12 septiembre 2012

Con un nobel a cuestas


Media España, por lo que se ve, está aplastada por el Nobel del señor Cela. Los de la otra media practicamos la insumisión, me dice, bamboleándose, mi amiga la Susi. Le pido que no sea provocatriz, pero dice la Susi que ella no tiene la culpa de haber heredado de mamá andares de fantasía. 

De todos modos, en lo del Nobel de Cela reconoce que llevo razón. El jurado del premio Cervantes ha lloriqueado por la presión tan horrorosa que ha tenido que aguantar, por la culpa del Nobel de don Camilo, y se ha aliviado con una paraguayada. La Susi me ha dicho: yo la he comido una vez y es fatal para la digestión. Más o menos, como un Nobel. A ver si no: la legítima señora Cela regüelda pendoneos de antaño, a la cofradía de los hermidas se le agrava de manera alarmante la diarrea de la boca, a nuestra vecina la feminista le sangra la úlcera de estómago en cuanto rebuzna el burro Pascual Duarte y los jóvenes narradores, tan sensibles, lanzan llamazaradas de ventosidades por no alusiones. Nadie, dice la Susi, ha sabido ponerle a tamaño guiso de turbulencias carnales una ramita de sexapil. 

Ni siquiera la señorita Marina -vaya castaña, que a ella sí que le ha caído el Nobel encima, pero todo se le va en chupar cámara y en poner por las nubes el taxímetro de don Camilo. iDos kilos por conferencia! Le he preguntado a la Susi qué haría ella si le cayese un Nobel encima. Me ha contestado que dependería del Nobel. Si le diesen el de la Paz a Luis Solana, al día siguiente estallaba la tercera guerra mundial, así que la Susi a don Luis le haría el beso negro de la catástrofe. A Rosa Conde le darán el Nobel de Química, porque en Murcia sigue ahogándoles un escaño y tendrán que confiar en la química taumaturgia de una orinada vudú, como esos futbolistas de Zimbabue que, para no perder, se aplicaron a mear en mitad del césped; en ese caso, dice la Susi, practicaría ella con doña Rosa la lluvia dorada, que menudo espectáculo el de la señora ministra en La Condomina, acuclillada, con la falda arremangada hasta el cielo de la boca, haciendo pipí. 

Y si el Nobel de Medicina fuese para Adolfo Suárez, por lo operadísimo que está, ella sería una estricta gobernanta para el señor duque, con lo que le va la marcha a ese hombre. Y a Jesús Gil le darán el Nobel de Física, porque es físicamente prodigioso que esté con un pie en el Calderón, el otro en el Bernabéu y la bisagra del referéndum en la Puerta de Alcalá: postura ideal para hacerle un francés y para jugar con su pelotera en el Retiro a la petanca. Horrorizado, le he suplicado a la Susi que recapacite. Claro, al recapacitar le ha dado fatiga y me ha dicho: darlin, qué asco. Si algo tiene que caemos encima, reza para que sea Alex Crivillé.

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