06 agosto 2013

Bono el de U2 es inaguantable

La luna llena rebozó anoche los párpados de Alicia Keys de estrellas de purpurina, pero el gallo de los Grammy cantó cinco veces en el Staples del downtown angelino y reveló el frescor verde de sus ojos, como si se hubieran bañado, desnudos, por primera vez.

Con el pelo africano enroscado en hileras de maíz y cubierto por un tul bereber verde manzana, Alicia, que lleva las claves del pentagrama en su apellido, se dejaba caer al otro lado del espejo, mientras otras vestales más empalagosas, como las chicas del cuarteto Lady Marmalade, entre ellas Christina Aguilera, con permanente blanca a lo Monroe y calzones aún más blancos y Pink, con ojos estiradísimos y embutida en abanicos de plumas rosas, después de haberse desgañitado con el voulez-vous coucher avec moi, miraban con envidia cómo bailaba Joaquín Cortés, que en menos de minuto y medio de claqué dejó su ardor gitano clavado entre el rap y el R&B.

No fue precisamente una velada de modales, con Natalie Cole mascando chicle en la alfombra roja, y el ex novio de Jennifer López, Puff Daddy poniéndose y quitándose el palillo entre los dientes mientras entregaba el Grammy a la mejor vocalista pop, la brasileña afincada en Canadá Nelly Furtado.

El ego de Bono es ya tan clásico como su atuendo en negro el chaquetón de cuero que llevó en la gira Elevation el año pasado se cotiza ahora en más de 12.500 euros . A pesar del nombre tan altruista del grupo U2, que significa tú también, ya al cuarto gramófono parecía que lo único que le importaba a Bono era dejar bien claro quién lleva los pantalones.

En el caso de Melissa Etheridge no había duda, ya que su novia actual, la actriz Tammy Lynn Michaels, iba claramente de florero.La forzada cola de caballo rubio platino de Gwen Stefani sobre un espectacular conjunto de puma andino la consagraba como tigresa de su banda No doubt, no hay duda.

Pero la perdedora oficial de la gran noche de los Grammy fue sin lugar a dudas la cantante neo-soul Indie. Arie (con atuendo Masai-Mara de sencillez explosiva), que se quedó compuesta con sus siete nominaciones.

La peor vestida de la gala fue Sheryl Crow, con un abrigo de piel azulado sobre un corsé negro que destacaba su famélico esternón, en prudente contraste con los globos de silicona que como una gallina clueca exhibía la vigilante Pamela Anderson. No fue tampoco acertado emparejar a nuestro Alejandro Sanz con los torrentes de voz de las Destiny's Child.

Los creadores de la película O Brother, Where Art Thou?, la canción de la época de la Gran Depresión, inmortalizada en la película homónima de los hermanos Coen, fueron los únicos toques de autenticidad en una noche marcada por el lucrativo negocio discográfico.

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