12 septiembre 2012

John Toshack un rayo de luz


John Toshack culminó una semana de despropósitos, declaraciones a medias, puyitas a los jugadores y demás, despachándose a modo contra su equipó en la sala de prensa del estadio de Vallecas. Tuvo un par de frases de aquellas que le hicieron famoso en San Sebastián y, en el fondo, trató de quitarse de encima la responsabilidad de un equipo que no acaba de funcionar como lo hacía otros años. 

El galés afirmó que había sudado mucho más en el banquillo que muchos de sus hombres en el terreno de juego y que le importaba poco lo que hubiera hecho el Atlético de Madrid, porque él gana su «pan y mantequilla» en el Real Madrid. Del turrón, golosina tópica con que se recuerda a los entrenadores que no van a llegar a Navidades, no dijo nada. Quizá Toshack tuviera razón en algunas cosas, pero le faltó valentía para señalar nombres concretos. Dejó caer que varios futbolistas, ayer titulares, han jugado con él en dos meses mucho más que con Beenhakker en un año. 

Y lo que dice es verdad. Resulta imperdonable que jugadores jóvenes, que tienen pocas oportunidades en un conjunto al que es casi imposible acceder, en condiciones normales, no sepan aprovechar su oportunidad.

Ayer, concretamente, Losada y Aldana realizaron un pobrísimo partido, hasta el punto de que el entrenador tuvo que retirar al primero, para sacar a Paco Llorente. El mayor de los hermanos tampoco tuvo su día. Ni siquiera pusieron los tres el mínimo exigible de luchar. Sin embargo Toshack, entre tanta censura razonable, no quiso ver algunas cosas positivas que también sucedieron en Vallecas. 

Como el trabajo de Michel en el puesto de libre, donde demostró una y cien veces aquello de que el que vale, vale. Dirán que contra el Rayo no tiene mérito y eso hay que hacerlo también ante el Milán, pero es otra historia. El partido duró veinte minutos. El Rayo Vallecano era poco rival, aunque su presidente Pedro García quisiera, con la venda del forofismo en los ojos, ver fantasmas arbitrales donde solamente hubo neta superioridad de uno de los dos equipos. El Rayo jugó, sobre todo al final, cuando le dejó el Real Madrid. Y es lógico. 

Cada uno tiene su sitio en la vida y mientas los ayer azules están condenados a luchar por el título, los ayer franjirrojos deben hacerlo por evitar el descenso. El árbitro no tuvo, esta vez, nada que ver. Esos veinte minutos de la primera parte transcurrieron prácticamente en el campo rayista. Los defensas locales intentaban fijar los marcajes, aunque por alto eran siempre claramente rebasados.

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