18 noviembre 2012

También hubo un pasionario

Nunca imaginé que una convicción fronteriza, vomitada en momentos épicos y dolorosos por una mujer admirable llamada Pasionaria, pudiera ser utilizada de una forma tan grotesca por ese profesional del delirio, modelo clónico de Fray Gerundio de Campazas, demagogo intuitivo, desclasado acomplejado, que ha prometido tierras, gloria y venganza a los eternos vencidos, a los románticos encajadores del Atlético. Gil, después de imitar los mejores discursos de Cantinflas, calcular que la publicidad gratuita siempre es oro, no permitirle a Campo Vidal que abriera su democrática boca, y de proclamar su fe en el «todo para el pueblo, pero con el pueblo» acabó el show con un escalofriante «más vale morir de pie que vivir de rodillas». Alfonso Cabeza, que alimentaba el orgullo herido de los «outsiders» con tortilla de patatas, no hubiera superado el broche del mitin. La tradición ha conseguido el reencuentro espiritual de Rinconete y Cortadillo.

Antes de la secuencia antológica, habíamos disfrutado de momentos cómicos, sutilmente esperpénticos, deliciosamente chabacanos. Por ejemplo, el antiguo director de un semanario con pretensiones críticas, actual portavoz de Cartera Central, declarando su fobia por ese periodismo sensacionalista que calumnia y hurga en la vida privada de sus angélicos patrones. Inspiraba más grima que risa.

Comparada con esta felonía alimenticia, el despliegue de gestualidad arrabalera que se montó la patética María José Cantudo con el director dé Interviú, parecía una inocente pelea entre críos desnutridos. Campo Vidal mostró fidelidad a las estreñidas reglas de estilo que pretente imponer el «sonrisas» en lo que considera su nido. Comprendo que oscurezcan la bonita mamada de la Detmers, que les parezca antiestético el voyeurismo de las amas de casa con los gigolós mañaneros, que destrocen los negocios ociosos de Sarasola prohibiendo el boxeo, pero si obligan a invitados y presentadores a largar en clave, el jolgorio colectivo puede ser total.

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