos. Concentrado en diseñar hasta las fachadas de los hoteles –"mi tío nunca descansa, no existe el hombre después del trabajo", revela Roberta– es lógico que el überdiseñador haya procurado rodearse de un buen equipo. "Mi hermana Andrea se ocupa de las licencias –L’Oréal, en lo concertiente a perfumes y maquillajes; Fossil y Luxottica, en relojes y gafas, respectivamente– y nuevas aperturas; Silvana se encarga del diseño y yo, de la comunicación." La palabra sucesión no se pronuncia en el clan, en el que Roberta ejerce de "Marco Polo de la familia".

¿Cómo lleva sus continuos viajes, siendo tan familiar?

Me gusta volver donde mi tío y contarle qué música gusta a los jóvenes, hablarle de la gente que he conocido, plantearle nuevos retos. Él está siempre ocupado, así que soy como sus ojos en el mundo.

Por su trabajo, está más que acostumbrada a lidiar con famosos, ¿acaba convirtiéndose en su amiga?

Las estrellas de verdad son muy fáciles de tratar. Cuando la gente tiene seguridad en sus dotes es agradable y sencilla. Saben quienes son y no necesitan demostrarlo. Creo que yo les animo a mostrar su propia personalidad y ellos recurren a Armani buscando ropa que la realce, no que la eclipse.

A los 10 años, Roberta Armani ya sospechaba de la importancia en la industria de la moda del apuesto hermano de su padre. Cumplidos los 16 se incorporó de manera natural a la empresa, con un trabajo de verano en la sede de Emporio Armani en Nueva York. Allí fue consciente de la relevancia global de su tío, que en Estados Unidos es casi una deidad. "Cuando sabían de mi parentesco, querían tocarme", confesaba en 2009 a la periodista Susan Dominus. Su trabajo, plagado de glamour y celebridades, pero también de viajes transoceánicos, es estresante. Para desintoxicarse medita 10 minutos al día, esté donde esté. "Tina Turner me dio hace años un libro, The power of now, de Eckhart Tolle, sobre la importancia del presente. Deberíamos aprender de los niños. Viven al día y son felices".

26 diciembre 2013

Alaska y Mario Vaquerizo la nueva pareja de moda

Como a la Ley Electoral, a nuestra ya tradicional encuesta veraniega sobre los personajes más o menos apreciados por los españoles le hacía falta una reforma. Un lustro después de aquel primer sondeo (en el que triunfaron de largo Íker Casillas y la Reina Sofía frente a Julián Muñoz y Ana García Obregón), ya es oficial: los votantes han podido posicionar a sus candidatos –a través de www.elmundo.es– en un sistema de listas abiertas que ha deparado más de una gran (y hasta magna) sorpresa.

La primera y sintomática: los Reyes y el Príncipe Felipe se han esfumado por completo de los rankings, para bien y para mal. Cierto que, desde 2011, la Familia Real había ido perdiendo su predicamento, pero esta vez su ausencia se siente clamorosa. El último annus horribilis de los Borbones parece que también les ha pasado factura en popularidad, aunque lo curioso ya no es tanto que no cuenten entre los más queridos como que ni siquiera se los tenga en cuenta en el top antagónico. ¿Indiferencia?

No menos significativa resulta la percepción que los votantes tienen de la Corona: como institución, la Monarquía designa la organización política del Gobierno y del Estado español, pero sus miembros apenas aparecen considerados en los apartados de Sociedad y (o peor) Corazón. Es el caso flagrante de Doña Letizia, la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, el único que asoma justo al final de la tabla de políticos antipáticos pero aupado al segundo puesto entre las celebridades odiadas de nuestra vida social. Más extraño es el caso de la Princesa de Asturias, que aparece valorada en penúltima posición (puesto 14) en la lista de los más queridos del Corazón y a un paso del top 10 en la de los más antipáticos de Sociedad.

La división por categorías (Política, Sociedad/Cultura, Deporte y Corazón) de los personajes es, precisamente, la otra novedad de la encuesta de Magazine este verano. La compartimentación sirve para conocer el interés real de los votantes en los distintos ámbitos, de lo que se desprende una lectura reveladora pero poco (por no decir nada) sorpresiva: los mayores porcentajes de voto se concentran en el deporte, con cuotas de hasta el 30% en el caso de los primeros puestos de ambas listas (queridos y antipáticos), Rafa Nadal y José Mourinho. Tampoco causa estupor alguno descubrir cómo el 12% de los encuestados ha preferido declarar desierto el primer premio en popularidad versión cuché (el mayor porcentaje en la categoría de queridos del Corazón) o lo bajo de los registros en cuestiones de Sociedad, donde el personaje mejor valorado (Mario Vaquerizo) solo ha obtenido el 4,2% de los votos.

El hartazgo ante la dominación de las celebridades del universo rosa resulta evidente y queda definitivamente expuesto en ese 20% de inquina que se lleva la peor valorada en este segmento (Belén Esteban, un año más), el segundo en intención de voto solo por detrás del Deporte y por delante de la Política. El poderío televisivo, sin embargo, parece clave en el triunfo de la nueva pareja favorita de España: Alaska y Mario Vaquerizo, que al fin le arrebata el podio al tándem Carbonillas (Sara Carbonero e Íker Casillas). Está visto que nada es para siempre.

23 diciembre 2013

El guarda espaldas de Lady Gaga

Atendía a todo tipo de personajes, independientemente de su profesión, sexo o raza. Desde el ex presidente sudafricano Nelson Mandela hasta la estrella Rihanna pusieron su seguridad a cargo de Norman Oosterbroek, uno de los guardaespaldas más cotizados. Siempre cercano al lujo, falleció en circunstancias extrañas el 2 de septiembre al ser objeto de una descarga eléctrica por parte de la policía de Miami.

El suceso se produjo en una de las viviendas aledañas a su casa. Según las autoridades, Oosterbroek saltó la valla de la mansión de una de sus vecinas –en el lujoso barrio de Cutler Bay States– y trató de colarse en el domicilio. Cuando la propietaria se percató, ella y su marido la emprendieron a golpes contra el enorme guardaespaldas –que medía 1,95 y era apodado El gigante holandés– y llamaron a la policía. Oosterbroek había irrumpido completamente desnudo. La versión oficial sostiene que los agentes se vieron obligados a disparar sus dispositivos taser –pistolas eléctricas– contra Oosterbroek, quien murió en el hospital al que fue trasladado. "Su muerte es objeto de una investigación", explicó el portavoz de la policía de Miami-Dade. Algunos medios apuntan al consumo de drogas como explicación de su conducta, pero habrá que esperar al informe forense.

La carrera como profesional de la seguridad personal de Oosterbroek era bien sólida. Con el aval de haber protegido a Mandela, este sansón se hizo un nombre destacado en el mundillo y, ya en el siglo XXI, consiguió que varias reconocidas personalidades le contratasen.

Había fundado su propia empresa. Pronto empezaron a llover las estrellas más brillantes del universo mediático. Entre sus clientes más reconocibles también estaban el rapero Jay-Z, Beyoncé y Lady Gaga

Norman Oosterbroek, guardaespaldas, nació en Holanda en 1960 y murió en Miami (Florida, EEUU) el 2 de septiembre de 2013.

11 diciembre 2013

Todos los James Bond que hemos tenido

En su ensayo sobre 007, Fausto Antonini sostiene que Bond libera al espectador de su propio instinto de muerte. El agente, con licencia para matar en aras del bien total, puede matar porque puede morir. 

La rabia del espectador por sus propios fracasos, así como por la fuerza y brillantez de Bond, le genera un instinto destructor canalizado a su vez a través del espía. Asimismo, el doble yo de Bond (gris vendedor de cara a la galería, agente imbatible durante sus misiones secretas) conforta al espectador que cree que su mejor lado, como en el caso de 007, es el que permanece oculto.

Huérfano desde niño, sometido a un padre literario todopoderoso y castrador (Fleming), condenado a no disfrutar del amor duradero de ninguna mujer, desdoblado en multitud de hombres diversos y obligado a salvar al mundo de sus males y a nosotros de nuestros fantasmas a golpe de pistola, es comprensible que Bond vaya por el mundo haciendo oídos sordos a la realidad. 

Tras décadas dando el do de pecho, puede que la misión freudiana planteada líneas más arriba diera algún fruto y que, tras un poco de introspección, 007 encontrase respuestas y algo de la paz que tanto necesita. O no: según Antonini, "Bond se salva de la interioridad, del sentido de culpa, de la preocupación y fatiga de pensar, del agujero hueco de la autoconsciencia". En todo caso, la única respuesta a las preguntas de Bond somos nosotros, su razón de ser. 

Porque su misión más importante, y de la que siempre saldrá victorioso, es la de consolarnos de no ser superhombres.

BOND EVOLUTION

SEIS ACTORES HAN ENCARNADO A 007 DESDE SU ESTRENO HACE 50 AÑOS. CON ELLOS, EL PERSONAJE TAMBIÉN HA CAMBIADO


SEAN CONNERY

Su Bond, entre 1952 y 1971, era machista, impasible, irresistible. Tanto, que Ian Fleming llegó a escribir que 007 tenía ancestros escoceses para acercarlo más al actor.

GEORGE LAZENBY

El actor australiano se hizo cargo del papel en 1969 y solo en una película,007 al servicio de Su Majestad. Elegido por su estilo, su actuación fue muy criticada.

ROGER MOORE

La llegada del apuesto y espigado Moore a la saga en 1973 suavizó al agente, haciéndolo más hedonista y divertido, menos solemne que sus predecesores.

TIMOTHY DALTON

En los dos filmes en que se encargó de Bond, (1987 y 1989), le dio un toque estoico y frío: un bebedor duro que no disfruta matando, pero con cierto prurito profesional.

PIERCE BROSNAN

Entre 1995 y 2002, el irlandés protagonizó a 007 en cuatro películas. Convirtió al agente secreto en un modelo de elegancia y educación, capaz de sufrir por amor y racional.

DANIEL CRAIG

Desde 2006 y con tres películas de momento, 007 vuelve a ser tosco y violento, casi un psicópata. Pero su fondo atormentado le da profundidad al personaje.

06 diciembre 2013

La verdadera historia de James Bond

El progenitor, a través del hijo, había alcanzado la gloria y la inmortalidad. El hijo, en una maniobra edípica, había hecho todo para agradar y parecerse al padre (Fleming llegó a ser comandante en el Departamento de Inteligencia Naval Británica de la Marina Real) y de ese modo estar legitimado para llevarse a la madre. 

Pero ni por esas. Papá Fleming se encargó de privar al pequeño James en sus novelas no solo de una madre, sino de esposa y de cualquier mujer a la que amar y por la que ser amado más allá de la duración de sus misiones. A pesar de sus canas, Bond ha tenido solo dos grandes y fugaces amores: Vesper Lynd y Tracy di Vicenzo. 

La primera, doble agente, le traicionó para luego suicidarse, carcomida por la culpa. La segunda, aristócrata, es la única señora Bond hasta la fecha, pero lo fue por cuestión de minutos: nada más terminar la boda, fue herida de muerte por una bala destinada a su marido. Aparte de ellas, el currículum amoroso del agente se limita a tórridos romances con mujeres que, por lo general, fueron violadas en su juventud y torturadas durante su relación con él por el villano de turno para, a continuación, una vez consumada la pasión con el agente secreto, acabar desapareciendo o muriendo. 

A este respecto, la psicoanalista Aurora Dezcallar opina: "La fascinación que Bond ejerce tiene un precio: la soledad. Bajo esa imagen de hombre de acción, rodeado de mujeres, éxito y lujo, se esconde la compulsión a la repetición, una característica del ser humano. Así, Bond vuelve a quedarse solo y sin afectos, esperando la próxima misión. Bond rara vez se para a pensar". Condenado a no encontrar el amor duradero con ninguna mujer, a Bond solo le queda entregarse a los brazos del público.

Su salto al cine supuso la consagración de Bond como uno de los mayores fenómenos de masas de su tiempo y el inicio de la saga más duradera de la historia del celuloide. Sean Connery, el primer y más mítico rostro del agente, diría a propósito del fenómeno: "Me llegan miles de cartas en tono exaltado. La gente no me escribe a mí, sino a Bond. Se dirigen a mí como si fuera él, se enamoran de mí porque soy él, me piden que les resuelva casos particulares". 

En Italia, un popular semanario recibió centenares de cartas de gente de todas las edades deseosa de incorporarse a la carrera de espía internacional que querían saber qué hacer para convertirse en uno, cuánto se ganaba, si el coche estaba incluido, si se debía saber yudo, si era necesario ser soltero, cuánto costaban los cursos de espía y, lo más importante, a cuántas personas era necesario matar cada año.

La literatura, y sobre todo el cine, hicieron de 007 un modelo estético y de conducta hasta el punto de equivocar la valoración de ciertos problemas morales. El público estaba confundido, ¿quién era realmente James Bond? También el propio agente que, desdoblado en un esquizoide abanico de galanes -desde el irresistible Connery hasta el tosco Daniel Craig, pasando por Roger Moore o Pierce Brosnan-, en ocasiones muy puntuales, alberga dudas sobre la moralidad de sus acciones. Para Rosa Martín, "Bond, al estar en peligro constante, tiene que maximizar su parte obsesiva y controladora. No puede permitirse cuestionar la ética de su trabajo. Solamente lo hace cuando es víctima de agotamiento nervioso".

01 diciembre 2013

La infancia de Bond fue traumática

Los padres de Bond, de clase social acomodada, murieron en un accidente de montaña cuando era niño. Entonces quedó a cargo de una tía, que muere también algunos años después. "La infancia de Bond es traumática, llena de pérdidas violentas y repentinas, seguida de una educación exigente, con normas y disciplina, donde el afecto queda desalojado. Sin embargo, esas pérdidas traumáticas esenciales subyacen con toda su carga de dolor y rabia, y salen a la superficie en un 007 omnipotente, controlador, seductor y hasta legitimado con una licencia para matar", aclara la psicoanalista Aurora Dezcallar. 

Por su parte, Rosa Martín, experta en tratamiento de patologías mentales y del comportamiento, considera que "Bond ha sido entrenado aprovechando su parte obsesiva en detrimento de la introspectiva, para ejecutar y estar en guardia constantemente. Su drama personal no lo ha convertido en patológico sino en operativo para su trabajo y la sociedad".

La esmerada educación que James recibió de su tía hizo que consiguiera entrar en prestigiosas escuelas donde destacó como atleta. Más tarde ingresó en la Marina y, concluida la Segunda Guerra Mundial, ostentaba el título de comandante. Gracias a sus logros terminó convirtiéndose en el agente estrella del Ministerio de Defensa

Por desgracia sus padres no estaban ahí para aplaudirle. Tampoco su padre literario, Ian Fleming (1908-1964) pudo disfrutar plenamente del apabullante éxito cinematográfico de su criatura, pues murió cuando el James de celuloide contaba apenas dos años de edad. El de papel, de 11 años (la primera novela de la saga, Casino Royale, se publicó en 1953), tuvo tiempo sin embargo de darle grandes satisfacciones. 

A la muerte de Fleming, y vendidos 25 millones de ejemplares de los 13 volúmenes de Bond. Su éxito en Estados Unidos fue estrepitoso: mientras la CIA intentaba sin éxito imitar las fantásticos artefactos inventados por el escritor en sus historias, el presidente Kennedy declaraba que tenía siempre sobre la mesilla de noche un libro de Fleming y que Desde Rusia con amor era una de las 10 obras que salvaría del desastre atómico. En 1963 la importancia del autor era tal que se convirtió en su propio editor y tenía una de sus residencias frente al palacio de Buckingham.