19 abril 2012

La codicia de Nuria Espert

Nuria Espert tenía cuatro años cuando Lillian Hellman escribió The little foxes, una pieza teatral que se estrenó en 1939 y que dos años más tarde conoció una adaptación cinematográfica titulada en España como La loba y protagonizada por Bette Davis a las órdenes de William Wyler. Ha pasado el tiempo y han pasado muchas cosas, como una Guerra Civil en España y una guerra mundial más allá de los Pirineos. En estos años, Espert ha visto muchas cosas y se ha convertido en la actriz española más importante. Y, sin embargo, parece como si el camino haya vuelto al punto de partida. Ésa es al menos la clave de La loba, el montaje que se estrena mañana en el Teatro Guerrero del Centro Dramático Nacional (CDN) con Espert convertida en una mujer devorada por la codicia.

La loba es también el último montaje que dirigirá Gerardo Vera en el CDN dentro de una temporada diseñada por él tras ocho años como responsable de la unidad de creación teatral del Ministerio de Cultura. Un periodo fructífero cuyo proceso de sucesión ha sido ejemplar, como demuestra el hecho de que en La loba esté también presente el nuevo responsable del CDN, Ernesto Caballero, en calidad de adaptador del texto de Hellman. «En el momento en el que estamos es un acto de normalización estupenda que estén en la misma obra tres directores del CDN» señaló Vera durante la presentación del montaje, subrayando el hecho de que Espert también estuvo al frente del centro en el pasado.
Regina Hubbard, el personaje protagonista al que da vida Espert, se sitúa al lado de otras mujeres detestables que ha encarnado la actriz en montajes como La casa de Bernarda Alba o ¿Quién teme a Virginia Woolf? En este caso, su descenso a los infiernos viene dado por lo que podría ser la raíz de los actuales problemas económicos que sufren millones de personas en todo el mundo. «La codicia está en primer lugar de todo lo que nos está pasando en este momento. No es Lehman Brothers, sus raíces están aquí», apuntó Espert durante la presentación.

La loba se enmarca dentro del «primer sueño del capitalismo americano, que ha dado lugar a tanta destrucción», según ha explicado Vera. El director confesó no ser un gran fan de la película de Wyler, ya que a éste se le escapó «porque no se puede hacer La loba en contra de Regina». Vera también adelantó que el final de este montaje es distinto del final «ñoño» que tenía el filme.

«Esta es una obra emocionalmente desoladora, que no tiene moraleja y que habla también de la contaminación familiar», explicó Vera. Regina Hubbard, esa pequeñoburguesa dispuesta a todo con tal de seguir acumulando bienes en un entorno miserable y provinciano, es hija de un hombre que durante la Guerra de Secesión delató a unos soldados sudistas que acabaron siendo ajusticiados. A Vera le interesó especialmente esta «contaminación de la sangre» que Regina acaba transmitiendo a su hija, a la que da vida Carmen Conesa.

Héctor Colomé, Ricardo Joven, Paco Lahoz, Markos Marín, Jeannine Mestre, Víctor Valverde e Ileana Wilson completan el reparto de un espectáculo que es fruto de la colaboración de la empresa teatral pública y la privada. Así, el productor Juanjo Seoane participa en la producción, aportando «una descarga económica y una mayor agilidad a la hora de desplazar personal técnico en la gira», como explicó. Seoane apuntó que La loba hace el número 105 dentro de sus producciones y recordó el delicado momento por el que atraviesa el sector, que él mismo conoce debido a los problemas de morosidad que ha sufrido por parte de las Administraciones Públicas. «O yo puedo con la crisis o la crisis puede conmigo», apuntó el productor, para luego dejar caer que los actores quizás «deban sumarse a los sacrificios y hacer dos funciones por el mismo precio», algo que despertó las suspicacias del elenco presente.

El dinero, que parece estar presente en todos los huecos de este montaje. Para Vera, «vivimos en una dictadura más compleja» que la franquista. «España está en manos de los mercados. El mundo es un lugar terrible. Y la miseria moral está por todas partes. Algo terrorífico está pasando y por eso tiene tanta importancia hoy el teatro, porque es un acto de comunión entre un ser humano y otro ser humano», apuntó el director.

En una entrevista posterior con, Vera dijo que «lo que en la película de Wyler era un melodrama, aquí se convierte en una tragedia». Y subrayó el enfrentamiento familiar entre hija y madre de su montaje y cómo ésta acepta a su hija precisamente al sentirse rechazada por ella. «Por fin tienes sangre en las venas», le espeta ella. «La última palabra de Regina en la obra es '¡Vete!', lo cual da idea de lo que es este espectáculo».

Respecto al trabajo con Espert, el ex responsable del CDN apuntó que la actriz es una mujer «que tiene un gran compromiso con su trabajo; no para, está continuamente buscando, viendo dónde la lleva el personaje, estando muy atenta a cualquier matiz». También aplaudió que sea «muy disciplinada y que decida ponerse en manos del director una vez que acepta quién quiere que la dirija». También recordó conversaciones en aeropuertos y trenes, fines de semana en Londres «aburridos como monas», con su compañía mutua como única salvación. «Le tengo mucho cariño y mucho respeto. Y estoy muy contento de cómo sabemos comunicarnos».

Una despedida del CDN que conecta de alguna forma con el anterior montaje que dirigió allí Vera, el apoteósico Agosto, por su descarnado retrato de la familia estadounidense como modelo del mundo.