20 abril 2013

Pippa Middleton busca novio

Sólo el hecho regocijante de que exista en la red un club llamado La sociedad Adoradora del Trasero de Pippa Middleton, con no menos de 230.000 admiradores en su nómina, justifica que a la chispeante chica del verano (no duran mucho más, créanme) se le haya endosado el mismo cartel que, últimamente, figura en misteriosas mansiones de las que uno no sabe muy bien si están disponibles para alquilarse, para venderse o para montar una secta.

En el caso de la hermana de Catalina, cuyos tonificados glúteos ponía en evidencia el acertadísimo, somero, picante y retador traje de dama de honor firmado por la casa de Alexander McQueen, que ella lució garbosamente en la boda real del pasado abril (hay una cada mes, créanme, ya ni las distingo), ese nombre, Pippa, le augura una diversión sin fin y parece hacerla especialmente disponible para ser el blanco de las miradas. 

En efecto, Pippa, de quien he averiguado cosas formidables en una inexpresiva biografía blanca como, por ejemplo, que es capaz de cobrarse ¡hasta 24 piezas seguidas! en una cacería sin que le tiemblen las pulseritas con dijes de bellota por las que ahora matan todas las británicas, estaba llamada desde la cuna, o mejor dicho, desde la bien abonada tierra en la que brotó, a convertirse en una mujer glicinia.

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Así la llaman malévolamente en su entorno, porque «huele bien, es bella, fresca y goza de una innata capacidad para trepar»; me apresuro a añadir que «fresca» en inglés no tiene las mismas connotaciones sexuales que en castellano. A todo esto hay que recordar que sigue una dieta, también envidiada por todas las debutantes, pero complicada de seguir, que le da resultados fulminantes. Tomad nota. Lunes, miércoles y viernes al mediodía: almuerzo ligero de compañeros de estudios aristócratas que le han servido de rampa de lanzamiento hasta que afirmó su posición en la upper class inglesa.

Martes y jueves, deportistas de élite para cenar y afinar la figura. Los sábados repasa el menú de la semana con su madre, siempre abierta a nuevas ideas. Como el mismísimo Dios, Pippa descansa los domingos. Y no es exagerada esta comparación divina, porque sólo hay que verla una vez, palpitando entre el mortecino grupo de sus congéneres, para comprender que la combinación de un atlético y esbelto cuerpo de diosa griega con una cara de fiesta irredenta desatarían, por lo menos, un culto órfico.

Aunque las revistas especializadas del condado West Yorkshire insisten en presentarla como la nueva musa de la moda, yo, de momento, sólo distingo en ella una contención superficial llena de vaqueros blancos, bailarinas rosas y blusitas azules sin manga; un estilo como de Navacerrada años 70. Pero tengo una gran fe en que su lado hot, o, más propiamente, la cara B, desplegarán sus alas.

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