10 mayo 2012

Elvis un rebelde sin causa

David Weisbart (Rebelde sin causa)- ofrece un aspecto de salud perfecto. James Dean era el típico chico torturado, el adolescente problemático, pero Elvis encarna lo que a todo chico le gustaría ser: un fenómeno de masas que no ha hecho absolutamente nada para llegar a donde está». Todo, desde sus problemas sentimentales, hasta los problemas del éxito demasiado temprano, pasando por sus obligaciones militares -quizá la faceta más explotada, que le hizo aparecer como un patriota perfecto y casi humano.

El sufrimiento, la disciplina insalvable e incluso el corte de pelo ayudaron a darle ese aire de humanidad, de «los ídolos también lloran» que todo artista de éxito desmedido necesita para que sus acólitos le adoren hasta la saciedad. «No me preocupa -declaraba Elvis durante el rodaje de El rock de la cárcel, poco antes de incorporarse a filas- lo que le pase a mi pelo o cómo va a ser mi vida cuando entre en el ejército. Todos los que hacen el servicio militar se cortan el pelo.

Me lo esperaba y no puedo hacer nada en contra. Todo lo que el ejército me pida lo acepto de buen grado; no espero privilegios especiales. En el servicio militar se espera de los soldados disciplina y respeto y eso es lo que yo voy a ofrecer. Hay una cosa segura: no creo que ellos vayan a hacer que mi vida sea más dura que la del resto de los compañeros que están allí conmigo, de eso estoy seguro». La supuesta igualdad de trato, la falta de privilegios no fueron, por supuesto, tales.

De todas formas, aunque Elvis se saltara guardias y no llevara una vida precisamente marcial, la publicidad que The Pelvis proporcionó al ejército fue el mejor servicio que podía haber hecho a la patria. Esa imagen bien perfilada, clara, casi sin matices, que con el tiempo se convertiría en un absoluto tópico es la que, con el tiempo, haría de Elvis el mito casi religioso que obliga a sus fans a visitarle en peregrinaje a su «parque de atracciones» de Graceland y que músicos de todas las épocas recogen -para imitar o defenestrar- como símbo los de todo un tiempo, un estilo de vida o un sonido específico, casi inimitable.

Después de él, casi nadie. Mitos de todo el mundo, revolucionarios de la historia musical han seguido caminos similares, carreras llenas de royalties, pero nadie, ni siquiera Los Beatles -de los que quizá John Lennon es el ejemplo más válido- han conseguido una cohorte de fans tan fieles y escrupulosos como la de Elvis. Admiradores entre los que se encuentran estrellas de todos lo tiempos, como Johnny Hallyday, Miguel Ríos, Springsteen, Knofpler (recuérdese el Calling Elvis) o el nada sospechoso Bono de U2, que confiesan públicamente su deuda con este artista. En opinión de DJ Fontana, que fue batería años de la banda de Elvis Presley varios años, el éxito de este músico excepcional no residía únicamente en su talento musical, el secreto estaba en su forma de moverse en el escenario, «una forma de mantenerse en pie -afirma Fontana- que no se había visto nunca. La gente no estaba acostumbrada a ver ese tipo de actitudes en un concierto en vivo y eso era lo que les sacaba de quicio».

Según el relato del batería, no sólo la actitud de The King se salía de las normas de uso de los recitales en directo; la concepción de la escena también se salía de lo corriente. «Actuar con Elvis -dice Fontana- era algo totalmente diferente; Elvis no quería listas con los temas, ni teníamos ensayado el orden de los temas.

Acababa una canción y nunca sabías por dónde iba a salir». «Otro de los puntos -continúa- que influían en el éxito de Presley eran las indicaciones de Colonel Parker; él sabía siempre lo que había que hacer. Tenía una norma que a mí me parece genial y que ahora nadie sigue. El nunca nos dejaba que hiciéramos "bises"; cuando el público pedía más, daba igual que pataleara o intentara romper el escenario; Colonel siempre decía: "dejarlos siempre con hambre, no volvais a salir al escenario jamás. Eso es lo peor que podeis hacerle al público"». Consejos bien delineados, los pasos perfectos para alcanzar un estrellato artístico, gestos de vida que no alcanzaron, se olvidaron de la actitud personal. El efecto yoyo de las drogas, la necesidad de tomar tranquilizantes para paliar el efecto de los estimulantes, la pérdida del equilibrio y la megalomanía enfermiza consiguieron que el mito se desconchara poco a poco, con una lentitud excesiva que no permitió mantener un recuerdo incólume de Elvis. El símbolo de América, como Marilyn, Kennedy o la Coca Cola mantiene el tipo y todos -incluso las reediciones de sus discos- se empeñan en recordarnos su imagen de esplendor de los 50. Elvis vive... quizá sea cierto que no ha muerto.

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