22 marzo 2012

La afirmación del silencio

Virginia Woolf evitó hablar explícitamente de relaciones lésbicas en sus novelas por temor al castigo de la represiva sociedad victoriana. Sin embargo, cada vez son más los estudios feministas que intentan captar en obras como Orlando huellas de las vivencias homosexuales de la autora, quien fue amante de Vita Sackville-West, también en las filas del grupo de Bloomsbury. 

Por pudor quizás, o más bien por clarividencia, por saber hasta qué punto la sociedad podía llegar a ridiculizar la diferencia, Susan Sontag también eludió escribir sobre su vida privada y su lesbianismo, aunque en obras como Notas sobre lo camp exploró la sensibilidad gay; posteriormente a su muerte, en unos diarios publicados por su hijo, Renacida, hay referencias más biográficas sobre sus primeras experiencias amorosas. Annie Leibovitz fue su pareja. 

Rastreando la literatura que afronta el lesbianismo nos encontramos con títulos como Zezé, de Ángeles Vicente, la primera novela lésbica editada en español a principios del siglo XX y que en su día supuso todo un escándalo. Muy valiente a finales de los 70, la aportación de Esther Tusquets, El mismo mar de todos los veranos. Y todo un clásico, Aimé y Jaguar, de Erica Fischer, una historia de amor en el Berlín de 1943 entre una alemana y una judía. 

Entre las novedades, una deliciosa, reveladora, reivindicativa entrega que acaba de publicar Lumen, Por qué ser feliz cuando puedes ser normal, de Jeanette Winterson. Para quienes prefieran el ensayo, hay dos títulos clave: Mentiras, secretos y silencios, de Adrienne Rich, y Amar la fluidez. Teoría feminista y subjetividad lesbiana, de Aránzazu Hernández Piñera, sin olvidar tampoco una biografía, Zami, de la feminista negra norteamericana Audre Lorde (Horas y Horas).

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