Hace más de cinco años que se empezó a hablar del Síndrome del Colapso de las Colonias de abejas (CCD, por sus siglas en inglés), provocado por un conjunto de causas -parásitos, agentes químicos, cultivos extensivos- que hacen que las poblaciones de polinizadoras estén cayendo en picado. Ahora, dos investigaciones publicadas hoy en paralelo en la revista Science señalan a un pesticida muy común como una de las principales amenazas para las abejas y abejorros.
Quizá el ejemplo chino sea un caso extremo, pero el declive de las poblaciones de estos insectos supone uno de los mayores retos del campo de la conservación de la biodiversidad y quizá el problema agrícola más grave del mundo. En España, las estimaciones indican que cada invierno la pérdida de la cabaña oscila entre un 20% y un 40% de los ejemplares.
No se trata de un problema local con un efecto menor sólo sobre un pequeño colectivo de apicultores. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima el servicio prestado por estos insectos en 30.000 millones de euros en el caso de la abeja de la miel y 53.000 millones de euros en el caso de los otros polinizadores. De los 100 cultivos que aportan el 90% de los alimentos a escala mundial, 70 son polinizados por especies de abejas.
Ambas investigaciones publicadas en la revista Science analizan el efecto de una familia de pesticidas -llamados neonicotinoides- ampliamente usados en todo el mundo, España incluida, en cultivos de cereales, frutales y oleaginosas como el girasol. Este tipo de pesticidas no mata a las abejas. Son productos neurotóxicos, de manera que afectan al cerebro y modifican el comportamiento de los insectos. De manera simplificada, les hace perder la memoria y no pueden volver a la colmena.
El primer trabajo, liderado por Penelope Whitehorn en la Escuela de Ciencias Naturales de la Universidad de Stirling (Reino Unido), analiza su efecto sobre la población de abejorros y concluye que el contacto con este tipo de pesticida provoca un dramático descenso del 85% en la producción de abejas reina. Y eso significa que al año siguiente habrá un 85% menos de colmenas. Además, los neonicotinoides provocan un descenso del peso de los individuos de la colmena de entre un 8 y un 12%.
La otra investigación, llevada a cabo en Francia, usó diminutos radiomarcadores en las abejas para estudiar cuántas volvían a la colmena tras contactar con el pesticida. Casi el 45% de las abejas intoxicadas no conseguían volver, frente a un 17% en las colmenas limpias.
«Los abejorros polinizan la mayoría de nuestros cultivos y flores silvestres. El uso de pesticidas neonicotinoides en cultivos con flor supone una clara amenaza para su salud y su uso tiene que ser revaluado de forma urgente», asegura Dave Goulson, director de la investigación llevada a cabo en Reino Unido.
Tanto la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria como la Agencia de Protección Ambiental (EPA) norteamericana están dando pasos hacia un mayor control regulatorio de los efectos de los pesticidas sobre las abejas.
«Desde hace tiempo se ha apuntado a los insecticidas neurotóxicos. Numerosos informes de organismos como la ONU, la FAO e incluso el Parlamento Europeo han cuestionado el uso de estas sustancias por su alta toxicidad para los insectos», explica Concepción Ornosa, del Departamento de Zoología de la Universidad Complutense de Madrid. «Se usan mucho en la agricultura porque los neonicotinoides tienen particular efectividad contra insectos chupadores (todas las abejas lo son) y un efecto residual largo. Además son menos tóxicos que otros para los mamíferos, por lo que no dañan al ser humano».
Sin embargo, Bayer CropScience, la principal compañía productora de este tipo de pesticidas, mantiene que sus productos no son la causa del descenso de la población de abejas, según cita un artículo de análisis que acompaña las investigaciones en la revista Science.
Los apicultores resaltan que no se puede achacar la mala situación que atraviesan las colmenas a una sola causa. «El síndrome de colapso de las colonias se debe a distintos motivos», asegura Alfredo Sanz, director técnico de la Agrupación Apícola Arna. «Mueren por parasitosis, por intoxicación, por hambre debido a una crisis meteorológica... sería un error de bulto pensar que todo se debe a una sola causa». De hecho, el experto afirma que las condiciones climatológicas tienen una gran importancia en la producción de miel en las colmenas. «Este año ha sido terrible, si continúa así se podría producir hasta un 95% menos de miel que en una temporada ideal», concluye Sanz.

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