08 junio 2013

Las mujeres chinas siempre resignadas

La política, esa cosita tan turbia y oportunista, ha extendido sus invisibles manos hacia los gremios de esta infame edición de la Berlinale. No es casual que en un año en el que Occidente pretende recibir con los brazos abiertos a la redimida China (de Tiananmen ya sólo se acuerdan los que la palmaron allí) se le haya concedido el premio más distinguido a dos de las tres películas chinas que concursaban. 

Comprendo los sudores del jurado internacional al hacer su salomónico reparto entre tanta película grisácea, pero que hayan quedado deslumbrados por un mal plagio del cine de Zhang Yimou (componente del jurado e imagino que fervoroso defensor de su discípulo) y por una simpática (nada más) comedia de Taiwan, resulta mosqueante. La mujer del lago de las almas perfumadas, crónica pretendidamente trágica de la opresión machista que sufren las laboriosas y resignadas mujeres chinas, es un tedioso ejercicio estético en el que adivinas el desarrollo de la historia desde los primeros planos. 

El banquete de boda, dirigida por el taiwanés Ang Lee, tiene un arranque sugerente y divertido al contar la zozobra de un hornosexual taiwanés que vive felizmente con su pareja en Nueva York y al que su familia exige que se case con una compatriota (para librarse de la ritual obligación él acepta a condición de que su familia le encuentre una novia que cante ópera, supere el metro setenta de estatura y posea como mínimo un par de doctorados), pero la imaginativa idea degenera en comicidad facilona, ideal para relajarte de tanta boba trascendencia como la que nos han hecho tragar, pero indigna de recibir el Oso de Oro.

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