29 octubre 2012

Mr. Hyde era macho o hembra


En el mes de junio de 1.981 murió en la ciudad de Londres la doctora Charlotte Bachs, eminente investigadora de la conducta humana en todo lo relacionado con el sexo. Esta mujer, húngara de origen, era una convencida líder de la libertad individual en estas materias y había escrito algunos ensayos que le hicieron ganar el respeto de muchos intelectuales. Llevada al depósito de cadáveres, dejó al descubierto una faceta de su personalidad: Charlotte Bachs era un hombre, se llamaba Carl Michael Blaise Augustine Hadju y había vivido una existencia de varón normal activo sexualmente, hasta una edad en la que había decidido convertirse en mujer. Este es el punto de partida fascinante de la obra Los inadaptados una curiosa peregrinación por los «vicios» secretos de muchas personas, famosas o no, que consiguieron mantener con dignidad y buena salud mental la doble personalidad que todos llevamos dentro y que sólo algunos osados se atreven a desvelar.

Mantener dos existencias distintas o vivirlas sucesivamente ha sido uno de los grandes tópicos de la literatura que unos, como Dostoievski resolvieron remitiendo a la esquizofrenia y otros, como Stevenson, recurrieron, de forma burda, al fácil expediente de las drogas. Pasando por los que, como Pirandello o Svevo, destruyeron la aventura, haciendo que la trayectoria fuera totalmente circular y convirtiendo la situación desconocida en remedo de la verdadera. No obstante, cuando Stevenson inventó a sus famosos Jeckill y Hyde abrió una puerta por la que se ha colado una inmensa legión de literatura policiaca.

Uno de los grandes tópicos de este género y del cine ha sido, precisamente, el desafío que representa para las fuerzas de la ley el descubrir presuntos culpables tras la máscara de la respetabilidad. Por lo demás, el malvado Mister Hyde aparte de ciertas costumbres bruscas, tales como apalear niños o ancianos, se distinguía por una desmedida afición a los asuntos venéreos más o menos mercenarios. El sexo de Mister Hyde es algo más que una sugerencia; es, en realidad, una auténtica intuición de por dónde han ido los tiros de la historia de los inadaptados. En casi todos los casos, las frustraciones sexuales y el deseo de colmar lo que la naturaleza reclama ha estado en el centro de esta poco común forma de vivir que alcanzó a seres tan diversos como un sargento de intendencia francés o a escritores como Byron, James Joyce o Mishima.

Colin Wilson, impenitente investigador de estas rarezas ha conseguido una obra que, como mínimo, puede calificarse de original e insólita. Es lástima que emplee un cierto tono admonitorio en el que hay un punto o dos de puritanismo. Seguramente, también le sobra algo de regodeo en las descripciones, lo que sin duda logra un mayor poder comercial para la obra pero rebaja el nivel de credibilidad. Desgraciadamente, la linea de separción entre el chisme y la descripción desapasionada no es fácil de encontrar y a Colin Wilson, a veces, se le pierden las fronteras.

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