10 mayo 2013

Las penurias de la guerra

Con un compañero del Este, pasó todo un día fabricando una tarima de madera para su cama. Encantado, pues la penuria de los pisos de alquiler es temible en Berlín Oeste, Detlef obliga al propietario a que se lo enseñe. 

Un cuarto de baño, una cocina, un dormitorio. Unicos testigos de una infancia en el Estado de Karl Marx: un crucifijo, recuerdo de la abuela muerta hace dos años, y un álbum de fotos. Las maletas son demaisado pequeñas para los nostálgicos. 

Este verano, Detlef pasó las vacaciones en Leningrado. Cuando recibió el telegrama de Elka que le anunciaba que el salvoconducto tan esperado había llegado por fin, permaneció muy tranquilo: «Ya había vendido mi único bien, el coche, y estaba preparado psicológicamente para irme. Desde hace algunos meses no invertía nada en la RDA». Al igual que Elka, como muchos de aquellos que habían presentado su demanda para marcharse, Detlef iba tirando como podía en Prenz.

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