21 abril 2012

Aceptando las mentiras de los politicos

Ewan McGregor nos recibe en un hotel londinense con barba pelirroja, el cabello largo peinado hacia atrás, una camiseta bajo una chaqueta de cuero y muchas ganas de explicar historias, como si regresara de alguno de sus largos viajes por el mundo en motocicleta, que hace con su amigo Charlie Boorman entre película y película. 

Habla con su acento escocés original, después de haber tenido que acentuarlo para convertirse en el doctor Fred Jones, el científico marino que encarna en su última película, a quien encargan el rocambolesco proyecto de llevar la pesca del salmón al desierto del Yemen. Aparentemente, no es más que el capricho de un multimillonario jeque árabe, promovido por el gobierno británico para encubrir la mala prensa de la operación militar en Afganistán, pero le llevará a conocer a Harriet, personaje interpretado por Emily Blunt. 

La recién estrenada La pesca del salmón en Yemen, de la productora independiente Lionsgate, está dirigida por Lasse Hallström y es una comedia romántica. Por encima de todo, es una historia de amor, pero con el trasfondo cáustico de la sátira política y de un drama contemporáneo profundo y afilado. 

Basada en la primera novela de Paul Torday (2006), la película es un espejo de la sociedad actual. Trata sobre la fe, la infelicidad, la manipulación y la arrogancia política, la diferencia de clases, la complejidad de la comunicación humana. El salmón como metáfora de nadar contra corriente y creer en algo en lo que nadie cree. 
A sus 41 años, casado y con cuatro niñas, McGregor acumula una enorme experiencia como actor. Saltó a la fama interpretando al joven Obi-Wan Kenobi en la segunda trilogía de La guerra de las galaxias y el personaje bohemio de Moulin Rouge, aunque fundamentalmente ha construido su gran reputación como actor en el cine indie, con papeles como el del heroinómano de Trainspotting en 1996. 

Respuesta.- No. La única vez que lo hice fue con Emma [en la que interpretó un personaje de época]. Era la película siguiente a Trainspotting y quería ser visto de otra manera, pero mi interpretación fue horrorosa, aunque la película es muy buena. Aprendí que no debes hacer papeles pensando en cómo quieres que te vean, sino porque realmente sientes una conexión absoluta con el guión y te apasiona contar aquella historia. 

P.- ¿Le da igual que la película sea independiente o comercial a la hora de elegir un papel? 

R.- Sí. Lo único que importa es que la historia sea buena. Cuando leo un guión, siempre busco algo nuevo, algo que no haya hecho antes. Lo que me interesa es que no me recuerde a otras películas. Un buen guión bien escrito es único y siempre aporta algo nuevo. Me atrae esto. Es más mi manera de reaccionar ante una historia. No resulta muy complicado elegir para mí porque tengo buena imaginación y me imagino rápidamente el guión convertido en imágenes. 
P.- ¿Le gustaría escribir su propio guión? 

R.- No soy muy bueno escribiendo. Escribo sólo por el placer de escribir. Pero creo que, para ser un buen escritor, has de tener una historia que te arda por dentro y tener la necesidad de contarla. Y yo no la tengo. Soy mejor lector que escritor. 
P.- La pesca del salmón en Yemen es una historia de fe. 

R.- Sí. La película es sobre el creer. Al principio, Fred [Jones, su personaje] no cree en nada, tiene una mente práctica, es un científico de la pesca, una persona reprimida y cerrada, casado pero infeliz. El suyo es un «matrimonio funcional», como lo define su mujer y, por lo general, bastante triste. Y luego, con la idea del jeque de introducir el salmón, llega hasta Harriet [el personaje interpretado por Emily Blunt], de la que se enamora, y a través de Harriet y el jeque es devuelto a la vida. Mediante la espiritualidad, que no de la religiosidad, empieza a creer en algo, que los salmones nadarán a contracorriente una vez en Yemen. 
P.- Entonces el personaje se transforma. 

R.- Desde el punto de partida de Fred hasta donde acaba, hay un arco brillante. Que un personaje tenga este recorrido siempre es bueno para un actor. 
P.- Incluso cambió usted el acento a lo largo de la película. 

R.- Sí. Mi voz era demasiado relajada para Fred, así que la hicimos un poco más tensa para que sonara con el acento pijo escocés de la zona de Edimburgo, un acento que es más divertido de interpretar. El acento se va suavizando a lo largo de la película. Lo usé para mostrar la evolución del personaje. 
P.- Hay muchos temas de fondo, como la manipulación política. ¿Cree Ewan McGregor en los políticos? 

R.- La verdad es que no. Hay gente como Patricia [Maxwell, la jefa de comunicación del primer ministro, el personaje interpretado por Kristin Scott Thomas] cuyo trabajo consiste en mentir. Son como mentirosos profesionales, se dedican a mentir. Y nosotros aceptamos su trabajo. Es increíble, ¿no? 
P.- ¿Qué le gusta hacer cuando viaja? 

R.- Me gusta conocer el aroma de un pueblo y la única manera de hacerlo es conocer a su gente. Pero es difícil. Tienes que hacer un gran esfuerzo. A veces no puedes y pasas por lugares sin conocer a nadie. Sin hablar con nadie. Y esto es un poco frustrante. 
P.- ¿Cuál es el lugar más exótico donde ha estado? 

R.- Los lugares que más satisfacción me han dado tal vez sean los más remotos. Siberia, el este lejano de Rusia, Mongolia, Kazajistán. Por ejemplo, en Mongolia la cultura es muy antigua, en el campo la gente es nómada, viaja literalmente con sus animales. Dormí en sus tiendas; allí estaba toda su familia, las mujeres a la derecha y los hombres a la izquierda. Es una estructura patriarcal, con muchas normas. Tres semanas más tarde, viajando por el noroeste de Canadá, encontré aquel estilo de vida nómada en los museos. 
P.- ¿Aporta esta experiencia de viajar a sus personajes? 

R.- Creo que sí, pero no sabría decir qué es lo que apliqué en cada personaje. Pero cuando actúas todo pasa por tu experiencia y por tu imaginación. Lo que veo en la vida y en el mundo trato que se refleje en mis personajes para que sean más reales. Pero no sabría decir qué. 
P.- ¿Sigue algún método para preparar el personaje? 

R.- No. Es algo que no me interesa. No hay reglas en la interpretación y esto es lo que me gusta de este trabajo. No hay dos actores que se aproximen al personaje de la misma manera. Cada personaje se prepara de una manera distinta. Nunca es lo mismo. 
P.- ¿Le gusta hacer comedias? 

R.- Sí. En el fondo, es lo mismo interpretar un personaje cómico o serio porque tienes que ser real para ser gracioso. En el caso de Fred, tuve que encontrar su humor, y no fue fácil porque al principio era muy desagradable, estirado e infeliz. Él dice que no tiene sentido del humor, pero a mí me parece que es gracioso. Lo que no sabría decirte es si el personaje en sí es gracioso o soy yo el que lo hago gracioso. 
P.- ¿Encontraste la filosofía de la pesca como el jeque en la película? 

R.- No dediqué el tiempo suficiente como para saberlo. Puedo ver que te da mucha paz, creo que es bonito pasar el día en medio de la naturaleza, el juego mental entre el hombre y el pez es algo que yo no tengo ni he experimentado. Es algo que adquieres después de años y años de experiencia. Es entonces cuando sabes qué tipo de pez es cuando pica o qué caña utilizar.