08 octubre 2012

El típico mujeriego

Si es algo Don Juan, es un histérico. Curiosamente esta indiferencia recuerda a cierta actitud secreta de Don Juan. Ahora vivimos tiempos de histeria, estamos volviendo a los orígenes: como se ha recordado en la conmemoración de la vida de Freud, a primeros de siglo era la histeria el síndrome preocupante. Luego llegaron décadas de «neurosis», para pasar a la depresión, que es en lo que ahora nos ocupamos, pero que tiende a convertirse en este antiguo síndrome. Si estamos volviendo a la histeria, la que estudiaba Charcot cuando le fue a ver Freud a París.

Don Juan vuelve, en estos tiempos, a los escenarios: muestra su juego amoroso, su falso juego de cazador, su irresistible capacidad de seducción, su oculto desdén, su indiferencia hacia lo femenino. Lo tenemos allí, muerto y resucitado, como un ser dotado de poderes superiores, los que llevan a la mujer, ese ser misterioso, a enamorarse. Como si Don Juan estuviera por encima de los demá's mortales, con un don extraordinario y casi milagroso. Cogido en su trampa, escapando a su sentimiento, a su ser, a su masculinidad, a su compromiso, a su historia, a su tiempo. Temiendo su propio quejido, su propio llanto. Negándolo, ocultándolo. Sobre el fuego de una realidad de la que él se retiró: la mujer.

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