10 noviembre 2012

Isabel Pantoja la madonna sevillana

Se me escapa el morbo de la Madonna sevillana (la definición, excesivamente cruel, no me pertenece. Se la inventó algún. sagaz guionista de Julia Otero). Como emblema racial prefiero la gracia surrealista de Lola Flores o el excelso vozarrón de Rocío Jurado. La primera es patrimonio nacional de cualquier español con sentido del humor, y la segunda encarna sueños, pecados y pasiones de la clase media.

La Pantoja es otra cosa. Ejerce de fetiche para analfabetos sin mala conciencia, abanderada de una especie racial que el progreso considera anacrónica, encarnacion virginal de una atufante filosofía vital. Julia Otero, especialista en desperdiciar a personajes biográficamente apasionantes (la entrevista, homenaje o servilismo a Carmen Cervera, supone el ejemplo más lamentable), cálidamente maliciosa, más preocupada por la calidad de su mohín y de su sonrisa, que por arrancarle una puñetera verdad o atractivo al entrevistado, ofreció un dulce recital de sosería en el pretendido retrato íntimo de la viuda andaluza. Isabel Pantoja desparramó respuestas elementales, y frases jugosas para los que consideran su cima profesional el cazar moscas a cañonazos, pero nada que justificara la atención de un espectador receptivo.

Sigo ignorando, despúes de contemplar al mito en sus entrañas, qué diablos la hace tan magnética para esa multitud de espíritus tonadilleros. He aquí algunas perlas sutiles nacidas del coco y de las convicciones morales de la diosa: «Si hubiera nacido hombre me gustaría haber sido político, porque luchan por el país y por el bienestar de todos»; «Ladran, luego cabalgamos»; «Madre no hay más que una y que no le falte ni gloria, no se me caen los anillos y si tengo que fregar suelos por ella, me pongo»; «Cuando hago un pollo a la Pantoja, canto a Juan Gabriel.

A Tina Turner no, que no la entiendo»; «Ahora hablo con la tristeza como con una amiga. Bueno, eso es lo que dice Perales»; «Lo que está de Dios, está»; «En mi interior sigo enamorada, pero a lo mejor llega un señor, y digo: Huy, ¿pero esto qué es?». Isabel Pantoja tambien canta aleluyas por el hombre que ha partido, por el hijo que ha nacido, por la tarde que ha llegado y por el arbol florecido. Pues, vale.

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