03 junio 2013

Cada uno tiene que tener dignidad con su color

Allí será reeducado por un líder de los musulmanes negros que le demostrará que su rebelde y poderoso cerebro puede servirle para causas más nobles que andar enganchado de la coca y de la vida delincuente. 

Malcolm X recuperará la dignidad de su maltratado color, aprenderá técnicas de resistencia y de combate contra el poder blanco, canalizará su visceral rebeldía, tomará conciencia de raza, se pondrá al servicio ciego de un líder religioso y social que compagina los negocios con la intolerancia racial, el suave, racista, peligroso e iluminado político Elijah Muhammad. La tercera parte describe la última evolución de Malcolm X, la que transforma al organizado apóstol del fanatismo negro en un izquierdista radical y el complot de la CIA y de sus antiguos compañeros para eliminar a alguien que les ha desbordado, que ha llegado a la conclusión y ha asumido con sacrificio y dolor eso tan perdurable de «la verdad siempre será revolucionaria». 

Malcolm X se ve con interés y en algún momento con verdadera emoción. Tiene subidas y bajadas, algún detalle para la galería, comprensible maniqueísmo y moderado didactismo. Denzel Washington posee la suficiente inteligencia y convicción para que el espectador no se desentienda cada cierto tiempo de la azarosa vida de su personaje. La banda sonora, deslumbrantemente negra, mantiene regocijado al oído. Es la obra «mayor» que ha rodado hasta ahora el curioso cineasta, irritante showman y concienciado negro Spike Lee.

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